Las puertas entre la vida y la muerte
El sonido del metal rechinaba adelante, luego un espeso rayo de luz plateada centelleo al final del túnel. Inuyasha incremento su ritmo, saltado dentro de ella bañándonos en su esplendor, luego todo a mí al redor estallo. Las voces se volvieron ensordecedoras, el frío entumecimiento mental, el hambre insaciable. Esas sensaciones se incrementaron, hasta sentirme forcejeando en medio de una gran red sedosa para alejarme, pero al mismo tiempo mis esfuerzos solo hacían que la jaula a mí alrededor se apretara. Lo primero que registré fue el olor a humo, curvándose alrededor de mi nariz como si pidiera a gritos ser inhalado. La próximo fue que mis brazos se sentían tiesos y mis muñecas doloridas. Abrí los ojos, el gris suave del cielo de concreto encima de mí, la pálida, carne desnuda de Inuyasha a mi derecha.
- ¿Qué…? - Empecé a decir, tratando de incorporarme, sólo para que algo tirara de mis brazos. Incliné la cabeza hacia atrás, sorprendida al ver que estaba esposada a una pared, cuando otra mirada reveló que Inuyasha y yo estábamos en una cama estrecha. Mi mirada voló hacia él una vez más, notando el cigarrillo que bajó mientras exhalaba una larga columna de humo color blanco.
- ¿Por qué estás ahí tirado fumando mientras estoy encadenada a una pared? - Exigí. La mirada que me dio fue una mezcla de alivio y cinismo.
- Dado que parece que no recuerdas nada de los últimos dos días, permíteme asegurarte, cariño… me gané este cigarrillo - ¿Dos días? Lo último que recordaba claramente era a Inuyasha llevándome fuera de esa habitación subterránea con Midoriko. ¿Eso fue hace dos días? Y durante ese tiempo, ¿Se había convertido de algún modo necesario encadenarme a una pared?
- Oh, mierda… La sangre de Midoriko... absorbí algunos de sus poderes, ¿no? - dije en voz baja, la memoria de mi voz sonando como la puerta de entrada al infierno reverberaba a través de mi mente.
- Gatita, esa es una descripción insuficiente. - Gruñó mientras sacaba una llave de debajo de la cama.
Me golpeé la cabeza contra la cama un par de veces, más enojada que asustada. Maldita Midoriko. ¿Por qué demonios había tenido que insistir en que bebiera su sangre? ¿No era suficiente que hubiese descubierto de dónde sacaba mis habilidades? Supongo que no. Tuvo que añadir más a mis problemas al obligarme a beber de ella. Ahora, además de enloquecer a la gente una vez que se supiera que podía absorber los poderes de yokais a través de la alimentación, Midoriko se aseguró de tener pruebas de que podía hacer lo mismo con los Oni. La gente acudiría al lado de Goryomaru una vez que estas cositas fueran reveladas.
- Ella debe querer la guerra. Si no, nos habría matado. Una vez que la noticia de esto golpeé, nada más que mi ejecución pública calmara los ánimos con los Oni. - dije, frotándome las muñecas cuando Inuyasha abrió las esposas.
- Eso no va a suceder - dijo con frialdad.
- No estoy a favor de morir, tampoco, pero cuando la gente escuche acerca de esto, Goryomaru va a combatir contra los conversos con un palo… - Gruñí.
- Me refiero a que Midoriko no va decirle a nadie, aunque también estás en lo correcto en que no voy a dejar que ninguno de esos fanáticos cabrones te toque. - Me senté, preguntándome brevemente por la humedad que había debajo de mí, pero me centré más en lo que él acababa de decir.
- ¿Midoriko no se lo dirá a nadie? Eso no tiene sentido. ¿Por qué sino habría utilizado medidas tan drásticas para hacerme beber su sangre, si no creía que pudiera beneficiarse de alguna manera? ¿Y qué otra manera de beneficiarse, excepto decirle a todos que puedo absorber los poderes de los yokais y los Oni? No creo que lo haya hecho para que pueda ser su nueva compañera de vudú. - repetí.
- No lo creo, tampoco, pero lo último que me dijo fue que si revelábamos a alguien que eras capaz de absorber poderes de los Oni, o que habías bebido su sangre, nos mataría a los dos. Dijo también, que sabría si se lo contábamos a alguien. Debe significar que ya tiene unos cuantos hijos de puta fantasmales espiándonos. Me dan ganas de contratar a un experto para desterrar a todos los carne-vaporosa con los que me encuentre, y va el doble con los Remnants. - Su boca se torció.
- No digas eso. - Gracias a Dios que Fabián estaba con Dave o el fantasma habría estado inconsolable por escuchar a Inuyasha hablar con tanta frialdad de los de su clase.
- No son lo mismo que Fabián u otros fantasmas. Midoriko dijo eso, pero yo también podía sentirlos. No son conscientes de lo correcto e incorrecto, de lo que están haciendo, nada de eso. Los Remnants son... como enormes agujeros de necesidad que gravitan hacia cualquier fuente de energía a las que se les dirija. No podían evitar lo que te hicieron… - continué, mi voz alcanzando una repentina oleada de memoria.
- Dulce Cristo sangrante. Trata de no dejar que esto te convierta en una Ghost Whisperer, ¿ok? Adoptar a Fabián es una cosa, pero ya estamos alejando fantasmas por docena. Si aún deseas otra mascota, te voy a conseguir más gatos. - Inuyasha me interrumpió.
- Hablando de mi gato - comencé.
- Él está aquí. No en esta habitación, por razones obvias, pero Ed lo trajo ayer. - dijo Inuyasha, levantándose de la cama.
Dejé que mi mirada viajara por su desnudez, uno, porque ¿Quién no lo haría? Y dos, era casi una costumbre admirarlo cada vez que se levantaba de la cama. Pero algo me llamó la atención cuando me quedé mirando por encima de sus musculosos muslos, haciendo que la incredulidad pasara como una serpiente a través de mí. Una mirada a la humedad debajo de mí mientras me deslizaba a un lado sólo lo confirmó, por no hablar de las manchas de color rosa a juego en mis propios muslos.
- Inuyasha, ¿Es en serio? - Jadeé.
- ¿No pudiste esperar tener sexo hasta que estuviera consciente? - Claro, él era una persona muy sexual. Casi insaciable, algunos podrían decir, y estaría tentada de estar de acuerdo, pero esto era cruzar los límites… Él se echó a reír de una manera que era más irónica que divertida.
- Tal vez no quieras tener esta conversación hasta que estés un poco menos... agitada - dijo, pareciendo elegir sus palabras con cuidado.
- No vas a usar esa pobre excusa de macho "tuve que hacerlo o iba a explotar" ¿verdad? Porque es una mierda para los humanos, pero más aún para un yokai, especialmente para uno tan viejo como tú... - Crucé los brazos sobre el pecho, no golpeando el pie contra el suelo sólo porque aún estaba sobre la cama.
- ¿Realmente crees que te cogería si estuvieras fuera de combate? ¿No tratamos esto hace mucho tiempo, incluso antes de que estuviéramos juntos? - Sus cejas se arquearon en desafío.
- . ¿Así que te hiciste esos... por ti mismo? - Di un vistazo hacia abajo, a las manchas de color rosa en la cama, evidencia de su clímax debido a la relación de sangre/agua que hay en los cuerpos de yokais. ¿Y frotaste algo sobre mí para hacerlo mejor? Añadí mentalmente, pero no lo dije en voz alta.
- No, cariño, definitivamente fuiste parte de esto, pero no estabas inconsciente… - respondió de manera uniforme.
- Estabas enloquecida de hambre por los efectos de la sangre de Midoriko, y no quiero decir hambre en el sentido nutricional. - ¡OH! Mis mejillas realmente se estremecieron con la necesidad de sonrojarse.
Eso no se me había ocurrido, a pesar de que una de las últimas cosas que recordaba con claridad era la sensación de un hambre increíble. Supongo que había juzgado mal qué tipo de hambre. Forcé más mi mente, tratando de pensar más allá de ese momento en el cementerio. Después de una corta espera, imágenes dispersas bailaron en mi memoria. El cuerpo pálido de Inuyasha que se elevaba sobre el mío, su boca abierta en un gemido... gotas carmesí de su sangre sobre su piel que lamí antes de morderlo otra vez... su pelo, tan suave contra mis muslos cuando bajó la cabeza entre ellos... las esposas enterrándose en mis muñecas mientras que olas de placer y necesidad rompían dentro de mí...
- Bueno, eh... lo siento por acusarte de, ah... - Sí, había estado involucrada, está bien. Y mordiendo, también, al parecer.
- ¿Aprovecharme de mi propia esposa mientras ella estaba fuera de combate? - agregó él. Hice una mueca.
- Estoy empezando a vislumbrar algo de lo sucedido… aunque ¿Por qué me encadenaste a la pared? No me digas que la sangre de Midoriko me convirtió temporalmente en una adicta al sadomasoquismo, también. - Si era así, daba una excusa a la pregunta de qué era exactamente lo que la reina del vudú pensaba que era diversión, si hubiera absorbido eso de ella, también...
- Gatita, déjalo por ahora. Sólo te alterara, y no fue tu culpa. - Inuyasha realmente tomó una respiración antes de hablar.
- ¿Qué? - exploté, pavor sustituyendo el calor persistente que esas sensuales imágenes habían evocado. Se sentó, tomando mi mano, con sus dedos acariciando mis nudillos. El hecho de que estaba tratando de reconfortarme me puso aún más nerviosa sobre lo que estaba a punto de decir.
- En los rituales por los que Midoriko era famosa en el siglo diecinueve, llevaba a sus seguidores a los bosques del lago Pontchartrain. Allí cantaban, veían a Midoriko hacer trucos con una serpiente por mascota, y bebían de una cuba con vino salpicado con la sangre de ella. Debido a la posición de Midoriko como sacerdotisa del dios vudú Zombi, su sangre se suponía daba a los participantes algo de los poderes de Zombi sobre los muertos, un efecto secundario era una lujuria incontrolable, si tienes en cuenta todas las orgías que se llevaban a cabo. - dijo, aún sonando como si estuviera escogiendo sus palabras.
- ¡Pero eso es una gran noticia! Entonces no tengo la capacidad de absorber los poderes de los Oni como con los yokais, porque la sangre de Midoriko puede afectar a cualquier persona de esa manera… - El alivió surgió en mí.
- Los rituales eran una farsa. Le daban a la gente una excusa para fingir que cualquier depravación a la que se entregaban no era por su propio placer, pero ninguno de ellos realmente recibió el poder de Zombi sobre los muertos de su sangre. Lo qué pasó contigo fue real, sin embargo. Midoriko dijo que nunca lo había visto antes, excepto muy rara vez con otras sacerdotisas vudú. - me cortó.
- Mambos. ¿Así que fue por eso por lo que tuviste que encadenarme? ¿Debido a que al absorber los poderes de Midoriko me convertí en una puta violenta? No es de extrañar que dijeras que te habías ganado ese cigarrillo. - dije con tristeza, mi alivio convirtiéndose en cenizas mientras recordaba las palabras de Midoriko. Yo soy la magia negra, había dicho acerca de transformar un Mambo en un oni, así que era lógico que su sangre fuera magia potente, también.
Eso hacía que incluso los poderes que había absorbido de Sesshomaru e Inuno parecieran un leve inconveniente en comparación. ¿Disparar un poco de fuego de mis manos cuando estaba molesta? No era gran cosa, y bueno, era muy útil a veces. ¿Accidentalmente destrozar varios muebles en nuestra casa por medio de telequinesis? Bueno, necesitábamos un nuevo sofá y televisión de todos modos, y eso también había ayudado en contra de los malos en un momento crítico. ¿Pero esto? No era útil en absoluto, a menos que Inuyasha tuviera una veta profunda sadomasoquista.
- La buena noticia es que dijo que este tipo de hambre ciega no debería ocurrirte de nuevo. - respondió Inuyasha.
- Eso fue sólo la respuesta inicial, una respuesta abrumadora a la apertura de la puerta entre tú y los muertos. Similar a la locura de sangre que los nuevos yokais experimentan, pero que serías capaz de controlar futuros impulsos una vez que fueras tú misma, como claramente lo eres ahora. - Esa era una buena noticia, pero había evitado responder a mi pregunta, me di cuenta.
- ¿Las cadenas? - empujé, mi voz endureciéndose para que supiera que no iba a dejar el tema.
- Muy bien, cariño, si no vas a dejarlo ir… Como dije, estabas enloquecida por el hambre, y mucho más jodidamente fuerte de lo que normalmente eres. No parecías reconocer a nadie, tampoco, lo que significaba que no estabas siendo selectiva sobre con quién tratabas de calmar el hambre. Tuve que encadenarte, porque de lo contrario, tratarías de encontrar a alguien para aliviar tus necesidades si yo no estaba contigo, y tuve que hacer pausas para alimentarme un par de veces. - señaló él.
Me quedé boquiabierta al "no estabas siendo selectiva" y mi mandíbula caía más abajo con cada palabra subsiguiente, hasta que estaba vagamente sorprendida de que no estuviese descansando en mi regazo para el momento en que terminó.
- Oh. Mi. Dios. Por favor, dime que no hice… - Agarré la sábana, tirándola a mí alrededor en una súbita e hirviente vergüenza.
- No lo hiciste. A pesar de que en el Barrio le habías dado a un tipo afortunado bastantes caricias a fondo cuando te encontré después de que te liberaras de mí en el cementerio. Sin embargo no estabas a un cien por ciento en ese punto, y no esperaba que fueras tan fuerte. Fui capaz de volar de regreso con Tepesh después de alimentarme, pero para entonces, estabas bien y verdaderamente perdida en el hambre. Midoriko me advirtió que estarías así, y debo admitir, que no exagero. - dijo Inuyasha, con un rastro de una sonrisa triste. ¿Tuve que ser arrastrada lejos por tratar de agredir sexualmente a una turista? ¿Por qué? oh ¿Por qué no escuché cuando Inuyasha me dijo que no siguiera con el tema? Pero ahora que lo sabía, tenía que saber el resto.
- Así que, traté de violar a un turista y te convertí en un esclavo sexual durante dos días. ¿Cualquier otra cosa que de la que debería obtener un aviso? Como, ¿De quién más esperar una orden de restricción? ¿Estamos todavía en casa de Sesshomaru? No me digas que tuviste que arrastrarme lejos de él, también - Mi voz era neutra, porque la vergüenza era tan profunda, que trascendía la reacción.
- No, y no estamos en la casa de Tepesh. Era una residencia temporal, por lo que no tenía los medios para contener a un yokai en ella. Midoriko se ofreció a recibirnos, pero como te puedes imaginar, quería estar lejos de ella. Inuno tenía un lugar con una celda para yokais en el oeste de Virginia. Contrató un avión con destino a Louisiana y ayudó a contenerte mientras viajamos aquí. - Inuyasha hizo un sonido como una tos delicada.
- ¿Qué fue exactamente lo que Inuno hizo? - Su voz cambió muy levemente cuando dijo "contenerte" casi me hizo chillar.
- Sostenerte inmóvil con su poder mientras te follaba en la parte trasera del avión. No podía arriesgarme a que te liberas y estrellaras el avión, y tratar de conducir hasta West Virginia contigo en esa condición no hubiera sido prudente. - respondió sin rodeos, con un medio encogimiento de hombros como para decir, Tú querías saber.
Inuno. Co-gobernante de Inuyasha, Grand sire, maestro yokai de increíble poder, y el aliado que más me ponía de los nervios, ¿Me había sostenido telequinéticamente para que Inuyasha pudiera montarme en sumisión mientras íbamos de camino a una celda de contención para yokais? ¡Dulce y Santo Jesús, déjame haber alucinado oír eso!
- Tráeme algo de plata… Voy a suicidarme - me las arreglé para croar.
- No te preocupes, estuvo de espaldas todo el tiempo. Aparte de saber que te habría molestado tenerlo mirando, a Izayoi tampoco le habría gustado. - dijo Inuyasha sin inmutarse.
- ¡¿Izayoi estaba allí?! - ¡Dios mío, apenas la conocía! ¿Y había estado sólo a una fila o dos de distancia, mientras todo eso estaba pasando? Si todavía tuviera la capacidad, me hubiera desmayado de humillación.
- Te dije que te sentirías mejor si no conocías los detalles - respondió Inuyasha con una mirada mordaz.
- Nunca voy a dudar de tu palabra de nuevo. O poner un pie fuera de esta habitación, si Inuno e Izayoi siguen aquí. – sollocé mientras me escondía entre las sabanas. Él me llevó a sus brazos a pesar de que estaba rígida de mortificación.
- No tienes que estar tan avergonzada. Todo lo que hiciste fue follar a tu marido, ¿Quién puede estar en shock por eso? No puedo decir que haya sido una experiencia que me gustaría repetir, pero eso es sólo porque no eras realmente tu misma - Sus labios rozaron mi oído.
- De lo contrario, encadenarte por más de un día y medio y tener sexo desenfrenado suena terriblemente atractivo. - Sabía que estaba tratando de animarme, pero todavía estaba helada de escuchar que había abusado de un turista, que me volvía loca cada vez que Inuyasha no estaba follándome vigorosamente, y como golpe de gracia, Inuno había – en una forma de decir – participado cuando Inuyasha y yo habíamos tenido sexo. Y aquí yo jurando que nunca tendría un trío, la idea se me ocurrió en medio de mi incredulidad persistente.
- Pensé que habías dicho que fueron dos días - dije, finalmente registrando la última parte de lo que había dicho.
- Has estado dormida durante nueve horas consecutivas. No estaba seguro de si todavía estarías atrapada en el hambre cuando te despertaras, así que no te quite las esposas. - No lo culpaba. Dios, no lo habría culpado si me hubiera pegado con cinta adhesiva un vibrador y se hiciera cargo de toda la pesadilla sórdida de esa manera.
- ¿Sabes lo que dicen acerca de ser cuidadoso con lo que deseas? Solía desear que hubiera algo que pudiéramos hacer, ya sabes, íntimamente juntos que no hubieras hecho antes, pero nunca creí que fuera a suceder. Aunque dudo que alguna vez te hayas visto obligado a coger sin parar a una mujer promocionado la versión vudú no-muerta de la mosca española, ¿verdad? - Le di una media sonrisa.
- No puedo decir que lo haya hecho, Gatita. - Su risa fue suave.
- Sí, bueno, considérame una original. - Esta vez, cuando sus labios rozaron mi piel, duró más de un momento.
- Siempre lo he hecho. - Cómo podía ser cariñoso conmigo después de esta cogida en grupo– ¡literalmente!– estaba más allá de mi comprensión.
Debía agradecer a mi buena estrella que, si bien este escenario era un once en mi escala de perversidad de diez, la ex vida humana de Inuyasha como un gigoló, combinado con su pasado promiscuo como yokai significaba que esto probablemente era sólo una tres para él. Gracias a Dios que era un tres, también. Me hubiera horrorizado engañar a Inuyasha si hubiera recibido el golpe de puta inducido por la sangre de Midoriko si él no hubiese estado cerca. La idea me hizo estremecer. Ya estaba echando humo porque Midoriko había dejado a esos Remnants sueltos sobre Inuyasha, si hubiera dañado nuestro matrimonio, también –y aunque Inuyasha hubiese entendido, dadas las circunstancias, sería algo que jamás olvidaría – entonces realmente la despreciaría.
La pregunta que eclipsó incluso mi vergüenza abrasadora sobre mis acciones de los últimos dos días era por qué razón Midoriko me había obligado a beber su sangre. Si no lo utilizaría como combustible para el belicismo de Goryomaru, ¿Por qué iba a querer ver si podía absorber sus poderes? Midoriko era demasiado calculadora para obligarme a hacerlo sólo para satisfacer su curiosidad sobre si la sangre de oni me afectaría de la misma manera que lo hacía la de yokai. Me podría haber hecho beber de otro oni a parte de sí misma para obtener la misma prueba. ¿Qué estaba tramando? ¿Y esa debería ser una mayor preocupación que lo que Goryomaru estaba haciendo?
- Si has, ah, estado ocupado tratando conmigo la mayor parte de los dos últimos días, podría haber habido algunos avances. Esperemos que haya habido, y que sean buenas noticias. - dije, bajando las piernas de la cama.
Para mi desgracia, las primeras dos personas que vi cuando subí las escaleras fueron Inuno y Izayoi. Estaban sentado el uno al lado del otro en lo que suponía era la sala de estar, mi gato reposaba enroscado en el regazo de Izayoi. Ambos levantaron la mirada, así que era demasiado tarde para correr. Por una vez, estaba agradecida por el estoicismo marca registrada de Inuno cuando vi su impenetrable expresión. Si él hubiera movido sus cejas con complicidad, o cruzado sus muñecas en una mímica del bondage, podría haber saltado de la ventana más cercana.
- Déjenme decirles ya mismo que si pudiera evitarlos por la próxima década, lo haría. Pero como no puedo disfrutar un poco de tiempo para el rescate de mi modestia, sólo ofreceré mis más sinceras disculpas y espero que nunca mencionemos lo que sucedió nuevamente. De hecho, ¿Recuerdas ese hechizo de amnesia que me pusiste cuando tenía dieciséis, Inuno? Amaría otro de esos. - solté apresuradamente.
- ¿Borraste su memoria cuando era una adolescente? - Preguntó Izayoi sorprendida.
- Esa es una historia para otra ocasión. Desafortunadamente, Kagome, mi habilidad para borrar tu memoria estaba basada en tu estado medio-humano. Los recuerdos de los yokais no pueden ser alterados. Al menos, no que yo sepa. - le contestó suavemente antes de volver esa mirada dorada de vuelta hacia mí.
- Así es mi suerte. Bien, entonces volvamos al Plan A: Pretender que nunca sucedió. - murmuré.
- ¿Pretender qué cosa nunca sucedió? - Respondió Izayoi con énfasis deliberado mientras me daba una mirada inexpresiva. Le di una sonrisa agradecida. Vi algo nebuloso por el rabillo del ojo. Me di vuelta para ver a Fabián flotando en la entrada, mirando con una mezcla de felicidad y cautela.
- Hola ¿No se supone que estás con Dave? ¿Él no está aquí, no es así? - dije sorprendida.
- Todavía está en Ohio. ¿Estás bien, Kagome? Puedo… ¿hacer algo por ti? - Fabián se acercó, casi retorciéndose excitado o agitado.
Ahí estaba ese hormigueo en mis mejillas antes que me recordara a mí misma que Fabián no pretendía decir nada sugerente con su pregunta. No era sólido, lo que era definitivamente un requisito para lo que lo habría necesitado antes, a pesar de mi indecente falta de preferencia por quien lo proveyera.
- Estoy bien - dije, tratando de cubrir mi persistente vergüenza con una mentalidad formal.
- ¿Pero por qué dejarías a Dave? ¿Sucedió algo? - ¿Tal vez Dave haya dejado de tratar de infiltrarse en los Oni de Goryomaru por algo que estaba sucediendo con Don o el equipo? Fabián parecía moverse incomodo incluso aunque sus pies no tacaran el piso.
- Pensé que me necesitabas. Así que te encontré. Dave todavía no se ha topado con los Oni y me pareció bien dejarlo - farfulló.
- ¿Qué quieres decir, me encontraste? - lo interrumpí, tratando de hacer que mi voz sonara calmada en vez de acusatoria. Fabián ya se veía como si se fuera a echar a llorar, si eso fuese posible para un fantasma. Aun así, si algo le había sucedido a Dave porque no había sido capaz de enviar a Fabián por ayuda…
- Quiere decir que ahora pareces ser un imán para los fantasmas, docenas de fantasmas te siguieron desde Nueva Orleans hasta la casa de Tepesh e incluso aquí. Sospecho que Inuno ha estado enviándolos lejos últimamente, o habrías despertado con algunos posados cerca de ti en la celda de abajo. - proporcionó Inuyasha, entrando en la habitación. Inuno se encogió de hombros aun cuando Fabián se veía más miserable.
- ¿Así que tu sólo…me encontraste sin que nadie te dijera dónde estaba? - le pregunté al fantasma incrédula.
- No te enojes. Dave trató de llamarte pero termino en el buzón de voz, y yo sentía como si me estuvieras tratando de contactar. Me fui por algunas Líneas ley, sin saber a dónde iba, pero de alguna manera terminé aquí. - Asintió, casi de aspecto juvenil en su desanimo a pesar del hecho que Fabián había tenido cuarenta y cinco cuando murió.
Líneas Ley. Las autopistas de los fantasmas, Inuyasha las había llamado así una vez. Todavía no entendía completamente con funcionaban, pero sabía que los fantasmas las usaban para llegar a lugares muy rápido porque contenían algún tipo de energía magnética en la que se podían montar. Como trenes bala para los muertos, pero invisibles. Y estas Líneas Ley habían llevado a Fabián hacia mí porque él sentía que yo estaba "contactándolo". A él y a un montón de otros fantasmas, por lo que Inuyasha había dicho. La sangre de Midoriko era un regalo que continuaba dando, al parecer, y cada nueva revelación sobre sus efectos solo me enredaba más en problemas.
Si era un imán para fantasmas, no tomaría mucho antes de que muchos fantasmas me encontraran, pensé consternada. A pesar de que no me gustaba que alguno de ellos fueran espías de Midoriko, esto presentaba otro problema también. Para el letal equipo de Oni que querían detener a Goryomaru matándome antes de que el conflicto alcanzara el punto de ebullición, me acaba de hacer un blanco mucho más fácil. Nada decía "¡Ella está aquí!" como una línea de fantasmas siguiéndome dondequiera que fuera.
- Fabián, no estoy enojada conmigo - dije tranquilizadoramente, porque estaba revoloteando obviamente agitado y no había sido su culpa. ¿Cómo podía saber él que ahora tenía la versión fantasmal de un silbato para perros en mis venas?
- Pero voy a necesitar tu ayuda. ¿Están esos fantasmas cerca todavía? - Miró hacia las ventanas, por las cuales era difícil para mí ver, debido al reflejo de las luces de adentro y la oscuridad de afuera. Especialmente ya que estaba buscando a personas que eran transparentes de todos modos.
- Si - Asintió, casi de aspecto juvenil en su desanimo a pesar del hecho que Fabián había tenido cuarenta y cinco cuando murió. Y estando tan cerca, podían escuchar todo lo que yo decía. No había motivo para que Fabián entregara un mensaje para mí.
- Muy bien entones… - suspiré, dejando la habitación para dirigirme a la puerta delantera.
Después de vivir con Fabián por casi un año, sabía que mostrarle a los fantasmas el mismo respeto que le habría mostrado a una persona viva… o no muerta era muy importante para anotarme puntos con una especie que era rutinariamente ignorada. Inuyasha me siguió, señalando hacia la izquierda con una mirada resignada en su rostro. Al menos no discutió sobre lo que obviamente había adivinado que iba a hacer. Salí por la puerta del frente y vi las muchas formas diáfanas revoloteando alrededor de los árboles al final del camino de entrada. No podía ver ninguna de las casas cercanas, pero habiendo estado en varios de los hogares de Inuno, reconocí esta como una de sus típicas, grandes, locaciones retiradas. De hecho, con las colinas empinadas, rocas aisladas sobresaliendo a través del paisaje, y los árboles cerca, me recordaba a mi hogar en Blue Ridge. Como Inuyasha y yo, Inuno no quería incrementar las posibilidades de tener vecinos entrometidos que se metieran en sus asuntos.
- Hola - le dije al grupo.
Una oleada de actividad comenzó cuando al menos dos docenas de difusas apariciones pararon lo que estaban haciendo y se fueron a toda velocidad a la terraza del frente, flotando por los alrededores como la más genial decoración de Halloween de todos los tiempos. Estaba impresionada por el rango de épocas que los fantasmas representaban, como una fotografía de la historia en una mirada. Por la ropa que pude reconocer, vi a uno que tenían un uniforme del ejército de la Unión mientras otro usaba el gris y azafrán de la Confederación. Uno estaba sin camisa con calzas de gamuza, otro era una mujer con un completo atavío victoriano, dos usaban trajes de marineros, otro usaba un vestido de los años veinte, unos cuantos se veían salidos directamente de una película de los cincuenta, y unos cuantos más podrían haber sido vaqueros. Solo dos se veían como si fueran de mi tiempo, juzgando por el corte y estilo de su ropa. Todo lo que necesitamos es alguna música espeluznante, una luna llena, y unos cuantos murciélagos para que esto sea perfecto, pensé irreverentemente.
- Hola - repetí, tratando de mirar a cada fantasma a los ojos al menos una vez para que se sintieran incluidos en mi discurso.
- Mi amigo Fabián me dice que algunos de ustedes han…terminado aquí aunque no estén seguros por qué o cómo… Normalmente diría que eso está bien. Mientras más mejor, pero están sucediendo algunas cosas que hace que, emm, que si pasan el rato aquí pueda ser problemático para mí. - continué.
Estaba comenzando a dudar en mi sabiduría detrás de esta idea, viendo como algunos de los fantasmas intercambiaban miradas confusas los unos con los otros. Fabián apoyó su mano sobre la mía, la silueta de su carne no-existente fundiéndose con mi piel en la manera más cercana que podía darme a una caricia alentadora. Cuadré los hombros. Había llegado hasta aquí, bien podía lanzarme adelante y ver si el poder que no había querido absorber de Midoriko podía ser usado para ayudarme ahora.
- Así que aunque me encantaría verlos nuevamente en el futuro, ahora mismo, necesito que se vayan - dije, poniendo fuerza en las palabras para hacerlas más que una petición.
- Por favor no me sigan, incluso si sienten que deberían. También necesito que no repitan nada de lo que acabo de decir, o cualquier cosa que pudieran haber escuchado por casualidad antes. Sé que harán esto por mí, porque los fantasmas son una especie honorable, y… - Oh mierda, sólo estaba parloteando, y no estaba funcionando. Ninguno de ellos se había movido siquiera.
- y realmente me ayudaría - finalicé poco convincentemente. Ghost Whisperer, mi trasero, una voz interna parecía burlarse de mí.
Nada más que silencio de los espectros. Silencio, y completa inmovilidad. Mis esperanzas se hundieron. Lo que sea que haya absorbido de los poderes de Midoriko sobre los muertos, no parecía ser la capacidad de hacer que los fantasmas se fueran si no querían hacerlo. O no sabía cómo canalizar sus poderes adecuadamente cuando se trataba de fantasmas regulares versus Remnants, o tal vez había una palabra clave especial que ella sabía que yo no… Todos a la vez, los fantasmas simplemente se desvanecieron en el aire. Había visto a Fabián hacer lo mismo varias veces, pero se veía mucho más espeluznante cuando eran docenas de ellas desmaterializándose simultáneamente. Incluso su energía desapareció del aire, dejando atrás sólo la suave caricia de la brisa nocturna sobre mi piel.
- Bastante impresionante - dijo Inuyasha detrás de mí. Me di vuelta para sonreírle, aliviada de que haya resultado, sólo para darme cuenta que Fabián, también, se había ido.
- ¡Fabián! - exclamé. Se materializó en frente de mí momentos después, una mirada expectante en su rostro.
- ¿Qué puedo hacer por ti? - La culpa me atravesó. Si estuviera haciendo esa oferta por su propia voluntad, estaría bien, pero la sangre de Midoriko había cambiado el balance entre nosotros. Los amigos no deberían ser capaces de obligar a sus amigos a hacer cosas tanto si quieren como si no.
- Fabián, no tienes que hacer nada por mí. Puedes tomar tus propias decisiones sobre lo que quieres hacer o no. - le dije.
- Lo que sea que digas - respondió, mirándome todavía expectante. Un bufido reprimido llegó de Inuyasha. Está bien, así que esto no era tan fácil como se veía. Maldita Midoriko por hacerme beber su sangre vudú mágica.
- Te ordeno hacer sólo lo que quieras hacer - traté nuevamente, más fuertemente esta vez.
- Te he enojado. Dime qué puedo hacer para hacerte feliz de nuevo. - Ahora frunció ligeramente las cejas. Levanté las manos incluso mientras el bufido de Inuyasha se convirtió en una carcajada descomunal.
- Gatita, estoy seguro que hay alguna manera de arreglar esto en el futuro, pero ahora mismo tenemos preocupaciones más apremiantes - dijo una vez que había controlado sus risitas.
- Pregúntale a nuestro amigo que ayuda a repeler fantasmas. No puedo tenerte deteniéndote a hacer el mismo discurso cada par de horas, y mientras Nueva Orleans puede ser una de las ciudades con más apariciones, no es el hogar de cada espectro en el planeta. - Me sacudí la culpa y frustración por la repentina falta de voluntad de Fabián, para absorber el punto de Inuyasha.
Nueva Orleans tenía una población de fantasmas inusualmente alta, lo cual siempre lo había atribuido a su historia de enfermedades, guerra, desastres naturales, y depredadores locales. Pero Inuyasha tenía razón. Si la sangre de Midoriko atraía a los fantasmas (y obviamente lo hacía, juzgando por mi nueva popularidad con los discapacitados para vivir) entonces Nueva Orleans debería tener montones de espectros más de los que tenía. Eso esperando que el amortiguador para la canción de sirena de Midoriko no fuera solo una ventaja geográfica natural, como una sobre abundancia de lagartos. Eso sería motivo para incluso más atención que una enorme pandilla de fantasmas siguiéndome a todos lados. Incluso aunque Fabián había escuchado a Inuyasha, no ofreció ninguna información sobre el tema. Sólo continuó mirándome con una expresión ansiosa.
- Fabián, ¿si quisiera tratar de evitar que los fantasmas me sigan a todos lados, que podía usar? - Suspiré, pensando que Dominatriz de Fantasmas me quedaría mejor que Ghost Whisperer con mi nueva condición.
- ¿Te quieres librar de mí? - Se veía preocupado.
- No, por supuesto que no. Siempre tendrás un hogar con nosotros; te dije eso. Esto es sólo por un corto periodo hasta que se arregle la situación con Goryomaru. De todas maneras, tienes que volver con Dave mientras tanto. Está en peligro sin ti. - respondí, maldiciendo mentalmente a Midoriko una vez más.
Apacigüé a mi subconsciente recordándome que Fabián hacia accedido a acompañar a Dave antes, cuando tenía control sobre sus propias acciones. Esto no era ordenarle hacer algo en contra de su voluntad; era solo ceñirse al plan. Aun así me sentía como un canalla.
- Ah, entiendo - dijo Fabián, sonriendo nuevamente mientras acariciaba uno de sus patillas meditando.
- Puedo pensar en dos cosas que, cuando son combinadas, es difícil para muchos fantasmas acercarse porque hacen que el aire se sienta malo. Una de ellas es el ajo. No sólo unos cuantos dientes, sino muchos. - Mi boca se abrió ante esa ironía. ¿La planta más legendaria por repeler a los yokais era realmente parte de la kriptonita de los fantasmas?
- La otra es la planta que algunas personas fuman. Si hay grandes cantidad de eso y ajo en las proximidades, la mayoría de los fantasmas apenas pueden soportar estar cerca. - continuó Fabián.
- Quieres decir tabaco. - Wow, supongo que los cigarrillos no son saludables para nadie, vivos o muertos.
- No esa planta. La otra que hace que las personas actúen como tontas cuando la fuman. - dijo Fabián, frunciendo el ceño.
- ¿Marihuana? ¿Estás diciéndome que la marihuana es la parte número dos de la formula repelente de fantasmas? - solté. No podía estar más choqueada, pero Fabián asintió serenamente.
- Sí. Si tienes un montón de ajo y marihuana sobre ti todo el tiempo, debería ayudar a mantener a la mayoría de los fantasmas lejos de ti, aunque yo soy suficientemente fuerte para soportarlo - añadió con obvio orgullo.
No podía parar de sacudir mi cabeza. ¿Quién habría adivinado que el ajo más marihuana dieran como resultado un repelente para fantasmas? Reflexionando, había olido un montón de hierba y ajo en mis estadías en Nueva Orleans, pero pensaba que lo último provenía de la cocina Cajun y Criolla, y lo anterior era sólo la reflexión de la atmosfera de fiesta de la ciudad. ¿Quién sabía que era la manera de Midoriko de evitar que la población de fantasmas fuera tan grandes que los yokais y Oni se dieran cuenta que algo sucediera? Ella debía tener hierba y ajo rodeando donde sea que viva.
- ¡Fantástico, iré a conseguir ambas cosas! - dijo Inuyasha, sin parecer contento con la idea.
- Gatita, dile que debe reportarse con Inuno de ahora en adelante. No debería hacerlo más con nosotros, no con todas las hierbas que estarás llevando pronto. Dice que es suficientemente fuerte, pero no podemos arriesgarnos a la posibilidad de retrasar un mensaje importante. - Le repetí eso a Fabián, sintiéndome todavía extraña por cómo parecía esperar a que diga lo mismo antes de reaccionar. Ahora sabía cómo se debía haber sentido el personaje de Sigourney Weaver en Galaxy Quest.
- Computadora, ¿tenemos una esfera de berilio a bordo? - murmuré en voz baja.
- ¿Qué es eso? - preguntó Inuyasha.
- Nada. – sonreí.
- Regresaré con Dave ahora. No debería ser difícil ubicarlo. Dijo que no cambiaría de hotel hasta que volviera - dijo Fabián. Lo miré fijamente, deseando poder darle un abrazo de despedida y una vez más odiando como todo lo que yo decía violaba su libre albedrio.
- Esto no durara mucho - le dije, acariciando su cara con mi mano aunque lo atravesaba directamente. Una mano incandescente cubrió mi mano, sin peso o presión en el gesto.
- No te fallaré - dijo Fabián, y entonces desapareció de la vista.
Me quedé mirando el lugar donde él había estado con algún tipo de sombría determinación. Maldita fuera si le fallaba, también. Encontraría una manera de devolverle el libre albedrio a Fabián, vencer a Goryomaru sin hacerme una mártir (lo cual también me sacaría a los asesinos a sueldo de encima) y después hacer entrar en razón a mi inconsciente familia obstinada. Sólo que no tenía idea como iba a hacer todas esas cosas.
- No te preocupes, Gatita - dijo Inuyasha tranquilamente.
- Además de saber cómo evitar que la mayoría de los fantasmas acudan a ti, podríamos tener otro golpe de buena suerte. Revisé mi celular y Timmie me mandó un mensaje esta mañana. Piensa que un grupo grande de Oni de Goryomaru podría estar reunido en Memphis, según acontecimientos curiosos que sus fuentes le comunicaron. - Esas eran buenas noticias.
Simplemente apestaba que necesitáramos pillar a uno de los subordinados de Goryomaru ahora más que nunca, pero según el Oni sin cabeza del hotel, habían desaparecido a la primera señal de mí. Qué malo que no pudiera clonarme y tener un Kagome falsa para que fuera un señuelo en alguna parte, haciendo que los Oni se sintieran seguros, mientras la yo real me escabullía detrás de ellos. Eso resolvería un montón de problemas, pero la clonación había sido conseguida científicamente sólo con ovejas, que yo sepa, así que tenía muy mala suerte. Aun así, una modificación de lo mismo no era completamente inverosímil. Tal vez uno de los científicos de Don pudiera diseñar una réplica de mi rostro y pegarla en una mujer de estatura y constitución similar. Funcionaba en las películas, después de todo…
- ¡Por supuesto! Llamaremos a Dave y le diremos donde tiene Timmie el dato de los Oni, además tengo que decirle que Fabián va en camino de vuelta. Enviaremos a Ed y Scratch a Memphis, también. Entre ellos tres, alguno tendrá que toparse con los subordinados imbéciles en poco tiempo. Después necesitamos comprobar esta combinación de ajo y hierba para asegurarnos que es suficiente para mantener la mayoría de los fantasmas a raya. Una vez que sepamos eso, nos dirigiremos a Memphis, también. - dije, sintiendo una renovaba oleada de optimismo mientras se me ocurría otra idea.
- Suena como que tienes un plan, amor. - Arqueó las cejas.
- Si, lo tengo. La primera parte involucra que beba tu sangre de nuevo. Necesito todo el poder que pueda obtener. En cuanto a la parte numero dos…bueno necesitaré hacer un par de llamadas telefónicas. - dije, las ruedas continuaban girando en mi cabeza.
Continuara…
