Mmmmjmmmj así que al final cedo yo, bien, que no se diga que su servidora es cruel, aquí les dejo este cap. y otro de otra historia de regalo, también les preparare una nueva mini historia de cuento de hadas en honor al día del niño y también porque me aburro con lo del COVID-19 pero también denle las gracias a la contingencia pues con este tiempo libre me ha vuelto la inspiración.

Bye, Bye niños, y porfa sus comentarios, son gratis lo prometo.

Parca Alada

El hotel Ritz-Carlton se encontraba en el borde mismo del Barrio Francés, frente a Canal Street. Su exterior era una hermosa combinación de arquitectura moderna y la influencia del antiguo estilo del sur, con yeso blanco y gárgolas con la forma de leones tallado que adornaban el edificio. Mientras nos registrábamos el personal fue amable hasta el punto del servilismo, provocando que me dieran ganas de decirles que se relajaran, que yo no fuera tan difícil de complacer. Sólo cuando me quedé en casa de Sesshomaru mi culo había sido tan meticulosamente besado, y la gerencia de aquí no tenía la reputación de expresar su descontento empalando a su gente en largos postes de madera. Al menos, no que yo supiera.

Una vez dentro del elevador que conducía hasta nuestro piso, entendí la razón por la cortesía más allá del tope de los trabajadores. Si la mujer vestida de piel a mi lado tuviera la nariz más arriba en el aire, se pondría enferma por la altitud – y realmente, ¿Quién usa un abrigo de piel largo en verano, de todos modos? El hombre con ella, su marido, deduje por sus anillos a juego, parecía como si un palo hubiese establecido su residencia permanente en su culo. Ella me dio una mirada fría, su mirada viajó por mi pelo despeinado por el viento y con un desdén que me llevó de vuelta a mis días como marginada de un pueblo pequeño. Hey, para montar directamente a través de Chicago a Nueva Orleans en una motocicleta, me veía muy malditamente bien. Ni un solo bicho en los dientes ni nada.

- La clientela aquí parece haber decaído - Un ligero oler la acompañó mientras se volvía para susurrar, a su marido, lo suficientemente fuerte que, incluso sin oído sobrenatural, la habría escuchado.

Mis dientes se apretaron, cuando al mismo tiempo me recordaba que hipnotizarla en la creencia que su culo justo había crecido cinco tallas no era algo muy maduro. Las puertas del elevador se abrieron en el momento siguiente, gracias a dios en el piso de la pareja. A medida que salían, Inuyasha le dio el marido una suave sonrisa.

- Ella llama el fontanero todos los jueves mientras estás en el club. ¿De verdad crees que tu baño necesitaba repararse cuatro veces el mes pasado? - La mujer dejó escapar un sorprendido jadeo incluso cuando la cara de su marido se puso moteada.

- ¡Me dijiste que estaba por las tuberías, Lucinda! - la señalo acusadoramente.

- Tienes razón, amigo. - Inuyasha gruñó. Las puertas se cerraron justo cuando la mujer empezó a farfullar una negación indignada, pero poco convincente. Mi mandíbula se abrió a todo el intercambio.

- ¡Inuyasha! - finalmente logré decir.

- Sembré la semilla adecuada por lo que ella estaba pensando de ti, y él no fue mejor - fue su respuesta sin arrepentimiento.

- Ahora van a tener algo más para ocupar su tiempo, aparte de mirar por encima del hombro a la gente. - Una parte de mí estaba horrorizada por lo que había hecho, mientras que otra parte menos caritativa rió descaradamente. Dios, ¡La mirada en el rostro de esa mujer! Ella tenía "pillada" escrito en toda su expresión antes altiva.

- Tampoco es como si hubiese roto el corazón de algún pobre e inocente tipo. Él está follando con su abogado. El par se lo merecía. - siguió Inuyasha.

- Esto sólo refuerza mi opinión de que no quiero poderes para leer la mente. No tengo la necesidad de recoger ese tipo de cosas de las cabezas de los demás. - le dije, sacudiendo la cabeza.

Las puertas del elevador se abrieron de nuevo, en nuestro piso esta vez. La mano de Inuyasha se apoyaba ligeramente en mi espalda mientras caminábamos hacia la habitación. Una vez dentro, mi boca se abrió de nuevo. Esta no era una habitación de hotel, era del tamaño de una casa. Lentamente miré a los pisos de madera, alfombras orientales, elegantes muebles antiguos, un comedor completo con un candelabro de cristal, sala de estar adornada con una chimenea dorada, puertas de cristal del techo al piso que ofrecían vistas del río Mississippi y del patio al aire libre – y no había llegado aún a la habitación. La otra vez que habíamos venido a Nueva Orleans, nos habíamos quedado en la casa de la ciudad de Inuyasha en el Barrio Francés, pero sabíamos que ese sería el primer lugar en que alguien nos buscaría, así que registrarse en un hotel parecía más seguro.

- ¿Ganamos la lotería y se te olvidó decírmelo? - Aunque mucho más caro, a juzgar por todas la finura a mi alrededor.

- ¿Conoces una de las ventajas de ser compañero de un yokai que obtiene visiones regulares del futuro? Dos palabras, cariño. Asesoramiento de inversión. - Él me dedicó una sonrisa cuando lanzó su chaqueta en una silla cercana.

- Ahora tengo otra razón para esperar que las visiones de Inuno vuelvan con toda su potencia. - Me reí mientras me encogía de hombros en mi propio abrigo de cuero.

- Aun así. Tenemos tiempo para limpiarnos y cambiarnos, pero no te pongas demasiado cómoda. Vamos a salir. - Él se paseó más cerca, alejando el pelo de mi cara.

- Pensé que no veríamos a Midoriko hasta mañana por la noche. - Fruncí el ceño.

- No, no la veremos hoy. Esta noche, tenemos otros planes. - Inuyasha rozó mis labios con el más elemental de los besos.

Miré al río, varios pisos debajo de mí, preguntándome si esto era una especie de broma. El puente en el que estaba de pie ahora – en construcción y por lo tanto vacío de personas – se balanceaba ligeramente en la brisa, o tal vez era sólo una consecuencia de que hubiese agarrando la viga a mi lado muy duro.

- Dilo de nuevo - Le dije a Inuyasha. Estaba de pie en la parte inferior del puente, había volado allí después de dejarme caer en una viga saliente con una sola palabra de explicación que debí haber oído mal.

- Salta - repitió. No, no lo había oído mal antes.

- Si esta es tu manera de decir que quieres el divorcio... - Miré de nuevo en el remolino de las aguas del Mississippi.

- No puedes ahogarte aunque lo intentaras. No has respirado por necesidad en casi un año. Ahora deja de vacilar y salta. Es la mejor manera de aprender a volar. - él contestó, divertido.

- A mí me suena como una muy buena manera de aprender a caer mientras gritas, en su lugar. – Inuyasha sin dejar de reírse, cogió dos de las vigas de soporte de metal debajo de mi sección y las sacudió. Las vibraciones posteriores fueron tan fuertes que dejé escapar un grito mientras mis manos se apretaban más fuertes a la barra junto a mí hasta que crujió. Maldito. Él sabía que no me gustaban las alturas.

- Los Oni no pueden volar, dándoles a los yokais que pueden una gran ventaja sobre ellos. Quiero que seas capaz de volar antes de que nos reunamos con Midoriko mañana por la noche, en el caso de que tengamos que hacer un escape rápido. Has volado dos veces antes, lo que significa que tienes la capacidad. Sólo tienes que afinarla. - gritó hacia arriba.

- No volé, sólo salté muy alto. Ni siquiera sé cómo lo hice. - lo corregí, aun sosteniéndome por la vida después de la muerte.

- Tus instintos dan una patada bajo coacción. Caer desde esa altura debería hacerte experimentar una coacción similar, permitiendo que tus instintos tomen el poder otra vez. Vamos, Gatita, salta. O te haré caer. - respondió con más calma de lo que era justo.

- Me tiras de este puente, Inuyasha… ¡Y tendrás un millón de años de celibato en tu futuro inmediato! – le grite agitando mi puño hacia el mientras me aferraba a la biga con mi potro brazo.

- Sólo significa que tendré que trabajar más duro para cambiar tu opinión, y sabes cómo me encanta mi trabajo. Ahora sal de ese estancamiento. Si todavía estás allí en cinco minutos, voy a lanzarte. - Sus labios se curvaron en una forma que decía que no estaba preocupado. Poco a poco solté mi abrazo de muerte a la viga. Haría justamente lo que dijo, y conociendo a Inuyasha, ya había comenzado la cuenta atrás.

- Tramposo, manipulador, chupasangre sin piedad... - Aunque el sentido común me decía que tenía razón sobre sus razones para que aprendiera a volar – además, es cierto, el salto no me podría matar incluso si cayera estrepitosamente en el Mississippi – aun así lo maldije mientras me alejaba de la viga.

- ¿Conversación de almohada ya? Me dejarás duro antes de que estemos de vuelta en nuestra habitación. - Una risa fue a la deriva hacia mí.

- ¡Bueno, espero que disfrutes tu dureza azotando esta noche al obispo! - Espeté.

- Realmente, cariño, estoy impresionado. ¿Dónde has aprendido una expresión tan picante? - Su risa sólo aumentó.

- De Miroku. Él estaba ayudando a Sango a mejorar su argot Inglés. - Estaba a pocos metros de la viga a la que me había aferrado, no había nada más cerca de lo que agarrarse y sólo mi balance me impedía caer en las oscuras aguas abajo. Vaya, realmente era un largo camino hacia abajo.

- Ah, por supuesto. Sólo tres minutos para el final, Gatita. – me recordó.

Miré a las luces de la ciudad parpadeando al otro lado del puente, tratando de calmar mis nervios. Incluso en la oscuridad, podía ver los edificios que bordean el agua clara. De vez en cuando, formas espectrales me llamaban la atención, fantasmas sin problemas entrando y saliendo de ellos y otras estructuras, mientras se dedicaban a sus negocios fantasmales. Nueva Orleans era verdaderamente uno de los lugares más embrujados en el mundo, con más fantasmas que en cualquier otro lugar que hubiese visto jamás. Demonios, aquí era donde había adoptado a Fabián.

- Último minuto, cariño. No más demoras - dijo Inuyasha despiadadamente.

Hijo de puta. Enderecé mis hombros, tomé una respiración profunda para darme valor, y luego salté fuera de la cornisa del puente, como si se tratara de un trampolín. Al instante mis ojos se humedecieron con el aguijón de aire golpeándolos. A pesar de que sabía que esto no me iba a matar, una oleada de pánico todavía me llenaba mientras nada pasaba, excepto que iba cayendo más rápido hacia el río. Casi locamente, empecé a sacudir mis brazos, como si al hacerlo de repente me brotaran plumas y me llevaran lejos. ¡Su estrategia no funcionaba! No estaba volando, caía como un ladrillo. Dios, golpearé el agua en cualquier momento...

Mi cuerpo entero se preparó para el impacto cuando sentí un zumbido y la distancia bruscamente comenzó a crecer entre mí y el río. Por una fracción de segundo, pensé que me había cogido Inuyasha, decidiendo en el último momento que no me dejaría caer en el agua después de todo. Pero con la misma rapidez, me di cuenta que no sentía una presión fuerte de los brazos. No, no sentí nada, sino la más extraña sensación de amortiguación del aire, como si aviones invisibles hubieran aparecido por arte de magia que me impulsaran hacia arriba. Una mirada hacia abajo demostró que me encontraba ahora a decenas de metros sobre el río, moviéndome hacia arriba con cada momento que pasaba, nada me apoyaba, salvo las corrientes de aire pulsante.

Una sonrisa salvaje dividió mi cara. ¡Mierda, lo estaba haciendo! ¡En realidad estaba volando! El pánico anterior de una vez se volvió en euforia. Yo volaba y era la sensación más increíble. Mucho más superior a los ocasionales sueños que había tenido en los que podía volar sin explicación o práctica. El aire continuaba sintiéndose diferente, también. Como si tuviera forma que pudiera moldear y manipular. No había más espacio vacío, sino un lienzo de oportunidades y regocijo en su lugar.

Miré a mí alrededor, tratando de ver donde estaba Inuyasha, cuando tan repentinamente como había subido, empecé a caer. Mis brazos comenzaron a hacer ese loco batir de nuevo, pero esta vez, no pasó nada. La resignación me llenó mientras veía desaparecer la distancia entre el río y yo. Qué bueno que Inuyasha tenga mi chaqueta de cuero fue mi último pensamiento antes de aterrizar en el río con un gran chapuzón.

La sacudida fue a través de mi cuerpo como una patada giratoria. Mi impulso me hundió varios metros bajo el agua y salí escupiendo el montón de agua que había absorbido accidentalmente cuando quedé sin aliento por el impacto. La cara de Inuyasha fue lo primero que vi cuando reaparecí.

- Te dije que saltar de ese puente haría estallar tus instintos lo suficiente como para que pudieras volar. - Estaba a pocos metros por encima de mí como una hermosa aparición, mirándome con una sonrisa.

- Sí, pero todavía estoy en el agua, por lo que no funcionó tan bien como pensabas que lo haría. - Le dirigí una mirada apuntando al río menos-que-aromático en el que estaba flotando

- Nunca dije que no se necesitaría práctica antes de que aprendieras a evitar estrellarte. - Su sonrisa se amplió.

Me abalancé sobre él, decidida a sumergirle en el agua conmigo, pero evitó cuidadosamente mi agarre, riendo entre dientes. Luego me sacó del río por los hombros. Un experto planeo controlado después– fanfarrón – y estaba de vuelta en la parte superior del puente, empapando el borde de metal con la ropa goteando.

- Muy bien. Una vez más - declaró Inuyasha.

Miré hacia abajo al río y luego a él, notando que estaba lo suficientemente lejos para evitar cualquier otro intento que pudiera hacer para agarrarlo. Antes de que terminara esta noche, prometí en silencio, "estarás tomando un baño en el agua conmigo". La necesidad podría ser lo que lo llevó a insistir en esta forma extrema de lección de vuelo, pero su sonrisa, decía que Inuyasha estaba demasiado divertido viéndome caer al río, mientras luchaba por encontrar mis alas de yokai.

- Había olvidado lo mucho que disfrutabas darme un "tiempo duro" en los entrenamientos. Toma cada golpe bajo, ¿no? – le escupí.

- Seré más duro para estresarte y que vueles, ahora que ya has saltado una vez. Puede que tenga que lanzarte para elevar tu sangre lo suficiente esta vez. - Su sonrisa se hizo más malvada, lo que confirmaba mi suposición.

- Ni siquiera pienses en ello - le advertí.

- ¿Es eso un desafío, Gatita? - Arqueó una ceja.

Estaba de alguna manera al otro lado de mí, moviéndose con la rapidez de un rayo que me dejó sin defensas. Sentí un fuerte golpe un instante, un empujón – y luego estaba cayendo del extremo hacia el río, mis maldiciones fluyendo tan rápido como el viento mientras me acerca rápidamente al agua.

- ¡Maldita sea, me voy a vengar por esto! Sólo espera hasta que tenga mis manos sobre ti… - le grite mientras aleteaba como una loca.

- Palos y piedras, cariño - le oí decir en respuesta. Luego me estrellé contra el río, cortando más de mi furioso alboroto.

- Te ves como una rata ahogada. Tal vez deberías intentar batir menos y concentrarte más la próxima vez. - Salí farfullando de nuevo, viendo a Inuyasha cerniéndose sobre mí, esta vez sin molestarse siquiera en contener su risa.

- Vas a pagar con creces - juré, abalanzándome sobre él.

- Si quieres tu venganza, ven y cógela - se burló, volando justo fuera de mi alcance, mientras seguía nadando hacia él.

Mi mirada se redujo. Quería jugar, ¿eh? Bueno, tal vez me había olvidado lo mucho que le gustaba ser rudo en el entrenamiento, pero, obviamente, había olvidado que yo era un aprendiz rápida. Has volado dos veces antes, lo que significa que tienes la capacidad. Sólo tienes que afinarla, había dicho hace un rato. Oh, la afinaría. Ahora mismo. Canalicé todos mis planes para la venganza imaginando el aire por encima de mí como una escalera que podía subir, podía hacerla sólida en mi mente. Inuyasha continuó volando en círculos por encima de mí, preguntándome si había disfrutado de mi baño por la noche y observando que no tenía que ser verdad que a los gatos no les gustaba el agua. No hice caso de sus graciosas ocurrencias, y continué imaginando el aire como algo que era maleable.

Energía comenzó a empujar contra mi piel, creciendo hasta que vibraba con la misma firmeza que una vez habían pulsado los latidos de mi corazón dentro de mí. Recuerda cómo el aire se sintió antes. No es un espacio vacío. Es algo que puedes formar y moldear, impulsándote hacia arriba y detrás de él, si te concentras lo suficiente...

Cuando sentí el aire por encima de mí pulsando a tiempo la energía en mi cuerpo, salté hacia arriba fuera del agua. Inuyasha se encontraba en medio de su nuevo paseo junto a mí y me lancé como un cañón detrás de él, aunque se tiró hacia atrás en el último segundo. Ese sentimiento exultante volvió, como una descarga de adrenalina en mi sistema, mientras sentía el aire doblarse a mi voluntad, permitiéndome impulsarme y apoyarme para taclearlo en el aire que nos dio la vuelta a los dos. Y luego, con una risita victoriosa, apreté mis manos a su alrededor y caímos en el río, su respuesta fue risa, y fue lo último que oí antes de que el agua se cerrara sobre nosotros.

- Ahora sé porque escogiste un cuarto ubicado en el techo - comenté mientras Inuyasha nos bajaba en un elegante aterrizaje en el patio exterior de nuestra suite. Después de varias horas de practicar, probablemente habría conseguido aterrizar por mí misma, pero habría destrozado algo del mobiliario de hierro forjado en el proceso.

- Puede ser muy útil - dijo, con una mirada significativa a sus pantalones y camisa, rasgados, víctimas de cuando lo agarré en aire. Entre eso, nuestra ropa mojada, y nuestro cabello empapado, le habríamos dado a cualquier cliente presumido del hotel un ataque cardiaco si entrabamos por el vestíbulo.

- Te dije que me vengaría. - Sonreí.

Su risa era una caricia para mis sentidos. Incluso mojado y oliendo como un rio apestoso, Inuyasha todavía conseguía atraerme. Su ropa podría estar destrozada y su chaqueta de cuero chorreando agua, pero hacia que se viera sexy. Tal vez porque estar empapado significaba que su pantalón y camisa se aferraban a todas las líneas de su cuerpo explícitamente ajustados, resaltando los magros músculos y planos duros como si hubieran sido moldeados sobre él.

- ¿Me atrevo a tener la esperanza de que esa venganza fuera suficiente para hacerte olvidar tu otra promesa de castigo? - Él se inclinó. Mis manos se deslizaron por su pecho, deteniéndose cerca de sus tetillas, las cuales estaban rígidas debido a la ropa mojada—o porque él sabía cómo esos capullos apretados prácticamente gritaban por ser tocados. Sin pensar conscientemente, me lamí los labios.

- ¿Y dejarte faltar a tu promesa de trabajar duro para hacerme cambiar de opinión? - No pude evitar el tono ronco de mi voz

- Eso no sería inteligente de mi parte, ¿no es así? - Se acercó más, presionando su pecho más firmemente contra mis manos hasta que pude sentir todos sus músculos cuando sus brazos se elevaron para rodearme.

- No, no sería inteligente en absoluto - murmuró, su respiración aterrizando exactamente en el punto cercano a mi oreja. Cerré mis ojos, saboreando las sensaciones que se elevaban en mí. Entonces lo empujé y comencé a buscar en mi pantalón. A sólo una corta distancia de nosotros había un dormitorio. Ahí es donde necesitábamos estar, y mientras más rápido mejor.

- Espero que la tarjeta de la habitación no se haya caído…ah, gracias a Dios por los bolsillos con botones - dije, sacando mi tarjeta. El patio exterior tenía acceso de entrada con llave electrónica, aunque apuesto que nunca había sido usada como primera vía para entrar a la habitación.

Pero cuando me dirigí a la puerta exterior, Inuyasha siguiéndome suficientemente cerca para que su energía vibrara en mi espalda, no sucedió nada cuando introduje la tarjeta en la ranura. Lo hice nuevamente, chequeando dos veces que la flecha estaba en la posición adecuado. Lo estaba, pero aun así no mostraba luz rojo.

- Prueba la tuya - dije frunciendo el ceño. Después unos cuantos momentos, Inuyasha había sacado su tarjeta y la tenía en la posición correcta, pero varios intentos después, la puerta todavía no se abría.

- Mojarlas debió hacer cortocircuito en la banda magnética… Espera aquí. Volveré por el lobby y te dejaré entrar cuando me den las tarjetas nuevas. - dijo, encogiéndose de hombros.

- ¿Vestido así? Debería dejarte sólo porque me partiría de la risa imaginándome las expresiones de las personas. Pero iré yo. Podré estar igual de mojada que tú, pero al menos mi ropa no está desgarrada, y mi chaqueta está seca porque la dejaste sobre el puente antes de que te lanzara al rio. - Pregunté riéndome.

- ¡Feh! No me importa lo que piensen esos encopetados - respondió desdeñosamente. Sin importar que había hecho cosas muchas más cuestionables en los meses recientes, parte de mi rígida educación insistía que uno no aparecía en púbico con agujeros indecentes en su ropa si podía evitarlo. Traté otra táctica.

- Vamos, ten piedad de cualquier mujer mayor que pudiese verte en el vestíbulo. No quieres darles un ataque al corazón si alcanzan a ver tus bienes - bromee, deslizando mis dedos por la parte frontal de sus pantalones rasgados. Su mano se cerró alrededor de la mía, llevándola hacia arriba contra los bienes en cuestión. Cosas abajo en mi interior se apretaron en respuesta, emitiendo un corto gemido. Dios, sentirlo volverse más grueso y duro en mi mano casi terminó con mi control ahí mismo. Era todo lo que podía hacer para no ponerme de rodillas y reemplazar mi mano con mi boca.

- Me voy. No me demoraré mucho. - dije, las palabras roncas por la fuerza de voluntad que me tomó sacar la mano.

- Apúrate. - Sus ojos eran rojo brillante, concordando con el hambre en su mirada, sus colmillos tentándome desde debajo de aquellos labios perfectamente esculpidos.

Salté del techo sin siquiera mirar para asegurarme que no hubiera nadie abajo mío hasta que casi había alcanzado el piso. Era algo bueno que fueran casi las cuatro de la mañana, tarde para que la mayoría de los residentes de esta ciudad anduvieran de un lado para otro.

Entonces rodee la esquina y entré al Ritz, dándole una breve inclinación con la cabeza al portero. Un corto viaje en ascensor después y estaba en el vestíbulo, pretendiendo no darme cuenta de las miradas sorprendidas que los empleados le daban a mi cabello mojado y zapatos. Saqué mi licencia de conducir—falsa, pero registrada con el mismo apellido con el que Inuyasha reservó esta habitación—y expliqué que la llave de mi habitación de alguna manera no estaba funcionando. Mientras esperaba mis tarjetas nuevas, un hombre se registró, sosteniendo una niña pequeña en un brazo mientras firmaba torpemente los formularios con la otra. Por su voz silenciosa, era obvio que esperaba acostarla antes de que despertara, y después de escuchar sus comentarios hastiados sobre los retrasos del aeropuerto, era obvio que estaba igual de cansado.

Obtuve mis nuevas tarjetas al mismo tiempo que el empleado terminó de registrar al hombre, así que esperamos juntos el ascensor. Miró parpadeando las gotas de agua que se reunían a mis pies cuando entramos en el ascensor, pero no dijo nada.

- Me tropecé y caí en un charco grande - susurré.

- Ah - fue su igualmente silenciosa respuesta. Al menos no me había dado la misma mirada de desprecio que la vieja mujer vestida de pieles.

Habíamos subido cerca de diez pisos cuando de repente un sonido retumbante precedió al ascensor sacudiéndose como si estuviéramos atrapados en un terremoto. El hombre se tambaleó y lo agarré para que no botara accidentalmente a la niñita, que despertó con un grito. Tuve medio segundo de confusión antes de que el miedo se deslizara por mi columna. Energía sobrenatural llenó el aire, proviniendo de la parte superior del ascensor, donde hace unos momentos, había sonado como si una roca hubiese caído sobre nosotros. Excepto que las rocas no caen desde los hoteles bonitos sobre los ascensores, y tampoco hacen siniestros sonidos de gruñidos. Oh mierda, pensé, justo antes de escuchar romperse al primer cable.

- ¡Quédate en la esquina! - Ordené, empujando al hombre cuando el simplemente se había quedado parado.

- ¿Qué sucede? - Gritó.

Su niñita comenzó a gemir. El elevador se estremeció nuevamente, esta vez acompañado de un horrible sonido de un latigazo que sonaba como si hubiesen arrancado otro cable. Al mismo tiempo, comenzaron a aporrear el techo del vagón. Ignoré eso, introduciendo mis manos en la parte que se unían las puertas del ascensor con suficiente fuerza para que mis dedos sangraran antes de retirarlos. Vi un bloque de concreto y hierro, no espacios abiertos por los cuales escapar. El ascensor estaba suspendido entre pisos, pero no por mucho tiempo, juzgando por el último chasquido.

- Oh Dios, ¿qué es eso? - Gritó el hombre.

Metal, yeso y vidrio cayeron sobre nosotros cuando apareció un agujero en el techo donde no había habido uno antes. El rostro de un oni apareció a la vista, una sonrisa salvaje iluminando sus rasgos mientras me veía.

- Parca Negra - siseó.

Continuara…