Una vida normal

Bunny siempre había deseado tener nietos. Pero con el par de hijas que le habían tocado, siempre arriba y abajo... Casi nunca sabía donde se encontraban. Y esto le hacía desearlo aún más. Los niños pequeños eran la alegría de cualquier hogar. Ella y su marido habrían deseado tener más, pero un tumor en la matriz cercenó esa ilusión. Aun así se sentían felices. Ambas hijas eran mujeres independientes e inteligentes y, cada una a su manera, tenían unas vidas increíbles.

Cada vez que Bulma volvía a casa rodeada de aquellos chicos tan atractivos, ella pensaba que ya quedaba menos para volver a escuchar aquellas risas, aquellas carrerillas, aquel volver a descubrir el mundo con los ojos nuevos de un niño. Pero no. Siempre surgía una nueva "misión", una nueva aventura y se volvían a marchar todos. Los chicos guapos también. Ella siempre bromeaba para chinchar a su hija. Y le encantaba ver las caras desencajadas de los jovencitos ¡Todavía les quedaba tanto por descubrir!

En realidad no sentía ningún tipo de atracción, más allá de regalarse la vista. Ella era muy feliz y estaba muy satisfecha con su hombre. Y él lo sabía. Por eso nunca hacía caso de sus ocurrencias. A menudo se reían juntos al recordar tal o cual salida. Él era muy inteligente y siempre le explicaba cosas muy curiosas. La gente solía tomarla por una simple. Pocos sabían que tenía dos carreras y que conoció al Dr. Briefs cuando estudiaban juntos ingeniería informática y robótica. Más tarde, al acabar los estudios, trabajaron juntos. Ella había sido su mano derecha y había sido vital para diseñar las cápsulas de la corporación. La física era su fuerte. Pusieron en marcha la empresa Capsule Corp. con un pequeño préstamo que amortizaron en menos de un año. Al ver el éxito decidieron que era el momento ideal para empezar una nueva familia.

Ella decidió que prefería encargarse de sus hijas. El Dr. Briefs estableció una pequeña sucursal en su casa para poder trabajar y seguir desarrollando cerca de su familia. Ambos tenían muy claro que el dinero no lo era todo. Sus pasiones eran la innovación, los nuevos descubrimientos y la familia, sin que ninguna de ellas pasara por encima de por encima de las otras. Las niñas pronto destacaron en sus estudios y por eso ellos siempre las apoyaron con sus objetivos, fueran los que fueran. Muchos de sus amigos se llevaban las manos a la cabeza e, incluso, algunos les habían llegado a decir que se habían vuelto locos, que tenían demasiada holgura con ellas. Pero tanto ella como su marido veían reflejada aquella luz en la mirada que ellos mismos habían descubierto cuando se conocieron. La luz de la pasión por el conocimiento.

Así que, la Sra. Bunny, harta de que todo el mundo les cuestionara sus decisiones maternales, decidió hacerse la simple. Si la gente te cree tontina te deja por imposible y una acaba haciendo lo que realmente quiere y le interesa.

Ahora, su Bulma, por fin le había dado un nieto. Y no un nieto cualquiera, no. Un nieto medio alien ¡Qué más se podía pedir! Aquel chico, Yamcha, era buen muchacho, pero era un chico demasiado poca cosa para su hija. Ella necesitaba una persona que la estimulara, que expandiera su universo ¿Y qué mejor que un alien? Sí que era cierto que era un poco malcarado a veces. Pero la Sra. Briefs había empezado a cogerle el punto y ya sabía como hacerlo bailar, cuando a ella le interesaba. Siempre le hacía creer que se estaba haciendo lo que él quería o que la idea había sido de él. Era algo más difícil de engañar que el resto de los amigos de su hija, pero la Sra. Briefs tampoco era cualquier mujer.

Que estuvieran casados o no, tampoco le preocupaba demasiado. Él estaba con su hija y su nieto y eso era lo que importaba. Quizás todavía no habían acabado de descubrir que estaban hechos el uno para el otro, pero tiempo al tiempo, pensaba la Sra. Briefs. A ella tampoco le había pasado por alto la forma en que el alien miraba a su niña cuando creía que nadie lo veía. Y también sabía que la niña, aunque también fingiera, no podía evitar sentirse atraída e intrigada por aquel ser. Y ahora, después de derribar la última amenaza, "por fin, él ha dado el primer paso con mi nieto", pensó al verlos entrar en la cámara de entrenamiento, apenas cuando volvían de un paseo con unos amigos. Sí, el universo y el futuro nunca dejarían de sorprenderla.

Continuará...