Una vida normal
¿Por qué se lo debería permitir?¿Qué clase de pregunta era esa? Los únicos, que alguna vez, le habían planteado una pregunta como esa fueron sus enemigos y solo aquellos que se sabían superiores en poder a él. Pero la terrícola no tenía nada de poder y, además, había llegado a creer que ella había sido la primera en dejar de verle como un enemigo.
La encontró sentada en una butaca, junto a un ventanal. Pero parecía sentada en un trono, con los rayos de sol que la enfocaban mientras amamantaba a su hijo con el biberón. Decir que nunca la había encontrado atractiva sería mentir. Ya en Namec lo sorprendió, aunque no volvió a hacerla caso porque siempre había alguna amenaza inminente que demandaba su absoluta atención. Ahora, con Trunks en brazos, la encontraba majestuosa.
- ¿Qué demonios quieres decir con "Por qué me lo tendrías que permitir"? -Le soltó procurando recuperarse de la distracción-. ¿Desde cuándo necesito tu permiso para hacer nada? ¿Y menos con mi hijo?
- ¡Oh! ¿Así que ahora es tu hijo? -respondió fingiendo desinterés-. ¿Y cómo estás tan seguro?¿No decías que era imposible? -Le soltó sin humor ¡Qué cojones tenía el maldito alien!
- ¿Qué?... ¿Qué puñetas?... -A qué venía ahora negar lo que era evidente para todos. Su ki y sus rasgos. No se asemejaba para nada a Kakaroto ¿Se había vuelto loca?-. Sabes muy bien que lo es ¡Lleva mi sangre! -Agregó sin poder disimular su orgullo.
- Quizás lleve tu sangre pero eso no te convierte en su padre, cuando no te has comportado como tal -Le espetó, mirándolo, desafiándolo. La excitación que siempre le producían las discusiones con la mujer lo arremetió con mayor fuerza. Siempre las había disfrutado de una forma retorcida. A pesar de no tener ningún potencial para la lucha física, era innegable que se trataba de una gran contrincante dialéctica. Ella no podría impedir que él tomara a su hijo y se lo llevara para entrenarlo. Aun así, tenía la osadía de retarlo. En aquel momento se sorprendió al sentir una nueva y desconocida excitación. Imágenes de la mujer, boca abajo, debajo de él, jadeando, invadieron su mente.
Intentó rehacerse, apretando los puños con fuerza y respirando profundo. Ella, perceptiva de su perplejidad pero no del imaginario, le ofreció lo que consideró una tregua- Si quieres reclamar ese derecho te tendrá que comportar como un padre de verdad.
- ¿Un padre de verdad? -¿Qué demonios era eso? Intentó recordar al suyo. Todos los recuerdos que tenía de él eran de entrenamientos. De revisar sus estudios y de echarle la bronca cuando no lograba los objetivos que hacían falta para un gobernante. Y ya está. Fuera de esas situaciones no tenía ningún recuerdo más. Así pues, pidiendo entrenar a su hijo estaba comportándose como "un padre de verdad" según su perspectiva ¿Qué más quería la humana? Bueno, él ya tenía pensado explicarle cosas de su cultura y traspasarle los conocimientos que él mismo adquirió como príncipe al pequeño. Quien sabe si algún día los podría usar en este planeta de inútiles.
- Sí. Un padre que no solo haga aquello que le apetece hacer con su hijo. Un padre que vele por el bien de su hijo y lo proteja de amenazas y peligros. Un padre que no tenga miedo de ensuciarse las manos dándole de comer, limpiándolo o haciéndole caso. Eso es un padre de verdad. Todo lo que tú no has sido hasta ahora -Cambiando de biberón por un lleno, se levantó y se le acercó-. Si estás dispuesto a hacer todo eso, podrás continuar viviendo aquí y, cuando sea el momento, entrenar a tu hijo -Con esto último le endilgó la criatura-. Si necesitas cualquier cosa estaré en el laboratorio -Y lo dejó allí plantado.
Continuará...
