Hambrienta
Ver las formas espectrales enroscándose alrededor de las criptas de cal en el interior del Cementerio Número Uno de San Luis me hizo extrañar a Fabián. ¿Quién sabría que me volvería tan apegada a un fantasma? Pero sólo porque Fabián era transparente no significaba que no era un gran amigo. La mayoría de los fantasmas en el cementerio no eran sensibles como él. Eran sólo sombras de sus anteriores seres, sin pensamientos, sin sentimientos, simplemente repitiendo las mismas acciones unas y otra vez como una fotografía de una banda de Moebius.
Ocasionalmente, veía a algunos espectros que claramente tenían toda su cordura ectoplásmica como Fabián. Nos daban miradas a Inuyasha y a mí variando entre curiosas a desdeñosas mientras esperábamos fuera de las puertas del cementerio. Estaban cerradas, una advertencia a los visitantes que nadie salvo los muertos o quienes querían estar muertos deberían estar dentro de las paredes del cementerio de noche. Dudaba que fuéramos atacados por ningún ONI tan cerca al lugar preferido de reunión de Midoriko Laveau, pero Inuyasha estaba suficientemente rígido para hacerse añicos mientras pasaba una mano por su brazo.
- Mi pobre gato me va a odiar por desaparecer de nuevo - comenté sólo para romper la tensión.
Habíamos dejado a Helsing en Ohio ya que sería "crueldad animal" tratar de llevarlo en la parte trasera de la Ducati. Quise dejarlo en un agradable resort para mascotas, pero por extraño que parezca, Ed y Scratch insistieron en cuidarlo. Parece que consideraban que hacer de niñeras del gatito Helsing era lo mínimo que podían hacer para demostrar su nueva lealtad hacia Inuyasha como su Maestro. Considerando lo que había sucedido en el Ritz, estaba contenta de que no hayamos intentado llevar a mi gato con nosotros a Nueva Orleans. Si la administración del hotel hubiera descubierto que habíamos sido parte de la destrucción del ascensor ayer, podrían haber tomado a Helsing en represalia.
Tate ya había hecho algunas llamadas para que le llevasen a él los cuerpos de los Oni del hueco del ascensor, en vez de la morgue local. Nada hace que los policías hagan un montón de preguntas como tener cadáveres de décadas o incluso siglos de antigüedad apareciendo en una escena del crimen. Tate manejó todo con perfecta competencia, pero hablar con él en vez de Don sobre la contención de la escena del crimen era sólo otro recordatorio de cuan serio era la condición de mi tío.
Me moví impacientemente. No podía pasar tiempo con mi tío hasta que se resolviera esta situación con Goryomaru, y a Don no le quedaba mucho tiempo. También estaba la brillante idea de mi mamá de pintarse un blanco en el trasero uniéndose al equipo. Familia. Los villanos no tenían nada del estrés que mis parientes podían causarme. Hablando de eso, ¿dónde estaba el oni que siempre acompañaba a los invitados de Midoriko al cementerio para verla? Debería haber estado aquí diez minutos atrás. Como si lo hubiera convocado, un oni familiar de tez oscura dobló en la curva de la esquina opuesta, viéndose casi desconcertado de vernos esperando en las puertas.
- Jacques ¿No interrumpimos tu diversión, cierto? - Inuyasha saludó al oni, dándole una mirada mordaz al reloj de su celular.
- Majestic no sabía que habían regresado a la ciudad. Asumió que su ausencia significaba que habían cancelado su reunión de esta noche. - El rostro del oni se despejó para cuando Inuyasha terminó de hablar, hasta que era suave como la obsidiana pulida en vez de registrar sorpresa.
- Recién hemos llegado hace solo unos minutos. - Una sonrisa mostrando dientes revoloteó en la boca de Inuyasha.
Si, y no por avión, bote, tren ni auto, tampoco. No después de que el oni ahora sin cabeza nos dijera que sus amigotes estaban vigilando todos esos lugares. Inuyasha nos trajo volando con su propio poder hacía aproximadamente diez minutos, aterrizando en el techo de la Catedral de San Luis en la Plaza de Jackson antes que saltáramos y camináramos un par de cuadras al cementerio. No había querido que probara mis alas de nuevo para esta excursión a la ciudad. Algo acerca de conservar mi energía para después. Bajo otras circunstancias, habría pensado que quería decirlo de una manera traviesa, pero sabía que se refería a la posibilidad de luchar por nuestras vidas más tarde, si las cosas salían mal. Sabía para qué actividad preferiría conservar mi energía, si tuviera control de mi propia vida, pero eso no había sucedido mucho últimamente.
- Notificaré a Majestic - dijo Jacques, quedándose al otro lado de la calle. Sacó un celular, hablando en voz baja, sus palabras indiscernibles entre otros ruidos del cercano Barrio Francés. El Festival de Jazz iba a ponerse en Marcha al día siguiente más o menos, pero por el aumento de turistas, la ciudad estaba comenzando la fiesta antes.
- ¿Por qué habrá venido, si pensaba que no estaríamos aquí? - Le susurré a Inuyasha.
- Porque Midoriko se aseguraría que nada quedara al azar - fue su igualmente suave respuesta.
Eso sonaba como la infame reina vudú. Ella podría verse como una mezcla entre la Sra. Butterwort y Angela Bassett, emitiendo una actitud de ama de llaves o no-tomen-prisioneros dependiendo de su humor, pero Midoriko Laveau no era nada sino meticulosa. Suponía que nos veríamos bajo las mismas circunstancias que la primera vez—yo tratando de averiguar si ella respaldaría a un imbécil en su reclamación contra mí. Esta vez, sin embargo, las apuestas eran mucho más altas que determinar con quien me había casado según la ley de los yokais. Había terminado resolviendo ese asunto volándole la cabeza a mi ex esposo. Si solo pudiera hacer lo mismo con Goryomaru pronto, había considerado la reunión con Midoriko como un augurio de buena suerte.
- Estará aquí en veinte minutos - anunció Jacques, volviendo hacia nosotros.
- Ya lo creo, después de los problemas que hemos atravesado para hablar con ella. - Inuyasha soltó un bufido.
Jacques no respondió a eso. No había sido muy conversador la última vez que lo había visto, tampoco. Después de esperar la cantidad de tiempo fijada, Jacques abrió las puertas al cementerio y yo entré, sabiendo a donde nos dirigíamos pero dejándolo tomar la delantera. El ONI comenzó a cerrar la puerta detrás de mí, pero la mano de Inuyasha salió disparada a detenerlo.
- Voy con ella. - gruño.
- Majestic dijo que se encontrará con la Parca Negra primero y con usted después. - Frunció el ceño. Inuyasha sonrió.
- Tal vez no me escuchaste bien. Voy con ella, y si crees que puedes detenerme, pronto estaré decorando una de las estacas del portón con tu cabeza. - Una fácil extensión de su boca que hacía a sus rasgos incluso más sorprendentemente espléndidos, peros su voz no concordaba con su buena apariencia de mujeriego.
Jacques era al menos dos veces el ancho de Inuyasha y de la misma altura, así que para un espectador, si ellos peleaban, seria obvio quien ganaba. Pero el ONI no podía igualar el poder bullendo de Inuyasha cuando bajó sus escudos. Salía de él y se diseminaba para abarcar el cementerio, haciendo que los sensibles fantasmas le dieran más de una mirada interesada mientras pasaba a través ellos.
- Por aquí - dijo Jacques al final, dándonos la espalda.
Tomamos el camino rodeando las criptas desmoronadas y tumbas reformadas mientras Jacques nos guiaba hacia la bóveda de Midoriko Laveau. Sabía que este cementerio era una atracción turística popular, pero no me veía a mi misma viniendo aquí por diversión. El aire era más espeso con toda la energía residual de los fantasmas, haciéndome sentirme como si caminara a través de telas de araña invisibles con cada paso. El cementerio podía no ser grande, pero por la historia de Nueva Orleans con extremadamente alta tasa de mortalidad en comparación con su espacio para entierros, cada cripta que pasamos albergaba los restos de docenas sino cientos de residentes—algunos de ellos nos observaban cuando pasábamos a su lado.
También tenía una vibra diferente a la sensación de capsula del tiempo del Barrio Francés. Ahí, en el fondo de las calles hechas para caballos en vez de autos y faroles de gas iluminando las aceras, de alguna manera no parecía extraño ver una persona transparente adornada con ropa de un siglo diferente mezclándose entre los residentes vivos. Aquí, sin embargo, la melancolía estaba en el aire en olas casi palpables, haciéndome imaginar que cada cripta que pasaba o centímetro de suelo que pisaba suspiraba con pesar sobre una vida que nunca se iba a experimentar nuevamente.
Jacques se detuvo cerca de la blanca y alargada cripta que llevaba el nombre de Midoriko Laveau, fecha de supuesta muerte, y una apenas visible inscripción en francés que no podía leer. Dijo algo que sonaba en Criollo, y la base donde eran dejadas varias ofrendas para la reina vudú, emanó un sonido chirriante. Entonces algunas de las piedras viejas y de aspecto decrepito se deslizaron sin problemas hacia atrás para revelar un agujero dentro. Midoriko podría ser calculadora y meticulosa, pero también tenía sentido del humor, haciendo que la gente viaje bajo su cripta para encontrarse con ella.
Jacques saltó por el agujero sin dudarlo. Inuyasha me dio una mirada a mí antes de hacer lo mismo. Lo seguí después de un segundo o dos, dándole tiempo para moverse para no aterrizar sobre él, y aterricé chapoteando en unos centímetros de agua de olor salobre. Impresionante escondite mecánico, sí, pero nada se quedaba totalmente seco bajo tierra en Nueva Orleans, y esta área estaba inundada la mayor parte del tiempo. Midoriko debía tener un mejor sistema de bombeo aquí abajo que el Cuerpo de Ingenieros.
Sobre nosotros, los bloques crujieron nuevamente mientras se cerraban. Sumergiendo al túnel en lo que habría sido completa oscuridad para alguien sin visión supernatural. Inuyasha y yo la teníamos, así que no estaba preocupada de que algo nos saltara encima sin verlo. También ambos estábamos usando botas, así que cosas asquerosas chapoteando a través de mis pies mientras avanzamos por el túnel no eran una preocupación tampoco. Aun así, cuando miraba las apretadas paredes a nuestro alrededor, era incapaz de reprimir un temblor. Había visto lo que Midoriko había instalado como trampa en este túnel, y solo digamos que involucraba suficientes cuchillos para convertir a cualquiera que allane el lugar en ensalada de repollo salpicada de rojo.
Después de unos cuarenta metros, Jacques abrió una puerta de metal al fondo que revelaba unos estrechos escalones de escalera. Nuevamente Inuyasha subió primero, yo lo seguía detrás. En la parte superior de las escaleras había una pequeña habitación sin ventanas que podría estar localizada en un hogar cercano, o podríamos estar posiblemente dentro de una de las criptas más grandes del cementerio. No tenía idea, estaba segura que era como Majestic quería que fuera.
- Majestic - saludó Inuyasha a la mujer sentada en una silla reclinable de felpa, asintiendo con su cabeza respetuosamente. Pero cuando salí desde detrás de él y vi a Midoriko más claramente, mi educado saludo desapareció bajo una explosión de risa. Sobre el piso al lado de sus pequeños talones había una pálido recipiente con carne envuelta en plástico, y no tenia que mirar la etiqueta para adivinar de que tipo.
- Una gallina sin cabeza. Muy genial - dije una vez que había controlado mi risa.
Inuyasha me arqueó una ceja, sin saber que en mi primer encuentro con la reina ONI de Nueva Orleans, había comentado que estaba segura que ella tendría una gallina sin cabeza considerando su aterradora reputación vudú. Aparentemente, ella recordaba eso, otro ejemplo más del astuto humor escondido bajo su comportamiento de Reina de los Condenados.
- Es lo mejor que pude hacer en tan poco tiempo - respondió Midoriko con un elegante encogimiento de hombros. Su voz era como caramelo acústico, ese acento Criollo Sureño endulzando cada palabra. Su chal se movía mientras ella se levantaba, rizos negros tocando ligeramente sus hombros con cada movimiento.
- ¿No entregó Jacques mis instrucciones de que esperes mientras me reunía a solas con Kagome primero? - Entonces entrecerró los ojos mientras fijaba su mirada en Inuyasha.
- Estoy seguro que escuchaste del incidente en el Ritz ayer, y también estoy seguro que sabes que el ataque estaba dirigido hacia ella. Así que me perdonarás, Majestic, si soy sobreprotector por la seguridad de mi esposa por el momento. - Inuyasha no cambió su postura, pero sentí tensión que no era mía rozando mis emociones.
- Si, escuché. ¿Puedo asumir que los cuerpos recuperados del hotel pertenecían a tus atacantes? - Ni una insinuación de emoción apareció en sus rasgos.
- Todos salvo uno. Lo llevamos con nosotros cuando nos fuimos. - respondió Inuyasha.
- Dime que trajiste a esa persona contigo. - Ahora teníamos toda la atención de Midoriko. Se inclinó hacia delante, su oscura mirada intensa.
- Lo siento, está muerto ahora - declaró Inuyasha sin inmutarse.
- ¿Lo mataste? - Midoriko no se veía contenta, y no creía que fuera porque le deseaba una larga y feliz vida al oni. De hecho, si el hombre estuviera vivo todavía, estaría agradecido que Sesshomaru le ahorrara lo que sea que Midoriko tuviera preparado. Por su reputación, ella era el infierno para cualquiera que violara sus reglas del pasaje seguro.
- Sesshomaru lo hizo - dije antes de que Inuyasha pudiera responder
- El no sabía todo los detalles. - Parcialmente verdad de todos modos.
- Hablaré con él sobre eso después - murmuró Midoriko, casi para mí misma.
- ¿Te molesta? - Le di una mirada a la única silla vacía frente a la de ella.
- Por favor. - Ella hizo un gesto con la mano.
- ¿Inuyasha? - Pregunté, asumiendo que me sentaría en su regazo.
- Me quedaré parado, Gatita. - Me acomodé en la silla. Hasta ahora, las cosas estaban yendo mejor de lo que esperaba. Midoriko no había atacado porque Inuyasha estuviese aquí o por el oni muerto. Tal vez pensaba como nosotros que Goryomaru era tanta amenaza.
- Puedes quedarte, pero permanecerás en silencio mientras hablo con Kagome, o te sacaré - le dijo Midoriko a Inuyasha en un tono que lo retaba a discutir.
Mis esperanzas cayeron en picada con esa sola frase. Inuyasha cruzó los brazos por su pecho y se reclinó en la pared, viéndose como si estuviera completamente relajado. No podía sentir sus emociones—las había cerrado firmemente desde que entramos en el túnel—pero podía apostar que su pequeña sonrisa a medias escondía un montón de pensamientos poco caritativos hacia Midoriko. No pude evitar admirar su interpretación displicente. No podría fingir indiferencia tan bien cuando estaba enojada.
- Así que…¿qué hay de los Saints, hah? - Me aclaré la garganta en el repentino incomodo silencio.
- La última vez que te vi, aun eras una mestiza. Dime, Kagome, como encuentras ser completamente yokai? - La aguda mirada de Midoriko no se movía de la mía. ― ‖
- Es genial. No he extrañado que me llegue el periodo ni una vez, y oye, no hay que contar más calorías. ¿Qué no hay que amar, cierto? - dije, sabiendo que tenía algo bajo la manga, pero pretendiendo que era una pregunta informal.
- Olvidas mencionar tu habilidad para matar a tu primer esposo con una bola de fuego. - Me sonrió, revelando hermosos dientes blancos que contrastaban muy bien con su labial rojo mate.
Mi sonrisa en respuesta se congeló en mi cara. Esperaba hablar de Goryomaru, no Onigumo. El había sido el yokai cuya sangre fue combinada con el corazón de oni para levantar a Midoriko desde los muertos hace casi ciento cincuenta años atrás, pero Midoriko lo había querido muerto también, así que no había anticipado recriminaciones por haberlo matado. Midoriko es una aliada valiosa, no pierdas el control y le des excusas para irse al lado e Goryomaru, me recordé a mí misma. Mira a Inuyasha. Casi parece aburrido aunque tiene que estar tan sorprendido como tú de que Midoriko haya mencionado a Onigumo.
- Porque hizo trampa en su duelo con Inuyasha, el Consejo de Guardianes de los Yokais me absolvió de cualquier delito - dije, orgullosa de que mi voz sonara tan calmada.
Midoriko se recostó en su silla, ociosamente acariciando la tela. Parte de mi se preguntaba dónde estaba la puerta secreta en esta habitación. Esa silla no era una parte permanente o estaría enmohecida por el aire húmedo, sin mencionar que no creía que Midoriko se dejaría a si misma sin una vía alternativa de escape.
- Hacer trampa, eso no me sorprende - comentó.
- La arrogancia de Onigumo siempre fue su talón de Aquiles. Como llevarte a Paris cuando tenías dieciséis. Le dije que viniera a aquí. Que su ciudad natal sería el primer lugar en el que cualquiera lo buscaría si sus acciones eran descubiertas, pero no escuchó. - Todo en mi se congeló. No me atrevía a mirar a Inuyasha de nuevo. El destello de rabia que atravesó mi subconsciente antes de que re-encubriera sus emociones me dijo que estaba muy cerca de perder la calma ante esta revelación.
- Así que. ¿Onigumo te dijo sobre sus planes de secuestrarme en ese entonces? - No pude mantener la rabia fuera de mi voz ni si mi vida dependiera de eso.
- Onigumo me dijo muchas cosas. Confiaba en mi lealtad hacia él como mi único Sire vivo. No traiciono a aquellos que he jurado lealtad. Esto no debería sorprenderte. Te dije el año pasado que si los alegatos de Onigumo eran probados, estaría de su lado. - Continuó acariciando el brazo de la silla, como si la tensión en la habitación no se hubiese vuelto suficientemente espesa para cortarla.
- También me contaste una estupenda historia acerca como asesinaste a tu esposo cuando te presionó demasiado. Bueno, diría que engañarme para que me casara con él cuando era adolescente, asesinar a mi amigo, cambiar a mi madre a la fuerza en yokai, y tratar de matar a Inuyasha haciendo trampa en el duelo, todo cae bajo la categoría de "demasiado" para mí. Qué malo para Onigumo que la visión que tuvo cuando tenía dieciséis no mostrara la parte acerca de mi usando todos esos geniales poderes que él quería controlar para matarlo. - respondí bruscamente.
- Subestimarte fue el error de Onigumo. No será el mío. Pero nadie se puede esconder de la muerte para siempre. Nadie, ni siquiera los de nuestra clase. La muerte viaja por el mundo y atraviesa hasta las más gruesas paredes con las que nos protegemos. Deberías recordar eso. - Midoriko no movió ni un musculo, pero de repente, me sentí como un ratón mirando a una lechuza hambrienta. se encogió de hombros.
- No es por ser mal educada, Majestic, pero suena como si me estuvieras diciendo que me cuide la espalda de ti. - Midoriko gruñó.
- Cuando realmente entiendas lo que significa, sabrás como vencer a Goryomaru. - Al final, estábamos llegando al tema.
- Está bien. Recordaré eso. - . Ya me había dado cuenta que tenía que matar al oni para detenerlo, pero si Midoriko quería sentirse como si estuviera siendo toda impasible y criptica con el consejo, le seguiría el juego.
- Deberías. Si no lo haces, el ganará. - Sonrió, genial y de alguna manera terrífico al mismo tiempo.
- Simplemente podrías decirlo claramente y ahorrarnos un poco de tiempo - dije, incapaz de mantener todo mi exasperación fuera de mi voz. ¿Estar muerto por más de un siglo convertía a todo el mundo en maestros de acertijos en vez de gente que podía simplemente decir lo que querían decir?
- No me uniré a tu causa contra Goryomaru. El año pasado, mi Sire pudo habérmelo ordenado, pero Onigumo ha muerto, mi lealtad es sólo para mi gente. - Me empecé a enojar.
- ¿Incluso a expensas de miles de personas muriendo por razones tan estúpidas como quien tiene colmillos versus dientes planos? Pensé que serias más inteligente que ponerte de lado de un intolerante absurdo. - Le di una mirada mordaz a su piel café latte.
- No tiene nada que ver con la intolerancia - respondió con dureza.
- Pero el alcance de Goryomaru ha crecido. Si me opongo a él abiertamente, seré vista como una traidora de mi raza. Cada Oni que esté en desacuerdo con Goryomaru podría ponerse de su lado por lealtad a la especie. Habrá guerra civil. Durante eso, ¿debo creer que la nación yokai no descenderá en picada para aplastarnos mientras estamos débiles por nuestra batalla interna? No confío tanto. - Midoriko me dio una pequeña sonrisa.
- Oh vamos. Los yokais no sueñan con subyugar a los Oni. Sabes que eso es solo una cortina de humo que está usando Goryomaru. - resoplé.
- Hay algunos entre los de tu raza que tomarían ventaja de los Oni igual de despiadadamente como lo que Goryomaru está buscando hacer con los yokais. Si no eres suficientemente inteligente para prestarle atención a mi palabras y ser más lista que él, entonces mereces perder - respondió con una brutal franqueza antes de inclinarse hacia delante y estirar la mano detrás de su silla.
Todo en mi se tensó, lista para saltar por los cuchillos en mis botas, pero todo lo que ella hizo fue sacar una copa de vino vacía. Esa tensión previa comenzó a desaparecer. Jacques nos había servido tragos la última vez que estuve aquí, aunque por mi vida no sabía como había conseguido un gin tonic frio en esta área subterránea húmeda y fría. Pero en vez de llamarlo, Midoriko dejo el vaso sobre el brazo de la silla sin decir una palabra. Después abrió un anillo con su dedo, revelando que escondía una diminuta punta afilada, y la deslizó por su muñeca antes de sostener la copa de vino bajo el corte. Oh mierda no, pensé, conteniéndome de salir disparada de mi silla con cada pedazo de mi fuerza de voluntad. Su mirada perforó la mía mientras un oscuro liquido purpura comenzó a llenar el vaso.
- Parca Negra… ¿No quieres algo para beber? - dijo tranquilamente. Una vez más no podía arriesgarme a mirar a Inuyasha para ver si parecía tan consternado como yo me sentía. Serénate, puede estar engañándote, canturreé para mí misma, controlándome para no inmutarme cuando ella me extendió un vaso medio lleno.
- Que oferta tan inusual, pero sabes que prefiero el gin-tonic - dije, rogando que mi corazón no empezara a latir de pánico. Si estaba enterada a cerca de mis hábitos alimenticios retorcidos, ¿Quién podría habérselo contado? ¿Esa persona había metido la pata de alguna forma y había informado que bebo sangre de demonio en vez de yokai para alimentarme?
- Hace más de doce años, Onigumo me contó de su visión a cerca de una joven mestiza, quien un día ejercería el poder de la piroquinesis. - dijo Midoriko.
- Después de su Sire, Tenoch, fallecido, solo otro yokai existente podía hacer manifestaciones de fuego y doblegarlo según su voluntad y como sabes, Sesshomaru Tepesh no era aliado de Onigumo. Onigumo había asumido que obtendrías ese poder luego de un siglo de haber sido trasformada en yokai, y pretendió tenerte bajo control por mucho tiempo antes de que sucediera eso. Con todo y eso, lo mataste usando fuego, habiendo sido trasformada hace un mes. - No me moví, temerosa de que mi menor gesto pudiera delatarme.
- Todo el mundo lo sabe… Es Suerte de principiante. - tan calmada como pude.
- Entonces, curiosamente, no se ha reportado que hayas usado fuego otra vez, incluso cuando estuviste en circunstancias terribles. Se ha reportado que has usado telequinesis contra un grupo de yokais en Mónaco hace unos meses. Así que son dos poderes increíbles, manifestados en menos de un año luego de haber sido trasformada. ¿Es más Suerte de Principiante? - Una fuerte risa provino de ella.
- Soy una chica afortunada - dije, pensando que si aún fuera en parte humana, ya estaría vomitando del estrés. Midoriko miro el vaso de sangre en sus manos antes de encontrar mi mirada.
- Descubrámoslo - dijo, su acento sureño cambiando hasta sonar como cientos de voces hablando repentinamente por medio de ella, ninguna de ellas era amable.
Inuyasha se movió al mismo tiempo que yo, pero una ráfaga helada de poder me empujo de vuelta a mí asiento lo suficientemente fuerte para caerme. Saque dos cuchillos en ambas manos, solo para ser arrancados de mi empuñadura por algo que sentí como garras afiladas. Increíblemente vi a Inuyasha suspendido en medio del aire, con sombras arremolinándose alrededor de él, su boca se abrió con un rugido que aun así no pudo ahogar los horribles ruidos de lamento que llenaron la sala.
Midoriko no se había movido de su posición, el vaso de sangre aun descansaba al lado de su silla. Mire directo hacia ella una vez más, solo para encontrarme con una pared de demonios disparados desde el suelo, sus rasgos no se distinguían debido a su enorme cantidad. Cuando trate de apartarlos, sentí como si me acuchillaran el cuerpo con miles de navajas, peor que eso, mi energía fue absorbida tan abruptamente como si hubiese sido de madrugada la vez que fui trasformada. El dolor se irradio en mí desde mis botas hasta mis cejas. Baje la mirada, esperando estar cubierta de sangre, pero solo una mancha tenue de suciedad estropeaba mi frente aunque sentía como si me fuera a desmayar.
- Para - jadee hacia Midoriko.
- Oblígame, Invoca el fuego o tumba esta bebida de mis manos con tu mente, y lo haré - Se encogió de hombros.
¡Perra! La ira me lleno mientras Inuyasha era arrojado contra el muro construido por sombras malévolas. No volvió a gritar. Parecía, espantosamente, como si estuviera tratando de hablar pero no pudiera. Sus rasgos se retorcían mientras luchaba, un dolor más agudo centelleo a través de mí, pero no era mío esta vez. ¿Cómo podían ser capaces de infligir daño estos fantasmas? Ni siquiera Fabián podía manifestarse en una floja versión de un apretón de manos.
Mis ojos se estrecharon mientras miraba a Midoriko. Tenía que haber sido su poder el que le permitiera a los fantasmas hacer esto, por la forma en que su voz sonó como un micrófono de una tumba y las ondas heladas vibrando fuera de ella. A pesar de que no había manifestado recientemente más que una chispa, aun así trate de convertir mi ira en llamas, imaginando a Midoriko, a esa mullida silla e incluso el paquete de pollo ubicado a sus pies estallando dentro de un fuego infernal. Ardan. Ardan.
Nada. Ni siquiera un indicio de humo se filtró por mis manos, por no hablar del fuego. Trate de concentrarme en la copa de vino de al lado, imaginado que se rompía y salpicaba su sangre por todos lados. Un golpe mucho más duro provino de mi izquierda, audible incluso por encima del asqueroso y agudo gemido que emitían los fantasmas. Una mirada reveló que tenían los brazos y piernas de Inuyasha extendidos en línea recta, las sombras aparecían y desaparecían desde su carne. Fragmentos de agonía rebanaron mi conciencia, haciendo más intensos los breves periodos de impasibilidad entre ellos. Maldita sea, Inuyasha estaba tratando de protegerme de su dolor. Incluso en medio del proceso de convertirse en puré de adentro hacia afuera por los monstruos espectrales.
Mire hacia otro lado, derramando las lágrimas de mis ojos, para concentrarme de nuevo en aquel vaso lleno de sangre. No habían pasado demasiados meses desde que había bebido la sangre de Inuno. ¡Parte de su poder debía estar aun dentro de mí! ¡Rómpete, rómpete vaso! O simplemente cáete de su mano, por lo menos. Mas destellos rápidos y luminosos de dolor revoloteaban entre mis emociones, el periodo entre uno y otro era cada vez más corto. No pude evitar mirar a Inuyasha una vez más. Su espalda estaba arqueada, los ojos estaban cerrados, sus músculos se contorsionaban cada vez que las sombras se zambullían dentro de él. La agonía que se filtraba dentro de mí no era nada comparado con el ardiente dolor que rasgaba mi corazón viéndolo en ese estado.
Arrastre mi mirada lejos y mire hacia el vaso con suficiente aborrecimiento, que debió haber explotado convirtiéndose en arena. No ocurrió. Ni siquiera un temblor de movimiento lo perturbo. Tal vez era porque no había bebido la misma cantidad de sangre de Inuno como lo hice con Sesshomaru la primera vez. Tal vez porque había parado de beber la sangre de Inuyasha, ahora estaba más débil y era incapaz de convocar algún poder residual de telequinesis que quedara en mí. En última instancia, la razón no importaba. Todo lo que sabía era que el hombre al que yo amaba estaba siendo atormentado y a pesar de que yo estaba en la misma maldita habitación, no podía ayudarlo.
No me sorprendí cuando un repiqueteo sordo poco a poco empezó a sonar dentro de mi pecho. La ceja de Midoriko se elevó, aunque parecía más curiosa que sorprendida. El odio se apodero de mí al ver con que tranquilidad ella estaba sentada allí, dirigiendo todo este alboroto como si creyera que era un espectáculo de marionetas. Saque dos cuchillos de mis botas y los arroje hacia ella incluso antes de planear la acción, solo para dejar salir un grito de frustración cuando fueron bateados lejos del muro de fantasmas sin siquiera rozarla.
Me lance contra la barrera espectral contigua, decidida a hacerle pagar, pero no importo cuantas veces golpee fuertemente contra la torcida pared hecha de guardaespaldas de otro mundo, no pude abrirme paso entre ellos. Peor aún, parecía debilitarme, sustituyendo la rabia con el mismo letargo vertiginoso que solo había sentido el día en que Inuyasha agotó toda mis sangre para transformarme. Después de lo que parecían horas pero probablemente solo eran minutos, ni siquiera pude mantenerme en pie. La desesperación me ahogaba mientras mis piernas se agotaban. El lamento sobre natural de la sala parecía hacerse más fuerte debido al triunfo.
- No puedes ganar contra ellos - dijo Midoriko, su voz aun hacía eco de forma horripilante.
- Estos no son fantasmas, Son Remnants, astillas de las emociones más primarias que quedan luego de que alguien cruza hacia el otro lado. Cada vez que los tocas, se alimentan de tu energía y dolor justo como un yokai se alimenta de sangre, y se hacen más fuertes. - Casi aturdida, mire fijamente hacia el piso de concreto. Nada lo estropeaba excepto las grietas y las manchas de moho, pero yo había visto algo similar a estos Remnants, cuando Inuno levanto espectros en represalia por un hechizo vicioso en su contra. A pesar de que aquellos lucían como fantasmas, también, eran completamente letales, cortando una docena de yokais como un cuchillo caliente entre la mantequilla. Y estos Remnants lucían igual de fuertes.
- ¿Trabajaste en el embrujo antes de que llegáramos? ¿Dónde has escondido los símbolos? - me forcé a preguntar, a pesar de que hablar pareciera succionar los restos de mi fortaleza.
- No necesito embrujos. No practico magia negra; soy magia negra. - Su risa resonó alrededor del cuarto. Normalmente habría dicho algo mordaz a cerca de como el orgullo siempre precedía la caída, pero considerando que estaba casi inconsciente en el suelo, no creí que el insulto tuviera el mismo efecto.
- ¿Que estas esperando, Parca Negra? Si continúan alimentándose de él por más tiempo, eventualmente lo mataran. Si quieres liberarlo de los Remnants, desata tus grandiosas habilidades. Muéstrame el fuego, o mueve este vaso aunque sea un centímetro, y los enviare de vuelta a sus tumbas. - pregunto Midoriko calmadamente, mirando hacia Inuyasha.
La mire, con el corazón aun crepitando latidos esporádicos debido al miedo y a la furia, evaluando cada aspecto de su apariencia mientras pensaba en los detalles que pudieran ayudarme a derrotarla. Esos grandes ojos oscuros, su piel suave anti edad y su boca muy ancha enmarcada por su cabello negro que apenas rozaba el chal de encaje que cubría su vestido azul marina hecho a la medida. Todo respecto a Midoriko lucia moderno y normal orientado hacia sus sensibles talones y aun así con estilo, esta mujer era la adversaria más peligrosa que hubiera encontrado jamás.
Pensé que solamente Inuno podía ejercer el suficiente poder para darnos una paliza a mí y a Inuyasha sin siquiera pararse de su silla, pero aquí estaba Midoriko, haciéndolo muy bien. Su habilidad para controlar a los Remnants debía ser con lo que Goryomaru contaba para hacer la diferencia entre demonios y yokais en una batalla, y tenía que admitirlo; era un maldito espectáculo aterrador.
Mire a Inuyasha. Su rostro aún estaba contorsionado, el dolor estallaba a través de mi subconsciente como disparos de ametralladora, aunque su boca se movió, ni una palabra salió de él. Midoriko no solo podía dirigir a los Remnants para que lo mantuvieran contra la pared, sino que también podía hacer que ellos no lo dejaran hablar. La rabia trajo consigo una llamarada de energía sobre mis extremidades, haciendo que me arrastrara para ponerme de pie mientras la enfrentaba.
- Las dos sabemos que si tuviera algún residuo de esas habilidades dentro mí, habría decorado las paredes con tu sangre, y tus Remnants estarían ardiendo justo ahora. Solo adquirí esos poderes por corto tiempo cuando bebí de Sesshomaru e Inuno. - dije, deseando que hubiera tenido la fuerza para sonar mucho más amenazadora. La satisfacción revoloteo a través de las facciones de su rostro antes de que se suavizaran otra vez.
- Como un Mambo, en mi secta de vudú, selectos Mambos beben sangre rociada con esencia de zombi para absorber los poderes de los dioses sobre la muerte… temporalmente. Cuando me convertí en un oni, los poderes se convirtieron en algo permanente, e incrementaron mucho más de lo que cualquiera podía imaginar. - dijo, mencionando la palabra desconocida.
- Aleja a esas cosas de Inuyasha y podrás contarme todo al respecto - rechine.
Midoriko había confirmado sus suposiciones respecto a la fuente de mi poder, y aun estábamos vivos, lo que sugiere que quería algo de nosotros. No necesitaba una Bola 8 Mágica para saber que si ella nos quisiera muertos, no seriamos más que un montón de cenizas en este cuartucho.
- Bebe esto, o el morirá. - Su mirada color avellana se encontró con la mía, sin piedad alguna en el fondo mientras sostenía una copa llena con su sangre. Mire dentro de sus ojos y supe, muy dentro de mi alma, que no estaba fanfarroneando. No importaba que estuviera aterrorizada por lo que sucediera cuando bebiera de esa copa, la vaciaría hasta secarla para salvar a Inuyasha.
- Déjame pasar. - Golpee mi mano indicando el muro de Remnants entre nosotras.
Su frente se arrugo hacia arriba, y luego apareció un camino entre la masa de cuerpos transparentes. Atravesé la grieta, rehusándome a mirar Inuyasha en caso de que hiciera gestos o mímica tratando de decirme que no hiciera lo que estaba a punto de hacer. Si no te afecta, no te afecta, repetí como una letanía mientras tomaba la copa de la mano de Midoriko y luego la voltee en mi boca, tragando profundamente.
Consuelo se extendió a través de mí con el amargo y empalagoso sabor, tan diferente al de la sangre de un yokai. Si no me gusta, entonces no tendrá el mismo efecto que el de la sangre de yokai, ya que esa sabía a ambrosía para mí. Deje que la copa cayera de mi mano una vez que estuvo vacía, sintiendo una sensación de satisfacción pequeña e insignificante al ver que se había destrozado el momento del impacto. Estaba lo suficientemente enojada con Midoriko para querer verla hecha trizas en el suelo, pero justo ahora, me conformaría con imaginar que los fragmentos brillantes de cristal eran trozos de su cadáver.
- Has obtenido lo que has querido. ¡Ahora aléjalos de él! - dije, sintiéndome más fuerte por el momento.
El efecto de drenaje al contacto con los Remnants debe haber desaparecido. Genial. Eso significaba que Inuyasha no sufriría ningún daño permanente, tampoco. No sabía si el abuso espectral podría arruinar de alguna forma las habilidades naturales para sanarse de un yokai, pero este no debía ser el caso, así que Inuyasha estará bien tan pronto como esta mugrosa energía se vaya al infierno. Levante la cabeza alrededor para mirar ferozmente hacia las sombras que aún se canalizaban a través de su cuerpo. Será mejor que recen cuando finalmente muerda el polvo y que permanezca del todo muerta, o volveré a patear sus traseros por esto.
Las sombras cayeron de Inuyasha tan abruptamente que cayó al piso antes de darse cuenta, encogiéndose en un montón. Corrí hacia él, acunándolo, mordiendo mi labio tan fuerte de rabia que sangro debido a la lentitud con la se impulsaba a sí mismo para ponerse de pie. Entonces lacere con la mirada a Midoriko. Nos observó con una mirada de extrañeza en su rostro, los Remnants que recientemente habían atormentado a Inuyasha aparecieron alrededor de ella.
- Puedes enviar a tus pequeños amigos de vuelta a las tumbas, o puedes jugar con ellos toda la noche. No me interesa, nosotros nos vamos - le dije de forma cortante, notando que Inuyasha miraba entre Midoriko y yo con una especie de rabia incrédula. El muro de Remnants surgió frente Midoriko, hasta que estuvo rodeada por la diáfana horda giratoria por encima, por debajo, y por todos lados. Aun enseñando su poder, note con desprecio, como si no hubiésemos recibido el mensaje antes.
- Les ordené volver a sus tumbas en el mismo momento en que lo puse en libertad a él - dijo Midoriko, cada palabra poseía el dulce sabor de su acento en vez del eco de las tumbas.
- Patrañas… Aún están aquí, ¿verdad? - espete, sintiendo una nueva oleada de ira desgarrándome, seguido por un hambre casi abrumadora.
- Gatita, tu voz… - dijo Inuyasha con incredulidad.
Algo me golpeo con tanta fuerza que mi visión se volvió negra. Me prepare para el dolor, pero extrañamente, no apareció. Los sonidos se convirtieron en algo sordo, desorganizado. Creí escuchar a Inuyasha gritando, pero no pude concentrarme en lo que estaba diciendo o incluso a donde iba. El aire se precipito sobre mí como un silbido cada vez más grande, recordándome como me sentí cuando caí del puente; pero no podía estar cayendo. Aún estaba en la habitación bajo el cementerio, ¿verdad?
Destellos llenaron mi visión; reflejos de plata y blancos iban muy rápido, eran casi indistinguibles. Pude ver a través de ellos tenuemente, pero era como si estuviera viendo cosas desde muy lejos. Un gemido salió de mi boca, parte de mí noto que sonó como si estuviera llena de voces de gente muerta hacía ya décadas, siglos, incluso milenios. Como si estuviera en un sueño, vi a Inuyasha bajándome suavemente al suelo de concreto y entonces empujo a Midoriko tan fuerte que se estrelló contra la esquina lejana de la habitación.
- Te lo concedo como un strike, pero solo uno. Ahora, ¿vas a escuchar lo que tienes que hacer para ayudarla, o harás que te mate y dejarla a merced de la tumba? - dijo ella, las palabras parecían hacer eco en mi mente.‖
Pude escuchar a Inuyasha contestar y Midoriko responder, pero en cierta forma sus palabras se me escapaban en medio del lamento de otros, mucho más fuertes que cuando me metí en los pensamientos de los humanos. Sin embargo la sensación de su toque no se perdió, cuando se arrodillo junto a mí y me acogió en sus brazos. Sentir su piel sobre la mía era un ancla al que trate de concentrarme en medio del vertiginoso caos que me superaba. Estaba tan fría. Tan vacía.
Tan HAMBRIENTA…
Mientras me cargaba fuera de la sala, Midoriko lo detuvo, presionando su boca contra mi oreja. Murmuro algo, pero era una sola voz entre muchas, sus palabras me arrancaron lejos del estruendo dentro de mi mente antes de que pudiera registrar plenamente su pregunta. Inuyasha me tiro lejos, pero aun así pude sentir el fuego de sus labios contra mi piel. Sus largas zancadas me condujeron a la negrura del túnel, rozando a Jacques como si el demonio no hubiera estado allí. Mis dedos se arrastraron a lo largo de las paredes mientras pasábamos, ligeramente desconcertada por el rastro de luz que parecía alejarse. La luz se incrementó, tirando por si misma de las paredes para alcanzarme, buscándome con tentáculos, pero no estaba asustada. Estaba triste. Había muchos de ellos, pobres cosas y estaban tan hambrientas…
Continuara…
