Autora: ShadowLights
Personajes: Mimi, Yamato
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La ladrona de delfines
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Los sueños de Yamato nunca habían sido inusuales. Más bien, siempre creía que sus sueños eran ordinarios o simplemente oscuridad nocturna de un día para el otro. Nunca se ponía a pensar si tenían un significado o simplemente eran algo absurdo que mutaba en su imaginación sin motivo aparente.
Sus relaciones personales no iban muy bien, y quizás eso lo tenía con la cabeza en otro lado llevándolo en la noche a otro mundo sea oscuro o con trama. A veces, se preguntaba si debería contarle esos últimos a Takeru ya que podrían servirle como inspiración al parecer mucho una película.
De todas maneras, Yamato Ishida de veinticinco años estaba acostado boca abajo en una cama mal hecha de un apartamento rentado. Su carrera de músico solista le daba lo suficiente para vivir, aunque tenía que mudarse de un lugar a otro seguido debido a las millares de invitaciones que recibía como músico compositor indie.
Su dormitorio no era solo una catástrofe, era una zona de desastre. Parecía que un ciclón ebrio había estallado en su habitación esparciendo su ropa por el piso, luego se dirigió al azar hacia el escritorio para hacer lo mismo con sus composiciones a papel. Las únicas pistas de que este caos fue creado por un humano eran las latas de cerveza parcialmente esparcidas por el piso junto a tabaco roto.
Yamato siempre había sido un chico ordenado, pulcro, ¿qué lo hizo volverse así? Solía cocinar su comida todos los días y mantener una dieta saludable, ¿ahora por qué solo se alimentaba de sopa instantánea o panes de tiendas de conveniencia? Es decir, tiene un futuro brillante si sigue con la música que tanto ama.
No obstante, cuando se trataba de relaciones íntimas, su vida se volvía en un gran triángulo de las bermudas personal. Cada vez que una no terminaba floreciendo en algo más, se dejaba vencer por algún motivo. Podría ser que estuviese acostumbrado a la soledad desde muy temprana edad, aun así, por más que lo negara, deseaba algo de calor a su lado, aunque sea por una noche o por la mañana.
Su último amor—si es que eso fue—había finalizado de una manera horrenda.
La chica con la que salía se enteró que a la misma vez estaba recibiendo mensajes de otras mujeres que habían salido con él vía cierta aplicación de citas. Obviamente el grito no faltó, el golpe en la mejilla tampoco y menos el escándalo formado.
Yamato no le había sacado la vuelta, oh no. Simplemente las demás seguían escribiéndole al ser una persona agradable por más que nada floreciera entre ellos, pero la nueva cita tomó todo de manera errónea. He por ello su situación actual de no querer nada con nadie, al algo tan simple haber arruinado una estúpida primera cita.
Para empezar, no era linda.
Se repetía así mismo en su mente, cerrando los ojos.
Tal vez su soledad era su felicidad, de forma extraña.
Dicen que una vez que dominas la soledad, estás listo para la compañía de los demás, pero eso era algo que no creía por completo. Por eso sin saberlo ni emitir la señal a su cerebro para que formule la acción, bajo las sábanas empezó a abrir la aplicación en su celular para buscar a alguien y pasar, aunque sea, un buen rato en la calle.
Sabía que su vida no había sido fantástica tampoco, y se le era complicado establecer temas de conversación cuando su pareja del momento mencionaba cosas como familia o relaciones intrapersonales.
Quizás el hecho de no comprender esas cosas, era felicidad para sí mismo.
Moviendo y moviendo el dedo índice hacia la derecha, finalmente dio con un perfil que le llamó la atención.
Su nombre era Umi Tadokawa. Tenía el pelo castaño claro con rayos que lucían ser dorados. Descansaba sobre sus hombros como una cascada que fluía suavemente en su foto de perfil, junto a unos brillantes ojos ambarinos; llameando tan brillante como un amanecer.
«Me gusta la playa, ver las estrellas y buena compañía. Mi meta es nombrar cada astro en el cielo y crear una nueva constelación.»
Yamato se mordió los labios evitando reír: Esta chica sí que es tonta.
Sexo: Femenino
Prefectura: Tokio
Región Especial: Minato
Distrito: Odaiba
Edad: 17
Cumpleaños: 9 de julio
—¡¿Qué hace una menor de edad en esta aplicación?! —pero durante su grito de asombro, accidentalmente le dio al botón de emparejar, lo cual significaba que la muchacha iba a mandarle un mensaje en cualquier momento para tener una cita—. Oh, no... no… Si mi pequeña disquera se entera de esto mi contrato se anulará para siempre, tengo que hacer algo al respecto.
Pero mucho no pudo hacer, ya que a los segundos recibió una notificación de la tal chica de nombre Umi, quien le había puesto unas condiciones bastante inusuales.
Palette Town, Leisure Land, a las 9PM.
Yamato miró su reloj luego de sacar la cabeza de las sábanas malgastadas, solo para ver que lo estaba citando de manera muy precisa y concisa dentro de doce horas. No sabía que responderle, así que cerró sus ojos, incrédulo sobre el problema en el cual se estaba metiendo. Lo único que le quedaba era llegar al lugar, decirle que había sido un malentendido y regresarla a casa. Por suerte se encuentran viviendo en la misma área, entonces no había problema.
Cerró sus ojos por el estrés, sin saber cuándo su mente entró a un nuevo estado.
*
No sabía si era un sueño dentro de un sueño, dentro de otro sueño. Lo que sí estaba seguro era que su consciencia estaba activa, al igual que el resto de su cuerpo. Yamato jamás había tenido un sueño lúcido, si es que así se lo podía llamar. Sabía que estaba soñando en cierto punto, pero su realidad fue transformándose hasta arribar a las costas de la playa artificial de Odaiba. Por un segundo, realmente creyó que había salido sonámbulo.
El sol del verano calcinaba su piel, el cielo indicando que era temprano y sus rayos, como dedos que se extendían por el manto celeste, traen consigo un aroma a sal. Poco a poco, el sol llena el cielo con su brillo cálido y escuchó las gaviotas. Colocó su brazo derecho sobre el rostro, al serle imposible esclarecer su área, solo para notar que estaba con otra ropa.
¿Habré salido a caminar medio dormido?
Sacudió el rostro. Era imposible que estuviese soñando. Todo se sentía real. ¿Sueño dentro de un sueño, dentro de otro sueño? Ridículo.
Repentinamente, el sonido cesó, tan solo unos pies descalzos en la arena resonando en sus tímpanos. Alguien más estaba ahí con él. Bueno, era de esperarse. Es la única playa artificial de Odaiba y siendo verano obviamente estaría llena. Sin embargo, algo no cuadraba. Precisamente el hecho de saber que debería estar llena le llamó la atención. No había bullicio salvo esos pasos tan delicados de cristal.
Pa, pa, pa, pa.
Iba ese sonido, pétalos de una flor morada cayendo al suelo y danzando como magia alrededor de cierta presencia. Parecía como si la flor misma fuese un delfín.
Pa, pa, pa, pa.
Se detuvo de improviso al percatarse que no se encontraba por su cuenta. Cuando abrió los ojos, todo lo que vio fue el cielo azul sin nubes y el sol dorado que irradiaba sobre su piel, al igual que el perfil de un atontado Yamato.
Sonrió con gracia.
Yamato tragó saliva por su apariencia: era una hermosa muchacha de piel de marfil y cabello rosa-dorado. Le llegaba hasta los hombros y se encontraba decorado con un prendedor en forma de estrella. Con un vestido negro que no iba de acorde a la situación, sus ojos se encontraron mutuamente, solo para que la doncella dejase de jalar los pétalos de la pobre flor.
Se le acerca, con el sol brillando en su rostro. Con una facilidad que el mundo anhela captar, pero que nunca parece cautivar. No obstante, se sienta sola al lado de Yamato, con los ojos cerrados al mundo y sus problemas. Una breve sonrisa se extiende por su rostro cuando una ráfaga de viento la rodea.
—¿Acaso esta vista no es hermosa? —preguntó sutilmente.
Yamato no supo que contestar, trataba de encontrarle la lógica a la situación.
—¿Te comió la lengua el gato? Aunque creo que eso es imposible. Acabo de ahogar a uno en la orilla.
—¿Disculpa…? —fue lo único que salió, con voz rasposa.
—Ah, fue una broma de mal gusto, lo sé, ¡pero sí puedes hablar! Por un segundo pensé que eras mudo o algo así—comenzó a reír infantilmente.
—Ese estilo de bromas no se deben de hacer.
—Vamos, relájate un poco. ¿No es maravillosa esta escena?
—¿Qué es este lugar para empezar? ¿De dónde saliste?
—¿Hm? —ladeó el rostro, mirándolo de arriba hacia abajo—. ¡Eres muy apuesto!
—No estas respondiendo mi pregunta —aguantando el malhumor, Yamato optó por sentarse también.
—No lo hice porque no lo sé—respondió la chica sin nombre—. Aunque lo siento como una base secreta de cierta forma, así que siéntete afortunado de ser el miembro número dos.
Esta conversación no tiene sentido.
—Estás pensando que esta conversación no tiene sentido—dijo inflando sus mejillas.
—¿Cómo supiste qué…?
—¡Soy psíquica!
—…
—Broma, tan solo tengo buena intuición.
—Claro…—Yamato evitó el contacto directo, desviando su vista hacia el océano.
El silencio se hizo eterno, la chica volvió a sacar el racimo de flores moradas y siguió su acto de sacarle cada pétalo. Yamato no preguntó, ni tampoco hizo interrogaciones al respecto. Ella no iba a responder, al genuinamente parecer tampoco entender en dónde se encontraba ni qué era exactamente este lugar que era un reflejo mismo de la playa de Odaiba.
—Soy Mimi. Me exaspera el silencio, entonces hablé.
—Ya veo.
—¿No vas a decirme cómo te llamas?
—No quiero. No tengo interés en conocer a alguien más en este lugar tan extraño.
—No debes tener muchos amigos, ¿no? ¡Pues hoy es tu día de suerte porque Mimi ahora es tu primera amiga!
—¡Deja de pintar una imagen negativa de mí en tu mente por un condenado segundo!
Mimi se quedó en silencio al verlo de malhumor. Aunque, en segundos, empezó a reír.
—Mal carácter, menos diez puntos.
—¿Qué?
—Tu nivel de hermosura ante mis ojos ha caído diez puntos.
Yamato no sabía que más decir, la tal Mimi estaba loca, no había duda. Pensó que quizás sí estaba soñando y esta chica de cabello rosa-dorado era una especie de alucinación. Eso o se asfixió durmiendo y era un ángel para poner a prueba su paciencia y ver si merecería ir al Cielo o al Infierno.
—Si te interesa saber, el máximo son cien puntos, así que no te desanimes.
—Como si fuera a hacerlo—suspiró.
En eso, Mimi se pone de pie, extendiéndole la mano: —¡Vamos al mar!
El mirar azul de Yamato fue incrédulo.
—No me juzgues con la mirada, ¡es de mala educación! Hay que aprovechar el momento, ¡vamos a nadar!
Creyendo que así la callaría, le hizo caso y tomó de su cálida mano. Algo resonó en su corazón y no supo que era, tan solo se dejó mecer como las mismas olas del mar. Ambos pies descalzos corriendo hacia la orilla con tanta, tanta delicadeza.
Pa, pa, pa, pa.
Ambos saltaron hacia el océano, abriendo sus ojos bajo el agua. Se encontraban desnudos y, por un segundo, Yamato no pensó en el por qué ni en la hermosa mujer que tenía al frente, sino de que, quizás, esto era lo que significaba vivir. Lanzarte haciendo un salto de fe sin temor a exponer tu yo completo hacia el mundo.
Ambos emergieron a la superficie, una vez fuera del agua sus ropas regresando a su cuerpo.
—No entiendo por qué hiciste algo tan demente—Yamato colocó un dedo bajo el mentón.
—Vamos, no creas que no lo sé. Sé que cuando haces esa expresión, la de colocar un dedo bajo el mentón como ahora mismo, sé que estás mintiendo.
Yamato se quedó inmóvil y en silencio: ¿a qué se refiere con todo eso?
Mimi sonrió con picardía.
Una sombra de una nube pasó por encima y ella se fue tan rápido como llegó. Solo dejando una pequeña flor morada a los pies de Yamato que tenían una forma muy extraña en su opinión.
*
Definitivamente había sido un sueño, ya que el rubio de veinticinco años llegó con cinco minutos de retraso a la cita que debía cancelar tal cual llegara. Se sorprendió cuando la vio entrar a Leisure Land a paso decidido, sus tacones siendo uno de los miles del área más recreativa de Palette Town con sus karaokes y centros de videojuegos de veinticuatro horas.
Caminaba mientras su cabello revoloteaba en el aire, su ropa se aferraba a su cuerpo, los brazos la envolvían con fuerza. Yamato sintió que el viento frío le acariciaba la piel, queriendo arrancarle la ropa, como si fuera un animal. Mientras unas lágrimas aparecían en las esquinas de sus ojos, la mujer siguió caminando, sin detenerse por nada.
Un segundo, ¿lágrimas? ¡Y contrólate, Yamato que tiene diecisiete años, es una menor de edad, por favor!
—¿Yamato Ishida-san?
La joven se había acercado, preguntando por su identidad. Era exactamente igual a la foto de perfil que había visto, salvo que se encontraba menos llamativa. En la aplicación, estaba sonriendo alegremente mientras que en la realidad estaba con su cabello castaño claro en dos trenzas medianas, lentes y un atuendo que le cubría gran parte de las rodillas.
Antes de salir, había podido apreciar en fotografías compartidas cómo la menor de edad tomaba fotos de sus muslos que harían a cualquier persona subir su presión cardíaca.
—Sí, um, tú debes ser… Umi Tadokawa, ¿cierto?
—Precisamente—sonrió levemente—. ¿Cuál es el plan?
Yamato se quedó en silencio, observándola: ¡Creí que ella tenía uno al ser tan precisa en la locación!
Afinó su garganta ligeramente, solo para aterrizar a la realidad.
—Mira, Tadokawa. No deberías estar en aplicaciones de este estilo. Hay personas con muy malas intenciones y sabiendo públicamente que eres menor de edad podría causar muchísimos problemas. Lo siento, pero esta cita queda cancelada. Cometí un error al aceptar por estar dormido. Vamos, que por lo menos me ofrezco llevarte a casa.
—¿Eres una de esas personas? —preguntó inocentemente.
—No.
—¿Entonces por qué no podemos salir?
—Porque eres menor de edad, ¿acaso no entendiste mi punto?
—Si ese es el problema tengo una identificación con una edad falsificada.
—¿Perdón…?
—Mm—asintió—. Además, ¿cómo no sé si vas a hacerme algo al ofrecer llevarme a casa?
Yamato no había pensado en esa alternativa.
—Porque tengo honor y no pienso arrojar mi carrera por el drenaje por el simple hecho de dejarme llevar por tentaciones.
—Entiendo—Umi tomó asiento en una banca, haciendo palmaditas al costado para que Yamato hiciera lo mismo.
—¿Acaso no entiendes que…?
—¿Quién dice ahora que es una cita? ¿No podemos sentarnos a hablar como dos perfectos desconocidos?
La muchacha había hecho un argumento, uno muy bueno. Sabiendo que no tenía otra alternativa, Yamato la complació y se sentó malhumorado, queriendo que esta pesadilla acabase pronto. Llegado a ese punto, no sabía si su sueño con la tal Mimi era mejor o peor que esto.
—Los días ordinarios pueden acabar en tan solo un par de años. Extrañamente, el saber eso me puede hacer sentir algo triste—empezó a hablar ella.
Aquello que dijo resonó con Yamato.
—Nunca sabemos cuándo nuestra vida puede llegar a su fin, por eso decido vivirla al máximo en cada momento. ¿Acaso tiene algo de malo?
—Honestamente no, pero lo que estás haciendo es ilegal.
—¿Y qué importa? De todos modos, prefiero vivir al límite que verme reducida a esperar un final inevitable.
Yamato suspiró: —Mira, no sé cuál sea tu situación o circunstancia, tampoco pretendo entrometerme y saberlo, pero deja de hacer estas cosas.
—Si prometes salir conmigo solo para hablar ocasionalmente, lo haré.
Fue un acuerdo inusual. Aun así, Yamato accedió al trato.
Realmente, se sentía tan solo que una compañía así no le caería tan mal.
*
En su undécima cita conversacional, Umi retomó el mismo tema.
—Alguien tan maravilloso como tú puede morir de una manera tan sencilla y, eso, por algún motivo, me pone muy triste, Ishida-san.
Movió su café con lentitud, ambos dentro de una pequeña cafetería no muy lejos del apartamento de Yamato.
—No entiendo por qué dices cosas tan tétricas de esa manera.
De lo poco que la había llegado a conocer, Umi Tadokawa era inusual. Certeramente, compartían pasión por el espacio y las estrellas, al igual que la música. Supo que tenía una hermosa voz accidentalmente al llegar un poco tarde a una de sus "citas" y ella descubrió que era músico. Ambos se complementaban en ese aspecto, de vez en cuando improvisando canciones cuando no tenían ya de qué hablar.
—Es porque me queda poco tiempo de vida, Ishida-san.
Yamato no sabía qué decir. Ciertamente, lo presentía desde el día que se conocieron al verla llorar al llegar. Seguro recién se enteraba de su condición, o tal vez no. Vivir al límite era otra pista que lo había llevado a ese riel de pensamiento, pero, ahora con su confirmación, supo que no estaba tan errado.
Yamato llevó un dedo hacia su mentón.
—Vaya.
Umi sonrió tristemente.
Y de un segundo a otro, no supo cuando sus labios se encontraron, perdiendo el foco de la realidad y encontrarse en su departamento, desesperados ambos por la calidez de otra persona. Su raciocinio le decía que estaba mal, que estaba cometiendo un delito. No obstante, ella lo silenciaba con ágiles movimientos que definitivamente alguien de diecisiete no debería saber.
Quería su amor, quería comer ese amor de pies a cabeza. Ambos deseaban consumirse.
—Ahórcame con tus manos—dijo ella.
Pa, pa, pa, pa.
Se escabulleron entre la noche.
Pa, pa, pa, pa.
Rompiendo los límites del "amor".
Pa, pa, pa, pa.
En esa fracción de segundo antes de su toque, todos los nervios de sus cuerpos y cerebros estaban electrificados. Era la anticipación de estar juntos de una manera que era más que palabras, de una forma que era completamente tangible.
En la habitación que era crepúsculo y sombra, Yamato estaba lo suficientemente cerca para que pueda respirar su esencia. Sus brazos se envuelven alrededor de su espalda y en un suave tirón sus pieles tocan. Siente su mano en su cabello, cómo le encanta la suavidad, mirándolo caer mientras lo suelta. Luego, su mano se mueve por sus pómulos hasta sus labios. Ahí es cuando empiezan los besos e iniciaron a moverse como compañeros en un baile que está escrito en su ADN.
Ambos cuerpos encajan como si estuvieran hechos solo para esto, para caer el uno en el otro, para sentir ese ritmo natural. La lleva hacia la cama y la deja caer con un suave rebote en el colchón.
Cerraron los ojos solo por un momento, lo suficiente para que se sintieran seguros el uno con el otro. Entonces él es todo negocios, desabrochando su vestido, sacándolo, besándole desde los dedos de los pies hacia arriba, lentamente, sus manos en sus piernas, siempre un poco más arriba que los besos. Siente que su espalda se arquea con anticipación, sabiendo dónde llegarían pronto sus dedos. Su cabeza se balancea contra la almohada mientras lo hace, el primer gemido escapando de sus labios de cereza.
Umi sintió electricidad en su piel, las hormonas cerrándose en su cerebro superior y el ascenso de su yo animal. De ahí en adelante todo fue pasión, intensa, embriagadora. Era su liberación, su escape, su droga. Sin embargo, con química, con amor real, se activaron demasiados de sus interruptores para que fuera posible una marcha atrás.
Yamato respiró arduamente. Dentro. Fuera. En cuestiones de segundos está allí de nuevo, como si nunca se hubiera ido. El tiempo se olvida. El lado de sus muslos está presionado contra los suyos. Está seguro de sí mismo, cree que tiene el control. Siente todo, este inmenso campo magnético entre ellos.
Pa, pa, pa, pa.
Electricidad.
Pa, pa, pa, pa.
Tan grácil, tan grácil.
Pa, pa, pa, pa.
Se embriagan en amor.
Pa, pa, pa, pa.
Durmiendo juntos en sábanas sucias, sintiendo el hecho de que estaban viviendo.
*
—Sabes que lo sé. No hay algo como felicidad eterna ya que incluso las flores se marchitan, ¿no es así?
Mimi habló repentinamente.
Yamato se encontraba en la playa de nuevo, sin saber qué sucedía. Hace un momento estaba… ¡imposible!
—¡Voy a ir a prisión! —gritó, deseando hundirse en la arena.
Mimi se le acercó, todavía con el vestido negro y arrancando los pétalos de la flor morada que era tan larga que parecía un delfín.
—Ya me estaba preguntando cuándo ibas a volver a este sitio y lo primero que haces es gritar una tontería. Me decepcionas, ¡Yamato! —lo señaló con su dedo índice, acusándolo.
Él tan solo suspiró, dejándose llevar por la bahía en plena noche.
—¿Tienes un cigarro? —fue lo único que respondió—. Es urgente.
—¿Tienes chocolate? —preguntó Mimi.
—No seas idiota.
—Te digo lo mismo.
Silencio. Puro silencio. Tan fino como un cristal.
—Aunque supongo que esta atmósfera es como un chocolate en sí, es dulce y amarga así que sí, puedo otorgarte un poco de tabaco—afirmó sonriente, extendiéndole un cigarrillo que Yamato sostuvo rápidamente, sacando por algún motivo un encendedor de su vestimenta.
Realmente, nada tenía sentido en ese… sueño.
Aspiró ese hedor gris, el olor que presagiaba los pulmones infestados de alquitrán. Había algo podrido en sus ojos mientras tomaba cada respiración, como si engañara perversamente en ese morboso final qué él había tenido debido a sus instintos y lástima por la chica que iba a morir, al igual que su propio egoísmo en la falta de cariño. Había sido víctima de ahogamiento desde la infancia, es cierto, pero ahora, en la edad adulta, maldijo a su propia debilidad.
El humo del cigarro descendía con frialdad por su garganta; volvió a soplarlo en anillos que acariciaron el aire con valentía por un momento; azul, circular, luego empezó a oscilar en formas de reloj de arena y se fue apagando; extrañas formas que adoptan, pensó.
Mimi lo observaba en silencio, examinando toda parte de su ser.
El tabaco cayó en la arena, Mimi saboreando unos labios que no tenían un sabor placentero. Yamato no pudo reaccionar a tiempo, dejándose llevar por la muchacha de ensueño que había atrapado su única forma de pronunciar palabra.
Con respecto a su relación actual, Mimi y Yamato se veían de vez en cuando en ese extraño espacio. En cierto momento, Yamato le había dejado saber su nombre, tras la chica insistir vehementemente como una pequeña niña que era injusto el hecho que él supiera su nombre y ella no. Su amistad no había evolucionado mucho, pero, compartían mismos sueños y aspiraciones. Una vez la escuchó cantar a la orilla del mar y creyó que su voz sería un hermoso complemento con su bajo. Por eso, tal vez, cuando escuchó a Umi cantar, no lo pensó dos veces en sacar su instrumento y ponerse a tocar.
—No me dejes ir—murmuró Mimi en su oreja—. Sostenme, para siempre.
Adiós.
Pa, pa, pa, pa.
Pétalos que los rodean.
Pa, pa, pa, pa.
Corriendo en la orilla.
Pa, pa, pa, pa.
Mimi traga esas flores.
Pa, pa, pa, pa.
Nuevamente desnudos en el mar.
Pa, pa, pa, pa.
Ambos están viviendo.
Pa, pa, pa, pa.
—¿Podemos intentarlo de nuevo? —murmuró una vez que sus cuerpos dejaran de sudar no del agua del mar, sino de su misma pasión.
—¿A qué te refieres? —Yamato se hundió en su hermoso aroma de miel.
—Empezar desde cero. Por más que este mundo vaya a colapsar, dejar las apariencias a un lado y finalmente vernos cara a cara.
*
Al abrir sus ojos, Yamato supo que lo que había cometí certeramente era un delito por más que haya habido consentimiento. No obstante, antes de pensar cuál sería su siguiente paso en este inusual escenario, notó que Umi no estaba a su lado, sino un colchón vacío que parecía no haber recibido calidez en mucho tiempo.
Creyendo que todo había sido una ilusión, al igual que las extrañas palabras de Mimi, revisó en la aplicación si es que por algún motivo había regresado en el tiempo, como si de una fantasía se tratase. Sin embargo, pronto notó que ese no era su caso.
Después de todo, no había sido arrollado por un camión como todo cliché.
El mensaje de Umi seguía ahí, al igual que muchos otros.
—Ah, hasta que al fin despertaste, Yamato. Hice café con lo que encontré.
La muchacha había entrado con tan solo una camiseta puesta.
Yamato seguía incrédulo.
—¿Por qué me miras así? ¿Acaso un gato te mordió la lengua? Ah, espera. Ahogué un gato hace poco así que no debería pasar eso.
Un diálogo muy familiar.
—Deja de mirarme así, sé que es una broma de mal gusto.
Se sentó en la cama, solo para dejar su taza en la mesa de noche y luego quemarle la mejilla a Yamato con la otra.
—¡¿Qué te pasa?! —gritó él, reaccionando.
—Ah, al fin. Te dije que empezaríamos desde cero, ¿no recuerdas? No más apariencias y vernos cara a cara.
—… Un segundo… tú…
—Mm—asintió, sonriendo—. Soy tu adoradísima Mimi Tachikawa, ¡hello! Tuve que contener la risa al ver tu reacción pensando que habías hecho algo indebido con una menor de edad, ¡me hubiese gustado tomarte una foto!
—Esto no tiene sentido alguno—Yamato se sujetó la cabeza—¿Es esto todavía un sueño…?
—Esta es la indudable realidad, mi querido—respondió con un guiño—. Incluso la acalorada noche de pasión que compartimos en ambas realidades. Eres realmente asombroso. Nadie me había hecho sentir tan complacida.
—Pero… espera… qué…
—Yamato, deja de balbucear tanto que no pareces tú—resopló cruzando los brazos—. Ponte a pensar, ¿tú crees que alguien menor de edad sería tan idiota de poner su nombre real? Además, no tengo diecisiete… aunque siempre diga que siempre los tendré eternamente, soy bastante mayor de edad para estas cosas, siendo solo un año menor que tú así que no te preocupes, no irás a la cárcel.
—¡¿Me estás bromando?!
—No, mio amore.
—Nada de esto tiene sentido.
—Yo creo que sí—replicó Mimi, muy segura de sí misma—. No mentí cuando dije que tenía poco tiempo de vida. Tengo sarcoma y probablemente muera pronto, pero, ¿por qué dejarme rendir por esto y no vivir al límite lo que me queda? Creo que ese… sueño fue una forma de conectarnos a un nivel subconsciente antes de conocernos en la vida real.
—¿Es acaso esto una historia de fantasía para que crea algo así?
—No hay problema si no lo crees, para mí es suficiente saber que no estoy sola. Ese lugar en el cual solo había soledad, quizás fuiste llamado ahí también para calmar nuestras emociones de vacío.
—No te creo—Yamato colocó una mano bajo el mentón.
—Mientes, piensas todo lo contrario—rio ella—. Ahora, vamos a robar un par de flores.
—¿Qué? —Yamato no podía más que la loca situación en la que se encontraba.
—Esas flores que parecen delfines. Las que siempre tenía conmigo, ¿acaso no te diste cuenta? Pero que idiota eres.
—No es muy agradable que llames así a alguien que acabas de conocer—refunfuñó.
—No me acabas de conocer, llevamos días, semanas conociéndonos mutuamente. Todo lo que te conté como Umi era como Mimi, al igual que Mimi como Umi.
Ahora que lo pienso, Mimi puede escribirse como Umi, y al ahora mencionar su apellido… ¡Esta chica de miedo!
—Piensas que doy miedo—colocó una palma de su mano ante la boca, evitando una carcajada—. Entonces, ¿qué dices? ¿Las robamos?
—¿Para qué quieres robar algo así?
—¿Por qué no? Son bonitas, parecen un delfín y son la flor del mes de mi cumpleaños. ¿Cómo no amarlas? Además, robarlas da algo de emoción al asunto. Después de todo, solo voy a vivir una vez entonces por qué no hacerlo.
Yamato no supo cómo se vio envuelto en la travesura de Mimi, quien lo sacó de su oscuridad para simplemente robar una absurda flor en pleno verano. Suspiró al ver cómo ella lo llevaba de la mano con una gran sonrisa, sabiendo que algún día esta se apagaría si seguía cantando. Aún así, ella lo seguía haciendo junto al bajo de Yamato mientras Mimi jugaba en la orilla de la playa con la flor morada y arrancaba sus pétalos en una hermosa danza, solo para luego ambos bailar a su propio compás en un departamento que poco a poco se iluminaba con la pureza de la niña de las estrellas.
La ladrona de delfines no suena tan mal para título una canción.
—Estás pensando en un nombre absurdo para una canción, ¿o me equivoco?
—Como siempre, dando en el blanco.
—Prefiero eso que los besos con aroma a tabaco.
Yamato rio desde el alma, sabiendo que la oscuridad se había ido. Atesoraría cada día con Mimi, esta historia de fantasía que solo ambos creerían de corazón hasta que sonase el reloj indicando la despedida entre ambos sonara. Tenían un pequeño futuro por adelante, y ambos caminarían esa senda hasta el fin del mundo si significaba tenerse el uno al otro por la eternidad.
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¡Feliz cumpleaños, Mid! Espero que lo pases hermoso y te dedico mi primer Mimato oficial. Has hecho mucho por mí aunque no lo creas y me alegra poder darte un regalito especial por más que esta historia sea extraña. Pero quién soy yo para decir eso, todo lo que escribo no tiene sentido a medio camino. En fin, espero que hayas disfrutado esta historia.
Trivia
Umi Tadokawa (太刀川 海々): el nombre de Mimi está escrito en katakana, lo cual da muchas posibilidades en lo que concierne a kanjis. Encontré que Umi escrito de este modo puede leerse como Mimi también, al igual que el apellido que se lee como Tachikawa. Literalmente me enamoré que sea océano su nombre debido al sueño de la playa. Tachikawa/Tadokawa sigue significando lo mismo (gran espada en el río).
Palette Town: una de las atracciones turísticas más completas. El complejo está localizado en el centro de Odaiba y contiene varios lugares de entretenimiento y ocio en un solo lugar.
Leisure Land: se ubica dentro de Palette Town. Es un centro con horario de 24 horas con bolera, videojuegos y karaoke.
Sarcoma: es un tumor maligno, un tipo de cáncer que afecta su capacidad para respirar bien y cantar en voz alta. Su tumor es curable solo mediante una cirugía que podría dañar sus cuerdas vocales y Mimi prefiere no hacerlo y arriesgar lo poco que le queda de vida al tenerlo en un estado avanzado.
Delphinium/Larkspur: Utilicé la fecha de cumpleaños de Mimi del Headcanon de un blog que decía que era en julio, y lo veo bien ya que cáncer le cae muy bien como signo. Esta flor recibe ese nombre porque sus hojas basales, hendidas y alargadas tienen forma de delfín. Además, en el idioma de las flores significa "apego ardiente, divertido y de gran corazón". Bastante Mimi, ¿no creen?
Goodbye, Ms. Floral Thief: Hay varias referencias de esta canción en el fic, sobre todo varias frases que dice Mimi.
¡Gracias por leer!
