Una vida normal

Calculó que la bronca monumental de la terrícola habría durado, aproximadamente, media hora, para acabar descubriendo que su propio hijo le tomaba el pelo. La hembra no quiso escuchar más explicaciones sobre los gritos por parte del alien y le pidió al pequeño que le explicara la razón de tantos gritos. El mocoso, no solo lo había entendido todo perfectamente a la primera sino que, además, podía expresarse mejor.

- Pedir gritando. No terminar comida. No gustar gritos. Preferir mama -sentenció el microbio con el mismo ademán que su padre cuando este se enfadaba, mientras la madre le daba la razón.

En cierto modo agradeció que el chiquillo lo distrajera de parte de su frustración, enojándolo aún más con su insolencia. Se dio cuenta de que las formas de la hembra lo empezaba a distraer un poco demasiado, más de lo habitual. No era urgente entrenar a su hijo por ninguna amenaza inminente pero sí lo valoraba como imprescindible. Había conseguido llevar una vida disciplinada y no empezaría a distraerse ahora, cuando tenía la oportunidad de formar a su propio hijo, de conservar lo muy poco que le había quedado de su gente, de su cultura, de su herencia.

"Fuerza, honor y estirpe" había sido el lema de sus ancestros. No había tenido la oportunidad de valorar si había logrado el nivel de fuerza suprema, a la que por derecho estaba destinado. Toda la culpa era de aquel inútil de Kakaroto y la majadería esta de permanecer muerto. Pero todavía le quedaban el honor y la estirpe y pensaba lograrlos juntos. Haciendo honor a su sangre y transmitiéndole, a esta, su legado cultural. Se forzó a mirar tan solo a su hijo mientras la mujer no callara. Así tendría que ser más fácil... si no fuera porque también le gustaba su olor ¿Desde cuándo le gustaba husmear a nadie?

A pesar de todo, consiguió que ella animara al renacuajo a pasar tiempo con él cada día. No era exactamente lo que él quería pero cuando volviera a estar a solas con su hijo ya encontraría la manera de entrenarlo. No debería de ser tan complicado ¿No? Ella los volvió a dejar solos pero no sin recordarle, como siempre, que aquel híbrido también era humano... ¡Cómo si lo pudiera obviar!

El saco de mocos lo siguió hasta la cámara de gravedad y, por fin, pudieron ponerse a trabajar. El primer paso sería la resistencia al aumento de la gravedad. El enano estaba tan flojo que solo pudieron subir hasta los 10G, como una alfombra. Vegeta no sabía si reír o llorar.

Continuará...