A este lado de la tumba

El yokai empujo las cadenas que lo inmovilizaban a la pared de la cueva. Sus ojos brillaban rojos, alumbrando la oscuridad que nos rodeaba.

- ¿Realmente crees que puedes sujetarme? - Preguntó él, con su seductor y desafiante acento inglés.

- Claro que sí - respondí. Esas cadenas fueron instaladas y probadas por un yokai Maestro para que fueran lo suficientemente fuertes. Lo debería saber. Una vez yo misma había sido prisionera en ellas.

- Muy bien, entonces. ¿Qué es lo que deseas, ahora que me tienes indefenso? - La sonrisa del yokai reveló colmillos en sus blancos dientes superiores. No habían estado allí hace algunos minutos, cuando él todavía parecía humano para el ojo inexperto.

Él no sonaba como si se sintiera indefenso, al menos. Fruncí los labios considerando el asunto, dejé que mi mirada lo escaneara. Nada interrumpió mi vista, bueno, desde que estaba desnudo. Hace mucho tiempo aprendí que las armas podían ser almacenadas en varias partes del vestuario, pero en la piel desnuda no esconde nada.

Excepto que ahora, eso también era una gran distracción. El cuerpo del yokai era, una hermosa extensión pálida de músculo, hueso y elegantes líneas magras, todo lo que culminaba en una hermosa cara con pómulos tan finamente cincelados que podrían cortar la mantequilla. Vestido o desnudo, el yokai era impresionante, algo de lo que era obviamente consciente. Aquellos ojos brillaban rojos en los míos con una mirada de complicidad.

- ¿Necesitas que repita la pregunta? - Él preguntó con un dejo de malicia.

- ¿Para quién trabajas? - Me esforcé por ser indiferente.

- Para nadie. - La sonrisa se ensanchó, dejándome saber que mi actuación no fue tan convincente como yo quería que fuera. Él incluso se estiró tanto como las cadenas se lo permitían, Sus músculos ondulando como las ondas de un lago.

- Mentiroso. - Saqué un cuchillo de plata y tracé la punta suavemente por su pecho, sin cortar su piel, dejando apenas una línea rosada que desapareció en segundos.

- ¿Eso debería asustarme? - Él miró el camino que el cuchillo había trazado.

- Bueno, he matado a sangre fría en el mundo de los no muertos desde que tenía dieciséis años. Incluso me gané el apodo de Parca Negra, por lo que si tengo un cuchillo al lado de tú corazón, entonces sí, deberías tener miedo. - Fingí que analizaba la pregunta.

- Te gusta sonar desagradable pero apuesto que podría liberarme y tenerte sobre tu espalda antes de que pudieras detenerme - Su expresión seguía siendo divertida.

- Hablar es fácil. Pruébalo - Bastardo arrogante. Sus piernas se alzaron, sacándome de equilibrio. Salté hacia adelante de una vez, pero un cuerpo rígido y frío me tiró al piso de la cueva al siguiente instante. Una mano de hierro cerrada en torno mi muñeca, me impedía levantar el cuchillo.

- Siempre, el orgullo antes de una caída - él murmuró con satisfacción.

Intenté derribarlo, pero una tonelada de ladrillos hubiera sido más fácil de desalojar. Debería haber encadenado los brazos y las piernas antes de ser tan atrevida, me reprendí mentalmente.

- Continúa retorciéndote, cariño. Frota conmigo todas las partes, hazlo - Aquella sonrisa arrogante regresó cuando el yokai me miro.

- ¿Cómo lograste liberarte de las cadenas? - Por encima de su hombro, vi un agujero en la pared de la cueva, en donde solían colgar los gruesos grilletes de titanio. Increíble. Él las arrancó directamente fuera de la pared.

- Sabía cuál era el ángulo correcto para tirar. Tú no debes instalar restricciones sin saber cómo salir de ellas. Sólo tomo un momento; y entonces, ya te tenía sobre tu espalda. Tal como había dicho que lo haría. - Una oscura ceja se arqueo.

- Presumido - Si todavía tuviera latidos cardiacos, ahora estarían acelerados… pero los había perdido en su mayor parte… cuando había cambiado de mestiza a yokai hace ya varios meses. Mis ojos se volvieron rojos brillantes y mis colmillos se deslizaron fuera de mis dientes.

- Ahora, mi adorable cautiva, cómo terminaste presa debajo de mí ¿qué me impide terminar de una manera vil contigo? - Él se inclinó hasta que nuestros rostros estaban apenas a una pulgada de distancia.

- Nada, espero - El cuchillo que aun sostenía en mis manos cayó y envolví mis brazos alrededor de su cuello.

- Esa es la respuesta que quería escuchar, gatita - Inuyasha, mi marido yokai, soltó una baja y pecaminosa risa.

Estar en una cueva subterránea no estaría en la lista de alojamiento favorito de última hora para la mayoría de las personas, pero era el cielo para mí. Los únicos sonidos provenían del movimiento del rio subterráneo. Fue un alivio no tener que controlar el volumen de nuestras innumerables conversaciones. Si fuera por mí, a Inuyasha y a mí nos gustaría quedarnos aquí por semanas.

Pero teniendo un tiempo límite de nuestras vidas para obtener algo de D&R, no eran dos tarjetas para nosotros. Lo aprendí de una manera difícil. Lo que también aprendí fue aprovechar los momentos de escape, cuando podíamos. De ahí la parada para descansar la madrugada en la misma cueva, donde hace siete años, comenzó mi relación con Inuyasha. En aquella época, yo había estado apresada, convencida de que estaba a punto de ser comida por un chupasangre del mal. En lugar de eso, termine casándome con el chupasangre. Mi gato me dio un maullido lastimero en la esquina del pequeño terreno, arañando la losa de piedra que servía de puerta.

- No puedes explorar. Te perderías - le dije. Él maulló otra vez, pero comenzó a lamer su pata, dándome una funesta mirada todo el tiempo. Todavía no me perdonaba por dejarlo con una niñera durante meses. No culpo a mi gatito por su rencor pero si se hubiera quedado conmigo, podría haber terminado muerto. Varias personas lo hicieron.

- ¿Descansaste lo suficiente, Cariño? - preguntó Inuyasha.

- Hum… hum - murmure largamente. Me había quedado dormida en un largo sueño poco después del amanecer, pero no había tenido los instantes de inconsciencia que me habían atormentado durante mis primeras semanas como un yokai. Yo había crecido a partir de ahí, para mi alivio.

- Será mejor que te muevas, entonces - dijo él. Bien. Tenemos lugares para estar, como de costumbre.

- La única cosa que lamento sobre parar a dormir un poco aquí, es la falta de una ducha normal - suspiré.

- Ven ahora, el rio es muy refrescante - Inuyasha resopló con diversión. Con cuarenta grados, "refrescante" era una manera de describir el tipo de versión de la tubería al interior de la cueva. Inuyasha movió la losa de piedra del camino para poder salir de la habitación, poniéndola de vuelta antes que mi gatito pueda saltar hacia afuera, también.

- El truco es saltar - él continuó, tomar las cosas con calma no significa que sean más fáciles.

Disimulé mi risa. Ese consejo podría aplicarse también a navegar en el mundo de los no muertos. Bien. Saltamos hacia el helado río apareciendo. Luego llegó el momento de encontrar la verdadera razón por la que habíamos venido a Ohio. Con suerte, nada estaba sucediendo en mi estado natal, excepto por algunos casos eventuales de colmillos presos de la violencia. Eso esperaba, al menos. El sol de la tarde todavía estaba alto en el cielo al tiempo que Inuyasha y yo llegamos a la fuente del centro comercial Easton. Bueno, a una calle de ahí. Tuvimos que asegurarnos de que esto no fuera una trampa. Inuyasha y yo teníamos un montón de enemigos. Dos guerras recientes con yokais lo causaron, por no hablar de nuestras anteriores profesiones.

No sentí ninguna energía excesiva sobrenatural, excepto un pequeño cosquilleo de poder en el aire que denotaba uno, o tal vez dos yokais jóvenes mesclados con la multitud. Sin embargo, ni Inuyasha ni yo nos movimos hasta que una nebulosa, de una forma indefinida atravesó el estacionamiento hasta dentro de nuestro coche de alquiler.

- Dos yokais están en la fuente - afirmo Fabián, el fantasma que de cierta forma adopte.

- Ellos no me notaron - Su contorno solidificando hasta que parecía más a una persona y menos a una nube espesa de partículas. A pesar de ese era el objetivo, Fabian se puso casi triste en esa última parte. Al contrario de los seres humanos, los yokais pueden ver fantasmas, pero en general ellos los ignoran. Estar muerto no significa que las personas automáticamente se lleven bien.

- Gracias, compañero. - dijo Inuyasha.

- Mantén la vigilancia para asegurarnos de que no tienen cualquier sorpresa desagradable esperando por nosotros - Las características de Fabian se fueron borrando hasta que todo su cuerpo desapareció.

- Se suponía que solo conoceríamos a un yokai ¿Que piensas de nuestro contacto teniendo un amigo con él? - reflexione.

- Pienso que será mejor que tenga una muy buena sangrienta razón para ello. - Inuyasha se encogió de hombros.

El salió del auto. Y yo hice lo mismo, dándole a los cuchillos de plata escondidos en uno de mis guantes, un leve golpe tranquilizador. Nunca salía de casa sin ellos, era mi lema. Cierto, este es un lugar público lleno de gente pero eso no garantiza seguridad. Los cuchillos tampoco, pero inclinaban la balanza a nuestro favor. Lo mismo que con los otros dos yokais estacionados más abajo de la calle, listos para entrar en acción si esto terminaba en algo diferente de una charla.

Los aromas me asaltaron cuando me acerque a la fuente del patio. Perfumes, olor corporal, y varios productos químicos fueron los más fuertes, pero en el fondo era otra cosa que yo comenzaba a descifrar mejor. Emociones. El miedo, la ganancia, el deseo, rabia, amor, tristeza… todos… se manifiestan en perfumes que varían del suavemente aromático al amargamente rancio. No sorprendentemente, las emociones desagradables tenían los aromas más duros. Caso en cuestión: Ambos yokais sentados en el banco de concreto tenían el olor de frutas podridas del miedo que de ellos emanaba antes de que Inuyasha les diera una mirada acallándolos.

- ¿Cuál de ustedes es Scratch? - pregunto con voz nítida.

- Yo soy - El único con rayas grises en su cabello se levantó.

- Entonces puedes quedarte, pero él… puede irse - Inuyasha hizo una pausa para dar un pequeño movimiento de cabeza al otro esquelético yokai.

- ¡Espera! ¿Calculo que estas aquí para hablar conmigo acerca de…? El podría tener alguna información sobre eso. - Scratch bajo la voz y se acercó a Inuyasha. Él me miro. Yo levante un hombro, en una media encogida de hombro.

- Puede que esté bien escuchar lo que nuestros invitados inesperados tienen que decir - comente.

- Soy Ed - dijo el yokai, con una mirada nerviosa sobre el hombro de Inuyasha para mí.

- Scratch no me dijo que pensaba conocerlos a ustedes aquí. - Por la expresión de Ed, imagine que entre mi cabello azabache, el gran diamante rojo en mi dedo, el acento Ingles de Inuyasha y el hormigueo del aura de poder que emanaba, Ed había descubierto quiénes éramos.

- Eso es porque él no lo sabía ¿tomo eso como que las presentaciones no son necesarias? - Inuyasha respondió fríamente. Sus emociones estaban ahora atrapadas detrás del muro impenetrable que usaba en público. Aún así, cualquiera podría entender por el tono de voz de Inuyasha, cuando continuo. La mirada de Scratch se deslizo hacia mí, entonces soltó.

- No… tú eres Inuyasha, y ella es la Parca Negra. - La expresión de Inuyasha no se suavizo pero yo sonreí con mí mejor yo no estoy-yendo-para-matarte.

- Llámame Kagome y ¿por qué no buscamos alguna sombra para hablar eh? - Un restaurante francés con sillas al aire libre estaba cerca, así que los cuatro encontramos una mesa con sombrilla y nos sentamos como si fuésemos viejos amigos que pasan el rato.

- Dices que tu Maestro fue asesinado hace algunos años, y no dejo a nadie para cuidar de los miembros de su línea Un grupo de ustedes se reunió para vigilarse los unos a los otros. ¿Cuándo hiciste el primer anuncio de que algo extraño estaba sucediendo? - Inuyasha declaro a Scratch, después el mozo tomo las ordenes de nuestras bebidas.

- Hace varios meses, alrededor del año pasado. Al principio, solo pensaba que algunos de los muchachos habían huido de la ciudad sin avisar a nadie. Hemos mantenido un ojo en eso, pero nosotros no somos niñeras ¿sabes? Entonces, cuando más de nosotros desaparecieron, personas que normalmente decían algo antes de despegar… bueno. Hizo que el resto de nosotros nos empezamos a preocupar. - Scratch respondió.

Yo no lo dudaba. Como yokais jóvenes, sin maestro, Scratch y otros como el estaban en la parte inferior de la jerarquía en el mundo no muerto. Yo podría tener algunos problemas con el sistema feudal vampírico no muerto, pero cuando se trata de proteger a los miembros de su línea, la mayoría de los yokais Maestros son unos malditos vigilantes. Incluso los malos.

- Entonces, mas onis comenzaron a mostrarse en el área - continuó Scratch. Me tense. Por esta razón, Inuyasha y yo habíamos dejado nuestra casa Blue Ridge después de que apenas hubiésemos desempacado, solo para venir a Ohio.

- Hey, es una zona de juegos no muertos aquí. Muchas "líneas Ley" y divertidas vibraciones, así que no pensamos nada acerca de todos los comedores de carne apareciendo. Pero algunos actos realmente molestan a los yokais. Asediar a los sin Maestros, seguirlos hasta la casa, comenzar peleas… eso nos hizo pensar que tal vez ellos estaban detrás de las desapariciones. El problema es que no le importa a nadie, ya que no pertenecemos nadie. Estoy sorprendido que a ustedes les interese, francamente - continuó Scratch, ignorando mi incomodidad.

- Tengo mis razones - dijo Inuyasha en el mismo tono impasible. Él ni siquiera me miro. Siglos de fingir desprendimiento hizo de él un especialista en eso.

- Si lo que estas buscando es dinero, no tenemos mucho. Además de eso, pensaba que estabas retirado del asesinato a sueldo desde que te mezclaste con línea del Mega-Maestro, Inuno - Ed salto. Inuyasha arqueo una ceja.

- Intenta no pensar muy seguido, solo vas lastimarte - Respondió amenamente. La cara de Ed se contrajo, pero cerró la boca. Escondí una sonrisa. No mires los dientes de un caballo regalado… especialmente cuando muerde.

- ¿Tienen alguna prueba de que los onis puedan estar envueltos en los desapariciones de sus amigos? - pregunte a Scratch, volviendo al asunto.

- No. Justamente parece más una coincidencia que siempre que uno de ellos desaparece, fueran vistos por última vez en un lugar donde alguno de esos oni estaban – comento.

- ¿Que lugares eran esos? - Pregunte.

- Algunos bares, discotecas… - comenzó a enunciar.

- Nombres - presiono Inuyasha. Scratch comenzó a nombrarlos, pero de repente, su voz fue reprimida por un diluvio de otras.

- …cuatro horas más para conseguir un descanso… -

- ¿...recordaste pedir el recibo por eso? Por si no encaja, ya estoy volviendo… -

- …si ella mira otro par de zapatos, voy a gritar… -

El súbito silencio de la conversación intrusiva no provenía de los compradores a nuestro alrededor—Había sintonizado incluso antes de que nos sentáramos. Eso venia de dentro de mi cabeza. Me sacudió como un golpe, mi mano voló hacia mi frente.

Oh mierda. No otra vez.

- ¿Qué hay de malo Gatita? - pregunto Inuyasha de inmediato. Ed y Scratch también me dieron miradas preocupadas. Forcé una sonrisa, mientras luchaba para concentrarme en ellos en lugar de la gran cantidad de conversaciones que repentinamente habían aparecido en mi mente.

- Solamente, um, un poco de calor aquí - murmuré. Maldita fuera si fuera a contarle a dos yokais desconocidos la causa real de mi problema. La mirada de Inuyasha viajó sobre mi cara, sus ojos marrones oscuros no se perdían nada, mientras esas voces despiadadamente continuaron rechinando en mi mente.

nadie me vio. Espero poder quitar la etiqueta de seguridad…

Voy a darle algo que lo haga llorar pronto…

si ella no se aparece en cinco minutas. Comeré sin ella…

- Yo, ah, necesito un poco de aire. - Barbullé antes de reconocer la estupidez dentro de esa excusa: Uno, que ya estábamos al aire libre, y dos, yo era un yokai. Ya no respiraba, y mucho menos, ya no tenia condiciones de salud a las que le podía atribuir mi repentino extraño comportamiento.

Inuyasha se puso de pie, tomando mi codo y asintiendo un "Quédense aquí" por sobre su hombro hacia Ed y Scratch. Caminé rápidamente, intentando concentrarme más en la fría presión de su mano que de a dónde iba. Mi cabeza estaba gacha, porque probablemente mis ojos se habían vuelto rojos brillantes debido a la agitación. Cállense, cállense, cállense, canté hacia la no deseada multitud en mi cabeza. El estruendo en mi mente pareció amplificar los ruidos de la gente arremolinándose a nuestro alrededor, hasta que todo se confundió en una clase de estática. Creció, abrumando mis otros sentidos, haciéndome difícil enfocar la atención en cualquier otra cosa excepto las voces implacables abalanzándose sobre mí desde todos lados. Luché por empujarlos hacia atrás, concentrándome en cualquier cosa excepto los sonidos que parecieron crecer con cada segundo.

Algo duro presionó en contra de mí al mismo tiempo que una recta barrera, más dura se aplanó a mi espalda. Por debajo del charloteo atronador que ahora mismo bombardeaba mi mente, oí una familiar voz inglesa.

- …Muy bien, cariño. Oblígalos a retroceder. Escúchame a mí, no a ellos… - Intenté imaginar las incontables voces en mi cabeza como un canal de Televisión que solo necesitaba bloquear—con mi fuerza de voluntad siendo el control remoto.

Sus dedos acariciaron mi cara, su toque era un ancla del que saqué fuerza. Con gran esfuerzo, separé mi mente del bullicio, separándome a mí misma del ruido que quiso consumir el resto de mis sentidos. Luego de varios minutos de obstinada concentración, el rugido mental se apaciguo en un refunfuño molesto pero manejable. Era similar a los sonidos de los compradores a nuestro alrededor, ajenos al hecho de que estaban cerca a mordaces criaturas que se supuestamente no existían.

- Tengo que dejar de beber tu sangre - le dije a Inuyasha cuando me sentí en suficiente control como para abrir los ojos. Una mirada alrededor demostró que nos había apoyado contra un pilar en lo que probablemente parecía un abrazo apasionado, a juzgar por las miradas inclinadas que nos lanzaban.

- Te harás más débil - Inuyasha suspiro.

- Pero cuerda - sumé. Y más segura, también, porque si centenares de voces repentinamente se estrellaban violentamente contra mi mente durante una batalla, podría ser una distracción suficiente como para ser la causa de mi muerte. Tiré de los cortos y oscuros rizos de Inuyasha hasta que él retrocedió para mirarme.

- Sabes que éstos no pueden ser los residuos de cuándo bebí la sangre de Inuno; Están ocurriendo más a menudo, no menos. - Dije suavemente.

- Tengo que estar recibiendo esto de ti. Y no lo puedo manejar. - Había pensado que cambiar de un híbrido a un yokai completo significaba un fin a mi singularidad, pero el destino pensó diferente.

Me desperté al otro lado de la tumba en posesión de dos cosas sin precedentes en la historia de los yokais… un latido ocasional de corazón y con un deseo por sangre no muerta. El efecto secundario de esto ultimo significaba que absorbía temporalmente el poder de la sangre de la que había bebido, al igual que los yokais absorbían la vida de la sangre humana. Eso estaba muy bien, pero si bebía de un yokai Maestro, también absorbía temporalmente algunas habilidades especiales que este Maestro tenia. Esto era genial cuándo se trataba de realzar mi fuerza, pero no tan genial cuando se trataba de otras habilidades que estaban fuera de mi profundo control. Como la habilidad de Inuyasha de leer las mentes humanas.

- No te das suficiente crédito, Gatita - él dijo, en voz baja.

- Hay una razón por la cual lleva siglos para que los yokais reciban poderes especiales, y sólo si son Maestros. Es demasiado enfrentarme a eso. Si sigo bebiendo de ti, lo que sucedió hoy sólo empeorará. Tú obviamente conseguiste el poder de leer los pensamiento que heredó Inuno, por lo cual yo comencé a recogerlo de tu sangre, también - Negué con la cabeza.

Y si Inuyasha comenzaba a manifestar algunas otras habilidades como resultado del cambio de poder que había recibido de su co-gobernante, yo en realidad no quería ser parte de ellos. Había bebido de Inuno una vez por necesidad, y eso me había frito por más de una semana después. Me estremecí debido al recuerdo. Nunca más, Si podía evitarlo. Las zumbantes voces en el fondo de mi mente parecieron estar de acuerdo.

- Resolveremos eso más tarde, pero necesitamos regresar ahora, si ya estás lista - Dijo Inuyasha, dándole a mi cara una última mirada.

- Estoy bien. Volvámonos, antes de que se descontrolen y escapen. - Inuyasha lentamente desenrosco su cuerpo del mío.

El alboroto en mí cabeza ahora era lo suficientemente bajo que noté a varias hembras a nuestro alrededor chequeándolo. Sellé aun más fuerte esas voces interiores. Lo último que necesitaba era oír un torrente de imaginaciones lujuriosas que involucraban a mi marido y otras mujeres, eso realmente amargaría mi humor.

Para ser justos, no podía culparlas. Incluso en sus pantalones negros de "marca registrada" con un informal suéter blanco, Inuyasha destacaba como una joya entre las rocas con sus rasgos finamente moldeados y el marco de su altura, esculpida. Cada movimiento de su cuerpo enviaba ondas a lo largo de esos delgados músculos, y su piel de cristal perfecta prácticamente desafiaba a las personas a ver si se sentía tan buena como lucia… lo cuál era. Aún cuando nos conocimos por primera vez y conspiré para matarlo, la imagen de Inuyasha se había metido en mi cabeza. De esa manera, era un depredador perfecto, seduciendo a su presa para acercarse lo suficientemente como para morderla.

- Estas siendo seguido por los ojos de una docena de mujeres mientras hablamos, pero estoy segura de que ya lo sabes. - Dije en un tono sarcástico. Su boca rozó mi cuello con el más ligero de los besos, haciéndome temblar.

- Sólo me concentro en los deseos de una mujer - murmuró, el aliento de sus palabras cosquilleando en mi oído.

Su cuerpo estaba lo suficientemente cerca como para rozar el mío, un recordatorio tentador de qué tan completamente él podía satisfacer cada una de mis inclinaciones lujuriosas, así como de unas cuantas de las cuales probablemente no había pensado. Sin embargo, aunque el calor comenzó a llenarme, teníamos que investigar desapariciones. Cualquier investigación íntima entre los dos tenía que esperar. Como si estuvieran de acuerdo, el grupo de voces en mi cabeza se elevo nuevamente, cortando la sensualidad afectuosa que esta cercanía había desatado en mí.

- No sé cómo puedes estar de pie oyendo esta explosión en tu mente todos los días - murmuré, negando con la cabeza como si eso pudiera aclararla. Él me dio una mirada insondable mientras se apartaba.

- Mientras eso este siempre allí, es más fácil de ignorar. - Tal vez fuera cierto. Puede que si no tuviera sólo mis propios pensamientos llenando mi cabeza, fuese menos abrumador escuchar las frecuencias mentales de otras personas. No lo sabía. Sin embargo, no quería seguir bebiendo la sangre de Inuyasha para averiguarlo.

Ed y Scratch no hicieron ningún comentario acerca de nuestra abrupta partida cuando Inuyasha y yo volvimos a sentarnos con ellos. Sus expresiones eran convenientemente suaves, pero las miradas furtivas que lanzaron hacia mi lo decía todo. Ellos se preguntaban qué diablos había ocurrido.

- Creo que olí a alguien que conocía - ofrecí, vaciando el gin-tónic que había llegado junto a las otras bebidas mientras Inuyasha y yo estábamos ausentes. Era una mentira obvia, pero Ed y Scratch hicieron ruidos placenteros y fingieron creerlo. Inuyasha les dio una mirada que no se prestaba a más preguntas sobre el tema.

- Entonces, ¿algunos nombres de los lugares que los desagradables comedores de carne tienden a frecuentar? - pregunto Inuyasha, como si no hubiera habido interrupción en la conversación.

- No, pero Ed tiene algo que decirte - Scratch codeó al otro yokai.

- Un amigo mío, Shayne, me llamó anoche y dijo que nuestro amigo Harris fue golpeado como la mierda por unos onis en un club. Shayne iba a irse a casa con Harris para evitar alguna otra paliza más contra él. El asunto es que, he estado llamando al móvil de Shayne todo el día, pero no me ha contestado, y él no es así. Cuando se lo conté a Scratch, me dijo que viniera aquí porque él conocía a personas que podrían ayudarnos. - Ed lucia renuente pero luego enderezó sus hombros.

- ¿Sabes dónde vive Harris? - Pregunté de inmediato.

- Sí, no está muy lejos de aquí, en realidad – muemueo.

- Sin embargo, ¿no fuiste allí para ver como estaba él? - pregunto Inuyasha con pesado escepticismo.

- No, e incluso aun no lo haré a menos que pueda obligar a varias personas a ir conmigo. No quiero ser el siguiente yokai al que nadie escuchó. Juzga todo lo que quieras, pero no tengo un montón de poderes que pateen el culo para protegerme de lo que les ocurrió a Shayne y Harris… si los onis que lo hicieron están todavía allí - Ed le dio a Inuyasha una mirada cansada.

Simpatía fluyó de mí, opacando las voces que todavía resonaban en mi mente. Ed y Scratch estaban haciendo lo mejor que podían, mirando desde fuera a sus amigos que vivían en difíciles circunstancias en un mundo donde estaban cerca de los ciudadanos de segunda clase. Sabía por experiencia como jodía tener la impresión de que nadie cuidaba tu espalda cuando los monstruos husmeaban alrededor. Por supuesto, técnicamente, Ed y Scratch, también eran monstruos. No obstante, también lo era yo. Y en este caso, eso era algo ventajoso. Inuyasha me miro y arqueo una ceja.

- Hagámoslo - Dije a la pregunta tácita.

- Muy bien entonces, compañeros. Vamos a ver si el móvil de Shayne de verdad solo está descargado. - Él se levantó, haciendo chasquear sus nudillos rápidamente, como un experto, y luego lanzo varios billetes sobre la mesa.

Las palabras de Ed eran verdaderas. El apartamento de Harris estaba a sólo veinte minutos. Lo cual encontré irónico ya que estaba a sólo una milla de distancia del complejo de en el que yo había residido cuando fui a OSU (Ohio State University), aparentemente en otra vida. Si Inuyasha noto la proximidad con aquel viejo lugar, no hizo comentarios sobre eso. Él lucia estar más enfocado en el exterior del edificio, intentando coger cualquier vibra de peligro en su interior. No podíamos arriesgarnos a enviar a Fabián para hacer una comprobación. El fantasma se había colado en nuestro coche cuando nos marchamos, inadvertido para Ed o Scratch, pero si enviáramos a Fabián por delante, eso atraería la atención hacia nuestro amigo fantasma.

Los hormigueos de poder en el aire llegaron desde nuestras espaldas en el estrecho estacionamiento. Ed y Scratch se sacudieron con fuerza pero Inuyasha no se sobresalto. Ni lo hice yo. Eran Tiny y Band-Aid, nuestros respaldos que nos habían seguido desde el centro comercial.

- Tiny, Band-Aid, mantengan un ojo sobre estos dos por un momento, ¿lo harán? - Inuyasha dijo antes de caminar a grandes pasos hacia el complejo.

Fui con él, encogiéndome de hombros dentro de mi largo abrigo de cuero. No era porque tenía frío en el último y caluroso día de verano, pero mi abrigo tenia varias libras de cuchillos de plata. Cierto, había metido cuchillos debajo de mi blusa, pero estos eran más cortos y eran para lanzarlos contra los yokais. Sólo la decapitación mataba a un oni, lo cual significaba que necesitaba hojas más grandes por si alguno de estos siniestros miembros de esa especie nos esperaba dentro.

Inuyasha inhalo una vez cuando alcanzamos el segundo piso. Yo también lo hice. Las puertas principales estaban en una línea frente al estacionamiento, con el aire fresco alejando la mayor parte de los perfumes delatores de sus ocupantes, percibí un soplo de algo inhumano llegando desde la segunda puerta. También Inuyasha, porque sus pasos se aceleraron. Inhalé otra vez, mi nariz se arrugo cuando nosotros ya estábamos casi en esa puerta. Inuyasha se detuvo para darme una mirada sombría. Las persianas estaban bajas y aplanadas, impidiéndonos mirar dentro, pero yo ya sabia lo que íbamos a encontrar. El olor a muerte era inconfundible.

- Llegamos tarde - susurré. Viendo el candado roto en la puerta, fue casi redundante.

Inuyasha empujo la puerta abierta, moviéndose inmediatamente hacia un lado en caso de que un destello de plata acompañara su entrada. Nada se movió, sin embargo. El interior del apartamento era tan silencioso como una tumba. Y justo como una tumba, tenía cuerpos en ella.

- No siento a nadie, pero mantente atenta - dijo Inuyasha mientras entraba.

Yo le seguí, revisando primero las esquinas, uniéndome a Inuyasha mientras hacíamos un barrido en el interior con tanta cautela como si supiéramos que fuerzas enemigas estaban dentro. Como lo habíamos sospechado, sin embargo, el lugar estaba vacío de todo el mundo excepto nosotros—y dos yokais marchitos en el piso del diminuto cuarto familiar.

Las malditas voces en mi mente comenzaron a alzarse de nuevo. No había tantas personas en el complejo de apartamentos, como en el centro comercial, así que no me afectó con el mismo tipo de explosión mental, pero era como si mi mente se llenara del zumbido de un nido de abejas enojadas. Froté mi frente, como si eso pudiera atenuarlas, pero por supuesto, eso no sirvió de nada. Inuyasha no percibió el gesto. Su atención estaba todavía enfocada en los dos cadáveres marchitos cerca de nuestros pies.

- Luce como una emboscada al amanecer. Pobres bastardos no tuvieron oportunidad de soportar una pelea - señaló, teniendo en cuenta la falta de zapatos y cómo ningún cuerpo estaba completamente vestido.

La falta de desorden en el apartamento era testimonio de ello. Cuándo las criaturas sobrenaturales luchaban a muerte, por lo general obtenías algunas mesas volcadas y alguna sangre embarrada sobre el tapete. Investigar las muertes de los yokais aún era algo inusual para mí. Cierto, pasé muchos años trabajando para una rama secreta de Seguridad Nacional rastreando homicidios paranormales, pero en esas circunstancias, los yokais usualmente habían sido los perpetradores. No las víctimas.

si no pago la cuota del coche, tendré suficiente para la hipoteca…

le dije a ese bastardo que no permaneciera fuera de toda la noche otra vez…

estoy tan orgulloso de ella, se graduará con su clase…

Frote mi cabeza nuevamente mientras las voces se hicieron más altas.

- ¿De nuevo? - Esta vez, Inuyasha me vio.

- Estoy bien - le dije, intentando un tono casual.

- Y una Mierda - Su mirada fija se volvió afilada.

- Lo tengo bajo control; no es nada para preocuparse - Enmendé. Eso era cierto. Los cadáveres tenían prioridad por encima de los refunfuños mentales en mi cabeza. Por su expresión, Inuyasha no iba a comerse mi acto indiferente, pero el reloj seguía corriendo en el lugar de los hechos. Teníamos cuerpos que eliminar, evidencia que borrar, y asesinos que encontrar.

- Ed, ven aquí - Inuyasha alzo su voz. La cara del esquelético yokai fue aplastante cuando entró y vio los cuerpos.

- Oh, mierda - gimió.

- ¿Son Shayne y Harris? - pregunto Inuyasha, en un tono más apacible que antes.

Ed se inclinó, oliendo cada cuerpo. Los yokais nunca podían lucir un día más viejos de cuando fueron cambiados, pero todo eso terminaba en la muerte. Después de la muerte, el cuerpo de un yokai rápidamente se desintegraba a su edad verdadera, lo que significaba que la mayoría de las veces, no había nada sobrante además de restos momificados en el interior de cualquier ropa con la que ellos muriesen. Estos dos cuerpos no eran la excepción. Ed se sentó a cuclillas junto al cuerpo vestido de mezclilla.

- esos son ellos - dijo en una voz más gruesa.

- ¡Jodidos onis! - Entonces gruñó.

- ¿Por qué no sales? - Le dije, dándole al brazo de Ed una palmada. No había nada más que él pudiera hacer, pero Inuyasha y yo aun teníamos cosas de que encargarnos. Ed dio otra larga mirada hacia los cadáveres de Harry y Shayne antes de que se levantara y saliera. Suspiré. Esto era malo por tantas razones, y la pena de Ed era sólo una parte de ella.

- ¿Por qué crees que dejaron los cuerpos? - Le pregunté a Inuyasha quedamente.

- Ed y Scratch no habían escuchado acerca de cuerpos dejados ni otras desapariciones. ¿Piensas que los asesinos fueron interrumpidos? -La mirada fija de Inuyasha barrio los alrededores del cuarto. No tardó demasiado; el área sólo consistía en una diminuta cocina y un gran cuarto familiar suficiente para solo un sofá tamaño completo.

- No, cariño… Creo que quien fuese que haya hecho esto tuvo tiempo para tomar los cuerpos, pero escogió no hacerlo. - dijo al fin.

Tragué. Eso podía ser el resultado que había visto en el pasado de asesinos que dejaban los cuerpos atrás porque pensaban que eran demasiado listos para ser atrapados. Pero desafortunadamente, no pensaba que este fuera el caso. En lugar de eso, esto parecía la afirmación de un problema mucho más grande… asesinos que querían que supiéramos quiénes eran. Sólo un idiota no etiquetaría a los onis como sospechosos número uno después de haber golpeado a Harris, la tarde antes de que él y Shayne fueran asesinados. Los onis sabían que dejando los cuerpos aquí, prácticamente firmaban sus nombres sobre ellos.

Sólo había una razón que pude pensar…quienquiera que estaba detrás de esto se sentía lo suficientemente fuerte como para salir desde detrás de las cortinas. Este bien podría ser un anuncio de que los onis comenzaban la intensificación de sus ataques, y yo no creía que eso fuera una coincidencia ya que habían elegido comenzar a exhibir los cuerpos de los yokais en la misma zona en la que yo había crecido. No, yo estaba tomando esto como una declaración de 'No nos puedes detener. Negra', y maldita sea si dejaba que eso se interpusiera. Los yokais podrían ir desapareciendo en otras áreas, también, pero aquí los perpetradores se anunciaban en voz alta dejando los cuerpos. Si no se trazaba una línea en la arena aquí mismo, entonces casi estábamos invitando a que las cosas se pusieran peores en algún otro sitio.

- Pero no hay mucho que cualquier otro haga al respecto, ¿no? - Pregunté en un torrente de frustración.

- Mi viejo equipo no se involucrara porque sólo intervienen cuando los no-muertos atacan a los humanos. La comunidad yokai sólo se encogerá de hombros porque Shayne y Harris están sin Maestro. Ed y Scratch no pueden enfrentarse a un montón de onis por si mismos, y si vamos tras los asesinos y su líder es quién pienso que es…seremos juguetes en las manos de ese bastardo. Inuyasha se me quedo mirando sin pestañear.

- Tienes razón con respecto a tu viejo equipo, la comunidad yokai, y cómo no podemos ir abiertamente tras esos onis si Goryomaru está involucrado - Goryomaru. Una imagen del oni –con siglos de antigüedad, su cuerpo agazapado y su casi ridículo peinado—cruzó por mi mente.

Aparentemente… sabelotodo Goryomaru, podía estar en el fin de la mierda promedio pero el año pasado, había logrado incitar un infierno de bastantes problemas. Inuyasha casi murió después de que los onis nos atacaron en París hace varios meses, y además los onis apoyaron a otro yokai Maestro en su intento de obligarme a regresar a él. Toda cortesía de Goryomaru se volvió retorica. A pesar de que esperaba estar equivocada, sabía que él era el que está detrás de estos ataques, también. Por supuesto, eso significaba que todas estas terribles cosas estaban ocurriendo por mi causa.

- No podemos dejar que el o los otros lleguen más lejos con esto - gruñí.

- Gatita… dije que no podemos ir abiertamente tras ellos. - La boca de Inuyasha se rizo en una depredadora gran sombra se asomo cruzando el umbral, tapando el sol cuando Tiny entró en el apartamento. El apodo del yokai era irónico, porque era enorme en una forma que haría que incluso el mítico Conan se sintiera inseguro.

- Los policías están llegando - dijo.

Yo había oído el gemido de las sirenas aumentando cada vez más cerca en los últimos dos minutos. Supongo que uno de los vecinos había conseguido ponerse muy nervioso al ver a varias personas con aspecto siniestro alrededor del camino de entrada. Ellos obviamente no habían oído la lucha a muerte que había tomado lugar varias horas antes o nosotros no hubiéramos sido los primeros en la escena.

- Sigue husmeando por aquí, yo voy a manejarlos - le dije a Inuyasha.

Si teníamos suerte, Inuyasha podría reconocer el olor de uno de los asesinos. En sus doscientos veinte y tantos años como un yokai, se había encontrado un montón de gente no-muertos, y el olor era tan único como una huella digital. A pesar de todo, no tenía muchas esperanzas de que resolviéramos estos asesinatos tan fácilmente. Inuyasha podía conocer un montón de gente no-muerta, pero los yokais y onis cubrían alrededor de cinco por ciento de la población mundial. Incluso con la extensa historia de Inuyasha, eran demasiados para que Inuyasha conociera a cada uno de los sin pulso, personalmente.

Inuyasha miró a Tiny, quien me siguió afuera. No levante mi móvil, pero había sido mi primer instinto. Usar mis conexiones con el gobierno para ahuyentar a los policías fuera de la escena del crimen se había vuelto un habito después de los años en mi antiguo trabajo. Esta parte, sin embargo, era todavía relativamente nueva.

- Oigan. Me alegro de que estén aquí, estaba a punto de llamar - grité cuando los policías llegaron y salieron del coche patrulla.

- ¿Vive usted aquí, señora? Hemos recibido un informe sobre personas sospechosas merodeando en el área - dijo el policía rubio, mirando a Tiny de una manera cautelosa. La mano de su compañero se movió a su pistola.

- Muestra esa piel de nuevo y voy a olvidar que no tengo hambre - murmuró Tiny, tan bajo que los policías no podían oírle.

- Yo no vivo aquí, pero el lugar de mi amigo fue asaltado. ¿Pueden echar un vistazo? - Ahogué una risa y me dirigí a los policías de nuevo.

El policía me dio otro vistazo mientras subía las escaleras al segundo piso. Me sonrió de una manera inofensiva y me asegure de que mis manos vacías estuvieran bien a la vista. Por supuesto, un policía meticuloso se preguntaría por qué llevaba una chaqueta larga durante una tarde de verano. Cuando estuvieron a unos tres metros de mí, mis ojos grises se pusieron verde brillante. Los miré fijamente, dejando que el encierro del poder de Nosferatu nublara sus mentes.

- Nada está pasando aquí. Den la vuelta y váyanse, la llamada fue una falsa alarma - les dije en una firme y agradable voz.

- Nada está pasando - entonó el oficial rubio.

- Falsa alarma - repitió su amigo, su mano dejo la pistola.

- Eso es correcto. Continúen. Servir y proteger en algún otro lugar - Ambos se dieron la vuelta y volvieron a su coche sin decir una palabra, comenzaron a conducir.

Antes de convertirme en un yokai, esto hubiera tomado veinte minutos y dos llamadas telefónicas para obtener el mismo resultado, a menos que Inuyasha mirara verde a los policías locales para que se marcharan. El control mental vampírico claramente hacia fácil acortar los trámites burocráticos cuando había escenas del crimen. Inuyasha apareció en la puerta del apartamento sosteniendo dos delgados bultos, cubiertos por una fina sabana. Para cualquiera de aquellos curiosos vecinos, él podría estar cargando persianas de forma horizontal en vez de lo que yo sabía que eran- los restos de Shayne y Harris.

- Tiny, pone esto en tu bota - dijo Inuyasha. Tiny miró a sus pies en la confusión.

- Se refiere a tu maletero. El Inglés británico puede ser confuso a veces - Yo resoplé.

- Eso es sólo porque ustedes los yanquis siguen cambiando el nombre de las cosas - respondió Inuyasha con una mirada maliciosa, entregando los cuerpos a Tiny. Luego salto por el balcón, aterrizando en el estacionamiento sin problemas a su paso cuando él se acercó a Ed y Scratch. Ambos yokais consideraron a Inuyasha con tristeza.

- ¿Qué estás haciendo con sus cuerpos? - preguntó Ed.

- Enterrarlos en otra parte - respondió Inuyasha.

- Supongo que estas fuera ahora que has descubierto lo que quería saber. - Scratch pasó una mano por su pelo gris-veteado.

- Métanse en el coche, muchachos. Tenemos algunas cosas que discutir - Scratch sonó resignado.

Yo atrapé una leve sonrisa de Inuyasha cuando bajé al estacionamiento por el camino habitual de las escaleras. Yo estaba luchando por el volante con Inuyasha cuando Ed y Scratch con cautela subieron a nuestro asiento trasero. Desde mi espejo retrovisor vi a Tiny meter los restos de los dos yokais en su maletero, luego, tanto él como Band Aid estaban dispuestos a irse.

- ¿De regreso al centro comercial? - pregunté, saliendo de la entrada.

- Eso está bien, Gatita - respondió. Su brazo descansado en el respaldo de su asiento a la vez que se acomodaba para descansar mientras miraba a Ed y Scratch.

- ¿Tratarían de llevar a los asesinos de sus compañero ante la justicia si tuvieran ayuda? - les preguntó Inuyasha.

- Por supuesto. Shayne no se merecía acabar así. No conocía muy bien a Harris, pero probablemente él tampoco. - Una burla vino de Ed

- Maldita sea - murmuró Scratch.

- Podría ser peligroso, incluso con ayuda - Le lancé una mirada de reojo a Inuyasha, preguntándome a dónde iba con todo esto y seguía sin poder conectarme a sus emociones para obtener una pista. Se tocó la barbilla, pensativo.

- Vivir es peligroso cuando estas sin maestro, a menos que seas uno de los fuertes afortunados, pero no creo que tú sepas mucho de eso - Otra burla, esta vez vino de Scratch.

- Yo sé una cosa o dos acerca de vivir en peligro, de hecho, pero como ustedes no parecen estar tan bien sin maestro, ¿qué dicen de unirse a mi línea? - Una sonrisa fantasmal cruzo los labios de Inuyasha. Mi mirada voló a Inuyasha antes de mirar hacia el espejo retrovisor. Tanto Ed y Scratch miraron atónitos. Yo también lo estaba. Lo que Inuyasha estaba ofreciendo era similar a una adopción.

- Piensen antes de contestar. Una vez jurado, no se puede cambiar de opinión y obtener la libertad de nuevo a menos que formalmente lo soliciten y yo resuelva la concesión de esa petición - continuó Inuyasha.

- ¿Hablas en serio, ¿no? - Ed dejó escapar un suave silbido.

- Como la muerte - respondió Inuyasha ligeramente.

- He oído que eres un hijo de puta. - dijo Scratch tras una larga pausa.

- Pero también he oído que eres justo. Puedo hacer frente a lo mezquino y lo razonable. A estar por mi cuenta tratando de luchar contra todos los imbéciles que piensan matar a los yokais sin maestros es una manera fácil de hacerse de un nombre por sí mismo - Mi cejas se elevaron ante éste análisis contundente, pero Inuyasha no parecía ofendido en lo más mínimo.

- ¿Y tú, Ed? – pregunto tranquilamente.

- ¿Por qué estas ofreciendo esto? - le preguntó Ed, mirando a Inuyasha con los ojos entrecerrados.

- Tu conoces nuestros niveles de poder y que nunca vamos a ser maestros. Tampoco puedes estar interesado en nuestro mísero diezmo, así que, ¿qué hay en esto para ti? - Inuyasha encontró la mirada de Ed.

- Para empezar, quiero atrapar a estos onis, y que me ayuden con eso. También debes haber oído que las guerras recientes mataron a varios miembros de mi línea. Ustedes fueron leales a sus compañeros incluso después de que su Maestro murió y no tenían ninguna obligación con ellos. Luego, fueron lo suficientemente inteligente como para no caer en una trampa potencial sin tener apoyo. Podría usar mas de esos individuos inteligentes cuya lealtad sería hacia mí, mi esposa y mi cogobernante sin excepción. - Ed encontró brevemente mi mirada en el espejo retrovisor antes de mirar otra vez a Inuyasha.

- Muy bien. Estoy dentro - dijo, cada palabra medida.

Inuyasha sacó un cuchillo de plata. Retomé mi atención de nuevo a la carretera antes de que causara un accidente con mis frecuentes miradas por todo el coche. Además, sabía que Inuyasha no estaba a punto de empezar a apuñalar a Ed y Scratch. Él solo lo estaba haciendo oficial.

- Por mi sangre - dijo Inuyasha, marcando una línea en la palma de su mano.

- Los declaro, Ed y, a ti Scratch, miembros de mi línea. Si traiciono este juramento, que mi sangre sea mi pena. - Entonces Inuyasha le pasó el cuchillo a Ed, su corte sanándose antes de que las primeras gotas de sangre salpicaran contra su pantalón oscuro. No necesitaba mirar hacia atrás para saber que Ed hacia un corte en la palma de su mano, el nuevo aroma tentador de sangre me dijo eso.

- Por mi sangre, te reconozco, Inuyasha, como mi Maestro. Si voy a traicionar este juramento, que mi sangre sea mi pena - dijo Ed con voz áspera.

Scratch repitió las palabras y lo acompaño con otro aroma delicioso que lleno el coche. Aparte de mi incomodidad con todo lo relativo respecto a lo de "Maestro", que se incluía con el linaje de yokai, yo ahora tenía una opresión en el estómago solo de pensarlo. No me había alimentado desde la noche anterior y mi próxima comida podría ser difícil de conseguir ya que tenía que encontrar a alguien aparte de Inuyasha para beber de él. Los yokais normales tenían un montón de opciones a la hora de comer. El poder de su mirada significaba que podían merendar de seres humanos sin que sus donantes recordaran que había sucedido o los yokais intercambiaban alojamiento y comida con los seres humanos especialmente seleccionados, a cambio de sangre.

Yo no tenía esas conveniencias. El control mental no funcionaba en otros yokais y no conocía de ningún hogar de no muertos que tuviera yokais disponibles para alimentarse. Además, todavía estábamos tratando de mantener en secreto mi extraña dieta -y sus efectos secundarios- para que no se convirtiera en conocimiento común. Por lo tanto, no podía pedirle al siguiente yokai que viera si podía tomar un bocado de él o ella.

Scratch pasó el cuchillo manchado de sangre de nuevo a Inuyasha una vez que terminó de jurar su lealtad. Resistí una urgencia repentina por lamer la hoja y me concentré en la carretera, haciendo un resumen mental del modo que podría conseguir sangre. Juan, un miembro de mi antiguo equipo, era un nomuerto justo hace un año, por lo que era una posibilidad. Tal vez podría conseguir que me enviara algo de su sangre, aunque Juan se preguntaría para qué la querría. Ninguno de ellos sabía de mi dieta extraña, aun.

El mejor amigo de Inuyasha, Spade, sabía de lo que me alimentaba y había tenido antes su sangre, pero no quería hacer de eso un hábito, Spade era un yokai Maestro, lo que significaba que él era demasiado fuerte. La mayoría de los amigos de Inuyasha eran demasiado fuertes, en realidad. Maldita sea. No beber de Inuyasha sin pasar hambre sería más difícil de lo que había imaginado.

- Por ahora, no le digan a nadie de nuestra asociación. Encárguense de sus negocios como si nunca nos hubiéramos conocido. Aquí hay un número en donde me pueden encontrar. A la primera vista de esos onis, me llaman de inmediato, pero no los enfrenten. ¿Entendido? - dijo Inuyasha a Ed y Scratch, centrando mi atención en la situación actual.

"Lo tengo" y "Seguro" fueron las respuestas. Me preguntaba si ellos de hecho lo entendían. Yo lo hice, y no estaba muy emocionada. Dejé a los yokais cerca de la fuente Easton en la que nos habíamos reunido, esperando hasta que nos alejamos un par de millas de distancia antes de que inclinara un vistazo a Inuyasha.

- Los estás utilizando como cebo – dije directamente.

- Sí – Inuyasha se encontró con mi mirada, su mirada de color marrón sin nada que ocultar.

- Dios. No les permites que digan a nadie que acaban de ser ascendidos de sin maestro a pertenecer a un poderoso yokai por lo que los onis, todavía los considerarán carne fácil. Eso es ponerlos deliberadamente en peligro - murmuré.

- No más de lo que estaban antes, como dijeron ellos. Pero ahora si son dañados, voy a tener derechos en virtud de nuestras leyes para investigar - respondió con una lógica fastidiosa. "Créeme Mocosa, espero que nada les suceda, y su utilidad proviene de llevarme en dirección a esos onis. Pero si Goryomaru está detrás de estos ataques, necesitamos una manera de llegar a él sin que parezca que somos unos antagonistas irracionales. Por otra parte... - Inuyasha no tenía que terminar la frase. Por otra parte, Goryomaru tendría más combustible para los rumores de que estoy tratando de ser una especie de yokai Stalin. Yo mentalmente había terminado. Cierto, porque eso era lo que yo ponía en mi lista de Cosas por Hacer cada mañana. Cepillar los dientes. Lavar el cabello. Gobernar el mundo de los no muertos con puño de acero.

- No sé por qué los onis escuchan a Goryomaru sobre que puedo ser una amenaza de todos modos. Tal vez tenga una dieta loca como yokai, pero Goryomaru ya no puede decirle a las personas que combinare los poderes de los yokais con los de oni. El cambio se encargo de despotricar esa paranoia de él. - murmuré.

- Gatita, has sido un yokai por menos de un año. Durante ese tiempo, acabaste con un yokai Maestro a través de la piroquinesia y congelado decenas de yokais en un estupor a través de la telequinesis. Tus habilidades, mas el ocasional latido de corazón, obliga a algunas personas a asustarse. - La mirada de Inuyasha era amable, pero inflexible.

- ¡Pero no son mis habilidades! Bueno, el latido intermitente es mío, pero todos los demás fueron poderes prestados. Ni siquiera los tengo ya y si no hubiera bebido de Sesshomaru e Inuno, nunca los hubiera tenido en primer lugar - estallé.

- Nadie sabe cómo los conseguiste, o si los has perdido después de un tiempo - señaló Inuyasha.

- Tal vez deberíamos decirles - Pero incluso mientras lo decía, conocía el error.

- Si Goryomaru conociera la fuente de tus habilidades, él podría argumentar que puedes manifestar el poder que quisieras con simplemente beber del yokai que lo tuviera. Mejor que sólo piense que eres extraordinariamente dotada basada en tus propios méritos - Él soltó lo que podría haber sido un suspiro.

En otras palabras, no importa la forma en que tratemos de arreglarlo, todavía doy la impresión de un monstruo peligroso, tomé una respiración profunda con la esperanza de que el gesto familiar me calmara. No lo hizo. Todo lo que hice fue llevar el olor de la sangre a mis pulmones, comprimiéndome el estómago de una manera casi dolorosa.

- Que pena que las visiones de tu co-gobernante aún no hayan vuelto con su máxima fuerza. Con ellas podríamos sacar las conjeturas de lo que esta o no haciendo Goryomaru - Inuyasha se encogió de hombros en asentimiento.

- Inuno ha tenido algunos vislumbres más del futuro, pero nada relacionado con esto y todavía no puede comandar sus visiones a voluntad. Con suerte, sus poderes volverán al completo pronto. – murmuro.

- Así que optamos por no decirle a nadie como absorbo poder de la sangre y usamos a Ed y Scratch para conducirnos a estos onis y ver si Goryomaru está detrás de ellos - Pero hasta entonces, estamos por nuestra cuenta.

- Así es, cariño - Cerré los ojos. No me gustaba el plan, pero en este momento, era nuestra mejor opción.

- Eso sólo deja una cosa más. Encontrar a alguien que no seas tú para alimentarme. - dije, abriendo los ojos para dar a Inuyasha una pálida sonrisa.

Continuara…