-My Lady-saludo levantando la mano Chat Noir al verla desde hace tiempo.
-Hola gatito -ella sonríe y, a pesar de que sus ojos también lo hacen. Su boca no puede verse ya que esta oculta detrás del tapabocas; rojo con lunares negro que lleva puesto obligatoriamente.
Su compañero galante y guiñandolo un ojo, le lanza un beso. Ladybug lo esquiva como reflejo.
La situación le impide contacto físico. Por lo tanto, ya no hay besos en el dorso de su mano. Por eso Chat Noir le daba besos al aire y los sopla hacia ella. A pesar de que sus labios estén ocultos detrás de un barbijo; negro y con bigotes y nariz de gato de color blanco, estos siempre sonríen en su presencia.
-Así que Hawk Moth sigue sin respetar la cuarentena... -dijo Ladybug al ver el akuma provocando destrozos.
A pesar de que todos debían respetar la cuarentena obligatoria por el Covid-19 que había acechado inesperadamente al mundo. A Hawk Moth no le impedía para nada enviar a sus Akumas, a la gente con pensamientos negativos. Y siendo sinceros habían muchos, hablando desde lo psicológico, las personas estaban cansadas de no poder salir.
-¡Hey! -llamó la atención Chat Noir- al akuma- La distancia social es de dos metros, ¡No te me acerques tanto! -dijo mientras lo distraía y su Lady usaba su poder.
-¡Lucky Charm! -gritó Ladybug encontrándose con esa ahora tan utilizada botella roja y con lunares negro en su mano.
-¿Alcohol en gel? -preguntó el felino, al ver lo que había obtenido- ¿No te pusiste? -bromeó.
Entretanto la heroína visualizaba su entorno para detener al akuma que seguía provocando destrozos en la ahora no tan transitada ciudad.
Después de un tiempo, el Akuma había sido purificado y los dos héroes festejaron su victoria.
-Buen trabajo-dijeron y chocaron los codos.
Sin embargo, antes de irse Chat Noir halago su nueva inserción en su traje.
-Por cierto, lindo cubre bocas-guiño el ojo, Chat Noir-Combina con tu traje.
Ella sonrió debajo del barbijo.
-Y tu, lindos bigotes-dijo, apuntando por su elección de tapabocas-Te faltaban gatito.
Él rió, siendo amortiguado su risa el pedazo de tela que cubría su boca.
-¡No te olvides lavarte las manos cuando llegues a tu casa!
Ella rió. El traje cubría bien ese tema, pero aun así lo haría.
-Y tu no te olvides lavar tus garras.
Partieron hacia sus hogares y luego de destranformarse se quedaron mirando a través de la ventana, apoyaron su palma contra el vidrio con la esperanza latente en sus corazones.
De que, algún día, todo iba a volver a la normalidad.
