Bajo La Manga
No reconocí a los guardias que corrieron sobre la pista de aterrizaje del helicóptero para escoltarnos a Inuyasha y a mí dentro del complejo controlado por mi ex jefe y tío, Don Williams. Ya que otra vez, no había regresado aquí desde el año pasado. Tal vez debería haber llamado primero. Anunciarme a la torre de control una vez que ya estaba dentro de su espacio aéreo no era realmente un aviso, pero Don necesitaba saber acerca de los problemas que amenazaban. Ese tipo de información merecía una actualización cara a cara, en mi opinión. Además Juan estaba aquí, y esperaba que estuviera de acuerdo ante la idea de dejarme tomar algo de su sangre.
Por supuesto, si fuera del todo sincera, admitiría que el viaje improvisado en helicóptero al este de Tenessee era por algo más de información que incluso alimentarme. Los negocios habían hecho que Don cancelara nuestros últimos intentos de reunirnos, por lo que había pasado meses desde que yo había visto a mi tío. Podríamos haber tenido un comienzo difícil en nuestra relación, pero lo echaba de menos. Este viaje era una oportunidad para matar tres pájaros de un tiro, que Don debería apreciar. Él era todo en multitareas. Habíamos llegado a las puertas dobles de la azotea cuando Inuyasha se detuvo abruptamente, uno de los guardias chocó contra él.
- Sangriento Infierno - murmuró Inuyasha. Mi cabeza giro hacia los lados, pero nada inusual estaba sucediendo, excepto por el guardia que lucía avergonzado por haberse estrellado contra la espalda de Inuyasha. Entonces, la lastima y la resolución se deslizó a través de mi subconsciente. Me tensé. No eran mis emociones.
- ¿Qué? - Le pregunté a Inuyasha.
Su expresión pasó a ser tan controlada que el miedo se encendió en mí. Los guardias junto a nosotros intercambiaron miradas desconcertadas, pero si ellos sabían cual era el problema, yo no podía decirlo. No podía escuchar los pensamientos de nadie, excepto los míos en este momento. Inuyasha tomó mi mano. Su boca se abrió, pero antes de que pudiera hablar, se abrieron las puertas de la azotea hacia el exterior y un musculoso yokai con pelo castaño corto se dirigió hacia nosotros.
- Kagome, ¿Qué estás haciendo aquí? - exigió Tate. Ignore la pregunta de mi ex primer oficial, manteniendo mi atención en Inuyasha,
- ¿Qué? - Le pregunté por segunda vez. Su mano apretó la mía.
- Tu tío está muy enfermo, Gatita - Algo frío se deslizó hacia arriba por mi columna vertebral, miré a Tate. Por la forma severa de sus hombros, Inuyasha tenía razón.
- ¿Dónde está él? - ¿Y por qué no me llamaron?
- Don esta aquí, en Reconocimiento Médico, y no fuiste llamada porque él no quería que lo supieras. - La boca de Tate se torció.
- ¿Así que el plan era no decirme a menos que hubiera un funeral al que asistir? ¡Bonito, Tate! - Tate no sonaba como si hubiera aprobado esa decisión, pero la ira estalló en mí.
Lo empujé, sacando mi mano del agarre de Inuyasha para precipitarme dentro del edificio. Reconocimiento Médico estaba en el segundo sub nivel, un piso por encima del centro de entrenamiento y dos pisos por encima de donde solíamos hospedar a los yokais en cautiverio. Apuñalé el botón de bajada del elevador, golpeando mis pies con impaciencia. Unas pocas miradas sorprendidas fueron arrojadas en mi camino por los guardias, pero no me importaba que mis ojos estuvieran brillantes o mis colmillos presionando contra mis labios. Si esos guardias no sabían sobre yokais antes, Tate se ocuparía de alterar sus memorias para que no lo recordaran después.
- ¿Cómo infiernos sabes tú de Don? - Oí a Tate exigirle a Inuyasha.
- Por la escurridiza actividad de dejarlo presentable para ella. Lectura de mente, ¿recuerdas? - fue la respuesta de Inuyasha mientras se daba un par de golpesitos en la sien.
Las puertas del ascensor se abrieron y entré, sin querer escuchar nada más. Normalmente yo estaría preocupada de dejar a Inuyasha a solas con Tate ya que los dos juntos, eran como el aceite y el agua. Pero ahora, todos mis pensamientos estaban en mi tío. ¿Qué pasaba con él? ¿Y por qué iba a prohibir que alguien me dijera algo al respecto? Yo casi salí corriendo del ascensor cuando se abrió en el segundo piso, corriendo por el pasillo y atravesando las puertas que marcaban Reconocimiento Médico. Ignore al personal y seguí el camino, no los necesitaba para decirme donde estaba mi tío. La tos de Don y su murmullo a alguien en la última habitación de la derecha me dijo eso. Desaceleré cuando llegué a la puerta, sin querer irrumpir dentro en caso de que mi normalmente elegante tío no estuviera vestido.
- ¿Don? - llamé, sintiéndome vacilante ahora que tan sólo unos metros nos separan.
- Dame un momento, Kagome - fue su respuesta, sonaba ronco pero no como si estuviera en peligro inminente de morir. El alivio se extendió por mí. Tal vez Don había contraído la gripe porcina o algo igualmente desagradable, pero ahora se estaba recuperando. Una enfermera que no reconocí salió de su habitación, y me dio una mirada para la cual no necesitaba tener habilidades para leer la mente para interpretarla.
- Él se esta vistiendo - dijo en un tono crispado, mientras que un olor molesto a amoniaco fluía de ella.
- Tomo eso como que ¿él no lo debería estar haciendo? - Le pregunté.
- No, pero eso no lo detiene - respondió sin rodeos.
- Puedo oírte, Anne - mi tío castañeó.
- No dejes que se esfuerce demasiado. - Ella me dio otra mirada acusadora antes de bajar la voz hasta un susurro.
Una ronda de tos precedió a mi tío murmurando "todavía puedo oírte". Mis cejas se levantaron. Lo que sea que estuviera mal con la salud de Don, sus oídos estaban tan agudos como siempre. Después de otra serie de topes sonidos, mi tío abrió la puerta. Llevaba un poco arrugado la camisa de jersey combinada con pantalones de color gris a juego con el color de sus ojos. Por un segundo, sólo parpadeé, dándome cuenta de que esta era la primera vez que había visto a Don con su pelo algo alborotado y vistiendo algo que no sea un traje y corbata.
- Kagome, me temo que me has tomado un poco por sorpresa. - La ironía en su voz era familiar, aunque su apariencia no. En los meses desde que yo no había visto a mi tío, parecía haber envejecido diez años. Las arrugas alrededor de la boca y los ojos eran pronunciadas, el pelo gris casi blanco, y su impecable postura estaba un poco inclinada, me tragué el nudo que se abrió camino en mi garganta.
- Me conoces. Siempre soy un dolor en el culo - alcancé a decir.
- No, no lo eres. Ni siquiera cuando estás tratando de serlo - Don alcanzó a apretarme el hombro.
La forma en que lo dijo, combinado con la tristeza que se dibujó en su expresión, casi me hizo perder el control. Justo entonces supe que su condición era terminal. De lo contrario, Don me hubiera dicho con cariño sarcástico que sí, que era un dolor descomunal en el culo y siempre lo sería. No aferrándose a mi hombro con un apretón que temblaba mientras él intentaba destellar una sonrisa. Todas las cosas que antes había descartado volvieron en un nítido enfoque. La tos recurrente de Don las últimas veces que había hablado con él, restándole importancia como "un simple resfriado". Los planes de cancelación en el último minuto, reprogramándolas sólo para ser canceladas otra vez...
Envolví mis brazos alrededor de él, sintiendo la pérdida de peso que su ropa ocultaba, tomando una respiración profunda llené mis pulmones con el olor de los antisépticos, el sudor, y la enfermedad. Más lágrimas quemaban mis ojos así que parpadee para atrás. Cualquier cosa que estuviera mal en él, la sangre de yokai lo curará, me recordé a mí misma, tratando de obtener un control sobre mis emociones. Don probablemente solo estaba siendo obstinado y se negaba beber, a pesar de que de toda la gente sabía de los poderes increíbles de la sangre de los no muertos. Bueno, me gustaría llevarlo a reconsiderar esa estúpida decisión.
- Así qué, he oído que no querías que supiera que estabas enfermo - dije, logrando un leve sonido de reprimenda en lugar de preocuparme histéricamente. Punto para mí.
- Has tenido suficiente con que lidiar últimamente - respondió Don.
Me desprendí de él y arrastré mi mirada por la habitación. Su cama era una de esas ajustables donde podrías tener la cabeza y los pies levantados, pero carecía de los rieles normales de hospital a cada lado de ella. Cerca, una laptop estaba abierta sobre una bandeja móvil, junto a varias carpetas apiladas, su teléfono celular, un beeper*(localizador de personas), y un teléfono interno de las instalaciones.
- Que típico de ti no dejar de trabajar incluso cuando te ves como si la muerte estuviera llamándote - dije medio en broma, medio censura.
- Puede que luzca como si la muerte me estuviera llamando, pero eres tu quien fue llamada, ¿recuerdas? - Mi tío me dirigió una mirada perversa.
Yo podría haber sonreído a su chiste, pero estaba demasiado preocupaba por el tono grisáceo de su piel y la forma lenta y dolorosa en que se movía cuando dio un paso lejos de mí. Mi tío siempre había tenido una presencia imponente, no importaba las circunstancias, pero ahora, parecía frágil. Eso me asustó más que enfrentar a fuerzas enemigas estando desarmada.
- ¿Qué está mal para que te haya traído aquí? - Le pregunté, de nuevo controlando mi voz más alta de lo normal.
- Tengo una fuerte gripe - respondió Don, sus palabras haciéndose ásperas por la tos.
- No le mientas a ella. - La voz de Inuyasha fluyo dentro de la sala, y unos pocos pasos adelante él apareció.
- Tus habilidades no te dan el derecho a… - Con su oscura mirada de color marrón enfocada en Don, quien visiblemente se puso rígido.
- Mi linaje lo hace - interrumpí a Don, apretando los puños.
- Eres mi familia. Eso significa que tengo derecho a saber. - Y si no me lo dices, solo enrojoceré mis ojos a tu enfermera hasta que ella lo haga. Añadí mentalmente. Don se quedó en silencio durante un largo rato, mirando Inuyasha y a mi. Por último, su hombro se levantó en un gesto débil.
- Tengo cáncer de pulmón. Parece que esas advertencias en los paquetes de cigarrillos son correctas - Su sonrisa era forzada, pero su ingenio, su aguda "marca personal" aun estaba a la altura de la ocasión. Todo en mí se tensó tan pronto como él dijo la palabra "C".
- Pero nunca te he visto fumar - Solté, sorprendida ante la negación.
- Lo dejé antes de conocernos, pero por treinta años antes de eso, tenía como habito un paquete al día. - Cáncer de pulmón. Avanzado, demasiado para que luciera de esta forma y obligarse a sí mismo a permanecer en el recinto de Reconocimiento Médico.
Decir que Don era un adicto al trabajo era decirlo suavemente. En todo el tiempo que lo conocía, mi tío no había tenido tiempo libre para vacaciones, feriados o cumpleaños y mucho menos días por enfermedad. Luego, en medio de mi pasmada asimilación de esta noticia, una seria mentalidad empresarial me invadió, piadosamente bloqueando el dolor, que me hizo sentir como si me hubieran dado un disparo en el estómago.
- ¿Supongo que los médicos van a operar? ¿O hacer quimioterapia? ¿Ambos? ¿Qué plan de tratamiento te han dado? - Suspiró.
- Es demasiado avanzado para la cirugía o la quimioterapia, Kagome. Mi plan de tratamiento es sacar el máximo provecho del tiempo que me queda. - No. La palabra resonó en mi cabeza tan fuerte como esas voces indeseadas que había tenido antes.
- Tal vez tu condición ha pasado lo que la medicina tradicional puede tratar, pero hay otras opciones. La sangre de yokai curaría tus pulmones de sufrir un daño mayor, tal vez incluso la remisión del cáncer… - Entonces estiré mis manos desde puños cerrados que había apretado a mis lados, tratando de mantener mi voz muy serena. Llorar y el pánico no ayudarían, pero la calmada lógica lo haría.
- No - Don interrumpió.
- ¡Maldita sea! - Exclamé.
- Estás dejando que la intolerancia estorbe en el camino de tu sentido común. Tu hermano era un idiota antes de convertirse en un yokai, Don. Cambiar en uno no me hizo malvada, y beber sangre de yokai para ayudar a tu condición no te volverá malvado - Demasiado para un enfoque tranquilo, racional.
- Lo sé - dijo, sorprendiéndome.
- Comencé a beber sangre de yokai poco después de que fui diagnosticado por primera vez hace siete años. Tú lo hiciste posible con los yokais cautivos que traías de vuelta de las misiones cuando estabas trabajando para mí. Tienes razón, esta puso al cáncer en remisión, pero el tiempo alcanza a todo el mundo, y lo hizo, por fin, me alcanzo. - ¡Siete años! Mi mente se tambaleó.
- ¿Ocultaste esto todo el tiempo que nos hemos conocido? ¿Por qué? - El suspiro de Don se sacudió en la garganta.
- No confiaba en ti cuando te uniste al equipo, como recuerdas. Entonces, yo no quería distraerte de tu trabajo. Después descubriste que eras mi sobrina... en fin. Cosas sucedieron. Has tenido mucho con que lidiar en los últimos dos años, más que la mayoría de la gente tiene en toda su vida. Yo iba a decirte al respecto, pero quería darme tiempo para ordenar algunas cosas primero. - Sabía que mi boca colgaba abierta, pero no lograba reunir la fuerza de voluntad para cerrarla. Inuyasha se me acercó y me tomó la mano, sin palabras, apretándola.
- Debes de haber tenido una razón importante para venir aquí sin llamar. ¿Qué está pasando? - dijo Don. No podía creer que él esperara que yo solo cambiase el tema, como si el tema de su inminente muerte no valiera la pena discutirlo.
- La quimioterapia, la cirugía, y la sangre de yokai puede que no sean capaz de ayudarte, pero yo todavía puedo. Soy un yokai ahora y puedo hacerte uno también. No me debes ninguna lealtad o nada de esa basura y cambiando todo se curara - Las palabras se derramaron imprudentemente.
- No - La única palabra era suave pero contundente. Mi farfullante argumento, instantáneamente se desvaneció cuando Don fue preso de una atormentada tos.
- Pero no puedes... tú no puedes solo morir - le susurré.
- Sí puedo. Se llama ser un humano - Se enderezó, controlando la tos. La misma voluntad feroz que había ordenado a Tate a dispararme el día que nos conocimos aún estaba en sus ojos grises.
Tragué saliva duramente. El mismo argumento que había utilizado una vez con Inuyasha para racionalizar por qué una relación entre nosotros no podría funcionar acababa de ser arrojado en mi cara. Ahora sabía la frustración que Inuyasha debió haber sentido en ese momento, porque tenía una urgencia repentina de sacudir a Don hasta que la ciega terquedad saliera de su cabeza.
- Eres indispensable para este operación. Si te vas, yo no seré la única que sufrirá. Piensa en el equipo - Pero como no podía hacer eso, probaría con otra táctica.
- Ellos tienen a Tate. Ha llevado este departamento durante los últimos tres meses y está haciendo un trabajo excelente - me interrumpió Don.
- Tate se necesita en el campo, no para la administración - discutía mientras que aun me tambaleaba por esta nueva información.
- Sólo tienes un yokai mas y un oni en el equipo además de Tate. Eso no es suficiente cuando vas detrás de los no muertos. Además, una grave mierda se está preparado con los oni en este momento. - Una tos hizo que Don pausara antes de responder.
- Puede que pronto tengamos otro yokai en el equipo. - Debe ser Cooper. Él era el siguiente en la línea de perder su pulso. Parece que un montón de cambios habían sucedido. Incluso si no fuera un ex miembro del equipo, yo pensaba que ser un amigo y familia significaba mantener un lazo. Hombre, estaba equivocada.
- Cristo Todopoderoso - murmuró Inuyasha.
- Hablaremos de eso más tarde. Ahora dime qué problemas se están fomentando con los oni, Kagome. - Don le lanzó una mirada.
La expresión de mi tío dijo que proseguir discutiendo las razones obvias por las que debía salvar su vida sólo sería un sin sentido ahora. Traté de mantenerme lo suficientemente completa para centrarme en el por qué había venido, pero me sentía como si el suelo acabara de abrirse debajo de mí.
- ¿Recuerdas que el año pasado un líder oni, Goryomaru, fue quien dio a conocer la posibilidad de que yo posiblemente cambiaría en un híbrido yokai-demonio? Bueno, no se ha calmado... - Varios minutos más tarde, yo le había dado a Don todos los detalles que nosotros conocíamos. Él tiraba de su ceja como escuchaba. Cuando hube terminado, dejó escapar un profundo suspiro.
- Esos yokais reportándose ante ti es un buen comienzo, pero no creo que sea suficiente. Si aumentan las hostilidades entre los yokais y oni, los seres humanos se llevan la peor parte de la lluvia radiactiva. Necesitamos a alguien infiltrado en el grupo de Goryomaru. Averiguara todo lo que nosotros estamos sólo tratando de adivinar. - Dejé escapar un gruñido.
- Eso sería genial, pero hay un problema. Cualquier oni en el que nosotros confiemos para espiar, sería asociado a Inuyasha y lo matarían en el acto. Encontrar a alguien fuerte y confiable que Goryomaru no reconozca será difícil... - Mi voz se fue apagando hasta que Inuyasha enarcó una ceja. Don me dio un corto asentimiento.
- Dave. - Cerré mis ojos, odiando la idea de mi amigo en esta situación, pero Don estaba en lo cierto. Dave era inteligente, fuerte, con experiencia y ya muerto.
Inuyasha había resucitado a Dave como oni hace más de dos años después de que Dave había sido asesinado en una misión, pero pocas personas en el mundo no-muertos había conocido a Dave. Había estado demasiado ocupado como miembro del equipo de Don para pasar el rato en fiestas de colmillos o comedores de carne.
- Vamos a preguntarle a él" decidí. "Permitámosle que decida si quiere hacerlo. Ir encubierto siempre es peligroso, pero ir de incógnito para infiltrarse en un grupo de asesinos fanáticos no-muertos es demasiado arriesgado para ordenarlo".
- Ve por él. Él está en la sala de la ruina - dijo Don.
- Voy a ir por él y vamos a hacer frente a la situación "oni", pero no estoy renunciando a ti. Piensa en mi oferta. Acerca de todos los cambios positivos que podrías hacer en el mundo si todavía estuvieras vivo. - Enfrente la mirada de mi tío intratable, con una igualmente obstinada.
- Yo siempre voy a morir, Kagome. Ya sea en unos meses o unos años, es inevitable. Ya deberías haber aceptado eso, pero no es así. Has pensado con la mente de un yokai desde el día en que nos conocimos. Tus colmillos son nuevos, pero esa es la única diferencia que veo desde que cambiaste. - Él me dio una leve sonrisa.
- Voy a buscar Dave. - Me mordí el labio, negándome a reconocer que podría tener razón.
Con Inuyasha siguiéndome, tratando de concentrarme en nada, pero la tristeza de mi tío, la mirada obstinada. Click-click-click iban mis zapatos en la baldosa. Cáncer de pulmón. Click-click-click, llevándome cerca del ascensor. Más allá del de la cirugía, la quimioterapia o la sangre de yokai. Click-click-click. Sabido por siete años.
Una vez dentro del ascensor sin embargo, mi control se agrietó y las lágrimas empañaron mi visión. Aparte de mi madre, Don era la única familia real que me quedaba. Mis abuelos habían sido asesinados hace varios años y mi padre estaba cumpliendo una nueva definición de "tiempos difíciles" debido a que en varias ocasiones trató de matarme. A pesar de que nuestra relación estaba en ninguna parte cerca de lo normal, en los últimos años, Don se había convertido en lo más parecido a un padre que yo hubiera tenido nunca. Y pronto se iría. Para siempre
Inuyasha me recogió entre sus brazos. Con su altura, mi cara fue presionada a su clavícula, su fría chaqueta de cuero contra mi mejilla mientras su mano alisaba mi pelo. Me aferré a él, hundiéndome en el oasis de sus brazos, sentía su fuerza no sólo en la musculatura de la pared de su cuerpo, sino también en el poder que me envolvía como una nube espesa como si dejara caer el escudo de su aura.
Entonces lo alejé, limpiando el rosa de mi visión con varios parpadeos. Si ahora permitía que esto se alojara en mí, no sería capaz de manejar las importantes tareas que se venían. No estaba renunciando a Don, pero tenía que mantenerme unida y concentrarme en lo que se necesitaba hacer. Este no era el momento para caerme en pedazos.
- Estoy bien - le dije a Inuyasha, sosteniendo en alto una mano cuando él debió hablar.
- Vamos a buscar a Dave. Una crisis a la vez, ¿verdad? - Las puertas del ascensor se abrieron para revelar un oscuro apuesto yokai en el otro lado, el pelo negro recogido en una coleta suelta y su normalmente expresión traviesa controlada.
- Oye, Juan - dije, dirigiendo una sonrisa residual.
- Querida - murmuró, abriendo sus brazos. A pesar de que estaba molesta con él, entré en ellos, dándole un abrazo breve.
- Lo siento - susurró cuando lo dejé ir.
- Sí, yo también lo siento. Tu, Tate, Dave… todos Ustedes deberían habérmelo dicho - le respondí con frialdad.
- Don nos hizo prometer que no hacerlo. No quería preocuparte. – murmuro.
- Ahora es demasiado tarde - Estaba demasiado molesta para reírme de la ironía de eso.
- Inuyasha, mi amigo ¿como está usted? - dijo Juan de inmediato.
Inuyasha respondió en el mismo idioma, pero yo estaba demasiado distraída para molestarme en traducir su español mientras me dirigía a la Sala de la Ruina. A pesar de mi promesa de no pensar acerca de la condición de Don, una parte de mí todavía estaba ocupada planeando la manera de salvarlo. Tal vez la sangre de yokai que Don utilizaba para tratar su cáncer no era lo suficientemente fuerte. Si comenzara a ingerir la sangre de un yokai Maestro… como Inuyasha o de Inuno-tal vez sus resultados serían diferentes. Más al fondo del pasillo, las puertas dobles para el área de formación se abrieron y Tate salió. Se dirigió directamente hacia mí, pero yo ni siquiera lo miraba mientras me dirigía a grandes zancadas por el pasillo hacia la habitación que él acababa de dejar.
- Kagome, hay algo que necesito… - Tate me tomó del brazo cuando empatamos uno con el otro.
- Guárdatelo. No podías correr lo suficientemente rápido para contarme cuando pensabas que Inuyasha me estaba engañando el año pasado, pero cuando se trataba de Don y algo que es realmente verdad, entonces eres todo respeto y silencio - respondí, empujando fuera su mano.
- Eso no es… - empezó, alcanzándome una vez más. Inuyasha agarró a Tate antes de que su mano pudiera rozar mi piel, apareciendo más rápido que si se hubiera materializado del aire que nos rodeaba.
- Si te apetece conservar esto. No trates de tocarla otra vez - dijo en un gruñido, mientras que sus dedos se apretaban en el brazo de Tate.
En cualquier otro momento me hubiera opuesto, a sabiendas de que Inuyasha nunca alardeaba y que él podía rasgar el brazo de Tate, pero hoy no me importó. Fuera del silencio de todo el mundo acerca de la salud de mi tío. El de Tate me lastimaba más. Sí, las cosas habían sido tensas entre nosotros desde que Inuyasha volvió a entrar en mi vida, pero durante mucho tiempo antes de eso, Tate había sido mi mejor amigo. Enfrentando la muerte juntos en innumerables misiones, forjando fuertes lazos entre nosotros pero esto fue el colmo para mí.
- Mejor aún, trata de tocarme de nuevo y seré yo quien va a rasgar tu brazo. He aguantado mucho de ti a pesar de tu animosidad hacia Inuyasha y tu negativa a aceptar que tú y yo nunca seremos más que amigos. Pero después de esto, hemos terminado, así que se mantente lejos de mí - chasquee, dando un paso en torno a él para continuar por el pasillo.
- Ah, querida. - Detrás de mí, Juan se aclaró la garganta.
- No te molestes defendiéndolo - respondí, abriendo de un tirón las pesadas puertas de la zona que habíamos llamado Sala de la ruina debido al intenso entrenamiento que teníamos.
- Yo no… - Mi voz se desvaneció mientras mis ojos se desorbitaban. Allí, en medio de la habitación, estaba una vampira morena corriendo a través de lo que parecía ser una carrera de nuevos obstáculos, fácilmente esquivando los bloques de cemento que se balanceaban hacia ella.
- ¿Qué? - jadee. La yokai no me oyó. Tate murmuró algo que sonó como "Intenté advertirte", pero no me di la vuelta. Ella esta usando un uniforme, mi mente vagamente señaló, inmediatamente seguido de ¿Por qué INFIERNOS ella está usando un uniforme?
- ¡Mamá! - Le grité.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - Su cabeza dio vuelta… y entonces fue golpeada lejos de sus pies por el siguiente oscilante bloque de cemento. Incluso desde la distancia, Atrapé la agraviada mirada que mi madre me echó mientras volvía atrás.
- ¡Higurashi descuidada! - Cooper le ladró desde su posición de supervisión en la carrera de obstáculos.
- Kagome está aquí - ella respondió, señalando.
Él se dio la vuelta, una mirada culpable cruzo sus rasgos moca. Mi sorpresa se desvaneció lo suficiente para marchar hacia el interior, apenas dándome cuenta que Inuyasha murmuraba en voz baja que ellos estaban sangrientamente con suerte de que mi temperamento ya no se manifestara en fuego. Él estaba en lo cierto. Si hubiera sido hace tan sólo seis meses antes, el fuego hubiera sido disparado de mis manos por esta nueva sorpresa a mis ya volátiles emociones. Tres meses antes y hubiera enterrado toda actividad en la Sala de la Ruina con un apretón furioso de mi mente. Pero con esas habilidades prestadas ya idas, todo lo que podía hacer era atacar con mi voz.
- Tu tienes que estar bromeando. Pensé que era una mierda que nadie me dijera acerca de la condición de Don, ¡Pero quien sabría que tenían mas secretos aún bajo la manga! - escupí a la sala en general.
- Todo el mundo, tómense diez - Dave hablo en voz alta. La docena de miembros del equipo habían parado la extenuante actividad en la que estaban involucrados, marchando de la habitación… tomando la puerta opuesta a la que yo estaba más cercana, advertí. En cuestión de minutos, la sala de entrenamiento estuvo vacía de todo el mundo, pero Cooper, Dave Tate, Inuyasha, Juan y mi madre quien era la única aparte de Inuyasha que no tenía una expresión avergonzada.
- Kagome, deja de reaccionar exageradamente. Después de todo, no estoy haciendo nada que tu no hayas hecho por más de una década - dijo en una forma de reprimenda mientras caminaba hacia mí.
- Y he sido casi asesinada más veces de las que puedo contar - replique, resistiendo la tentación de sacudirla. Su mirada azul endurecida.
- Fui asesinada. Esconderme de la maldad en este mundo no hizo nada para protegerme. No entonces y, no las otras veces antes de esto tampoco - respondió rotundamente.
La culpa me apuñalo a través de sus palabras, quitando parte de mi ira. Aparte de la noche en que ella conoció a mi padre, cada otra vez que había sido maltratada por yokais y oni fue por mi culpa. Los monstruos no luchan limpio, y cuando fueron detrás de mí, también fueron detrás de aquellos que eran cercanos a mí. El último yokai con el que me había enredado pensaba que forzar el cambio de mi madre sería la cosa justa para darme una lección. Yo solo lamentaba no poderlo matarlo más de una vez.
- Grande es la diferencia entre ocultarse del peligro y correr de cabeza a sus brazos. No puedes deshacer el mal que te causaron por tener dominio sobre tu cabeza, Sonomi - señaló Inuyasha en un tono más razonable del que yo había usado.
- Tienes razón, yo estoy más allá del arreglo - dijo, una desolación intermitente cruzo los rasgos que parecían de unos treinta años en vez de cuarenta y seis.
- Pero otras personas no. No puedo cambiar lo que soy, pero matar a ese yokai hace unos meses me mostró que al menos puedo usarlo para asegurarme de que otros no terminen de esta manera - prosiguió.
Es como escucharme a mí cuando era más joven, pensé con incredulidad. Durante mucho tiempo, odie lo que era y descargaba mi ignorancia y odio en otros yokais, pensando que sería equilibrar la balanza en contra de mi padre. Si no fuera por Inuyasha que me mostró que el mal era una decisión, no una especie, puede que aun estuviera atrapada en ese círculo vicioso de autodestrucción. Y esta fue la segunda vez en el día que había estado en el extremo receptor de los mismos argumentos obstinados que alguna vez había utilizado. Lancé una mirada rápida y suplicante hacia arriba. En cualquier momento en que desees suspender los reembolsos, Dios, sería genial.
- Podrías matar a cientos de yokais y oni deshonestos, pero aun así no hará que el dolor desaparezca - dije finalmente, mi sensación de déjà vu crecía mientras repetía algunas de las mismas cosas que Inuyasha me dijo en aquel entonces.
- Créeme, lo sé. Sólo aceptándote a ti mismo hará que el dolor disminuya, y eso significa aceptar incluso las partes que no te gustan o no elegiste. - Mi madre miró hacia otro lado, parpadeando con un repentino brillo rosado en sus ojos.
- ¿En serio? - Rodney me aceptaba. Mira a dónde lo llevó.
- Rodney no sólo te aceptaba, él te amaba - dijo Inuyasha en voz baja.
- De otro modo no habría muerto tratando de salvarte. - Ella se giró hasta que su espalda estuvo frente a nosotros, pero a pesar de que su columna estaba recta. Vi temblar sus hombros. Quería abrazarla, pero sabía que la simpatía sólo sería sal en la herida. Un abrazo no traería de vuelta al único hombre con el que ella había tenido una relación real.
- Voy detrás de cada sucio chupasangre que pueda - dijo después de un largo momento, aparentemente ajena al hecho de que se había ofendido así misma por lo de su comentario de sucio chupasangre.
- No tienes control sobre esto. Lo único que puedes controlar es si lo hago con el apoyo de tu antiguo equipo, si es que lo hago a través de su versión de formación básica, o por mi cuenta. - Cuando se dio la vuelta, su mirada estaba desprovista de color rosa y en su lugar se iluminó de rojo yokai.
- Incluso con su apoyo, probablemente aun conseguirás ser asesinada. No sabes lo peligroso que es. Por favor, no hagas esto - Dejé escapar un suspiro de pura frustración.
- Lo estoy haciendo - Su mandíbula apretó hasta que crujír.
- ¡Dios, eres tan terca como Don! - dije harta.
- Así de terca como alguien que conozco, también - murmuró Tate en voz baja.
- Cierra la boca, Tate - le espeté.
- Gatita - Inuyasha puso una mano sobre mi brazo.
- Algunas cosas no se pueden enseñar, sólo se aprenden. Pero hay una cuestión que podemos cambiar; detener a estos oni radicales. Si sus números crecen, cada yokai estará en peligro, incluyendo a tu madre - Las olas de calma parecían arrastrarse sobre mi subconsciente, calmando mis emociones retorcidas como un bálsamo aplicado en una quemadura.
Bien. Ese problema no me esperaría para que intentara hacer entrar en razón a mi obstinada familia sin sentido. Tenía que centrarme en las prioridades. En primer lugar: Detener la letal propaganda fascista en la comunidad oni que había dejado ya un rastro de cuerpos de yokais sin Maestro. Entonces podría continuar intentando hablar con mi madre y mi tío de sus deseos de muerte recién descubierta. Algo cínico en mí se preguntaba si los fanáticos oni podrían llegar a ser más fáciles.
- Ustedes chicos están en mi lista de mierda, tanto por ocultar esto y por ocultarme la condición general de Don, pero tenemos problemas mucho más grande. Ven conmigo para enseñarte lo que es velocidad. Mamá - Me quedé mirando a los miembros de mi antiguo equipo.
- Vamos a hablar más tarde. - Negué con la cabeza.
- Mucho más tarde. Tengo entrenamiento por las próximas horas - Ella rehízo su cabello oscuro en una tirante cola de caballo mientras se alejaba.
Don se sentó en la cama, había una máscara de oxígeno sobre la mesa junto a él. Por las débiles líneas alrededor de su rostro, la había tenido puesta antes de que entráramos. Le habría dicho que siguiera usándola, pero por supuesto, esa lógica sólo habría caído en oídos sordos. Cerré la puerta detrás de nosotros seis y luego procedí a explicar resumidamente la situación con los oni como la conocíamos.
- Como le dije a Kagome, necesitamos a uno de los nuestros en este grupo. Es lo suficientemente importante por lo que te pido a ti, Dave, que tomes una licencia de larga duración del equipo para infiltrarte con estos fanáticos. Nuestro país tiene suficientes problemas con los terroristas humanos. No podemos darnos el lujo de dejar que los no -muertos ganen poder. Los resultados podrían ser catastróficos. - declaró Don una vez que terminé.
- Eso es jodidamente cierto. Lo haré. - Dave se pasó una mano por el pelo.
Sabía que esa iba a ser su respuesta. Dave nunca rechazaba una misión peligrosa. Ni siquiera después de que había resultado muerto en una. Una satisfacción se dibujó en mi subconsciente por un instante antes de que se hubiese ido. Le di una mirada a Inuyasha, justo a tiempo para coger su sonrisa antes de que, también desapareciera. Entonces comprendí todo de golpe. Él había previsto esto todo el tiempo. Inuyasha sabía lo que Don haría si le hablaba de los Oni, y también sabía que lo habría rechazado si hubiera sido él quien sugiriera que Dave fuera el operativo encubierto. Maldición, ni siquiera me gustaba usar a Scratch y Ed como cebo, y acabábamos de conocerlos.
No era de extrañar que hubiese estado tan interesado en venir aquí cuando abordé el tema de dejarnos caer donde mi tío. Yo quería esperar hasta mañana, pero Inuyasha dijo que deberíamos ir de inmediato. Pensé que era sólo porque quería estar de regreso en Ohio rápidamente en caso de que Scratch y Ed se toparan con los Oni esta noche, pero había tenido otro plan completamente diferente.
- Tú y yo tendremos una charla más tarde - le dije en voz baja, medida. Arqueó una oscura ceja, pero Inuyasha no pretendió ignorancia en cuanto a lo que sería el tema.
- ¿Por qué eres el punto focal en la retórica de este ONI de nuevo, Kagome? - Preguntó Tate, su mirada añil parpadeando entre mí y Inuyasha.
- Creí que la paranoia de Goryomaru contigo había terminado cuando te convertiste en un yokai completo. - Me moví, incómoda. Este era un tema que esperaba evitar, pero si Dave estaba arriesgando su vida y mi viejo equipo estaba en desventaja por perder a uno de sus miembros en una misión extendida, merecían saberlo.
- Okey, tengo algo así, como una especie de desorden alimentario... - comencé antes de dar los detalles de mi dieta inusual y sus posteriores efectos secundarios. El silencio descendió sobre la sala. Mi tío se veía demasiado sorprendido como para toser incluso, mientras el resto de los chicos me miraban con diversos grados de asombro.
- ¡¿Comes yokais y absorbes sus poderes?! ¡Madre de Dios! - espetó Juan.
- Y pensaba que te habías ganado el premio al fenómeno como una mestiza, Comandante. Aunque supongo que él te mantiene bien alimentada. - murmuró Cooper. Luego lanzó una mirada a Inuyasha.
- Siempre tienes que hacer las cosas diferentes, Kagome. Supongo que esto no debería ser la excepción - Dave movió lentamente la cabeza. Tate aún no había hablado, pero su mirada me rastrillaba.
- Parece que no somos los únicos que mantuvieron secretos - dijo al fin.
- Eso ni siquiera es lo mismo - le contesté bruscamente.
- Por supuesto que no - dijo en un tono que gritaba mierda.
- Hemos estado manteniendo lo que causa mis habilidades en secreto porque no queríamos dar a Goryomaru otra herramienta para incitar paranoia - dije con exasperación.
- Bajo circunstancias normales, no creo que a nadie le importara si me alimentara de sangre no-muerta en lugar de humana, pero es evidente que algunos Oni no están pensando normalmente. ¿Por qué echar más leña al fuego? - El silencio encontró a esta pregunta, pero era más retórica por lo que no esperaba una respuesta.
- Ahora que todos conocemos el plan, Inuyasha y yo nos vamos. Tenemos que volver en caso de que nuestros espías yokais llamen, por no hablar de que dejé a mi gato en una cueva con sólo un fantasma para velar por él. - continué.
- No nos podemos ir aún - declaró Inuyasha.
- ¿Por qué? - Le lancé una mirada cautelosa. ¿Qué más tiene bajo la manga?
- Porque todavía tienes hambre, Gatita. - Su boca se curvó. Oh, cierto. En medio de todo lo que había sucedido en el último par de horas, me había olvidado de eso. Me aclaré la garganta, la incomodidad estableciéndose.
- Um, Juan, ¿Estarías dispuesto a…? - ¿Cuál era la etiqueta adecuada para preguntarle a un amigo si podía beber su sangre?
- Bebe de mí. Eso era lo que estabas a punto de preguntarle, ¿no? - me cortó Tate. Esmeralda tiñendo su mirada.
- No tú. Ya te lo dije antes, estoy perdiendo la paciencia contigo. - dije mientras Inuyasha se ponía rígido como una serpiente de cascabel lista para atacar.
- No me estoy ofreciendo por razones personales. Después de ver cómo te ibas con el Príncipe de las Tinieblas en lugar de mí cuando pensabas que Inuyasha te estaba engañado, por fin lo entendí. No me quieres y nunca lo harás. Ni siquiera si Inuyasha no estuviese en el cuadro. - Algo así como un resoplido se le escapó. Mis ojos se ampliaron aún cuando Inuyasha murmuró, "Pensé que nunca sangrientamente lo ibas a entender". Cooper y Juan fingieron de pronto ser sordos, pero mi tío le dio una mirada pensativa a Tate.
- Entonces, ¿Por qué quieres que Kagome tome tu sangre? - preguntó Don.
- - Tate cuadró los hombros. ―Porque yo soy el líder de este equipo, así que si la sangre de cualquier persona es derramada, será la mía.‖
La más extraña forma de nostalgia se apoderó de mí. Este era el Tate, que había roto mi fría reserva cuando por primera vez me uní al equipo hace varios años. Una persona fuerte que nunca dudaba en ponerse a sí mismo en la primera línea, ya sea por sus amigos o por su unidad. No la persona terca, cáustica que había intentado varias veces abrir una brecha entre Inuyasha y yo. La amistad que acababa de jurar estaba muerta entre nosotros dio un pequeño suspiro de vida.
- No voy a morderte. Una aguja y una bolsa, así es como vamos a hacerlo - establecí.
- Como quieras.- Tate se encogió de hombros.
- Anne, ¿Puedes traer en una jeringa, un catéter, y una bolsa vacía? - Don pulsó un botón.
La enfermera le respondió con una afirmación y trajo los elementos requeridos en dos minutos. Tate se puso la aguja él mismo, agitándole una mano a Anne, y pronto la bolsa de plástico comenzó a llenarse con líquido carmesí. Mi estómago soltó un ruido sordo que estaba segura de que cada persona en la habitación pudo oír, para mi vergüenza.
- ¿Vas a decirnos por qué no estás bebiendo de él? - preguntó Tate, señalando con la cabeza hacia Inuyasha.
- Él es demasiado fuerte. Estoy recibiendo más capacidades de las que puedo manejar - contesté, tratando de no mirar fijamente a la bolsa que estaba ahora medio llena.
- Y alguien como yo es agradable y débil. - Tate dejó escapar un resoplido. A pesar de que Tate se merecía recibir varios cortes por toda la mierda que había sacado los últimos dos años, no me atreví a echar sal en la herida.
- Tú no eres débil, eres sólo un yokai joven. Si tuvieras la edad de Inuyasha, estoy segura de que sería demasiado fuerte para beber de ti. - La diversión de Inuyasha revoloteó en mi subconsciente.
- PTI10, la lástima es peor, así que la próxima vez, no trates de levantarme el ánimo. - Levanté mis manos. Hombres. Era imposible razonar con ellos.
- ¿Cómo pretendes que Dave se ponga en contacto mientras esté de encubierto? - preguntó Inuyasha a Don, cambiando de tema.
- De la forma habitual. Reportándose cada vez que pueda hacerlo de forma segura. - Mi tío frunció el ceño.
- Demasiado arriesgado, eso. Su móvil puede ser monitoreado, sus mensajes de texto e e-mails copiados... necesita un método de comunicación del que los Oni no sospechen, mientras que él sigua ganándose su confianza. - declaró Inuyasha.
- ¿Y qué método es ese? - preguntó Don, escepticismo pesado en su voz.
- Correo fantasmagórico - La sonrisa de Inuyasha era astuta.
- ¡Por supuesto! Los otros Oni, si es que llegan a notar a Fabián, simplemente lo ignorarán. Además, Ohio está lleno de líneas Ley, por lo que se podrá viajar más rápidamente si hay problemas y Dave tiene que ser extraído. - exclamé, repentinamente sintiéndome mejor sobre las posibilidades de Dave.
- ¿El fantasma estará de acuerdo con todo esto? - Don se veía intrigado.
- Le preguntaremos, pero apuesto a que dirá que sí. - Mi estado de ánimo se alivianó aún más mientras consideraba esto.
- Fabián me dijo que por encima de todo, echa de menos sentirse útil. Ser incorpóreo limita un montón de cosas en las que puede participar, ¿sabes? - Fabián también extrañaba la compañía, que era la forma por la que había acabado conmigo y Inuyasha. La soledad no se limitaba a los vivos, después de todo.
- ¿Por qué no podemos simplemente enviar a Fabián a espiar a los Oni y reportarse, en lugar de enviar a Dave como infiltrado con Fabián como contacto? - preguntó Cooper. Apreté los labios. Por mucho que esa opción me atrajera por representar la menor cantidad de peligro, no era práctico.
- Los fantasmas son generalmente ignorados, pero para que Fabián recoja la misma cantidad de información que Dave podría haciéndose pasar por un nuevo recluta, tendría que ir a caballito con los Oni. Si suman dos y dos sobre que el mismo fantasma siempre está cerca, podrían alimentarnos con información errónea a través de él. - A veces hacer las cosas a la antigua es la mejor opción, incluso si eso significaba un riesgo mayor. Tate sacó la aguja de su brazo, y el pequeño orificio se curó antes de que me entregara la bolsa ahora llena.
- Hay alguien más que podría ser útil en esta operación. Un reportero independiente que sigue revelando información clasificada paranormal al público. - dijo lentamente.
- ¿Cómo puede un reportero ayudar a rastrear a un grupo de Oni fanáticos? Dudo que anuncien sus manifestaciones anti-yokais en el periódico. – pregunte.
- Este tipo tiene buenos instintos. - respondió Tate con un toque de severidad.
- Es tan bueno que ahora tenemos un empleado cuya única función es encontrar formas para desacreditarlo cada vez que su revista on-line Ugly Truth publica demasiadas cosas que el público no está preparado para saber. - No estaba convencida de que un reportero pudiera ayudar. Especialmente no uno que cargara Internet con sensible información sobrenatural, pero nada estaba más lejos de mí como para dejar cualquier piedra sin voltear.
- ¿Así que van a detener a este Morfeo moderno y hablar con él para que ayude a nuestra causa? - La boca Tate se curvó.
- No, Kagome. Tú lo harás, porque para empezar, pasa que está en Ohio. – se burlo.
Continuara…
