Una vida normal

Aquel traje le resultaba bastante extraño. Era muy cómodo y agradable de llevar. Se notaba la profesionalidad y especial atención a los detalles del Sr. Bordados. Pero él, ahora, estaba acostumbrado a ir bastante más ligero de ropa y con menos capas. Generalmente uniforme de una sola pieza y como mucho un peto.

Guardaba pocos recuerdos de los actos de gala a su planeta pero todavía recordaba que los trajes eran bastante más pesados. Aquellos lucían insignias metálicas que distinguían familias y rangos. Y en el caso de los miembros de la realeza, además, siempre llevaban guantes y una gruesa capa. No llevar guantes siempre le había hecho sentir sucio y desnudo. Apenas ahora, que ya llevaba tiempo viviendo en este planeta, empezaba a estar menos incómodo sin ellos. Un detalla que le resultaba agradable del esmoquin era la banda de la cintura. Le recordaba vagamente la sensación de su mutilada cola. Por el contrario, la pajarita la encontraba absurda y molesta y, de vez en cuando, tenía el impulso de ensancharla.

Los viejos habían vestido al mocoso como una mini versión suya pero el crío llevaba una pajarita con elástico que se veía mucho más cómoda que la suya. Habían estado buscando a un animal de esos que daban saltos, lo sabía por un reportaje que había visto, de las pocas veces que veía la televisión. Le habían dicho que, el animal con el que alguna vez habían dejado a su hijo, no estaba disponible y que les tendría que acompañar a la cena. Él no entendía por que el canijo no debería asistir. De pequeño a él siempre le hacían ir a todos los acontecimientos equivalentes.

El chiquillo estaba muy ilusionado por vestir como él y en cierto modo, esto, lo llenaba de orgullo, porque era una actitud que se le estaba extendiendo al resto de costumbres. Así sería más fácil quitarle vicios terrícolas. Como eso de irse echando como un gusano por el suelo cuando lo que tendría que hacer era empezar a levitar.

Presintió como bajaba la hembra a su espalda pero no quería dar la impresión de haberla estado esperando. Aquella semana no la había visto mucho y sospechaba que lo estaba evitando. A él ya le iba bien. Las palabras del Dr. Briefs aún le rondaban la cabeza los últimos días ¿Qué tipo de bien, que ya no le hiciera, le podría aportar ninguna relación de pareja con ella? Ya tenía todas las comodidades que quería y también le continuaba facilitando equipación, a pesar de que ahora no demandaba tanto. Tampoco la precisaba para poder relacionarse y entrenar a su hijo. Y siempre acababa llegando a la misma única conclusión. Sexo ¿Pero de verdad el viejo le estaba ofreciendo eso? Por un momento se imaginó teniendo una hija y, solo de pensar que alguien le pudiera poner una mano encima, le entraban ganas de romper cuellos ¡Y eso que no existía! No lo entendía. En este planeta estaban todos locos.

Escuchó que Trunks y su madre hablaban y que después ella se dirigía a él. No había prestado atención y simplemente hizo un ruido para contestarle, como siempre hacía cuando algo no le interesaba. Le dio un repaso con la mirada y tuvo que reconocer que, aquella noche, el sexo con ella, tampoco parecía una mala idea. Quizás, incluso mejor que la cena. Para evitar continuar por aquel camino le recordó a la mujer que los esperaban.

Continuará...