Una vida normal
El Dr. Briefs rio por dentro y se fue sin darles la oportunidad de refutar su planificación ni, por supuesto, darle ningún número de teléfono a su hija. Todo el mundo pensaba que era un tipo de genio despistado. Todo el mundo excepto su mujer que sí sabía como era en realidad. La verdad era que ya estaba harto de tener la casa llena de atontados y tunantes que su hija parecía coleccionar como amigos, como quien recoge a un gato o a un perro abandonado.
Era casi imposible mantener una conversación mínimamente inteligente con la mayoría de ellos. Y los que quizás tuvieran algo interesante que decir, apenas hablaban, como el tal Piccolo o el mismo Vegeta al inicio. El anterior novio de su hija solo tenía dos temas, el deporte, el básquet más concretamente, y las mujeres, cuando su hija no estaba delante, claro está. Y ninguno de los dos le interesaba en absoluto. Además, cada vez que había habido una amenaza todos se habían puesto las pilas pero con él bien parecía que no iba la cosa.
En cambio, este alien tenía una disciplina y voluntad ejemplares. Se marcaba metas y no paraba hasta lograrlas. Era la determinación en persona. Su hija, al principio, le pidió que lo ayudara a suministrarle equipación para entrenar y tuvo sus dudas, pues había escuchado decir que, de hecho, había venido antes a destruir su planeta. Después, al pasar los días e irlo conociendo, descubrió que tenía un gran potencial. El muchacho entendía a la primera cualquiera de los planos, esquemas y cálculos que se encontraban expuestos. Y más de una vez, le había planteado observaciones u objeciones que a él se le habían pasado por alto. También comprobó que tenía una gran capacidad de cálculo mental. A menudo le daba soluciones a algunos con los que él necesitaba escribir y visualizar varías operaciones.
A su vez, el Dr. Briefs trataba de realizar mejoras en la equipación que les pedía y lo utilizaba como excusa para poder preguntarle más sobre su gente y su cultura. Costó un poco. Era un chico muy reservado y desconfiado. Pero había comprobado que también le gustaban los retos científicos, a pesar de disimularlo frente al resto. El Dr. creía que podía ser para evitar que nadie se le burlara. Era, quizás, uno de sus pocos defectos a ojos del hombre. No porque le faltara sentido del humor. Lo tenía y mucho, pero no al nivel del resto de la pandilla de Bulma.
Así que cuando su con su pequeña y el niñato del Yamcha rompieron, se alegró mucho. Y todavía se alegró más cuando descubrió que su plan había funcionado. El afrodisíaco que les había preparado para ellos solo, antes de empezar la fiesta, había funcionado perfectamente. Lástima que todavía no encontraba la forma de que se dieran cuenta de que eran ideales el uno para la otra. No, esta vez, quizás necesitaría la ayuda de su esposa.
Continuará...
