Autora: Giuly Salamander

Personaje: Yamato

Sinopsis: Hay algo familiar en la aquella situación.

.


El lobo sonríe


.

Yamato vio un lobo.

Observó a la criatura con auténtico interés. El animal solo estaba allí, solemne. Había oído de lobos que buscaran a los hombres si tuvieran suficiente hambre, y para su suerte del momento, aquel no era ese caso.

—Ya veo —soltó y volteó a mirar en detalle a la criatura. Parecía un espécimen adulto por varias marcas que lo recorrían. No tenía ni idea de las batallas por las que había pasado.

Recordó vagamente una frase que mencionaba a la compañía del lobo como un catalizador para que el bosque más aterrador se convirtiera en un cuento de hadas. Su rango de visión se ajustó alrededor y no pensó que aquel espacio verde de Minnesota fuera espeluznante. Era solitario.

—Supongo que debes tener hambre —añadió al silencio. El guardabosques había indicado que los lobos se acercaban todos los días con la ola de personas, buscando con qué alimentarse. Pero aquel día no había ninguna ola en absoluto, probablemente debido a que el clima se sentía más duro que otras veces.

Eso le venía bien a Yamato: la soledad.

Había permanecido en un bucle de someterse a la voluntad de las personas que no tenían lo mejor en mente, convirtiéndose él en lo que estaban buscando, para hacer más fácil su existencia. Tuvo un quiebre y necesito escapar, descubrir cómo permanecer lo suficientemente bajo como para que nadie supiera su nombre, luego se colocó allí y espero que algo sucediera.

Y apareció el lobo.

Sintió algo de asusto cuando percibió que debía pelear, pero el animal permaneció estático. No parecía dispuesto a encogerse ni esconderse. Lo estaba mirando directamente a los ojos y podía jurar que le estaba sonriendo.

—Quizás debería hacer lo mismo.

Recogió las pocas cosas que llevaba encima, decidido a marcharse. Levantó la vista de la mesa que estaba limpiando y vio que el animal se había acercado a él, su expresión seguía siendo solemne y continuaba con su vista fija en él. Yamato movió su mano y la apoyó en la cabeza de la criatura, suavemente. Un instante después, el lobo retrocedió y comenzó a marchar hacia su propio destino.

Por alguna razón, aquello se había convertido en algo conocido. Casi familiar.

Yamato no pudo evitar sonreír mientras caminaba hacia su propio destino.


.

Nota de la autora: Dedicado a Mid. Feliz cumpleaños.