Vencidas
Miré a la estrecha carretera frente a nosotros, gruesos árboles en ambos lados dándole al área una sensación de estar aislada natural.
- De todos los lugares, supuse que él vendría aquí - murmuré.
- Si somos permitidos en la puerta, estaré sorprendida. - Inuyasha me dio una sonrisa inclinada mientras dirigía el coche desde la carretera al camino de grava. Una puerta abierta a un kilómetro por delante era el único indicador de que este camino llevaba a algo más que un callejón sin salida.
- Vamos a conseguir entrar. Confía en mí. - Una vez que pasamos la puerta tipo cadena, un gran almacén apareció a la vista.
Desde fuera, parecía abandonado, ventanas tapiadas, y sólo algunos restos de basura en el estacionamiento vacío. Si no tuviera oído sobrenatural, no habría escuchado la música flotando fuera de las paredes insonorizadas, pero fragmentos de canciones montaban en el viento mientras puertas invisibles se abrían. Inuyasha dio la vuelta por la parte de atrás. Una vez detrás del almacén, otra zona de estacionamiento apareció a la vista, está llena de coches. Debido a su clientela inusual, la verdadera entrada al club estaba aquí, la imagen decrépita del frente del almacén fue creada sólo para disuadir a los automovilistas que pasan por casualidad.
- ¿Por qué no simplemente pasamos el rato aquí hasta que salga del club? - le pregunté.
- Si vamos adentro, podríamos ser reconocidos. - Había dejado mi anillo de bodas en el hotel en el que nos registramos, pero no había teñido mi pelo o hecho cualquier otra cosa para disimular mi apariencia. Y la apariencia de Inuyasha significaba que se destacaría sin importar de qué color tuviera el pelo.
- Es mejor si nos reconocen. Sólo vamos a estar en Ohio unos días más, pero si somos vistos frecuentando pubs, hay menos posibilidades de los esos Oni vayan a pensar que estamos tras ellos. Esperarían que permaneciéramos ocultos si lo estuviéramos. - Se encogió de hombros. Tenía un punto. Yo había esperado que permaneciéramos ocultos, después de todo.
- Además. - Algo frío brillaba en los ojos de Inuyasha a pesar de que su voz seguía siendo ligera.
- Si piensan que no somos conscientes de cualquier peligro, algunos de ellos podrían ser lo suficientemente estúpidos como para tratar algo con nosotros. Sólo necesito mantener con vida a uno para comprobar que es Goryomaru quién está detrás de estos ataques. - Me moví en mi asiento.
Ponme en modo lucha directa y no tenía reparos en volverme letal, pero cuando se trataba de la clase de interrogatorios de los que Inuyasha estaba hablando, deseaba que hubiera una mejor manera. No la había, por supuesto. No cuando se trataba de los no-muertos, y si las cosas tenían que ponerse problemáticas para detener un levantamiento potencial de Oni... bueno, llámame Hannibal Lecter. Con escote. Unos faros brillaron en el espejo retrovisor mientras otro coche entraba en el estacionamiento. Tiny y Band-Aid mantendrían un ojo aquí fuera. Eso significaba que no habría ninguna emboscada sorpresa más tarde, cuando saliéramos del club, lo que hizo que me relajara.
Inuyasha estacionó el coche y yo salí, sacudiendo algunas motas de pelusa de mi falda color carbón. Era más apretada de lo que prefería, además de lo suficientemente baja como para exponer mi ombligo y varias pulgadas de mi estómago con mi top halter, pero el objetivo era verse más interesados en la diversión que en lucha. Las botas hasta la rodilla se podría esperar que contuvieran una hoja o dos, pero sólo una persona muy cuidadosa notaría la textura de mis tacones como algo más que madera. O los débiles contornos de mi espalda debajo de mi top como algo más que un sujetador sin tirantes.
Inuyasha también estaba vestido como si el entretenimiento fuera su única motivación. Su camiseta de manga larga estaba hecha completamente de malla negra, su piel de cristal estaba más expuesta de lo que estaba cubierta con el material. Pantalones de cuero colgaban bajos en sus caderas, apretados lo suficiente como para insinuar sus bienes, pero suficiente para no obstaculizar sus movimientos. El conjunto todo negro combinado con su pelo oscuro sólo hacía a su piel pálida aún más llamativa en comparación, atrayendo al ojo a la carne musculosa que esos cientos de pequeños agujeros revelaban. Captó mi persistente mirada donde el peep show de su piel terminaba y la parte delantera de sus pantalones empezaba… y me deslumbró con una sonrisa maliciosa.
- Mantén ese pensamiento, cariño. Con suerte, estaremos de vuelta en nuestra habitación de hotel entrando en el jacuzzi antes del amanecer. - Si hubiera sido todavía humana, podría haberme ruborizado.
La lógica decía que debería estar más allá de la etapa en que era obvio que estaba mentalmente desvistiendo y abusando sexualmente de mi propio marido. Ya no estábamos en el florecimiento de nuestra relación, después de todo. Pero cuando Inuyasha se acercó, sus oscuros ojos brillantes con toques de verde, se me puso la piel de gallina, como si se tratara de una primera cita. Entonces, todo en mí se tensó con la expectativa cuando estuvo de pie tan cerca como le era posible sin tocarnos, sólo su respiración golpeando mi piel mientras me hablaba cerca del oído.
- ¿Te he dicho lo hermosa que luces esta noche? - Una ola de calor se volcó en mi subconsciente, como si mis terminaciones nerviosas acababan de ser tocadas con la más cálida de las caricias.
Mis manos lentamente se convirtieron en puños mientras me resistía a la tentación de tocarlo, de disfrutar de la tensión que se construía entre nosotros. Sí, esto era diferente de la primera etapa vertiginosa de la atracción que había sentido por él, pero eso no disminuía su efecto en mí. En cambio, el deseo que sentía era más rico, más fuerte y mucho más embriagador cuando se combinaba con la posesión que tenía Inuyasha de mi corazón. Su aroma se hizo más profundo, esa mezcla de azúcar quemada y almizcle tentándome con la evidencia de que él sentía lo mismo que yo. Anoche, después de salir del recinto, había estado demasiado herida emocionalmente por la condición de Don y las nuevas aspiraciones mortales de mi madre para haber estado de un humor más amoroso.
Además, teníamos que informar a Fabián, cambiarlo de la cueva, y llevar al fantasma de vuelta con Dave en Tennessee antes de regresar a Ohio otra vez. Eso dejó poco tiempo para algo más que dormir algunas horas antes de dirigirnos a las actividades de esta noche. Ahora, sin embargo, deseaba que hubiéramos podido pasar una hora o más de vuelta en nuestra habitación de hotel antes de salir a este club. Su comentario acerca del jacuzzi hizo que algunas imágenes explícitas bailaran en mi mente. De cómo de devastador se vería Inuyasha con nada más que espuma – y luego con nada más que mi cuerpo. Otro pensamiento siguió su camino a mi mente. ¿Por qué esperar? El asiento trasero de nuestro coche estaba tan sólo unos metros de distancia…
- Sabes, además de tus habilidades para leer la mente, puede que haya absorbido algo de livido de tu sangre - le dije, dando a mi cabeza una pequeña sacudida. Tenía que ser. Yo normalmente no pensaría en follar en un estacionamiento cuando había un reportero que teníamos que enganchar en el interior y dos amigos no-muertos sólo una docena de metros de distancia.
- Sigue siendo mi corazón aunque no late. - Una risa suave me hizo cosquillas en el cuello, mientras que la caricia invisible de su aura se intensificaba.
El pecado en su tono, decía que estaría demasiado encantado con la idea de retrasar nuestra aparición dentro del club – y provocar ampollas en los oídos de Tiny y Band-Aid – ¿Debería sugerir la opción del asiento trasero? Di un paso atrás, decidiendo que era por el mejor interés de mi rápidamente menguante decoro no tocarlo hasta que estuviéramos a salvo dentro del club. Aunque las posibilidades acechaban allí, también…
- Vamos a, um, ir a buscar a nuestro amigo reportero - dije, las palabras tropezando mientras una brisa hizo que su aroma pasara sobre mí en un oleaje con el aire impregnado de fragancia lujuriosa.
No pude resistir dar una rápida mirada de anhelo al coche antes de que me diera una bofetada mental. ¡Saca tu mente fuera de la cuneta, Trampzilla! Gente que ver, malos Oni que detener, ¿te acuerdas? Inuyasha tomó un largo suspiro, por lo que me pregunté si el aire se tiñó también con mi excitación. Probablemente. El olor era el indicador más obvio del deseo de los yokais de lo que un hombre con una erección levantando una carpa en los pantalones era para los humanos.
- De acuerdo - dijo, la sola palabra con un toque de aspereza.
Luego replegó su aura, la energía invisible a su alrededor disminuyendo hasta que sólo el hormigueo leve de un yokai promedio se mantuvo. Al mismo tiempo, mi enlace con sus emociones cesó, tan abruptamente como un movil terminando una llamada. Sólo los yokais muy viejos o Maestros tenían la habilidad para camuflar sus niveles de potencia, lo que los hacía aún más peligrosos. Inuyasha podrían querer que finalmente se nos reconociera, pero parecía que íbamos a ir en bajo perfil para empezar. Caminamos hasta la entrada de Bite. La línea de humanos a la espera de entrar era menor de lo habitual, pero apunté que eso se debía a que era miércoles por la noche en lugar de un fin de semana. No esperamos en la parte posterior, nuestra falta de pulsos era lo mismo que estar en la lista VIP aquí.
- Quédense ahí. Shippo está molesto con ustedes dos. - Pero una vez que estuvimos lo suficientemente cerca para que la alta, y musculosa mujer gorila se fijara en nosotros, levantó una mano.
- Ahora, Trixie, no puede estar aún dolido por ese insignificante incidente - Inuyasha le dio a la yokai su sonrisa más encantadora.
- ¿Insignificante? ¡Ustedes demolieron el estacionamiento! - Su boca se abrió en incredulidad, mostrando sus incisivos chapados en oro.
- Por lo menos búscalo para que pueda decirnos que nos vayamos a la mierda el mismo, si eso es lo que siente al respecto - respondió Inuyasha, aun con esa sonrisa descarada. Trixie dejó escapar un ruido exasperado, pero gritó un comentario diciendo a alguien a quien no podía ver que fuera por el dueño. Después de unos momentos, un gran Oni pelirrojo apareció, con una expresión muy poco acogedora en su rostro.
- Tienes un montón de agallas para volver aquí… - Shippo comenzó.
- Vamos, compañero, eso no fue nuestra culpa y lo sabes. Podría haberle pasado a cualquiera, pero sólo estamos aquí ahora para beber y bailar un poco. - Inuyasha interrumpió, dándole una palmada en la espalda.
- No creas que porque hemos sido amigos desde hace ochenta años soy lo suficientemente estúpido como para creer eso. Este lugar está destinado a ser un tiempo-fuera para todas nuestras especies. Sin violencia en el establecimiento ¡Y el estacionamiento sigue siendo parte del establecimiento! - Si fuera posible, los rasgos del oni se volvieron más oscuros.
- Siento mucho lo que pasó antes, pero ni siquiera doblaremos mal una pajilla en un trago esta vez - intervine, dándole a Shippo mi sonrisa más ganadora.
- De hecho. Por mi honor, compañero. - agregó Inuyasha, su propia sonrisa ampliándose. -
- Y tu tarjeta de crédito, si algo sólo resulta dañado siquiera. Muy bien. Entren, pero no me hagan lamentarlo. - disparó Shippo de vuelta antes de soltar un gruñido.
A primera vista, incluso la gente que no podía sentir las vibraciones que los clientes no-muertos despedían podrían adivinar que Bite no era un club típico. Por un lado, las explosiones al azar de las luces en el techo eran mucho más moderadas que en un club normal, además el interior era más oscuro de lo que las directrices legales permitían. La música tampoco era dolorosamente fuerte para mis oídos, otra concesión para los agudizados sentidos que yokais y Oni tenían.
Pero la diferencia más notable era que la barra no era el único lugar donde los clientes podían pedir bebidas. En cabinas, en la pista de baile, e incluso en los rincones, las parejas se sostenían en abrazos que, tras una mirada más cercana, eran más depredadores que apasionados. El olor de la sangre le daba al aire un sabor débil, de cobre penetrante, probablemente cosquilleando las papilas gustativas de Inuyasha, pero sin hacer nada por la mías, porque era sangre humana, no de yokai.
- ¿Cuánto tiempo quieres esperar antes de que nos separemos? - murmuré a Inuyasha una vez que estuvimos lejos de Shippo. Si el dueño de Bite seguía observándonos, no podíamos dejar que sospechara si nos separábamos inmediatamente después de que habíamos hecho hincapié en que estábamos aquí sólo por la recreación.
- Vamos a empezar con un par de copas. Entonces, tal vez puedes ir a empolvar tu nariz y tomar el largo camino de regreso. Después de eso, voy a encontrar a alguien de quien tomar un trago, y voy a ser muy exigente con mi elección - respondió en un tono igualmente suave.
A mí me sonaba como un plan. Después de todo, ambos reconoceríamos al reportero de vista, si estuviera aquí. Deje a Inuyasha llevarme a la barra, contenta de que hasta el momento, sólo mis pensamientos sacudieran mi mente. Esperaba que con el alto porcentaje de clientes no-muertos en este club, no me sintiera tan abrumada si empezaba a recoger pensamientos perdidos como en el centro comercial. Supongo que habían beneficios en frecuentar lugares llenos de mi propia especie en lugar de tener sobre todo humanos a mí alrededor.
Mi propia especie. Qué extraño que me sintiera de esa manera ahora. Había pasado los primeros dieciséis años de mi vida sin saber de mi herencia mestiza, y luego, los próximos seis años odiando a los yokais hasta que conocí a Inuyasha. Ahora, a los veintinueve, era un yokai completo por menos de un año, pero casi no podía recordar cómo había sido pensar en mí misma como una humana. No me había sentido así desde que mi madre me dijo por qué era diferente de todos los demás.
- Gin and tonic, y whisky, solo - dijo Inuyasha al cantinero.
Por extraño que parezca, me hizo sonreír. Algunas cosas no cambian, después de todo. Estaba de regreso de mi tercer viaje al baño, pensando que mi nariz no podría estar menos brillante y me sentía alegre de que los baños públicos ya no fueran un mal necesario para mí, cuando un gritó me hizo volver la cabeza.
- ¡Déjenme ir! - Incluso por encima de la música y los otros ruidos, las palabras eran distinguibles.
Cambié de dirección y me dirigí hacia la fuente de ese grito, dándome cuenta que provenía de las cabinas en una esquina lejana en dónde me había encontrado la primera vez con Inuyasha. Un grupo de yokais estaban reunidos en círculo, de espaldas a mí. Tenían a alguien en medio de ellos, y por los sonidos, quienquiera que fuese no estaba feliz.
- ¡Quítenme las manos de encima! - llegó otro grito, demasiado estridente para saber si podría reconocer quién estaba hablando.
- Conocen las reglas. Llévenlo fuera del recinto - tronó el DJ. No parecía demasiado preocupado por lo que pasaría después de eso, me di cuenta. Llegué a los yokais justo cuando empujaban al hombre gritando fuera de mi línea de visión. Por el golpeteo frenético en el interior de su pecho, era humano.
- ¿Qué pasa, chicos? - Mi voz era casual y dejé mis manos lejos de la plata atada a mi espalda. Después de todo, había prometido a Shippo que no se rompería sus reglas en esta ocasión.
- No es asunto tuyo, Pelinegra. - Uno de los yokais me dio una mirada hostil.
Inuyasha llegó al lugar, obviamente después de haber oído la interrupción y mi participación en ella. Le sonrió al grupo de yokais, pero eso no fue lo que les hizo detenerse para darle toda su atención. Fue el poder que Inuyasha liberó cuando dejó caer su escudo y todo el peso de su aura explotó como un géiser, girando en el aire a su alrededor como corrientes invisibles.
- Creo que mi esposa les hizo una pregunta - señaló en un tono aparentemente ligero.
Fue muy poco feminista de mí, pero las expresiones de cautela que se asentaron en sus rostros hicieron que me mordiera las mejillas para no reír. Acaban de notar que tener a varios de sus amigos alrededor no significa que tengan la ventaja ¿eh, muchachos?
- El humano es un espía. Lo he visto venir antes aquí, hacer preguntas acerca de nuestra especie… ahora lo sorprendimos tomando fotografías. Sabes que no podemos permitir eso. - dijo el que me había respondido bruscamente a Inuyasha de una manera mucho más respetuosa.
Todavía no podía verle detrás de la pared de yokais, pero apostaba a que este era el reportero que estábamos buscando. Y tan pronto como se lo llevaran del recinto, estaría metido profundamente en la mierda. Yokais y Oni harían cualquier cosa para asegurar que todos, excepto unos pocos, y seleccionados humanos, estuviesen felizmente inconscientes de que compartían el planeta con criaturas que se suponían eran un mito.
- Déjamelo a mí. Voy a limpiar su mente y destruir todos sus artefactos. Sin daño, no hay castigo. - le dije, pensando rápido.
- Pero tengo hambre - protestó uno de ellos. Oh sí, el control de daños que ellos habían previsto era mucho más permanente.
- Mucha gente aquí sería feliz de ayudar con eso, pero de él no lo van a conseguir - dije, mis palabras suaves pero inflexibles. El aparente líder del grupo me ignoró mientras sacaba un cigarrillo, poniéndolo entre sus dientes.
- No hay necesidad de pelear. ¿Lo quieres? Negociaré - dijo a Inuyasha. Ya había pasado de mi diversión inicial sobre cómo estos yokais estaban tan centrados en Inuyasha que yo parecía ser invisible para ellos. Además, Inuyasha había dicho que sería mejor si fuéramos reconocidos. Bueno, dejemos que esto sirva como mi introducción.
- Tengo una idea. ¿Qué tal unas vencidas? El ganador se queda con el humano. - Eso llamo su atención hacia mí. Risas estallaron entre el grupo y la mirada del líder se convirtió en rosa con lágrimas de alegría.
- Tienes que estar bromeando - logró decir.
- No, en lo absoluto. - Le di una sonrisa dulce.
- No vas a dejarla hacer esto, ¿verdad? - Su mirada se desvió hacia Inuyasha.
- ¿Dejarla? Compañero, si crees que puedes controlar a una mujer, debes ser soltero… ¡y mil libras a que ella vence tu culo! - Inuyasha resopló.
- Podemos usar esta - continué, acercándome a una mesa alta que topaba contra la media pared que separaba la zona de cabinas de la pista de baile.
- Vamos. La luz de la luna está quemando. - Una pequeña multitud comenzó a formarse. No me fijé en ellos, reservando mi atención al líder mientras le arqueaba una ceja en invitación. Podría haber sugerido que saliéramos del recinto para esto. Subiendo la apuesta a una pelea en lugar de una simple prueba de fuerza, pero aunque no estaba a punto de ser despedido como un brazo de caramelo18, yo no estaba buscando hacer nuevos enemigos, tampoco.
El yokai entregó su cigarrillo a uno de sus amigos antes de acercarse. Se arremangó la manga derecha con una mirada de confianza a mi constitución promedio. Si estaba midiendo mi aura para conocer mi nivel de energía, no iba a encontrar nada intimidante allí, tampoco. Inuyasha me había dicho que esta sentía como de un yokai nuevo, lo que era en su mayor parte un disfraz como los latidos de mi corazón lo habían sido cuando era mitad humana.
En comparación, el yokai era casi tan alto como Inuyasha, pero con el pelo negro y corpulento, lo que hablaba de músculo grueso debajo de una capa de grasa bien compacta. Su apariencia no fue a lo que le presté más atención, sin embargo. Fue a su aura, resaltando en él como una gran cicatriz y él mismo acarreando su gran forma con gracia. No era un oponente imposible de vencer, pero tampoco uno con el que iba a usar la mitad de mi fuerza. Puse el codo sobre la mesa, sin necesidad de hacer ninguna preparación porque mi top no tenía mangas. A nuestro alrededor, se estaban haciendo apuestas. Me divirtió oír mis bajas probabilidades.
El yokai enroscó su mano en torno a la mía mientras ponía su brazo sobre la mesa, teniendo que inclinarse un poco debido a su mayor altura. Su apretón era firme, pero no extenuante, levantando mi opinión de él un poco. Un idiota hubiera apretado mis dedos en su puño tratando de demostrar un punto. Por el rabillo del ojo, vi el hombro de Shippo de camino hacia el frente donde habían más espectadores. Probablemente estaba deseando no habernos dejado entrar, después de todo.
- ¿A la cuenta de tres? - le sugerí al yokai.
- ¿Por qué no? - Ojos azules teñidos con esmeralda se reunieron con los míos.
Gritos de "¡Muéstrale de lo que estás hecho, Nitro!" y "¡Golpéala en su bonito culo!" sonó cuando empecé a contar, sin apartar los ojos de mi oponente. Tan pronto como la palabra tres salió de mis labios, el antes firme agarre se tensó y Nitro martilló su mano hacia abajo, yendo por una victoria rápida, con una explosión de fuerza sobrehumana.
Salvo que nuestros brazos se quedaron en la misma posición vertical. Los bíceps de Nitro se abultaron casi tanto como su mirada cuando sus esfuerzos no movieron mi brazo ni si quiera un centímetro. Le dediqué una sonrisa al sostener mi posición, contando mentalmente hasta diez antes de empezar bajar su brazo en un lento y constante arco. Después de todo, no quería avergonzarlo al estrellar su mano sobre la mesa antes de que se diera cuenta de lo que había pasado. No era culpa de Nitro que no tuviera idea que había nacido con una fuerza inusual, o que todavía tuviera algo del poder de Inuyasha por beber su sangre. Pobre yokai corpulento, no tenía ninguna posibilidad.
Murmullos se elevaron de la multitud, ahogando incluso la música mientras el brazo de Nitro se acercaba más a la mesa. Líneas se formaban en su cara y un gruñido áspero se le escapó mientras ponía más empeño en sostenerme. Dejé que levantara el brazo unos centímetros – el ego masculino era una cosa tan… frágil, después de todo – antes de enviarlo hacia abajo sobre la mesa con un golpe lo suficientemente fuerte para romper la Formica. Vamos a tener que pagar por eso antes de salir, pensé en medio del estallido de exclamaciones de sorpresa de los observadores que nos rodeaban. Nitro se quedó mirando su brazo con incredulidad. Luego su mirada volvió de nuevo a mí mientras desenredaba mi mano y sacudía el adormecimiento temporal. Él había ido realmente con todo aquellos últimos segundos.
- ¿Cómo diablos has llegado a ser tan fuerte? ¡No puedes tener más de un año de renacida! - exigió.
- Adivinaste. Va a ser un año este otoño, en realidad, pero te diré un secreto… He tenido fuerza de yokai desde mucho antes. - comenté.
- Cabello negro, hermosa, y ruda. Debes ser la Parca Negra. - Sus cejas se unieron en un ceño fruncido. Luego, cayó en cuenta y Nitro comenzó a reír.
- Llámame Kagome. - Le sonreí.
Luego le echó un vistazo a Inuyasha, elaborando la conexión obvia en cuanto a quién tenía que ser. Inuyasha no se dio cuenta, estaba muy ocupado recogiendo sus ganancias. Comentarios como "¡Ah, eso es espléndido" y "Mejor suerte la próxima vez, muchachos" venían de él. En el momento en que se acercó, tenía un grueso fajo de billetes en sus manos. La mayoría de los yokais eran lentos en seguir lo que ellos consideraban la "nueva" tendencia de tarjetas de crédito y aún llevaban dinero en efectivo.
- Había que dejarte a ti buscar una manera de hacer un beneficio de esto - señalé en diversión.
- La fortuna favorece a los audaces. - Su boca se curvó.
- Supongo que es hora de que pague, también. - Nitro negó con la cabeza cuando volvió a mirar hacia nosotros. Entonces se acercó a donde estaban sus amigos, tirando del reportero que estaba detrás de la pared de los yokais. Le dio un suave empujón, que sin embargo le hizo aterrizar en un montón desgarbado cerca de mis pies.
- Todo tuyo, Parca Negra - dijo arrastrando las palabras.
- Un placer hacer negocios contigo, Nitro. - Puse mi mano en mi frente en un saludo alegre.
- La próxima vez, lo sabré mejor antes de caer en tu pequeño e inocente acto femenino. - Eso me ganó una risa.
- No te sientas mal compañero. - respondió Inuyasha.
- Ella me engañó con lo mismo cuando nos conocimos, justo hasta que la vi matar a un yokai siete veces su edad. - Entonces Inuyasha se acercó al bar más cercano y golpeó el paquete de dinero en efectivo en el mismo.
- Las bebidas van por mí hasta que esto se acabe - anunció, despertando una ronda de aplausos.
Cogí su guiño a Shippo y el oni agitó irónicamente su cabeza. Probablemente no se acercaba a compensar el daño que habíamos causado la última vez que estuvimos aquí, pero era un comienzo. Con otra risa ahogada, Nitro y su grupo se alejaron para hacer sus órdenes de bebida. Alrededor de nosotros, los espectadores se desvanecieron cuando la gente volvió a bailar, beber o lo que fuera que habían estado haciendo antes de que todo esto comenzara. Miré al hombre que poco a poco se levantaba del piso, el pelo rubio revuelto de su lucha anterior. Síp, este era por el que habíamos venido.
- Hola, Timmie - dije en voz baja.
Levantó la cabeza, revelando un rostro con sombras en la mandíbula y líneas débiles alrededor de los ojos y boca. Se veía diferente del muchacho desgarbado que había sido mi vecino hacía siete años, cuando era una estudiante universitaria de día y cazadora de yokais por la noche. Además de la barba en su rostro, las líneas de risa y su cabello más largo, su cuerpo también se había llenado en un físico más musculoso. Envejecer se veía bien en él, reflexioné.
- ¿Cómo supiste…? - comenzó. Entonces su voz se apagó al mismo tiempo que sus ojos se abrieron más.
- ¿Kagome? ¡Kagome! ¡Sabía que no estabas muerta! - consiguió decir. Me miró de arriba abajo, cambiando su expresión sorprendida a una sonrisa que llenó su rostro.
Timmie continuó mirándome con una mezcla de alegría e incredulidad. Sonreí, feliz de ver indicios del joven que había sido mi amigo en medio de las diferencias con el hombre frente a mí. Cuando Tate me dijo que Timmie era el reportero problemático al que teníamos que recoger esta noche, había estado aturdida, pero alegre ante la idea de volver a verlo.
- No lo puedo creer - Timmie se maravilló.
- Te ves exactamente igual, excepto, eh, que no solías vestir así antes - añadió mientras desorbitaba los ojos ante mi atuendo. Entonces hizo el ademán de abrazarme, pero se detuvo cuando vio al hombre que daba zancadas hacia mi lado.
- ¡Tú! Dios, Kagome, ¿sigues con él? - Timmy estallo, perdiendo la sonrisa mientras palidecía. ""
- Síp. Me casé con él, también. - Ahogue una risa por la incredulidad en su voz.
- En efecto, luce despampanante, pero si continuas con esa línea de pensamiento, te castrare de verdad esta vez - Inuyasha le dio a Timmie una sonrisa que logró ser depredadora a pesar de que no mostró sus colmillos.
- Y-yo no… Quiero decir, yo no lo haría… - Las mejillas de Timmie enrojecieron.
- Espera un minuto. No te ves diferente tampoco, excepto por tu cabello oscuro ahora. Ninguno de los dos parece un día más viejo que la última vez que los vi - Entonces sus ojos se estrecharon.
El miedo emano de él al mirar hacia atrás y adelante entre mí y Inuyasha, juntando las piezas con lo que había aprendido acerca de este club. Lo vi más de cerca mientras esperaba. El Timmie que había conocido había sido de mente abierta y amable, aunque sea ignorante sobre los no-muertos como todos los demás. ¿Cuánto del que solía ser quedaba aún en la persona delante de mí? ¿El tiempo no solo había cambiado su apariencia, pudiera ser que su tolerancia, tambien?
- Estoy en lo cierto, ¿verdad? Algunas de estas personas. . . no son humanos. - preguntó al fin, en voz muy baja.
- No, no lo son - respondí en un tono firme.
Su rostro palideció aún más mientras miró alrededor, hacia la gente del bar más cercano. En apariencia, nada de ellos se veía distinto a los clientes que se reunían en cualquier otro bar, sobre todo porque Timmie no podía ver el puñado de fantasmas dando vueltas sobre el último asiento de la izquierda. Pero de vez en cuando, el brillo esmeralda de una mirada. O alguien moviéndose con una rapidez que Timmie subconscientemente registraba, incluso si sus ojos no podían. Por último cuadro los hombros mientras nos devolvía la mirada a Inuyasha y a mí.
-Ustedes dos no son humanos, tampoco. - una declaración, no una pregunta.
- No. No lo somos - dije suavemente.
- Esos tipos, los que me agarraron. . . ¿me iban a comer? - Sacudió la cabeza como si estuviera tratando de aclararla.
- Oh, sí. Definitivamente - No solía mentir sobre eso tampoco.
- Pero tú no lo harás. - Miró a Inuyasha. Inuyasha arqueó una ceja, como si se lo pensara.
- No, Timmie, no lo hará. Ninguno de los dos te hará daño - Le di un codazo mientras decía.
- Tim. Nadie me ha llamado Timmie en años. - respondió, luego me dio una sonrisa irónica.
- Claro. - Yo le devolví la sonrisa. Mantuvo esa sonrisa irónica.
- No - dijo Inuyasha.
- ¿No qué? - La sonrisa de Timmie-Tim se desvaneció. Mire a Inuyasha confundida.
- No a lo que está a punto de preguntarte. Ya le debes por salvarte de esos tíos. No le agradezcas pidiéndole otro gran favor. - respondió Inuyasha.
- Dios mío, ¿realmente puedes oír...? ¡Bueno, detenlo! - Tim coloco sus brazos alrededor de su cabeza. Inuyasha se echó a reír. Tenía que admitir que Timmie lucia divertido agarrándose la cabeza, pero no me uní a las risas de Inuyasha.
- Trata de envolverla con papel de aluminio la próxima vez, a ver si funciona mejor - le sugirió diabólicamente.
- Basta. Puede que hubiese estado tentada de hacerme lo mismo cuando supe que cierta gente podía espiar en mi cabeza - Le di una mirada aguda a Inuyasha, lamentando que no pudiera leer mi mente y escuchar mi reprimenda mental. Tim dejó sus brazos caer.
- No me importa lo que el diga, tienes que ayudarme - dijo de prisa.
- Eres duro, ¿no? Veamos si no puedo hacerte entender afuera - Inuyasha rodó los ojos y luego le dio una mirada a Tim que habría dejado a la mayoría mudos de terror. ¿Fuera del local, donde la violencia estaba permitida?
- Ni siquiera lo pienses - dije en advertencia.
- No es para eso - contestó, aunque su boca tembló de una manera que dijo que el pensamiento había cruzado su mente.
- Créeme, gatita, hubieras perdido tu tiempo salvándolo si los otros oyeran lo que él quiere preguntarte. - Eso no sonaba prometedor. Pero necesitaba a Timmie -maldita sea, ¡Tim!- para algo, también, así que me gustaría escuchar su solicitud. No garantizaba que estuviese de acuerdo con lo que quisiera, pero me gustaría escuchar.
- Está bien. Vamos a salir y hablar. Antes de ir, tengo que saber: Si la capacidad para leer la mente es real y hay otra cosa que me preguntaba si la ficción tiene razón acerca de que los yokais… - Timmie nos dio a Inuyasha y a mí una mirada especulativa.
- Pregúntame si brillo y te mato en donde estas - Inuyasha le interrumpió con mayor seriedad.
- No eso - La boca de Timmie se arqueó antes de que su expresión se volviera grave y, curiosamente, esperanzada.
- Cuando vuelvo a mi apartamento, ¿es cierto que, eh, los de tu tipo no pueden entrar? - Odiaba destruir su sentido de seguridad, pero creer eso sólo sería peligroso para él.
- Lo siento, eso es un mito. Los yokais no tienen que ser invitados para ir a cualquier lugar que quieran. - No mencione que ya habíamos estado en su departamento, averiguando de su compañero de habitación donde estaría Timmie esta noche. No es que el joven recordara a Inuyasha y a mi preguntándole una vez que le dimos algunos destellos de nuestra mirada, pero pensé que era más información de la que Timmie podía manejar en este momento. Se quedó en silencio.
- Mierda - dijo Timmie por fin, con sentido énfasis. Asentí. A veces, esa palabra resumía las cosas mejor de lo que yo jamás podría.
- Vamos, antes de que la gente empiece a preguntarse porque estamos hablando de tonterías - dijo Inuyasha, inclinando la cabeza hacia la puerta.
Caminamos por delante del atestado estacionamiento hacia un vacio. Estaba lo suficientemente lejos de la entrada real del Bite por lo que nadie debería ser capaz de escuchar, además de Tiny y Band-Aid, que todavía vigilaban en su coche. No podía oír sus pensamientos, pero el aroma de Timmie era una mezcla de emoción, miedo y determinación. Lo que sea que quería preguntar significaba mucho para él.
- Mira, si tu novia se desvaneció después de husmear en busca de pruebas acerca de los yokais, lo más probable es que esté muerta - Inuyasha dijo una vez que llegó a la puerta.
- Nadia no es mi novia, y no creo que esté muerta. No la conoces. Ella es mi mejor periodista independiente porque puede encantar a cualquiera para hacer lo que ella quiera. - Hice una mueca a su franqueza. Timmie también parecía agitado, pero luego levantó la barbilla.
- No me importa si era Helena de Troya y Scheherazade combinadas, evidentemente, alguien la cogió y no le agradó su espionaje. El hecho de que no haya regresado con su memoria borrada y un nuevo deseo de salir de la presentación de informes no presagia nada bueno para ella. - Inuyasha resopló.
Me estremecí de nuevo, pero Inuyasha probablemente tenía razón. Había una razón para que el mundo no supiera nada de los no muertos y eso se debía a que los yokais y demonios eran celosos de mantener su existencia en secreto. Algunos de ellos demasiado celosos, como los yokais que habían estado a punto de hacer de Timmie una merienda nocturna.
- Podemos echar un vistazo - le dije, dando a Inuyasha un ligero movimiento de cabeza cuando parecía que estaba a punto de objetar. Sí, teníamos un montón de asuntos urgentes, pero la expresión suplicante de Timmie me hizo incapaz de decir que no.
- Discretamente, por supuesto. - añadí.
- Empezaremos por preguntar a Shippo si recuerda haberla visto, luego mostraremos su foto a tu gente, Inuno, algunos de tus aliados. . . tal vez uno de ellos sabe dónde está. - No tenía muchas esperanzas de que Nadia estuviera viva, pero por lo menos de esta manera, Timmie podía sentir que no abandonaba a alguien que le importaba. Por el aspecto de su cara, el hecho de que Nadia no hubiese sido su novia no se debía a una falta de interés por parte de Timmie.
- ¿En serio? Gracias, Kagome - dijo. Luego Timmie me abrazo.
- No estoy prometiendo que podemos encontrarla, pero buscaremos - le dije, dándole un apretón de regreso.
- ¿No vas a amenazarme con destriparme por eso? - Timmie me dejó ir, torciendo una sonrisa a Inuyasha.
- No por el momento - Una ceja oscura se arqueo.
- Kagome, ¿qué ocurrió hace siete años? - preguntó Timmie.
- ¿Por qué las autoridades federales afirman que fuiste asesinada tratando de escapar después de ser arrestada por matar al gobernador y a toda tu familia? Sabía que era mentira. Tu nunca podrías matar a nadie. - Algo entre una carcajada y un gruñido escapó de Inuyasha. Me moví incómoda.
- Bueno, la parte acerca del asesinato del gobernador... es verdad, pero él se lo merecía totalmente. Estuvo involucrado en una mierda muy mala y mis abuelos fueron asesinados por su causa. Luego, esta unidad secreta del gobierno me reclutó para trabajar para ellos… - Aquí estaba esperando nunca tener que explicar a Timmie la razón detrás de mi apodo de Parca Negra.
- ¡Los hombres de negro! Sabía que existían. Esos perdedores han estado saboteando mis historias de lo paranormal por años - Timmie me interrumpió triunfante.
- Uh, sí, pero ¿por qué te sorprende eso? No podían solo sentarse mientras asustas como el infierno a la gente diciendo cosas que no están listos para escucha - Me detuve antes de voltear los ojos.
- No puedo creer que dijeras eso. El público tiene derecho a saber… - Timmie se erizo.
- Huevadas. Los gobiernos pueda que mientan a su pueblo por razones egoístas la mayor parte del tiempo, pero en esto están en lo cierto. ¿Piensas que no se desataría la histeria de las masas en todo el mundo si supieran que comparten este planeta con criaturas de sus cuentos de dormir? Una bomba nuclear causaría menos estragos - Inuyasha interrumpió secamente.
- Podríamos manejarlo - dijo Timmie, su barbilla sobresaliendo aún más.
- El día en que tu raza deje de matarse unos a otros por el color de la piel o a que Dios le reza alguien, podría creer eso. - Inuyasha dejó escapar un ruido burlón.
- Teniendo en cuenta lo que está pasando ahora con los yokais y oni, diría que los seres humanos no tienen el monopolio de la intolerancia letal. - Me aclaré la garganta, la actitud defensiva de mi primera especie aumento dentro de mí.
- Sí, pero han pasado 600 años desde que nuestra raza se enfrento en esos asuntos - murmuró Inuyasha.
- ¿En serio? ¿Qué ocurrió hace 600 años? - Timmie preguntó, haciéndose eco de la misma pregunta que me vino a la mente.
La expresión de Inuyasha se aclaro, convirtiéndose en inescrutable. Yo lo conocía lo suficientemente bien para saber que esa reacción significaba que se le había escapado algo que no pretendía, aun cuando no sabía cual era el gran problema. Seiscientos años era mucho tiempo. Lo que haya sucedido en aquel entonces no debería tener incidencia hoy en día en el potencial problema entre yokais y Oni… La premonición deslizó un camino frío por mi columna. En los últimos días, escuchar de mi madre y tío los mismos argumentos sin fundamento que alguna vez utilicé, me recordaron una y otra vez de cuando conocí a Inuyasha. Algo bromeó al borde de mi mente desde entonces. Un recuerdo olvidado sobre lo que Inuyasha dijo la segunda noche que nos conocimos, cuando creyó que otro yokai me envió tras él porque no podía creer que fuera una mestiza. "Supón que creo que eres la descendencia de una humana y un yokai. Casi desconocidos, pero regresaremos a eso..."
- Inuyasha, ¿qué pasó con el otro mestizo? Dijiste que los mestizos eran casi desconocidos, y Onigumo menciono a uno antes que yo ¿no? - Dejó escapar un silbido lento, algo que no haría si no estuviera molesto o excitado, y no se trataba de circunstancias excitantes.
- Gatita, ahora no es realmente tiempo… - intento evadir el tema, si aun pudiera habria enrojecido de la furia, ah no, no iba a dejarme fuera de esto.
- Mi culo - lo corté, endureciendo mi voz mientras mis sospechas se confirmaron.
- Habla. - Timmie nos dio una mirada interesada, pero no dijo nada. Inuyasha se pasó una mano por el pelo de una manera frustrada antes de encontrar mi mirada.
- Vamos a dar una vuelta. Necesitas llevar a tu amigo a casa de todos modos - Así que estaba siendo realmente cauteloso acerca de ser escuchado.
- Vamos, nuestro auto esta por este camino - No había forma de que condujéramos hacia el apartamento de Timmie y dejáramos antes de explicarle como era que necesitábamos su ayuda con los Oni. Di un corto asentimiento antes de llamar a Timmie.
- Traje el mío - comenzó, deteniéndose ante la mirada de Inuyasha le lanzo.
- Pero siempre puedo volver y recogerlo más tarde - termino Timmie sin convicción.
- Sabia elección. Después de ti, compañero. - comentó Inuyasha.
Continuara…
