Una vida normal
El sastre del Sr. Briefs era un viejo amigo, el Sr. Bordados, y los dos hombres se saludaron con un fuerte abrazo. Habían pasado las mil y una en su juventud, poco antes de conocer a Bunny. De hecho, los dos habían competido para conquistarla pero la ciencia pudo más que la costura.
- ¡Chico!¡Cuánto tiempo!¡Estás igual!
- Hombre, algo más viejo quizás ¿No? -Rio el Sr. Briefs.
- ¿Cómo está aquel pedazo de mujer que me robaste? -Bromeó el otro. No había mal rollo.
- ¡Ja ja ja! Bien, tan hermosa y perspicaz como el primer día ¿Sabes que hemos tenido un nieto? Y este granuja de aquí es el padre -Señaló a Vegeta que miraba la escena con despierta curiosidad... "perspicaz" no habría sido la definición que le hubiera dado a aquella terrícola.
- ¡Oh!¡Enhorabuena! -Felicitó al Dr. Briefs-. Y ¡Mucho gusto! -El Sr. Bordados inclinó la cabeza con deferencia y Vegeta, por primera vez, sintió el impulso de imitar el gesto. No quería dejar mal al viejo, era de las pocas personas que soportaba con gusto. Se sorprendió al notar que no le resultaba tan difícil... quizás era el hecho que lo quisiera hacer él y no que lo obligara nadie-. Bien, pero supongo que no habéis venido expresamente solo para hacerme una visita ¿En qué os puedo ayudar?
- Pues mira, este chico tan charlatán -Vegeta le miró mal pero no dijo nada-, necesita un esmoquin para ir a una cena con mi Bulma, este mismo sábado.
- De acuerdo, pues vayamos a tomar medidas que no hay tiempo que perder -El Sr. Bordados les indicó para pasar a la trastienda. En menos de 10 minutos tenía todas las medidas que quería y solo faltó seleccionar la tonalidad de negro y el tejido. Vegeta se dejó aconsejar por el viejo y escogió un tejido suave y resistente, muy agradable al tacto. El conjunto se les entregaría en casa de los Briefs el mismo día de la cena. Cosa que acabó de satisfacer a Vegeta. Tuvo un lejano recuerdo de la vida en palacio. Cuando no tenía que ir exigiendo nuevas ropas entre un montón de mercenarios sarnosos en los enclaves de Freezer. Más de una vez los idiotas le equivocaban la talla y ya no hablemos de enviar a recogerlas a Raditz o a Napa.
En el viaje de vuelta en el vehículo del Sr. Briefs, este lo quiso tantear- Sabes, me alegra mucho que seas tú quien acompañe a mi hija -Vegeta le miró de lado, pensando en lo que le había dicho la terrícola hacía unos días.
- Sabe que su hija y yo no somos pareja ¿No? -No quería que el viejo se formara ideas equivocadas-. Pero pensé que sería interesante asistir y relajarme un poco después de tantos años... -¡Mierda! Ya había hablado más de la cuenta. Este hombre, al final, siempre le hacía decir más de lo que él quería.
- ¡Bien hecho! Hay que relajarse de vez en cuando, uno puede acabar loco si no -Ignoró la primera parte.
- Mi hijo, todavía no entiendo cómo pasó -Confesó para ver si le hacía entender al viejo.
- ¡Oh!¡Bien! Esto, cuando un hombre y una mujer juntan sus cuerpos...
- ¡Ya sé cómo funciona!¡No quiero decir eso! -Estalló-. Quiero decir que no recuerdo nada y sospecho que su hija tampoco. No estamos juntos. No existe ninguna relación de pareja ni ha existido nunca ¿Lo comprende? Iré a la cena porque me apetece, nada más.
- ¡Oh! Pues es una lástima ¿Sabes?... No me desagradaría tenerte como yerno. Creo que le harías bastante bien a mi hija -dijo el Sr. Briefs, serio por primera vez en toda la mañana.
- No se equivoque. Yo no he hecho bien a nadie en toda mi vida y no tengo ninguna necesidad de hacerlo.
El Sr. Briefs permaneció callado casi todo el camino de vuelta, mientras continuaba conduciendo, pero apenas antes de aparcar añadió- Quizás no necesitas hacer bien a nadie, quizás necesitas que alguien te haga bien a ti. Y, a menos que seas gay, pocas mujeres encontrarás como ella -El viejo desapareció a una velocidad sorprendente para su edad... o quizás era su mente que, por una vez, le tardaba en procesar.
Continuará...
