Autora: HikariCaelum
Personajes: Taichi, Yamato y un poco todos los demás elegidos
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Enfadado
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Taichi también se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la de Yamato.
—Habla de una vez.
—No tengo nada que decir. —Taichi resopló.
—No nos van a dejar salir de aquí si no hacemos las paces. —Yamato se encogió de hombros—. Lo digo en serio, y no creo que nos podamos alimentar de las cremas de Mimi, por mucho que diga que…
—Ag, cállate.
—¡Pero si ahora no he dicho nada malo!
—No tienes que decir nada específico para ser irritante.
En vez de enfadarse, Taichi se rio, y sin querer le dio un ligero cabezazo a Yamato, que se quejó y se apartó, dejando que Taichi se cayera contra el suelo.
—¡Oye!
—No te aguanto, Yagami.
—¿Y eso por qué?
—¡Porque siempre quieres atención! No te callas ni debajo del agua, tienes esa risa… y comes como un animal… ¡Siempre me sacas de quicio! ¡Me daba igual el estúpido juego, no me he enfadado por eso!
—¡¿Ah, sí?! —replicó Taichi, incorporándose para estar a su altura—. ¡Pues tú eres un amargado que siempre se está quejando! ¡No todos podemos ser tan perfectos como tú! ¿Y por qué coño te has enfadado entonces?
Yamato se quedó callado un momento, mirándole. Después cerró los ojos.
—Siempre estoy enfadado contigo.
—¡Pues yo contigo también!
—No lo entiendes.
—¡Tú no lo entiendes! —Taichi le hizo una especie de placaje. Yamato acabó tirado en el suelo enmoquetado de la habitación de Mimi, con su amigo encima sosteniendo su peso en las manos y rodillas—. Yo soy quien está enfadado aquí.
—¿Y eso por qué?
—Porque no te aguanto. Porque da igual qué haga, nunca consigo tu atención.
—Pero si, literalmente, es imposible ignorarte.
Taichi resopló, frustrado, y su aliento le dio a Yamato en la cara. Fue culpa de eso, exclusivamente, que le mirara los labios, y esa era la señal que Taichi había estado esperando. Todavía sosteniéndose encima de él, bajó la cabeza hasta que sus bocas se encontraron.
Yamato querría haber mantenido la compostura en vez de devolverle el beso con las mismas ganas. Sería la versión que contaría si no fuera porque los demás lo vieron todo.
—¿Habéis hecho las…? ¡Ah! ¡No miréis! —gritó Jou, tapándole los ojos a Hikari y Takeru y cerrando los suyos—. ¿Están vestidos?
—¡Ay, tengo que grabarlo todo! —dijo Mimi, sacando su teléfono.
—De todos los resultados posibles… no me esperaba este —comentó Koushiro, como quien habla del clima.
—¿En serio? Si ya era hora —replicó Sora, divertida.
Taichi se separó de Yamato lo justo para mirarlos.
—¿Os podéis largar? Estamos ocupados.
—¡Yagami!
—¿Qué? ¿Ahora te va a dar vergüenza? Si ya lo han visto todo…
—¿Por qué tardáis tanto? —preguntó Daisuke, asomándose a la habitación.
—¿Os estáis pegando? —se escandalizó Miyako, sacando su teléfono para grabarlo.
—¡Qué va! Estaban resolviendo la tensión sexual —le respondió Takeru, quitándose por fin la mano de Jou de la cara.
Yamato contó mentalmente hasta diez. Después se puso en pie y les gritó que se marcharan. Iori y Ken, que acababan de llegar, no entendían nada de nada. Taichi cerró la puerta y se apoyó en ella.
—¿Por dónde íbamos? ¿Estabas confesando que siempre estás enfadado conmigo porque te derrites por mí?
—Qué creído. Eres tú quien me ha besado.
—Pues no he escuchado que te quejes.
Yamato se acercó a él y lo acorraló contra la puerta.
—Vale, confieso, y ahora te voy a besar.
—¿A qué esperas?
Estuvieron un buen rato besándose. Hasta que se dieron cuenta de que algunos de sus amigos estaban grabándoles desde la ventana. ¿Cómo habían llegado al balcón de la habitación de Mimi? Ese era un misterio que no podía importarles menos.
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Midita, las palabras cursis te llegarán por otra vía, solo me queda decirte por aquí que espero que te haya gustado esta tontería de fic, que disfrutes la colección entera a la que todos le han puesto mucho empeño y sacado tiempo de donde no lo tenían, y que te quiero. ¡Feliz cumpleaños!
