Dedicado especialmente para .j por ser el primer comentario de este fanfic de la saga Night Huntress, gracias. Y para ti seguiré escribiendo esta saga completa, bueno, al menos los libros publicados hasta ahora ;)
Tercera facción
Empujé al hombre a un lado justo a tiempo de sacarlo de las manos del oni de un golpe mientras se abalanzaba hacia mí.
- ¡Quédate abajo! - grité, tratando de rechazar al oni mientras me paraba bajo el agujero que había abierto. Si el oni entraba, tanto el padre como la hija estarían muertos en segundos, y eso solo si eran suficientemente suertudos para que el ascensor no se cayera antes.
Dolor atravesó mis brazos y rostro, el rojo inmediatamente coloreando mi visión. Tiene un cuchillo. Un cuchillo de plata, me di cuenta, juzgando por el ardor que dejó en mi piel. Traté de evitar la destellante cuchilla mientras todavía evitaba que el oni bajara al ascensor. Otro chasquido y el vagón cayó unos cuantos pies antes de detenerse bruscamente, el metal crujiendo bajo la tensión del último freno tratando de mantener el ascensor. Pero algo bueno había resultado de la caída del ascensor. Ahora, las brillantes puertas de acero ocupaban parte de la pared de metal y concreto. El vagón había descendido a medio camino de la apertura a un nuevo piso.
- ¡Tira de esas puertas para abrirlas y sal ahora! - grité. Una mirada llena de rojo reveló que el hombre estaba agachado en el mismo lugar que antes, agarrando a su hija mientras nos miraba con la boca abierta.
Todavía no podía desviar la mirada. Maldición, estaba en shock, y no tomaría mucho antes de que o el oni entrara al ascensor o la tensión de dos seres sobrenaturales luchando probara ser demasiado para ese último freno de emergencia. Apoye mis brazos en las barandillas de soporte que revestían el vagón, usándolas como palanca mientras me volteaba boca abajo y pateaba al oni con todo lo que tenía. Las barandillas se rompieron, haciéndome aterrizar sobre mi trasero con suficiente fuerza para hacer que el ascensor se sacudiera peligrosamente de nuevo, pero por el momento, el oni se había ido del agujero en el techo.
Abrí las puertas de un tirón y arranqué a la pequeña niña lloriqueando de los brazos de su padre, arrojándola a través del espacio. Aterrizó en el piso contiguo con una llanto que me llenó de alegría, porque aunque estuviera magullada, ahora estaba segura. Sin embargo, antes de que pudiera arrojar a su padre a través de la misma apertura, un rugido llenó el aire mientras el oni saltaba a través del agujero en el techo y aterrizaba en el ascensor con nosotros. El ascensor se sacudió suficientemente fuerte para que estuviera segura que se caería. No tuve tiempo de buscar mis armas en mi abrigo, sino que corrí precipitadamente hacia el oni arrojándolo lejos del hombre. Entre el chirrido del metal, los gritos del hombre, y los sólidos sonidos del oni y yo golpeándonos en el ascensor enzarzados en una batalla a muerte, escuché algo más.
- ¡Vengan aquí malditos bastardos! - Un enfurecido gruñido Ingles resonó arriba.
Tuve una fracción de segundo de vertiginoso alivio. Inuyasha estaba aquí, así que el padre y yo saldríamos de esto. Si no estuviese preocupada acerca de mantener lejos al Oni del hombre acurrucado (un pisoteo descuidado o golpe del comedor de carne podría romper su cuello como una ramita) podría haber ido por mis armas e igualar las posibilidades un poco. Pero mi alivio desapareció en el siguiente instante cuando el sonido de un crujido fuerte precedió al suelo cayendo bajo mis pies.
Oh Jesús. ¡El ascensor se estaba cayendo! Todo a mi alrededor se sacudió con horribles vibraciones mientras la velocidad nos levantaba unos cuantos centímetros antes de la gravedad tuviera mis pies de vuelta sobre el piso. El oni me dedicó una sonrisa llena de odio incluso mientras el hombre gritaba tan fuerte que brevemente ahogó todos los ruidos de la caída libre del elevador. El oni y yo podríamos sobrevivir el choque, aunque sin duda el oni haría su mejor esfuerzo para asegurarse que mi supervivencia no durara mucho más. El padre, sin embargo, estaría muerto en instantes.
El arremetió contra mí, lanzando su cuchillo de plata a través del aire hacia mi corazón. No levanté mis brazos para bloquearlo, sino que me moví hacia la izquierda en el último segundo. La hoja se clavó en mi pecho, lanzando llamas de angustia a través de mi carne, pero sin perforar mi corazón. Al mismo tiempo, empuje al oni hacia abajo y hacia un lado, apuntando hacia los destellos de luz* que aparecían entre las puertas del ascensor parcialmente abiertas mientras caíamos a incluso mayor velocidad.
Un crujido acompañó el cuerpo del oni quedándose flojo, cuando los pisos pasando rápidamente y el apretado espacio actuó como una tosca guillotina. No desperdicié ni un momento en saborear mi victoria, sino que saqué el cuchillo de mi pecho y agarré al hombre, metiendo lo más que podía su cabeza en mi torso sangriento. Entonces, todavía doblada sobre él, salté hacia arriba con toda mi fuerza.
La candente agonía deslizándose a través de mi cuerpo me hizo darme cuenta apenas del crescendo de los ruidos que siguieron. Polvo, vidrio, y sangre llenaron mi mirada, haciéndome casi imposible ver. Arriba era mi pensamiento primario, seguido de cerca por ¡No lo sueltes! Varios objetos pesados me golpearon y parpadee furiosamente, tratando de aclarar mi visión mientras mantenía mi agarre en el hombre. Esos crujidos podían ser más Oni tratando de matarme, o partes del ascensor que se estrellaban contra mí mientras nos impulsaba a ciegas lejos de la explosión de escombros cuando el ascensor se destrozó con el impacto.
- ¡Gatita! - El grito de Inuyasha me dio un marco de referencia.
Entonces las sombras se volvieron objetos sólidos cuando mi visión se aclaró con rapidez sobrenatural. El rojo todavía coloreaba mi visión, pero no necesitaba ver en más colores que eso para saber que nos había sacado fuera del elevador con probablemente solo un segundo de sobra. Mi espalda aun ardía mientras sanaba, pero al menos podía enderezarla ahora, incluso si se sintiera como si me hubieran reajustado la columna con un buldócer.
- ¡Estoy bien! - grité, sin ver a Inuyasha, pero juzgando que estaba luchando por los sonidos de arriba. La última cosa que necesitaba era estar distraído preguntándose si había muerto en el choque.
Mi velocidad en ascenso comenzó a disminuir mientras buscaba cualquier lugar seguro para dejar al hombre. Ahí. Un pequeño borde entre dos pisos señalando donde se debería detener el ascensor, si no estuviera hecho pedazos abajo. Ajusté mi agarre en el hombre, llevándolo con un brazo mientras alcanzaba esa pequeña cornisa con la otra. La agarré, balanceándonos un par de pisos sobre los restos del elevador. Estaba fláccido, pero su corazón aun latía, menos mal. Continué agarrándolo a él y la estrecha cornisa mientras balanceaba mi pierna hacia arriba, metiendo mi pie entre la división de las puertas que protegía a aquellos que esperaban un ascensor de los peligros del hueco al otro lado. Entonces, apretando los dientes ante la incómoda posición, eche una patada, empujando aquellas paredes de metal hasta que se abrieron.
Cuando fueron suficientemente grandes para que las atravesara el cuerpo del hombre, lo balancee hacia arriba, empujando suavemente boca abajo a través de la apertura. No había nadie en los alrededores, pero no tardaría mucho en que alguien lo encontrara. Con los ensordecedores ruidos del ascensor estrellándose, el hotel tendría todas las manos a la obra tan rápidamente como sea posible para ver si había alguien herido. Ser expulsado a través del techo del ascensor lo dejó con huesos rotos y cortes en todos lados, incluso con mi cuerpo tomando la mayor parte de los daños. Pero estaba vivo, y también lo estaba su niñita. Eso era lo mejor que podía hacer por ellos.
Entonces me paré en puntillas y cerré las puertas a la fuerza nuevamente. Tan pronto como estuvieron cerradas, salté de la estrecha cornisa hacia los restos del cable del ascensor colgando, moviéndome rápidamente ahora que no tenía a un hombre que proteger y mis heridas habían terminado de sanar.
- ¿A dónde crees que vas? - la voz de Inuyasha siseó antes que resonara más ruido a través del hueco del elevador y escombros ligeros llovieran sobre mí.
Entonces un cuerpo salió volando hacia mí desde arriba, distanciándose cerca de cuatro metros de su cabeza suelta. Ninguna de las piezas era Inuyasha, así que envié una rápida oración de agradecimiento mientras me balanceaba a la izquierda para evitar que me golpeara. No lo llamé de nuevo, no queriendo alertar de mi presencia a más Oni que pudieran estar esperando en este hueco. Con la furiosa energía de Inuyasha llenando el lugar, era difícil sentir si había algún otro no muerto aquí.
Escalé incluso más rápido, no queriendo tratar de volar nuevamente. Primero, podría haber sanado, pero me sentía débil por usar mi cuerpo para hacer una escotilla de emergencia lo suficiente grande para que pasaran dos personas, y todavía no había dominado el arte de no estrellarme cuando volaba. Me fui disparada hacia Inuyasha mientras él estaba en medio de una batalla, que podría tener espantosas consecuencias. Incluso si no pudiera oír los sonidos de la batalla, que si podía, aun así sabía que estaba enzarzado en un combate. Un furioso y mortal propósito se apoderó de mi subconsciente, mezclado con destellos de dolor seguidos por euforia. Lo que sea que estuviera sucediendo, Inuyasha estaba ganando, porque no sentí miedo emanando de él.
- ¿Gatita? - Otra serie de fuertes ruidos sordos después y entonces me llegó su voz desde la parte superior del hueco.
- Estoy casi ahí - grité, redoblando mis esfuerzos.
Llegué al nivel superior donde estaba Inuyasha en menos de un minuto, lanzándome a través del agujero con forma de hombre en la pared que tenía manchas de sangre a su alrededor. Probablemente hecho por el oni sin cabeza justo antes la de caída libre a través del hueco del elevador. Ese debió hacer sido el estruendo que había escuchado antes que el cuerpo saliera volando. La espalda de Inuyasha estaba hacia mí. Su abrigo había desaparecido, lo que mostraba que su ropa estaba incluso más rasgada que la última vez que lo había visto, y estaba de rodillas conteniendo al oni bajo él. Sus rostros estaban cerca mientras las piernas del hombre pateaban a ambos lados de las caderas de Inuyasha en una macabra parodia de la pasión. A pesar del estrés de los últimos minutos—o quizás debido a eso—me eché a reír.
- ¿Necesitan unos minutos solos? - conseguí decir.
- Oh, tendremos tiempo a solas muy pronto. ¿No es así, amigo? - soltó Inuyasha en una voz que destilaba a amenaza.
- Gatita, necesito ambas manos para este tipo, así que pon tus manos alrededor de mi cuello y agárrate bien. - Lo hice, cerrando mis brazos firmemente bajo su barbilla.
Inuyasha giró su cabeza para depositarles un solo beso antes que el aire se volviera más espeso con poder y se lanzara hacia arriba, llevándonos volando a través del recibidor de servicio dañado y fuera del hotel. Menos de treinta minutos después, volábamos hacia una casa de dos pisos que estaba ubicada a cerca de medio kilómetro de la carretera principal que limitaba con un denso pantano. Francamente, no sabía cómo Inuyasha había encontrado el lugar, pero él nunca dudaba en su dirección. Podía ver a media docena de personas paradas en formación de guardias fuera de la casa, y todos nos miraron cuando nos acercamos.
Inuyasha no se molestó con su usual aterrizaje elegante. Nos bajó suficientemente duro para dejar una grieta en la entrada para autos. Los guardias formaban un círculo abierto a nuestro alrededor, habían sacado sus armas pero no estaban disparando, claramente esperando instrucciones. Eso llegó en forma de la puerta del frente abriéndose y un delgado yokai con cabello largo y plateado saliendo a grandes zancadas. Su largo cabello se balanceaba por sus rápidos pasos, mientras llamas azules se arremolinaban en sus brazos, de alguna manera sin quemar ni un punto de su ropa.
- Inuyasha. Kagome. - Entonces el yokai se detuvo cuando nos vio.
- Qué agradable de su parte haber venido. - Una sonrisa sardónica arqueó la boca de Sesshomaru Tepesh mientras asimilaba el estado parcialmente vestido de Inuyasha, el agarre que tenía alrededor de la garganta del oni, y mi propia ropa manchada con sangre. Solté a Inuyasha, permitiéndole un mayor rango de movimiento para controlar al oni. Probablemente estaba contento de que yo no lo limitara más, a pesar de que él no necesitaba respirar.
- Esta bestia tiene respuestas que necesito - declaró Inuyasha resueltamente a Sesshomaru cuando arrojó al oni de bruces en el suelo de hormigón, saltando sobre su espalda antes de que pudiera intentar pelear de vuelta. Le di a Sesshomaru una pequeña seña con la mano cuando Inuyasha procedía a hacer más abolladuras en el camino de la entrada usando la cara del oni.
- Nosotros, ah, fuimos asaltados por los Oni en nuestro hotel y él es el último que quedaba con vida - le dije a modo de explicación.
- ¿Los atacaron dentro de la ciudad? Midoriko no respeto su palabra de paso seguro, ¿no? - Sesshomaru le dio al oni una mirada intrigada, aparentemente no relacionada por el daño infligido al suelo, a pesar de eso, me hice una nota mental de darle un cheque.
- Esa es mi primera pregunta ¿La reina de Nueva Orleans te envió? - dijo Inuyasha, moliendo la cara del oni contra de un borde dentado de hormigón.
- Vete a la mierda - el oni escupió. ¿Por qué tenía que decir eso? Ahora las cosas iban a ser realmente desagradables.
- ¿Quieres hacerlo de la manera sangrienta, o la rápida? - le preguntó Sesshomaru, examinando con frialdad mientras Inuyasha reanudaba agujerear la entrada con la cara del oni.
- No puedo decir que me preocupe cómo consigo mis respuestas, siempre y cuando lo haga - respondió Inuyasha secamente, golpeando otra vez la cara del oni para dar énfasis.
- Hmm. Sostenlo, pero no demasiado cerca - Inuyasha se apoderó de los brazos del oni en un agarre que el acero no rompería aunque saltó fuera de su espalda. Sesshomaru se acercó al oni y le alborotó el cabello, casi como un gesto amistoso. Luego regresó a mi lado. En los pocos pasos que le tomó, las llamas comenzaron a lamer las piernas del oni, ennegreciendo su ropa y la piel. El oni gritó. No pude reprimir un gesto por el recuerdo. Había sido quemada antes, y dolía aún más que ser apuñalada con plata.
- ¿Te sientes más hablador ahora? Continúa en silencio y cocinaré tu salchicha y frijoles después - preguntó Sesshomaru, apenas perceptible por encima de los gritos del oni.
El oni tiró de su brazo en un intento desesperado por huir, pero como había sospechado, el apretón de Inuyasha no se movió siquiera. Lo que me sorprendió fue que el oni lanzara el resto de su cuerpo en la dirección opuesta con tanta fuerza que más que su camisa se rasgó. Inuyasha no compartía ninguno de mis reparos acerca de sostener de repente un brazo que no estaba unido a un cuerpo. Él simplemente agarró al oni por el otro brazo y comenzó a golpearlo en la cabeza con la extremidad suelta. Yo había oído a Inuyasha amenazar con golpear a alguien con sus propias extremidades antes, pero siempre había asumido que era una forma de hablar. Al parecer no.
- ¿Te envió Midoriko? - Inuyasha gruñó, manteniéndose alejado de las llamas que subían más arriba de las piernas del oni.
- ¡Majestic no sabe nada de esto… aarrrghhh! - Ahí van la salchicha y frijoles, pensé con una mueca de dolor.
- Está siendo cooperativo ahora, disminuye la llama - le dije a Sesshomaru.
- ¿Tu llamas a eso cooperativo? Yo lo llamo apenas conseguir su atención - El hombre cuya historia inspiró la más famosa novela de yokais en el mundo me dio una mirada cansada.
- Sesshomaru... - Solté.
- Aguafiestas - murmuró él
El fuego disminuyó en la parte inferior del cuerpo del oni en la misma proporción en que desapareció de las manos de Sesshomaru. Me estremecí, recordando lo que se sentía tener ese poder después de haber bebido la sangre de Sesshomaru. Si fuera honesta, admitiría que había sido tentador y aterrador. Para que de repente toda tu ira fluyera en arroyos de fuego, había sido tan abrumador para mis sentidos como mi nueva capacidad de volar. El problema era que, al igual que todos los poderes que tomaba prestados a través de la sangre, yo no podía controlarlos. Podría haber volado en pedazos a un enemigo feroz, pero también había puesto a Inuyasha en el fuego por accidente.
- Me haces incendiarte otra vez y voy a olvidar que me importa la opinión de ella - Sesshomaru le dijo al oni tan a la ligera que él podría haber estado comentando sobre el clima.
- ¿Midoriko no te envió detrás de Kagome? - preguntó Inuyasha, dándole al oni un golpazo final con el brazo roto antes de arrojar la extremidad marchitada a un lado. Los ojos azules del oni se encontraron con los míos. Él podría no lucir más viejo que yo en años humanos, pero para ser lo suficientemente fuerte como para no balbucear su nombre, rango y número de serie tan pronto como Inuyasha comenzó a trabajar en él, tenía que ser viejo.
- Majestic no conocía nuestra intención - dijo él, llamando a Midoriko por el nombre ostentoso que ella prefería. Inuyasha echó una mirada al cielo.
- Pronto será el amanecer. Si no estoy en la cama con mi esposa para entonces porque todavía estoy tratando con tu culo sin valor, tendré un estado de ánimo muy malo. Así que será mejor que reconsideres mentirme. Además voy a enviarla adentro y hacerte cosas que serán demasiado horrorosos para querer sobrevivir - De hecho, palidecí ante la frialdad en el tono de Inuyasha, por no decir de toda la parte de "enviarla a adentro", pero la boca de Sesshomaru se curvo en lo que parecía una aprobación a regañadientes.
- Majestic no lo sabía. Nosotros planeamos dejar la ciudad después para evitar su ira por atacar a un invitado sin su permiso - repitió el oni, con mayor énfasis esta vez.
- Oh, ella tendría razón de estar decepcionada de ti, si estás diciendo la verdad. Pero todavía no estoy convencido. Si tú no está haciendo su mandato, ¿Quién te envió? - asintió Inuyasha. Luego apretó su puño amenazante.
- Nosotros nos enviamos a nosotros mismos - jadeó el oni.
- Gatita… Entra - La voz de Inuyasha era tan plana que era terrible.
- Espera un minuto - yo comencé, aun cuando el oni gritó.
- ¡Es cierto! ¡No podemos permitir que Goryomaru incite a nuestra especie a la guerra! - Mis cejas se elevaron ante eso. Había asumido que si Midoriko no lo había enviado, él debería ser uno de los Oni de Goryomaru, pero él no sonaba como si fuera un admirador.
- ¿Quiénes son nosotros? - preguntó Inuyasha, trazando sus dedos casi delicadamente sobre la piel que se regeneraba en el oni donde Sesshomaru lo había quemado. Incluso ese toque suave generaba un grito estridente al comedor de carne antes de hablar.
- Aquellos que como yo, saben que Goryomaru busca la guerra para su propio beneficio, no para el beneficio de nuestra especie. A Goryomaru se le negó su golpe siglos atrás, cuando la otra mestiza de tu clase fue asesinada, por lo que ahora prohíbe a sus seguidores dañarla. Si lográramos detenerlo antes que su locura infecte a mi pueblo, ella debe morir. - El oni lanzó una dura mirada en mi dirección.
Inuyasha estrelló el cráneo el oni en el suelo lo suficientemente fuerte para que un trozo del mismo saliera volando con un estrépito espantoso como un mini disco volador no muy lejos de mis pies. Aparté la vista, frotándome la sien con un cansancio repentino que no tenía nada que ver con el amanecer. No debería sorprenderme que no solo la nación de yokai pudiera buscar mi muerte para evitar la guerra, pero no había previsto que las cosas progresaran así tan rápido. Yo también había asumido que Goryomaru quería verme muerta. Tonta de mí que no me había dado cuenta que mi muerte no encajaba en su gran esquema de dominancia de las especies. No es de extrañar que sus Oni nos evitaran a Inuyasha y a mí, cuando estábamos en Ohio. Si Goryomaru había prohibido a su pueblo el hacerme daño, nosotros éramos los yokais más seguros en el estado.
- ¿Por qué Goryomaru está tan convencido que los Oni ganarían en una guerra contra los yokais, de todos modos? Sin ánimo de ofender, pero por lo que he visto, los colmilludos tienen algunas ventajas sobre los comedores de carne. - pregunté, todavía frotándome la sien.
- Los Oni son más difíciles de matar que los yokais por su fragilidad a la plata. Pero lo más importante, desde que su señor está muerto Majestic no tiene lealtad al mundo de los yokais. Si la nación oni fuera a la guerra, ella estaría ahora del lado de su pueblo en lugar de los yokais - El oni todavía parecía un poco aturdido por el golpe reciente en la cabeza, pero se las arregló para contestarme.
- Tu cerebro no debe haberse regenerado por completo si piensas que un solo oni puede ganar la guerra - Sesshomaru dejó escapar una breve carcajada.
- No sé si la ayuda de Majestic puede hacernos ganar - respondió el oni, sonando tan cansado como yo me sentía en ese momento.
- Goryomaru cree que puede. Pero mis hermanos creen que ambas partes sufrirían pérdidas inimaginables si hacemos la guerra, y después de eso, ¿cómo podría alguien ser considerado como un ganador? - Tu cerebro no debe haberse regenerado por completo si piensas que un solo oni puede ganar la guerra.
Una parte de mí se solidarizó con el oni. Él entendía lo que mucha gente aún no hacía, que si tenías que casi destruir todo el mundo en ambos lados para ganar una guerra, entonces eso no era una victoria. No estaba siendo conducido a ciegas por la lujuria del poder como Goryomaru, de hecho, a su propia manera retorcida, este oni y los del resto del hotel habían estado intentando salvar sus vidas. A mí no me preocupaba su estrategia, pero sus motivaciones eran mucho mejores que las de los otros asesinos a sueldo que habían estado detrás de mí.
- Aparte de tus compañeros muertos en el hotel, ¿cuántos otros conforman este grupo de vigilantes? - preguntó Inuyasha, su expresión seguía siendo dura como siempre. Una mirada a Sesshomaru reveló la frialdad equivalente. Parecía que yo era la única que sentía lástima por mi presunto asesino.
- Fuimos asignados a pequeños grupos, nunca conociendo a nadie de fuera de la división de manera que si uno de nosotros era capturado, no podía traicionar a nuestros hermanos. - El oni sonrió. Con el rasgón aun no sanado en la cabeza, no era una vista agradable.
Genial. Una persona inteligente había planeado que este grupo de asesinos fueran por mi cabeza. Tal vez debería agregar la compra de lapidas a mi lista de tareas pendientes. ¿Fue Kennedy quien dijo que si un asesino estaba dispuesto a dar su vida por una muerte, no había manera real de defenderse en contra de eso? Si es así, él tristemente tendría su propia teoría probada, también.
- ¿Cómo sabías dónde estábamos? - continuó Inuyasha.
- Oímos que se reunirían con Majestic. Nosotros vigilamos el aeropuerto, los muelles, la estación de tren y puentes. Hay un número limitado de formas para entrar a Nueva Orleans. Los seguimos hasta el hotel cuando entraron. Sin tu casco tú eras reconocible, aun si ella no lo era. - La mirada del oni se deslizó a mí otra vez.
- Te dije que los cascos eran más seguros - no pude dejar de murmurar.
- Bien, entonces. Si no tienes nada más útil que decir me… - Inuyasha me dio un vistazo antes de tirar al oni a sus pies.
- Deja que se vaya. No hay razón para matarlo - le dije a Inuyasha, quien ya había enroscado un brazo alrededor del cuello del oni con un obvio propósito mortal.
- ¿Me la estas montando? - Su brazo dejo de apretar, pero levantó ambas cejas.
- No - llegué más cerca, dándole un vistazo medido al oni.
- No queremos la guerra, tampoco. Es por eso que vamos a detener a Goryomaru antes que las cosas lleguen a ese punto, pero vamos a hacerlo sin ofrecer mi cabeza. Tal vez tú puedas encontrar a los otros grupos y decirles que estamos del mismo lado. - Entonces volví mi atención hacia Inuyasha.
- Matarlo no va a ayudar en nada. Mientras yo estaría encantada si nunca lo volviera a ver, a su manera, él sólo estaba tratando de proteger a su pueblo. - Inuyasha dejó ir al oni con un murmullo.
- Te mueves y estás muerto - antes de cerrar los últimos centímetros que nos separaban.
- Mira, cariño, tú puedes simpatizar con las motivaciones de los idiotas todo lo que quieras, pero lo cierto es que… - Sus manos se establecieron suavemente en mis hombros.
Yo olí humo justo antes de escuchar el "pop" al igual que un petardo que estalló. Salpicaduras de algo grueso recubrían mi espalda incluso cuando un ruido sordo resonó detrás de mí. Me di la vuelta boquiabierta a lo que quedaba del oni. Su cuerpo cayó hacia adelante en el camino de entrada, nada más que un desastre latente, donde su cabeza había estado. Mucho más lento, me di la vuelta para ver a Sesshomaru examinando sus uñas, como si sus manos no estuvieran todavía ardiendo en las llamas que habían arruinado la cabeza del demonio unos momentos antes.
- ¿Qué demonios fue eso? – jadeé.
- Combustión espontánea – respondió
- A veces sucede. Muy vergonzoso, no me gusta hablar de ello - Un resoplido de diversión vino de mi derecha. Me oscilé en esa dirección para ver Inuyasha conferirle la mejor mirada de aprobación a Sesshomaru que nunca le había dado. Luego su expresión se puso seria cuando encontró mi mirada.
- ¿Esta es una especie de broma para ustedes dos? Tuvimos tal vez la oportunidad de difundir algo de buena voluntad entre las personas que odian a Goryomaru tanto como nosotros. Ya sabes, el enemigo de mi enemigo es mi amigo ¿y todo eso? Pero no, ustedes chicos, piensan que una barbacoa ¡Es la mejor manera de hacerlo! - pregunté bruscamente, señalando el cuerpo aun humeante del oni.
- Si lo dejaras libre, él no hubiera contado historias alabando tu generosidad. Él hubiera vuelto con sus amigos fanáticos con la feliz noticia de que tú eras una tonta sentimental, incitándolos a que redoblen sus esfuerzos en matarte. Deja de aplicar las normas humanas a los juegos de poder de los demonios, Kagome. No te gustarán los resultados. - dijo Sesshomaru, su implacable mirada rojo cobriza.
Inuyasha no dijo nada, pero un vistazo a su rostro confirmó que él estaba de acuerdo con cada palabra. Mis puños cerrados cuando la ira por la desesperación brotó en mí. Maldita sea, ¿Por qué siempre tienen que aterrizar en la más sangrienta carretera o correr riesgos de muerte y de la derrota? ¿No podrían los problemas por una vez ser resueltos mediante la negociación, en lugar de solo ver quién puede matar a mas oponentes?
- No siempre será así. Todavía eres muy nueva en este mundo, pero una vez que bestias como Goryomaru vean que no pueden quebrarte, ellos se cambiaran a un juego más fácil - dijo Inuyasha en voz baja, detectando la fuente de mi frustración.
- Yo raramente soy cuestionado, a pesar de que tengo mi parte justa de enemigos. Cuando respondes con la dureza suficiente las primeras veces, esto hace que otros adversarios estén menos dispuestos a probar tu valía más tarde - Sesshomaru se encogió de hombros en acuerdo.
Solté el aire en un apretado suspiro sin hacer la lógica pregunta declarada, ninguno de ellos podría responder de todos modos. ¿Cuántos enemigos tengo que matar antes que el resto de ellos decidan que no vale la pena encargarse de mí? Y la pregunta más aterradora -¿Qué clase de persona sería yo para el momento en que llegara a ese punto? ¿Aún me reconocería a mí misma? ¿Realmente valía la pena la supervivencia renunciando a tantas piezas de mi alma?
- ¿Crees que soy un hombre malvado? ¿Un tipo miserable que habría sido mejor nunca haber conocido? - Inuyasha se acercó, tomando mi rostro entre sus manos fuertes, pálidas y me miraba como si yo fuera la única persona alrededor de varios kilómetros.
- Por supuesto que no. - le dije de una vez, dolía que él tan solo hubiera preguntado tal cosa.
- Te amo, Inuyasha. Tú eres lo mejor que me ha pasado, y yo no soy ni la mitad de honorable de como tú lo eres. - Una ligera burla sonaba detrás de mí. Ignoré eso, concentrándome en los oscuros ojos de color dorado que perforaban los míos.
- Sin embargo, tú sabes que soy un asesino. Así que si tú crees que soy un hombre bueno a pesar de eso, entonces sabes que aun podrás ser una buena persona a pesar de que, a veces, las circunstancias te requerirán actuar más duro de lo que preferirías. – murmuro Inuyasha acercándose a mis labios.
- Eh… voy a estar adentro. Por alguna razón, siento la necesidad de ver a Hitman seguido por el Sr. y la Sra. Smith - dijo Sesshomaru con otra suave burla.
Ignoré eso también, sin dejar de mirar a los ojos de Inuyasha, sintiendo el repiqueteo constante del poder procedente de sus manos. Sí, Inuyasha era un asesino, pero eso no era lo que yo veía cuando lo miré. Yo vi a la persona que me había enseñado a aceptarme a mí misma cuando nadie más me quería. Quien me amó sin ninguno de los temores o condiciones que yo le había puesto primero a nuestra relación, y quien se había arriesgado hasta la muerte varias veces por mi vida, mi madre, mis amigos y un sin número de otras personas que nunca había conocido, incluso cuando tomó un caso de trata de blancas de no-muertos. Todo eso había sido sólo en la última década, también. Probablemente nunca conocería todas las cosas que Inuyasha había hecho por otros en el tiempo antes de que él me conociera, o aun los siglos antes de que yo naciera. Asesino, sí, pero esa era la parte más pequeña de él a mis ojos. Yo era una asesina, también, pero él me dio la esperanza de que podía aprender a hacerla la más pequeña parte de mí, incluso si fuera necesario en el mundo que yo había elegido para vivir.
- Mientras estés conmigo, puedo manejarlo. Puedo manejar cualquier cosa contigo - le dije, llegando hasta tocar su cara.
- Yo siempre estaré contigo, Gatita. Siempre - dijo Inuyasha con voz áspera antes de sus labios se acercaran sobre los míos.
- Bu Huh ¿Dónde está un pañuelo desechable cuando lo necesito? - A pesar de que estaba dentro de la casa, todavía podía oír el murmullo sardónico de Sesshomaru
- Si no estás demasiado ocupado mirando Hitman, escuche que Drácula 2000 es una buena película - Volví mi cara lejos de Inuyasha después de un largo rato, poniendo fin a nuestro beso, y grité.
- Chistosilla - fue la respuesta de Sesshomaru, clara diversión en su tono.
- Sólo asegúrate de mantener esa actitud despiadada hasta que Goryomaru haya sido derrotado, Kagome. - No pude evitar mi sonrisa por su énfasis en el nombre con el que yo había nacido, pero rara vez iba por más. Inuyasha rodó sus ojos, poniendo su brazo alrededor de mi cintura mientras caminábamos hacia la casa.
- Si no es mucha molestia, Tepesh, podríamos usar algo de ropa nueva, sangre y un lugar para dormir. No presumo regresar a Nueva Orleans hasta que sea el momento de reunirme con Midoriko, en el caso de que más compañeros del oni estén merodeando - Sesshomaru salió de una habitación por el pasillo.
- Yo sólo llegue ayer, por lo que esta casa no tiene mucho, pero tiene todas esas cosas. Maximus. – llamo dando dos palmadas.
- Por favor, vengan conmigo - El yokai de pelo moreno que yo recordaba de mi estancia en el hogar de Sesshomaru en Rumania salió, haciendo una reverencia de una vez a Sesshomaru antes de gesticular a Inuyasha y a mí.
Continuara…
