Hola chicos, una cosita antes de darles el capítulo ¿Qué paso? No he recibido comentarios desde que empecé este fic, ¿no les gusta? Sé que muchos de ustedes esperan la continuación de Dualidad Y Sentimientos, pero la verdad no he tenido ideas a causa de muchos (demasiados) eventos que he tenido en mi vida personal y familiar, todos uno detrás del otro, (si tienen sugerencias las escucho) y por eso me he dedicado más a las adaptaciones, ahora porfa si les gusta cómo va esta historia déjenme al menos un comentario, aunque sea con un emoji, no les pido más. Sin otro pendiente que solucionar, les deseo buen fin de semana y no publicare NADA más hasta que me den un comentario aquí.

Bye, Bye, mis tesoros

Otro mestizo

Estábamos a varias millas de distancia, desplazándonos por la Interestatal 70 con la usual indiferencia de Inuyasha por el límite de velocidad, antes de que hablara nuevamente.

- Una vez en el pasado, en mil cuatrocientos, una mujer era extensamente conocida por ser medio yokai. Pudo haber habido otros en la historia, pero consiguieron permanecer anónimos. Ella no. Su nombre era Jeanne d'Arc, pero ustedes la conocen como Juana de Arco. - Por un segundo, pensé que Inuyasha estaba bromeado, aunque él no era del tipo que hacia bromas tontas. Entonces esa misma parte aturdida de mi cerebro se dio cuenta que él miraba al frente hacia la carretera con una seria expresión mortal, así que esto no era una broma.

- ¿Juana de Arco? - repetí.

- ¿Santa Juana? ¿Ella es la única mestiza conocida? - Hablando de dejar la vara alta.

- Esto fue antes de que yo naciera, pero repetiré la historia como Inuno me la contó. En su época, Juana era bien conocida por los humanos por sus habilidades de batalla y convicciones religiosas. Para los yokais, ella era también conocida como una mestiza después de que uno viera sus actos en el campo de batalla. Goryomaru aprovechó su inusual estatus para sembrar las semillas de la rebelión entre los Oni de Europa. El afirmaba que Juana podría ser la más poderosa criatura no muerta en el mundo si sus habilidades yokai eran combinadas con las de un ONI, y así, Juana uniría a todos los yokais contra los Oni. – comenzó a explicar.

- En otras palabras, la misma mierda que ha soltado sobre mí. No creo que ella tuviera la intención de hacer nada de eso, tampoco. - Mi sorpresa inicial desapareció bajo una capa de rabia.

- Goryomaru no tenía ni la más minina prueba en esa época, y ninguna ha sido encontrada desde entonces, pero sin embargo estaban aquellos suficientemente temerosos o crédulos para ser influenciados. Los Oni comenzaron a retirarse de la sociedad de los no muertos, atacando a yokais sin maestros. Después atacaron abiertamente pequeñas líneas de yokais, cargándose a los más débiles y menos conectados primero. Comenzaron a circular los rumores de que estaban acumulando un ejército para un ataque a gran escala contra todos los yokais. Un enfrentamiento entre especies parecía inevitable, pero una vez que Juana fue ejecutada por la Iglesia, se negoció una tregua entre los yokais y los Oni. Goryomaru ha estado relativamente tranquilo desde entonces…hasta recientemente. - Claro, cuando apareció otra mestiza para que él la use como chivo expiatorio para sus tendencias genocidas. Y ahora el mismo escenario parecía estar sucediendo de nuevo con los recientes ataques a los yokais sin Maestro.

- No fue solo la Iglesia la que se aseguró que Juana fuera quemada en la estaca, ¿cierto? - Timmie abrió la boca de una manera casi cómica, pero yo solo sentí rabia atravesándome.

- No, amor. Incluso después de su muerte, algunos de los Oni de Goryomaru todavía le temían. Removieron sus huesos y los convirtieron en polvo para asegurarse que Juana no pudiera ser revivida. - Inuyasha cerró sus ojos brevemente.

- Y los yokais dejaron que ardiera. Fue el cordero de sacrificio, su muerte el precio por su tregua. - dije. Mi voz se elevó.

- Sí y no. Se le ofreció a Juana la posibilidad de convertirse completamente en yokai en vez de enfrentar la estaca. Escogió morir. - Su mirada era tan oscura e insondable que casi me sentí tragada por esos orbes dorados.

El más extraño tipo de pena serpenteó a través de mí. Aunque Juana hubiese muerto siglos antes que yo naciera, una pequeña parte de mí aun así sentía como si hubiese perdido una amiga. Ella era la única otra persona que había sabido lo que era vivir como yo lo había hecho… sin encajar ni en el mundo humano ni el de los yokais. Había sido castigada por su singularidad no deseada como yo, también, pero incluso si hubiese escogido el vampirismo sobre la muerte, la persecución de Juana por Goryomaru podría no haber terminado. No todos los mestizos que cambiaban terminaban tan extraños como yo. Era tan yokai como podía, pero por mis rarezas, el líder ONI estaba tratando de usarme como astillas para los fuegos de guerra.

En ese momento tomé la decisión de matar a Goryomaru. No habíamos querido hacerlo para evitar fortalecer su causa al convertirlo en un mártir, pero incluso si tenía que hacerlo parecer un espantoso y doloroso accidente, ese Oni iba a morir. No era suficiente detenerlo o desacreditarlo. El simplemente esperaría hasta que otro mestizo apareciera en la historia y después usaría a esa persona como un niño símbolo para conseguir apoyo comprado con miedo en otra búsqueda de poder. No permitiría que sucediera eso.

- Con razón estás tan nervioso por que Goryomaru esté detrás de estos recientes ataques. Y debiste haberme dicho todo esto antes. - dije tranquilamente.

- ¿Ese fenómeno aún está vivo? - soltó Timmie, sonando horrorizado.

- Iba a decírtelo, Gatita. Aunque admito una gran aversión por el tema, como puedes imaginar. - Su boca se torció.

Ciertamente podía. Me permitía saber cuan altas eran las apuestas si Goryomaru había vuelto a sus viejos trucos… y todo apuntaba a que ese era el caso. Si no lo deteníamos antes que las cosas alcanzaran un punto de inflexión, la nación yokai podría simplemente ofrecerle a Goryomaru el mismo trato que había evitado la guerra la última vez: la vida de la mestiza.

O en mi caso, la vida de la anormal yokai en su mayor parte muerta con el ocasional latido de corazón y ciertamente rara dieta. No me habrían dado otra alternativa como a Juana, considerando que ya había cambiado. Si la nación yokai hacia ese trato, el mundo no sería suficientemente grande para que me escondiera. No cuando el noventa y cinco por cierto de todos los yokais estuviera gritando repentinamente por mi cabeza para prevenir un conflicto general entre especies.

E Inuyasha moriría defendiéndome de los de su clase, sin importar que nuestra situación fuera imposible. Sabía eso, porque haría lo mismo por él. Ahora su crueldad con Ed, Scratch e incluso Dave, al cual Inuyasha consideraba un amigo, tenía mucho más sentido. Detener a Goryomaru de que instigara una guerra entre especies no era suficientemente bueno. Teníamos que detenerlo antes de las cosas incluso se acercaran demasiado a ese punto. Si no, estaba tostada, e Inuyasha junto a mí.

- Bien, entonces. Tendremos que trabajar más rápido, ¿no es así? - Mi voz era muy calmada.

- ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? - La situación era tan seria que me sacaba de mi frescura usual.

- Estoy tan contenta de que hayas preguntado. - La voz de Timmie era un graznido ronco, pero me giré hacia él con una sonrisa agradecida, aunque de alguna manera forzada.

Las luces de la ciudad se filtraban borrosas mientras Inuyasha pasaba zumbando por la carretera. Tenía mis brazos alrededor de su cintura más por comodidad que por temor a caer de la motocicleta. Aunque ya no tenía miedo de andar en ellas (estar muerta tiende a curar un montón de fobias) todavía no creía que pudiera tomarles cariño como Inuyasha lo hacía. Además, no me atraparías andando sin casco como él lo hacía. No con todos los insectos que se juntaban en el calurosos aire de verano. Asqueroso.

Habíamos pasado los últimos diez días parrandeando inútilmente, esperando a ver parecido tan ignorantes y relajados que algunos Oni agitadores no serían capaces de resistir atacarnos. No tuvimos tanta suerte, como resultó ser. Ed y Scratch no habían visto a ninguno de esos Oni recientemente, tampoco. Timmie, quien había estado de acuerdo en ayudarnos, tampoco había encontrado ninguna pista prometedora a través de sus fuentes. Dave, rondando los lugares que Ed y Scratch habían dicho que frecuentaban los Oni, había igualmente fallado mientras se hacía pasar por un oni buscando un grupo de intolerantes para pasar el tiempo. Hasta el momento, la puntuación era Goryomaru, uno; nosotros, cero.

Mi parte lógica sabía que podíamos esperar esto. Que Goryomaru era demasiado inteligente para ser engañado tan fácilmente, pero aun así me sentía frustrada. Cada día que pasaba persiguiendo los esbirros de ese extremista era un día menos que tenía para convencer a mi tío y madre de no hacer el equivalente de ‗ir a toda velocidad a la muerte', como ambos parecían determinados a hacer. Por una vez, ¿no podían ser más complacientes los chicos malos?

Obviamente no, así que era tiempo de cambiar de tácticas. Quizás mi presencia y la de Inuyasha en Ohio habían hecho que los Oni de Goryomaru se movieran a otra ciudad. Tal vez estaban esperando para atacarnos cuando tuvieran más efectivos. ¿Quién sabia? Todo lo que era aparente era que nuestra actual estrategia no estaba funcionando, y no teníamos tiempo para esperar y ver si otros diez días de la misma actividad producirían mejores resultados.

Había tenido una idea para un potencial Plan B: pasearme en público varias veces sin Inuyasha. Inuno siempre podría reclamar necesitar a su cogobernante para algún inventado negocio urgente de manera que Inuyasha tendría una excusa para no estar ahí. Sin embargo Inuyasha se había rehusado de plano hacerlo. Demasiado peligroso, había dicho, y era dejar el tema, o hacer lo que había jurado nunca hacer nuevamente—ir a sus espaldas y tomar el riesgo de cualquier manera.

Ese había sido mi modus operandi varias veces en el pasado, pero sin importar como pareciera ser la única manera de manejar las cosas en ese momento, siempre me había salido el tiro por la culata. Estaba determinada a mostrar que había aprendido de mis errores, pero mi parte rebelde sabía que si no fuese su esposa, Inuyasha habría estado de acuerdo en que usarme como carnada era nuestra mejor opción. Aun así, habíamos prometido pelear nuestras batallas juntas en vez de uno de nosotros—generalmente yo—saliendo pitando a la lucha dejando a la otra persona al margen, y pretendía cumplir esa promesa.

Detener a los chicos malos sería difícil, aunque a veces, el trabajo de tener una relación entre dos personas tercas parecía una igualmente desafiante meta. Por supuesto, si Inuyasha tuviera una personalidad dócil y pudiera convencerlo de hacer cualquier cosa, no lo amaría como lo hago. La misma implacable determinación que me frustraba ahora era lo que me había atraído de Inuyasha en primer lugar. Él había dicho casi lo mismo sobre mí una vez. Supongo que ambos éramos masoquistas en adición a ser testarudos.

Salí de mis reflexiones cuando Inuyasha salió de la autopista. Con lo rápido que conducía, no nos había tomado mucho llegar a los suburbios de Chicago donde Inuno se estaba quedando para que su novia pudiera estar cerca de su familia. Aún era extraño pensar que el Mega Maestro yokai tuviera una relación, pero Inuno estaba perdidamente enamorado de Izayoi. Parecía ser una persona agradable, también, en vez de una perra homicida como su anterior esposa. De otra manera, el mundo debería temer. Cuando Inuno se enamoraba de una mujer, se enamoraba locamente. Si Izayoi pedía su propio continente como regalo de cumpleaños, Inuno conquistaría uno para ella antes de que soplara las velas.

Después de pasar por algunos ventosos caminos y anunciarnos ante la cámara de seguridad en el portón, nos detuvimos en frente del hogar de Inuno. La casa de tres pisos era mucho menos grande que sus otras residencias, siendo capaz de alojar a sólo quince en vez de cincuenta. Pero otra vez, esta residencia reducida era debida a la influencia de Izayoi.

- Esto no es una casa; es un hotel - había comentado ella acerca del lugar que Inuno había escogido inicialmente, y el antiguo faraón consintió en vivir en algún lugar más pequeño sin una sola palabra de protesta.

- ¿Ya lo ves? Él nunca discute con ella. ¿No es dulce? - le susurre a Inuyasha, dándole un codazo con una sonrisa.

- Sigue soñando, mocosa. - Un bufido precedió su respuesta.

Inuyasha estacionó la Ducati justo cuando se abría la puerta del frente y Gorgon, una versión Nórdica de Alfred para el Batman de Inuno, salía. Me saqué el casco, sacándome los audífonos de mi iPod al mismo tiempo—oye, no tenía que tomarle atención al tráfico como pasajera—solo para tener algo más que el último CD de Norah Jones asaltándome mis oídos. Los rasgos de Gorgon estaban perfectamente compuestos, como si no hubiera una sinfonía de gemidos y gruñidos llegando desde una de las habitaciones superiores de la casa tras él.

- Inuyasha, Kagome. Inuno está retenido lamentablemente por el momento, pero por favor, entren. - Era sólo mi nuevo control yokai el que me permitía mantener un rostro serio, pero Inuyasha simplemente se rió.

- Claramente no tiene su habitación a prueba de sonido todavía, así que estamos al tanto de que no está lamentando su "retención" en absoluto. - Un sonido estrepitoso seguido de un prolongado chillido femenino me hizo mirar hacia arriba desconcertada. ¿Qué le estaba haciendo? Gorgon parpadeó incluso mientras la risa de Inuyasha se volvía perversa.

- No lo sé, pero me aseguraré de preguntarle después. - Ups. Debo haber dicho eso en voz alta. Me aclaré la garganta, luchando nuevamente por parecer indiferente, a pesar de lo que todos aun podíamos escuchar en detalle gráfico.

- En, que encantadores jardines traseros. Creo que no tuvimos oportunidad de verlos la última vez que estuvimos aquí, Inuyasha. - tartamudee.

- Volveremos alrededor de una hora - le dijo a Gorgon, elevando su voz para que más que el rubio yokai pudiera oírlo.

De los continuos ruidos arriba, dudaba que Inuno recibiera el mensaje, pero no me quedé lo suficiente para averiguarlo. Caminé hacia el prado detrás de la casa, volviendo a ponerme los audífonos de mi iPod. Con mi ritmo y unos cuantos clics del volumen, pronto no podía oír nada salvo a Norah cantando suavemente sobre sangre joven y fantasmas yendo a casa. Mucho mejor que escuchar al cogobernante de Inuyasha y su novia haciendo sus cosas raras.

Inuyasha me alcanzó en unas cuantas zancadas largas, sin decir una palabra, aunque sus labios crispados decían todo sobre como lo divertía mi incomodidad. Nada lo avergonzaba a él, por supuesto. Trabajar como un gigoló para las adineradas, aburridas esposas de Londres había matado cualquier vergüenza en él mucho antes de que convertir matara su humanidad. Esta no era la primera vez que había oído por casualidad a gente teniendo sexo, debido a la audición supernatural desde que era una niña. Pero este era Inuno, el solemne yokai algo terrorífico cuyos extensos poderes me ponían nerviosa desde la primera vez que lo conocí. Así que esto era otra cosa de totalmente extraño, escucharlo reír y gritar como, bueno, una persona normal.

- Al menos estará de buen humor cuando hablemos finalmente con él - le dije a Inuyasha sin sacarme los audífonos.

Me tiró hacia él en respuesta, su boca cubriendo la mía antes de que pudiera siquiera formular una palabra. Un largo, hambriento beso pareció encender llamaradas a lo largo de mis terminaciones nerviosas mientras su lengua acariciaba la mía con profundos ataques y tentadores movimientos. La lujuria llenó mis sentidos desde mi conexión a él y mi propia respuesta, un golpe doble a mis emociones que me hicieron arquearme contra él a pesar de mi sorpresa.

- Nosotros estaremos de buen humor, también - murmuró después de sacarme los audífonos, después comenzó a abrir mis pantalones mientras su boca quemaba un sensual camino por mi cuello.

- No puedes ir en serio. Alguien podría ver. - Mi cabeza cayó hacia atrás incluso mientras farfullaba una protesta.

La casa estaba a cerca de cien yardas de distancia desde donde estábamos parados. Seguro, estaba oscuro y el pasto a nuestro alrededor era alto, ¡pero no tan alto! Cualquier no muerto mirando esta dirección sería capaz de ver lo que estábamos haciendo, sin mencionar que serían capaces de oírnos.

- Por supuesto que voy en serio. ¿Por qué piensas que dije que volveríamos en una hora? - La risa de Inuyasha era oscura y decadente.

Su boca se deslizó hacia la mía nuevamente, besándome con incluso más pasión mientras me bajaba los pantalones lo suficiente para meter la mano dentro. Solo tomó unas cuantas caricias de esos expertos, hábiles dedos para que me olvidara de nuestros alrededores y me hundiera en el piso con él, tirando de sus pantalones con una impaciencia que bordaba en la urgencia. De cualquier manera no había querido ver los jardines. Una hora y media después, me senté en el sofá de la sala, acariciando al Mastiff que creía que pertenecía a mi regazo en vez de a mis pies. Si el perro pesara cincuenta libras menos, lo dejaría allí, pero era más grande que yo.

Izayoi entro en la sala luego de algunos minutos, con su cabello color ámbar aun mojado probablemente debido a un baño apresurado. Como nuevo yokai, no se ruborizó por lo que obviamente les había impedido saludarnos la primera vez que llegamos, pero se mostró casi efusiva al ofrecerse a traernos algo de beber. Inuyasha tomo un Whiskey pero yo decline su invitación muy educadamente escondiendo una sonrisa. Era bueno saber que no era la única que carecía de una actitud despreocupada, que muchos yokais parecían tener respecto a sus actividades sexuales.

- Inuno bajará enseguida - dijo Izayoi por segunda vez, metiendo un hilo de cabello detrás de sus orejas mientras alzaba la vista hacia las escaleras.

- ¿Cómo va el entrenamiento de Enforcer? - le pregunté. Ella sonrió alegremente. El proceso que eventualmente la convertiría en la versión Yokai de un policía era el tema favorito de Izayoi.

- Bien - Entonces rió.

- Pienso que iría mejor si Inuno dejara de lanzar personas a través del cuarto con el pensamiento cada vez que me golpean demasiado fuerte. Él dice que es un desliz accidental de sus poderes, pero tendré que excluirlo de mis prácticas de combate, o nunca pasare la primera etapa. - Esos pobres bastardos tienen suerte de tener aun sus cabezas, pensé, incluso mientras le devolvía la sonrisa. Inuno golpeándolos alrededor del cuarto era casi una palmadita amorosa comparado con lo que haría si realmente creyera que Izayoi estaba siendo maltratada en exceso por sus entrenadores.

- Inuyasha, Kagome. Mis disculpas por hacerlos esperar. - Inuno entró en la habitación con su cabello plateado húmedo.

Tenía puesto una prenda de vestir larga y blanca que en una mujer "yo" llamaría vestido sin forma, pero que en cierta forma, en el lucia como una prenda masculina usada en tiempos de esparcimiento. Se las arregló para sonar sincero respecto a lo de hacernos esperar, aunque yo sabía que no estaba en absoluto apenado. No era que me importara. De hecho, estaba muy feliz por su reciente retraso, teniendo en cuenta en lo que había terminado.

- Grand sire. - Inuyasha se levantó, dándole a Inuno un gran abrazo de saludo.

Yo también lo hice, aunque con menos afecto que mi esposo. Los hechos recientes habían hecho que Inuyasha perdonara los pecados de omisión de Inuno referente a mi pasado, pero yo no había podido superar todo mi rencor contra él. Aunque siendo honesta, había que admitir que incluso si lo hiciera, Inuno todavía me intimidaría un poco. A pesar de que Inuyasha lo había llamado "Abuelo2 porque Inuno cambio al yokai que más tarde convirtió a Inuyasha. Con apariencia sensata, Inuno lucia como si estuviera a principios de los veinte. Sin embargo, las apariencias engañan. Inuno había vivido más que la mayoría de las civilizaciones existentes, y sus habilidades eran verdaderamente escalofriantes. Yo debería saberlo; había absorbido brevemente algo de esas habilidades después de beber su sangre para ayudar a mis amigos en una pelea. Eso me dejo fuera de combate por una semana, mi cuerpo se tostó debido a una sobrecarga de energía. Así que cierta cautela con Inuno no era muy irracional, en mi opinión.

- Por favor, tomen asiento. - Inuno hizo una señal hacia el sillón que recientemente habíamos dejado libre, interpretando el papel de amable anfitrión. El perro se escabullo más cerca tan pronto como me senté una vez más, poniendo su cabeza en mi regazo logrando un mejor acceso para rascarlo. Inuno tomo asiento junto a Izayoi, arrastrando su mano sobre su hombro antes de devolver su atención hacia nosotros.

- ¿Asumo que están acá porque tienen nueva información acerca de Goryomaru? - Una parte de mí se divertía con la forma seria y adecuada en la que todos lucíamos justo ahora, sentados al borde nuestros sillones contrarios con expresión sobria. Simplemente un grupo de yokais discutiendo una situación sobrenatural peligrosa con toda la solemne y horrible dignidad del caso, a pesar de las recientes indulgencias sexuales.

- La única novedad, es que no hay nada nuevo. Estamos de camino a Nueva Orleans para hablar con Midoriko. Con suerte, podremos convencerla de que Goryomaru es una amenaza tanto para los miembros racionales de la nación de los Oni como lo es para nosotros - Inuyasha gruñó, tomando un gran trago de whisky antes de continuar.

- Midoriko Laveau realmente sería una aliada poderosa para aquel que pueda influir su lealtad. - Inuno asintió pensativamente.

Esa era una subestimación. La Reina del voodoo no solo era la jefe de una larga línea de Oni; también gobernaba una ciudad entera, una hazaña que ninguna otra persona no viva que yo conociera había realizado. Por consiguiente, el pensamiento de cualquiera "influyendo" su lealtad me hizo soltar un bufido.

- La principal lealtad de Midoriko es para ella misma, y si yo fuese una mujer de apuestas, habría dicho que ella ya tomo una decisión respecto a respaldar o no a Goryomaru. Nuestra única oportunidad es el hecho de que la guerra sería mala para todos los involucrados, no solo para los yokais. Si Midoriko no insistiera siempre en las reuniones cara-a-cara, podríamos ahorrar tiempo preguntándole por teléfono. O enviándole un mensaje. - La potencial imagen mental de recibir un mensaje de texto de Midoriko diciendo ¡I Kill U! me hizo reír. Midoriko no desmenuza las palabras una vez que determinaba un curso de acción, así que no pondría nada más.

- Olvídalo. Es simplemente mi retorcido sentido del humor. Entonces, Inuno. ¿Debo suponer que no has tenido visiones recientes acerca de donde está la base de operaciones de Goryomaru, no? ¿O si azotara a los demonios en el mismo frenesí histérico de la última vez? - Inuyasha me dio una mirada inquisitiva, pero yo moví una mano.

- No lo presiones. Aun se siente culpable por no poder ver nada al respecto. - El abrió la boca, pero Izayoi se le adelanto, con su aura chispeante y sus ojos destellando verde.

Me trague la risa que se alzaba en mi garganta, sintiendo una onda de diversión similar arrastrándose sobre Inuyasha a pesar de que nada había cambiado en su expresión. Los pelos de punta de Izayoi en actitud protectora por un yokai que podría matarnos a todos sin siquiera levantarse de su silla era demasiado gracioso. Mientras que la acusadora mirada de Inuno nos golpeaba antes de murmurarle algo relajante a ella, obviamente recogiendo algo del humor de Inuyasha a través de la conexión poderosa que compartían, si no es que la mía también.

- Tienes razón, Izayoi. Perdóname, Inuno. Um, de cualquier forma, queríamos darles el dato acerca de a dónde nos dirigimos y por qué. Ya saben, en caso de que nunca más escuchen noticias. - dije, logrando que mi voz sonara arrepentida a pesar del dolor de mis costillas debido a la supresión de la risa.

Dije la última parte en tono de broma, pero la triste realidad era que aquello era verdad. Midoriko Laveau prometía un paso seguro desde y hasta cualquier reunión con ella, pero siendo la reina de los ONI de Nueva Orleans, estas circunstancias con Goryomaru cambiaban un poco las cosas. Ella podría decidir qué lo mejor para su especie era retractarse de su palabra solo por esta vez y hacer que nuestro viaje a la Big Easy24 un viaje de ida… definitivo.

- Iremos con ustedes - declaro Inuno.

- No - respondió Inuyasha suavemente.

- Se quedaran aquí protegiendo la línea en caso de que algo suceda. De esa forma nuestra gente seguirá estando segura. - Una débil sonrisa fantasmal cruzo por los labios de Inuno. Inuyasha acababa de repetir el mismo argumento que el yokai Egipcio había usado con él dos meses atrás, cuando había sido Inuno quien había rechazado la ayudar de Inuyasha en una situación peligrosa.

- Muy bien. Me quedare. Tal vez Miroku pueda acompañarlos en mi lugar. - dijo, con una elegante inclinación de cabeza.

- Hay un problema con eso. Uno, sé que es el mejor amigo de Inuyasha, y Miroku no querrá que Sango vaya si resulta ser algo peligroso, y así será. Dos, conozco a mi mejor amiga, y por el infierno que ella no estará de acuerdo en quedarse atrás. Además, todo lo que necesitamos es que Goryomaru se dé cuenta que Sango es ahora una Cambia formas para que el realmente tenga algo por lo cual volverse loco.- señale.

No agregue la cuestión de que si alguien descubría lo que había en la alterada sangre demoníaca de Sango, ella tendría incluso menos oportunidad de sobrevivir que yo si la nación de yokais decidía ofrecerme a Goryomaru. Mientras que Inuno ya lo sabía y yo no pensaba que Izayoi no fuera de fiar, no sabía cuántos oídos no muertos había en la casa a parte de Gordon.

- ¿Qué hay de Sesshomaru? Él es rudo y aterrador - pregunto Izayoi.

- No, el perro de exhibición - se quejó Inuyasha

- Buena idea - al tiempo que dije eso sus cejas se elevaron mientras se volteaba a verme. Aclare mi garganta, retorciéndome un poco bajo la lacerante mirada color dorado.

- Bueno, lo es - respondí, enderezándome.

- Solo porque no te cae bien no significa que no sea nuestra mejor apuesta, mientras que él puede rehusarse a hacerlo solo porque vas tú, las probabilidades son que el dirá que si porque yo estaré ahí. -La boca de Inuyasha se retorció de una forma que me advirtió que ese no había sido el mejor argumento que pude haber usado.

- Porque somos amigos. Sesshomaru es generoso estando allí para sus amigos. - agregue rápidamente.

- No cuestiono el gusto de Tepesh en relación a ti como amiga. Solo el tuyo por sentir lo mismo hacia él. - Murmuro Inuyasha.

- Tal vez porque él me recuerda a alguien que amo. - No pude resistir una pequeña sonrisa.

Inuyasha resoplo en desacuerdo, pero por el rabillo del ojo, capte algo que Inuno me guiño un ojo. Eso me sorprendió tanto que azote mi cabeza para voltear a mirarlo, para el momento en que lo hice, la expresión del yokai era tan suave e impenetrable como un estanque a la media noche.

- Tepesh no necesita ir con nosotros - Dijo Inuyasha al fin.

- Su presencia podría ser interpretada como una amenaza por Midoriko ya que ella sabe muy bien que él y yo no nos caemos bien el uno al otro. Sin embargo, si él estuviera en un ciudad cercana, sería lo suficientemente cerca para proveernos ayuda, en caso de que así lo requiramos. - Considerando que Sesshomaru puede volar… pero de no estar lo suficientemente cerca, estaríamos perdidos de todas formas entonces. No lo dije en voz alta. Todos los presentes ya lo sabían.

Continuara…