Eres mío/a

Barón Miroku DeMortimer, quien se auto-apodo "Spade" por lo que él nunca olvidaría que fue llamado así por la herramienta que un capataz le había asignado, era el mejor amigo de Inuyasha. Se habían conocido hacía más de dos siglos, desde que eran prisioneros humanos en una colonia penal de Nueva Gales del Sur. En este momento, yo estaba bastante segura de que su larga historia era la única razón por la que Miroku no había ido por mi garganta apenas me vio. La mirada que me lanzó cuando Inuyasha desvió la mirada, dijo alto y claro que estaba fantaseando con estrangularme.

- ¡Me alegra que llamaras! Estoy muy contenta de finalmente poder ayudarte por una vez. - Sango, mi mejor amiga, dijo mientras me abrazaba.

Por encima de su hombro, Miroku me miró fijamente de nuevo cuando Inuyasha se volvió para ver si habían traído más bolsas con ellos. Ignore eso, apretando de vuelta a Sango mientras me maravillaba con su nueva fuerza. Esto reforzaba mi opinión de que este era nuestro mejor curso de acción, aunque puede ser que a Miroku le tome unos años perdonarme por sugerirlo. Él y Sango se acababan de casar, y era muy protector con ella.

Yo también lo era, y si Sango todavía fuera humana, no estaría aquí ahora. Pero ella ya no era realmente humana. Un demonio se aseguró de eso cuando marcó a Sango con su esencia hace unos meses. Ahora que el demonio estaba muerto, lo que le había hecho nunca podría ser deshecho, lo que hacía a Sango quizás la persona más indestructible en el planeta. Diablos, si le cortara la cabeza en este momento, el único resultado sería un gran desastre en el suelo hasta que otra cabeza volviera a crecerle. Esa no era lo única cosa increíble que Sango podía hacer, y por eso les había pedido que vinieran. Me cogí del brazo con ella mientras entramos en la sala de estar, dejando escapar una risa.

- No que quiera se grosera, Kagome, pero. . . ¿Por qué hueles como si estuvieras bañada en ajo? - Sango dijo mientras fruncía la nariz.

- Alégrate que tu nariz no es lo suficientemente fuerte como para oler esta peste, también. Es un, eh, remedio casero para mantener a ciertos elementos indeseables alejados de mí. - contesté con ironía.

- Vas a tener bastantes elementos lejos de ti con ese aroma en particular - dijo Miroku, arrugando la nariz con un gesto tan refinado, que era como tener una vista de él cuando era un noble del siglo XVIII.

- See, bueno, buena cosa es que ya no esté tratando de matar yokais, lo que lograría con mi nuevo apestoso perfume - dije, ocultando una sonrisa.

Miroku debe estar muy molesto conmigo. Normalmente su caballerosidad innata le hubiera hecho responder con una mentira galante acerca de cómo el ajo era lo último en nuevas fragancias, o que la nube de hedor que brotaba de mi hacia brillar mi cabello. Inuyasha le dio una mirada que dijo que la falta de calor de Miroku no le había pasado desapercibido, tampoco.

- Corrígeme si me equivoco amigo, pero me parece recordar a mi esposa arriesgando su vida en tu nombre dos veces justo este mismo año. Y aun así no puedes soportar el dolor de tenerla pidiéndole un favor a tu esposa que no la pondrá en peligro, ¿no? - Sirvió dos whiskies de la jarra sobre el aparador, le entregó uno a Miroku con menos gracia de la normal.

- ¡Por supuesto que estará en peligro! Si tan solo una gota de la sangre de Sango se derrama en un lugar donde otros yokais puedan probarla… - dijo Miroku inmediatamente.

- ¡Maldita sea, Miroku, hemos hablado sobre esto! Voy a vivir un muy, muy largo tiempo, y me niego a vivir temerosa como lo hice antes. Si te sirve de algo, que tal vez no, vas a estar conmigo todo el tiempo, ¿ok? Y detengamos a este demente líder Oni antes de que consiga mucha gente fuera de quicio… lo que significa más seguridad para todos, ¿verdad? Así que termina con la sobreprotección. Tu no me querrías actuando de esa manera contigo - ella lo interrumpió, sus ojos color avellana se estrecharon de una manera que advertía las repercusiones de esto.

- Esto suena familiar, ¿no? - le susurré a Inuyasha, sintiendo como si estuviera viendo actores interpretar la parte de él y la mía.

- Mucho - Él soltó un gruñido.

- Si pensara que Sango estaría en peligro, no le preguntaría - le dije a Miroku. Desde que había sido marcada, sólo el hueso de un demonio atravesando sus ojos podría matar a Sango, y eso era tan raro como una bola de nieve en el infierno.

- Tú quieres mantenerla a salvo. Yo también, para eso debemos detener a Goryomaru. Incluso si me estacan con plata mañana, no creo que de repente Goryomaru desaparezca. Ha esperado 600 años para intentar este golpe, y apuesto a que no quiere esperar otros seiscientos o más para que otro mestizo aparezca de nuevo - continué. Miroku no dijo nada durante unos instantes, su mirada viajó de Sango, Inuyasha, y a mí.

- Tienes razón, por supuesto. Mis disculpas. Parece que la lógica me falla cuando se trata del bienestar de mi esposa. - Por fin, extendió sus manos.

- Sé cómo te sientes. Pero no te preocupes. Estoy seguro de que Sango recordará cada falla en tu lógica las mismas veces que mi esposa me recuerda las mías - Inuyasha resopló. Yo no podía dejar de reírme por la sequedad de su tono.

- Lo mismo digo, cariño. Eres muy bueno señalando cuando actuó con mis miedos y no con mi cerebro. Así que supongo que todos somos culpables de aquí. - La tensión en la sala se evaporo, lo que resultó en unos momentos de agradable silencio. Luego, Sango se aclaró la garganta.

- Así que. . . vamos a empezar. No he comido en todo el día para tratar de prepararme para esto, y me estoy muriendo de hambre. Si esto funciona, me recompensare con comida suficiente para ahogar a un caballo. - Y diciendo esto, se levantó y se puso un poco más lejos del sofá.

Me acerqué a ella, no muy segura de si debía decir algo o si eso sería romper su concentración. Inuno e Izayoi se habían ido, por lo que la casa estaba vacía a un lado de nosotros. No había fantasmas cerca ni alrededor de la casa gracias al ilegal olor a remedio en mí, las cortinas estaban puestas a pesar de que el vecino más cercano estaba a un buen par de cuadras de distancia. No estábamos tomando ningún riesgo de ser observados por nadie, a menos que contara mi gato, que se acicalaba mientras lanzaba miradas de vez en cuando hacia nosotros.

Sango me miró de arriba a abajo, su frente se arrugo por la concentración. Luego cambió su olor, agriándose desde su base de jazmín natural a un aroma más fuerte por la agitación. Su pulso se aceleró, con respiraciones cada vez más cortas, más nítidas. El aire alrededor y su olor se volvieron aún más densos, ahora teñidos de un tenue trasfondo de azufre. A pesar de que había visto esta reacción en ella antes, no pude reprimir una punzada de inquietud cuando sus ojos color avellana lentamente se llenaron de profundo carmesí.

Entonces Sango gritó, duro y fuerte. Su piel parecía tensarse sobre sus facciones en una deforme y derretida manera, como cera demasiada cerca de la llama. Más gemidos provenían de ella, sonidos casi animales en su intensidad. Se inclinó, se estremeció arruinando su cuerpo tan brutalmente, que parecía que sus músculos estaban siendo arrancados de su lugar. Inesperadamente, mi mano llegó a mi boca, ahogando un grito. Miroku tenía razón. No debería haberle pedido que hiciera esto. ¿Qué demonios había estado pensando? Sango cayó de rodillas, con el pelo cayendo sobre su cara mientras un grito horrible salía de ella. Miroku estaba a su lado, incluso antes que yo, tomándola en sus brazos y susurrándole. Le toqué el hombro, colmada de recriminaciones hacia mí misma.

- Detente Sango, no vale la pena. Encontraremos otra manera… - No podía hablar mientras su cabeza se agito de repente, sus ojos ahora de un bronce gris en vez de púrpura o color avellana, su cabello castaño oscuro cambiado a rojo, enmarcando la misma cara que veía al mirarme en el espejo.

- Mierda, lo hizo - Inuyasha silbó. Una sonrisa se extendió lentamente en el rostro de Sango, excepto que ya no era su cara. Era la mía.

- ¡Eso fue mucho más fácil que la última vez! - dijo, dándole a Miroku un rápido beso antes de ponerse en pie. Incluso su cuerpo ahora se veía exactamente como el mío, observe con asombro. Ella había crecido unas pulgadas más y ahora exhibía pechos y traseros más grandes en un espacio de tres minutos.

- Cariño, ¿estás bien? - preguntó Miroku, levantándose y mirándola con mucha más objetividad de la que yo sentía. Mirando a la imagen en el espejo de mí misma en mi mejor amiga era… extraña, a pesar de que era lo que esperábamos que sucediera. La esencia del demonio la había hecho casi imposible de matar. La había convertido también en una Sango cambia formas como él.

- No te preocupes, estoy bien. En realidad se ve y suena mucho peor de lo que es… Ahora, ¿dónde está la cocina? ¿He mencionado que estoy muriendo de hambre? - Coloco la mano en el pecho de Miroku.

Acababa de salir de la ducha, cuando Inuyasha cerró la puerta de la habitación detrás de él, su mirada sombría. Después de la cena que todos comimos, así Sango no era la excepción, habíamos finalizado los detalles de nuestro plan. Todos estuvimos de acuerdo que era nuestra mejor opción, cortar la cabeza de Goryomaru, pero Miroku no era el único que tenía dudas sobre la seguridad de su conyugue.

Yo estaba nerviosa por Inuyasha, así como él lo estaba por mí, pero ambos sabíamos que no actuar era un peligro mayor. Sin embargo, ahora que estábamos solos, sentía su inquietud creciendo en mis emociones. Su embriagador aroma natural, azúcar quemado, era más una reminiscencia de la cocina por el Creme brûlée ahora mismo. Dejé caer la toalla con la que secaba mi pelo y me acerque a él, deslizando mis brazos alrededor de su cuello, puse mi cabeza sobre su pecho. Pronto, tendría que volver a aplicarme ajo, pero por ahora, podría sostenerlo sin malolientes impedimentos.

- Todo saldrá bien… Funcionará. - dije, mis palabras soplaron sobre la tela de su camisa.

- Lo sé. Simplemente no me apetece estar separado de ti - Duros brazos encerraron mi espalda cuando me sostuvo más cerca.

- No me gusta, tampoco, pero Sango es la trampa final. La viste. Es mi gemela ahora, incluso en la talla del pendiente. Si la vieras en un bar, incluso tú jurarías que soy yo - Dejo escapar un pequeño resoplido.

- No mientras me acerque. Olvida los latidos del corazón, no huele como tú, su voz no es la tuya, su postura es diferente y mira a la gente de distinta manera que tú. - me respondió, bajando la cabeza hasta que su boca rozó mi mandíbula.

- ¿Cómo miro a la gente? - pregunté, perpleja. Todas las otras cosas que había mencionado tenían sentido, pero pocos, salvo Inuyasha me conocían lo suficientemente bien como para notar las diferencias. Los latidos de corazón de Sango eran la mayor preocupación, pero teníamos una forma que funcionara salvo estuvieran muy cerca de ella –y dudaba que Miroku dejara a nadie llegar a esa distancia. Inuyasha retrocedió, mirándome a los ojos, incluso cuando sus dedos trazaban mi rostro.

- Tienes la mirada de un luchador. Me di cuenta apenas nos conocimos. Tú me miraste. . . y note que estabas mentalmente evaluando mis puntos fuertes y débiles antes que nada. En el momento pensé que era extraño, porque esa mirada no encajaba con la chica ingenua que tropezaba con sus palabras cuando me preguntó si quería follar. - Me reí.

- Estaba tratando de llevarte fuera, así podría matarte, pero a diferencia de todos los yokais que había conocido hasta ese momento, no estabas cooperando. Debería haber sabido en ese momento que estaría en problemas. - Sus labios se curvaron, un toque de rojo apareció en su mirada.

- Ah, pero eso sólo me hizo más tentador para ti. No pudiste resistir el desafío. Es por eso que viniste a buscarme la noche siguiente, y el por qué accediste a que te entrenara a pesar de que aún planeabas matarme las primeras semanas. - Estaba en lo cierto. En aquel entonces, creyendo que todos los yokais eran sanguijuelas del mal, estaba decidida a matar a Inuyasha a pesar de que él era mucho más fuerte que yo. Y estaba en lo cierto, la tentación de derrotar a un poderoso yokai era un desafío para mí. O imprudencia, dependiendo de a quién le preguntes.

- ¿Y tú? - susurre, poniéndome de puntillas para tocar su boca con la mía.

- Si hubiera caído con las piernas abiertas, como todas las otras mujeres que te cruzabas, me habrías dado la noche de mi vida, y luego olvidado mi nombre antes del desayuno. Pero yo era inmune a tus encantos y belleza. Debió haberte sorprendido. Así que no soy la única que no pudo resistirse a un desafío. - No podía quitar mi sonrisa mientras mordía ligeramente su labio inferior.

- No fuiste inmune a mis encantos por mucho tiempo, por lo que recuerdo - respondió, arqueando una ceja con un significado pecaminoso.

- Admito haber sido testaruda resistiendo tus encantos. Pero tendría que haber estado muerta para no quererte - Hablaba mientras desenrollaba mi toalla para dejarla caer al suelo.

Sus ojos estaban completamente rojos ahora, y sus colmillos sobresalían de sus dientes superiores. Me encantaba la forma en que su mirada relucía sobre mí. Como si fuera la primera vez que me viera de esta manera, y él no pudiera dejar de mirar. Conocía mi cuerpo, era muy consciente de sus defectos, pero Inuyasha me hacía olvidar eso cuando me miraba. Debajo del hambre en su mirada y la creciente lujuria en contra de mi subconsciente, me sentía hermosa, fuerte y sexy. Libre para hacer cualquier cosa sin temor o vergüenza.

Sus manos se deslizaron por mi piel desnuda, poder acariciando mis sentidos al mismo tiempo. Abrí la boca mientras su cabeza se sumergía, sintiendo las chispas interiores encendiéndose con su beso. Se incrementaron mientras su lengua acariciaba a la mía con deliberada e íntima minuciosidad. Él usaría la misma lentitud, y profundos movimientos cuando su boca estuviese en otra parte, y el pensamiento hizo que mis entrañas se apretaran con anticipación. Inuyasha sólo precipitaba las cosas cuando yo quería eso, cuando la impaciencia hacia mi necesidad tan aguda que no podía soportar la manera deliciosa que él llevaba los juegos previos. Esta noche, sin embargo, quería que fuera él el que se sintiera drogado con la pasión, y si lo dejaba besarme, pronto estaría más allá del punto de tener la suficiente capacidad mental como para hacer eso.

- Sube a la cama - le dije, arrancando mi boca de inmediato. Él me llevó allí, regando más besos en mi nuca al mismo tiempo, pero me resistí cuando me empezó a poner sobre el colchón.

- Sólo tú - le dije, me desenrede de sus brazos. Lanzó una mirada significativa al bulto creciendo en sus pantalones antes de mirar hacia mí.

- No te has convertido en una calienta huevos. ¿No? - Sentí el roce de mis colmillos contra mi lengua, dos recordatorios que señalaban el calor quemando dentro de mí, pero aleje mi deseo.

Lo que era difícil de hacer con Inuyasha apoyado sobre los codos, las piernas extendidas casualmente aún tentadoras, la camisa desabrochada en una V que revelaba una piel de cristal en contraste a la extravagante tela oscura. Por un momento le mire fijamente, dejando que su belleza me llenara los ojos.

- Los ángeles desearían ser tan hermosos como tú - le dije con convicción.

- Estoy muy lejos de ser angelical, pero gracias por el cumplido. - Las palabras fueron ligeras… su expresión no.

Era intensa, sus ojos brillantes con rubíes, y ese bulto sobresaliendo entre sus piernas enviado corrientes de lujuria a hacia mí. Si me quedaba mirándolo fijamente, dejando mi mente ahondar en el hecho de que se sentía mucho mejor de lo que lucía, me lanzaría sobre él y perdería todos mis pensamientos en medio de la felicidad de su carne fundiéndose con la mía. Pero tenía una agenda, y en este momento, no se trataba de mí saltando sobre él. Habíamos tenido tanta tensión, peligro y violencia últimamente, con más viniendo en el horizonte, que nuestras circunstancias no se prestaban para el romance, pero no me importaba. Claro, podríamos sentarnos, revisar nuestra estrategia de batalla una vez más, o ahogarnos con amonestaciones sobre tener cuidado, pero si yo he aprendido algo en estos últimos años, era a tomar los momentos de felicidad cuando llegaban. O fabricarlos yo misma, si las circunstancias no eran suficientes para acomodar una oportunidad a mi manera.

- Después de mañana, no nos veremos por un rato. Así que quiero asegurarme de que tengas algo para recordarme. - le dije, con voz baja y ronca. Me acerqué a Inuyasha con una lentitud deliberada, golpeando sus manos lejos cuando trató de tirar de mí de nuevo.

- No. Esta noche, yo estoy a cargo. Tu único trabajo es descansar, relajarte, y… dejarme trabajar. - dije, empujándolo contra la cama. El recuerdo de las palabras que había dicho una vez hizo que una suave sonrisa se me escapara

- Te diría que fueras suave, pero ambos sabemos que realmente no sería en serio. - Sus cejas se arquearon, incluso cuando una sonrisa malvada tiró de su boca.

No, no lo sería, y el saberlo sólo alimentó mi deseo. Inuyasha podrían ser un maestro del control, pero una vez que lo empujabas más allá de su límite, hacía el amor de la misma manera que luchaba, feroz, salvaje e inagotable. No podía contar el número de marcos de camas que habíamos arruinado durante nuestro tiempo juntos, y esperaba que muchos más fuesen rotos en nuestro futuro.

- Cierra los ojos. Mantenlos cerrados hasta que te diga lo contrario. - le dije. Lo hizo, y presioné sus párpados ligeramente para acentuar mi siguiente punto.

- ¿Te gustaría que te llame ama también? Puede castigarme si me olvido y me dirijo a ti como Gatita. - Esa pequeña sonrisa todavía estaba en su boca mientras accedía.

- No me llames "ama" y no hables más, tampoco - dije, mordiéndome una sonrisa a pesar de que no podía verme.

Luego, con mucha más lentitud de la que solía utilizar, le desabotoné la camisa, dejando que mis nudillos rozaran su piel. Una vez que se la quité, me moví a sus pantalones, controlando mi deseo de alcanzar el interior de ellos y en su lugar bajé la cremallera con la misma lentitud. Con sus pantalones desabrochados, les arrastré a una pulgada a la vez hasta que se deslizaron más allá de sus pies. Entonces, por fin, me permití mirarlo. El cuerpo de Inuyasha era pálido, un paisaje suave de belleza, las únicas interrupciones oscuras eran la línea delgada de vellos en su estómago que estallaba a un parche de oscuros rizos acunando lo única grasa en él. Su piel brillaba con la incandescencia natural de un yokai, enfatizando los músculos duros, líneas magras y atractivas curvas. Todo su cuerpo invitaba al tacto, y acepté la invitación.

Mis dedos le rozaron el pecho, midiendo su reacción por la profundización de su esencia y el latido de poder en el aire. Sus ojos permanecían cerrados, los brazos cruzados bajo la cabeza para mayor comodidad – o tal vez porque sabía que mostrar su pecho le daría mayor beneficio. Probablemente era lo último. Inuyasha habían dominado el arte de la seducción, incluso antes de que este país eligiera a su primer presidente. Seguí pasando de mis dedos por su pecho, disfrutando de la sensación de tenerlo debajo de la punta de ellos. Él podría tener mucho más experiencia en hacer que alguien se debilitara con deseo, pero yo tenía una ventaja, también. Sabía todo lo que le gustaba, e iba a explotar ese conocimiento para una mayor ventaja.

Puse mis manos extendidas a lo largo de sus costillas y las trasladé lentamente hasta sus brazos en alto. Su poder se estremeció contra mis palmas, enviando agradables vibraciones a través de mí. Luego, coloqué las dos manos sobre su pecho y froté los pulgares contra sus pezones. Se endurecieron para igualar el resto de su cuerpo.

- Me encantan tus manos - suspiró.

- ¿Crees que parezco un ángel? Bueno, Gatita, tus manos son mi cielo y tus ojos mi hogar. - Sus palabras fueron cálidas, pero su voz era en sí misma una tentación con su suave acento Inglés y sensual tempo. Si lo dejaba seguir hablando, podría seducirme para hacer lo que él quisiera en lugar de lo que había planeado.

- Ssshhh... - dije. Inuyasha podría no ser capaz de ver mi sonrisa, pero probablemente la sintió cuando rocé mi boca con la suya en un beso suave como una pluma.

- Mmmm, mi error - murmuró, estirándose de una manera que hizo ondular los músculos de su cuerpo.

Me lamí los labios, obligando a descender mis ganas de seguir esas ondas con la lengua. En cambio, deje que mis manos vagaran a su antojo, acariciando y tocando desde su cara hasta sus pies y viceversa. Honestamente, no había pasado tanto tiempo sólo tocándolo. La lujuria solía cortar en poco tiempo una exploración a fondo ya que carecía de paciencia y control. Esta noche era diferente, sin embargo. Sentirlo de esta manera, deteniéndome en las curvas de su cuerpo y disfrutando de los bajos sonidos de placer que hacía, era más excitante, afirmante. Inuyasha era mío, y no importaba lo que el futuro nos arrojara, iríamos a su encuentro juntos, contra viento y marea.

Rodó sobre su estómago cuando le dirigí, revelando sus anchos hombros, la curva de su cintura estrecha, y los montes gemelos duros de sus nalgas. Esta vez, no era suficiente para mí simplemente acariciarlo. Me agaché sobre él, dirigiendo mi boca hacia abajo por su columna vertebral y lo sentí temblar bajo mis labios. El sabor de su piel y su olor era como un afrodisíaco. Me subí en la cama, dejando que mi pelo tentara su carne a medida que continuaba arrastrando mi boca sobre él, lamiendo y mordisqueando en todas partes. Empezó a hacer ruidos bajos, guturales con cada centímetro de espalda, culo y piernas al que le dedicaba la misma minuciosa atención.

- Maldito dulce infierno, cariño, esto fue una idea sensacional. - Su voz era tensa, y sus manos estaban ahora cerradas en puños.

No hice ningún comentario para que hablara esta vez, pero mordí suavemente una musculosa nalga, sin romper la piel con mis colmillos, sólo aplicando presión. Entonces mi lengua se deslizó hacia fuera para una larga lamida mientras presionaba mis pechos desnudos contra la parte posterior de sus muslos. Su estremecimiento reverberó por debajo de mi boca y mi subconsciente mientras su excitación me conmovía, aunque sus manos se quedaron dónde estaban.

- Más. - La palabra fue casi dura en su vehemencia. Sonreí en su piel mientras llevé a mi cuerpo más abajo por sus piernas.

- No te preocupes, no he terminado todavía. - Le di la vuelta, mis labios se arrastrándose a lo largo de su cadera hasta su plano estómago.

Sus músculos se tensaron debajo de mi boca en expectación, pero sólo soplé por la dura carne donde sobresalía su ombligo antes de sentarme de nuevo. La habitación estaba iluminada por velas en la mesa de noche y armario, la luz natural es más amigable para los ojos de yokai en lugar del resplandor de las bombillas eléctricas, pero ahora, esas velas servirían a un propósito diferente. Me deslicé fuera de la cama, deteniéndome cuando la mano de Inuyasha salió disparada para posarse en mi brazo, aunque sus ojos permanecían cerrados.

- ¿Dónde crees que vas? - Empujé su mano con una risa gutural.

- Estás teniendo dificultades para ser obediente, ¿verdad? Si no te comportas, no voy a hacer lo que pretendía, y confía en mí, te gustaría que lo hiciera. - La curva malvada estaba de vuelta en su boca, incluso mientras dejaba caer el brazo.

- Mis más sinceras disculpas, ama, por mi vergonzosa desobediencia. Si usted desea continuar, le prometo mi completa sumisión. - Sabiondo. A pesar de la promesa, sabía que Inuyasha era tan sumiso como Genghis Khan, pero eso estaba bien. Lo haría contar como cumplimiento temporal.

Tomé una de las velas de la mesa de noche, viendo a Inuyasha a la luz de la llama vacilante. Su cuerpo estaba estirado, con los brazos una vez más detrás de la cabeza, las extremidades completamente relajadas a pesar de que todavía estaba duro como un bate de béisbol en un lugar muy notable. Toda esta abundancia, era mía para disfrutar. Me lamí los labios. Que me aspen si sabía cómo había llegado a ser tan afortunada, pero era una pregunta para otro momento. Ahora era el momento de la acción, no de contemplación. Me acerqué hasta que mis piernas estuvieron apretadas contra un lado de la cama.

- ¿Recuerdas la primera vez que me mordiste aquí? - pregunté, trazando de mi dedo sobre el botón apretado de su pezón.

- Sí. - Una palabra, siseada con todo el peso del deseo que podía sentir a través de sus emociones.

- Se sintió como si tus colmillos me estuviesen quemando. - Mi voz no fue más que un susurro al estremecerme con el recuerdo, y apagué la vela con un soplo inestable.

- No puedo duplicar eso contigo porque no eres humano - continué.

- El jugo en mis colmillos no se sentirá igual, pero tal vez esto se acerca. - Entonces vertí un poco de la cera caliente que quedaba en la vela directamente sobre el pezón Inuyasha.

Todo su cuerpo se arqueó, mientras que un gemido ahogado fue arrancado de su garganta. No esperé a que la cera se endureciera, la cubrí con la boca, mordiendo su piel y lamiendo la mezcla ardiente al mismo tiempo. Su espalda se arqueó de nuevo, sus manos enredándose en mi pelo para presionarme con la fuerza suficiente para conducir mis colmillos más profundamente en él. El placer explotó a través de mi subconsciente, incitándome a morderlo de nuevo, empujando a un lado la cera de mi boca para tragar el embriagador sabor de su sangre.

Entonces, antes de que la cera se enfriara demasiado, vertí los restos en su otro pezón, siendo recompensada por otro gemido gutural. Esperé un segundo antes de cambiar mis colmillos ahí, alternando, lamer y chupar el pico duro, caliente. Una vez que me había tragado un bocado decadente de su sangre –y, posiblemente, algunos pedacitos de la cera – me eché hacia atrás, secándome la boca de las gotas de más y viendo su fija y rojo mirada ardiente.

Su poder latía debajo de mis manos, el olor de su lujuria pesado en el aire. Se mezclaba con el humo y el olor de mi propia excitación, creando un ambiente erótico. Sin quitar mis ojos de él, me incliné hacia delante, rozando con un pecho a lo largo de su costado y me estiré para poner la vela apagada en la mesa de noche... y apoderarme de la otra que aún estaba prendida. Muy lentamente, pasé la mano libre por su cuerpo, dejando a un lado los pedazos restantes de cera en su pecho antes de seguir esa línea delgada de cabello oscuro hacia donde se ampliaba en su ingle. Los ojos de Inuyasha no se cerraron mientras mi mano se cerraba a su alrededor, pero sus labios se separaron, revelando esos dos colmillos afilados. Me humedecí los labios mientras miraba hacia abajo, a la carne dura en mi mano. Se desbordaba de mi mano, pulsando con un tipo diferente de poder, la punta mojada con una gota de color rosa pálido mientras lo acariciaba con firmes, suaves movimientos de la mano. Luego miré a la vela en mi otra mano antes de reunirme con su mirada sin pestañear.

- Hazlo - dijo, su voz tan áspera que casi no la reconocí. Soplé la vela suavemente lo que todavía la dejó ardiendo lentamente, entonces vertí el quemante contenido en toda la carne dura en mi mano.

Todo su cuerpo se sacudió, mientras que destellos de dolor y placer asaltaban mi subconsciente. Apreté la parte superior de la vela para asegurarme de que estuviese apagada antes de tirarla a un lado, haciendo caso omiso de la fugaz quemadura en mi mano. Entonces, antes de la cera tuviera la oportunidad de enfriarse, puse mis labios alrededor de la cabeza de su polla. Un gemido primitivo salió de su garganta cuando le tomé más profundamente, lamiendo su carne, tomando todo lo que pude con dos colmillos afilados, en el camino. Se sentía como mármol esculpido, la carne más caliente por el contacto con la cera que se adhería entre mis dedos. Le acaricié mientras continuaba trabajando su longitud en mi boca, chupando su carne como si quisiera rasgarla la piel.

Sus manos se apretaron convulsivamente, rompiendo las sábanas por los ruidos de que algo se rasgaba. No me detuve a ver, sino que continué moviendo mi lengua a lo largo de su carne, quitando la cera. Sólo placer inundaba a través de nuestra conexión desde que ya se había curado desde el primer contacto que la cera había causado. Incluso si no pudiera sentir eso a través de sus emociones, lo sabría porque mi mano ya no escocía. Además, sabía que, en ocasiones, a Inuyasha le gustaba un poco de dolor combinado con la pasión. Y después de que me convertí en un yokai, me enteré de una de sus formas favoritas para recibirlo.

Levanté la vista para mirarle mientras lo tomaba tan profundamente en mi boca como pude, mis colmillos presionando contra la dureza de las venas por debajo de ellos. Sus ojos se cerraron y arqueó la espalda – otra invitación que tomé. Hundí mis colmillos, deleitándome en el estremecimiento que le atravesó el cuerpo y el grito que pareció surgir de su garganta. La ambrosía de su sangre provocó a mi lengua mientras, con mucho cuidado, sacudí mi boca en su contra, tomando su polla más profundamente sin ampliar los pinchazos que había hecho en él. Esto había tomado práctica para perfeccionarlo.

Esa mezcla de éxtasis y dolor invadieron de nuevo mis emociones. Él gimió, levantando las caderas a tiempo para el movimiento rítmico de mi boca. Saqué mis colmillos para hundirlos de nuevo en la base de su ingle, sólo por mí la falta de reflejo nauseoso vampírico me era posible tomarlo por completo. Entonces, chupé una vez más, corriendo mi lengua a lo largo de su longitud, mientras que tragaba las gotas de sangre que se filtraban pasando mis colmillos de los pinchazos.

- Date la vuelta - dijo con voz ronca Inuyasha, mientras sus manos me impulsaron arriba hacia él. Me resistí, sabiendo lo que quería y también sabiendo que perdería todo sentido si se lo permitía.

- No. Sólo tú, o voy a parar - dije, las palabras un tanto confusas, pero las puntualicé con otro deslizamiento de mis colmillos en su carne. Se movió quedando de costado, su cuerpo curvado hacia el mío, su mano alcanzando entre mis muslos. Un ahogado gemido se me escapó mientras frotaba mi hendidura, con el pulgar haciendo círculos sobre mi clítoris hasta que sus dedos penetraron en mis profundidades.

- Estás tan mojada - murmuró.

- Quiero ahogarme en tu sabor y cubrirme con tu olor. - Las imágenes gráficas hicieron que más cosas dentro de mí se tensaran, pero tenía una razón para no querer que me hiciera sexo oral, aunque no podía recordarlo en este momento.

- No - dije de nuevo, tomándolo de nuevo dentro de mi boca y rasguñando su longitud con mis colmillos.

- Pronto. No te detengas, Gatita. Más profundo. Más. - Él gimió.

Lo tomé hasta su base de nuevo, chupando con más fuerza. Su mano se quedó dónde estaba, moviendo los dedos sobre mi carne con mayor insistencia, por lo que mis caderas se arqueaban con cada golpe. Un dolor comenzó a construirse en mí, una tensión familiar que hablaba de una necesidad que no podía ser negada. Cada frote me hería con más fuerza, inflamándome. Seguí recorriendo su dura longitud, lamiendo y mordiendo en los lugares que sabía que le gustaba más, tratando de no ceder a la tentación de darme un festín con su sangre. Su mano se movió más rápido, hasta que gritos se derramaron de mi boca a pesar de que eran amortiguadas por su carne.

- No puedo esperar más - gruñó Inuyasha.

Apenas tuve tiempo de sacar mis colmillos de su piel antes de que me diera un tirón para arriba, deslizándose hacia abajo al mismo tiempo. Sus brazos se ubicaron alrededor de mi cintura, sosteniéndome con fuerza, su boca pegándose en la suave, hormigueante carne entre mis piernas. El placer se estrelló contra mí como si una represa hubiese reventado. Sus dedos se enterraron en mis caderas, acercándome. Lengua y colmillos y labios se convirtieron en un torbellino de sensaciones que me azotaban con éxtasis, robándome todos los pensamientos en la caótica inundación. Cuanto más me movía, más alto me llevaba.

Duros gritos tomaron la cadencia de la respiración, alimentados por un millón de terminaciones nerviosas que me impulsaban para más. Si sus manos no me hubiesen estado sujetando, me habría caído por los temblores que comenzaron a expandirse a través de mí. Culminaron en un orgasmo que sentí como si fuese arrancado de mí. Cierto grado de coherencia regresó, suficiente para ponerme ligeramente avergonzada de cómo su cabeza se comprimía ahora varios centímetros en el colchón. Finalmente me soltó y caí de nuevo en la cama. Cuando se agachó sobre mí, sus ojos todavía eran un feroz fuego rojo.

- Inuyasha… - Una cortada inhalación se me escapó cuando vi rastros de sangre alrededor de su boca. ¿Mía? ¿O de él?

- No. No digas nada, sobre todo "detente". Es tu turno ahora. - Algo se escondía en su voz que me estremeció.

Me reunió con él, poniéndome de rodillas y dándome la vuelta. Un brazo pálido se curvó alrededor de mi cintura, sosteniéndome con firmeza. En el siguiente momento, empujó dentro de mí, envainándose a sí mismo en un golpe duro. Me hizo gritar, al igual que el siguiente y el siguiente, tan duro y rápido que sentí lágrimas derramándose de mis ojos. Pasó la boca a lo largo de mi espalda antes de acercarse a mi oído.

- No te resistas. Grita… Grita para mí. - Su tono estable desacorde con sus movimientos, conduciéndose dentro de mí con más fuerza de la que pensé podía soportar.

―Demasiado. - Mi respuesta fue un jadeo por su ritmo frenético.

- Como el infierno. Te atravesaste tú misma con mis colmillos y lo amaste. Siento tu cuerpo, y no tienes dolor. Déjate ir, como lo hiciste antes. Cede. - gruñó, lamiendo mi cuello.

Me inclinó hacia adelante, las manos en mis caderas lo único que me apoyaba. Fiel a su directiva anterior, empecé a gritar por la incesante, devastadora pasión de su cuerpo hundido en el mío más duro de lo que nunca antes lo había hecho. Su agarre me inmovilizó, su voz acentuada murmuraba palabras cariñosas entre sus propios gemidos y la intensidad creció hasta un grado impresionante. Cuando llegó hasta un punto abrumador para mí, se inclinó y enterró sus colmillos en mi cuello, bebiendo mi sangre, con fuertes, casi salvajes succiones de su boca.

Me dejé caer sobre el colchón, sin fuerzas, sin sentido, mi liberación golpeándome en fuertes oleadas. Fue tan intenso que sólo tuve una vaga idea del grito de Inuyasha antes de que un profundo espasmo me dijera que se había unido a mí en éxtasis. Después de unos momentos que parecían suspendidos en el tiempo, cayó a mi lado como si alguien cortara una cuerda, ambos tomando unas pocas irregulares, aunque esporádicas, respiraciones.

- Aun si tengo que rogarte, vas a hacer eso de nuevo. No puedo sentir mis malditas piernas. - Inuyasha finalmente dijo con voz tensa.

Ni podía yo, pero hablar estaba fuera de mis capacidades en este momento. Podía oír y pensar, pero sólo vagamente. Incluso con la capacidad regenerativa rápida como un relámpago por ser un yokai, todavía sentía punzadas de dolor mezclado con el hormigueo residual de un orgasmo muy explosivo. Si hubiera sido humana e Inuyasha me hubiese tomado tan duro, no habría podido caminar en una semana. No, espera, en un mes.

- Creo que con esto definitivamente me las arreglaré mientras estemos separados - le dije, girándome para quedar sobre mi espalda. Y un poco más, mi mente agregó. Inuyasha rió, arrastrándome a sus brazos con fuerza y mucha más rapidez de lo que era justo, teniendo en cuenta que aún tenía problemas para hacer funcionar mis miembros.

- Oh, Gatita. Realmente no crees que hayamos terminado, ¿verdad? - murmuró mientras sus labios se arrastraban por mi garganta.

Él será mi muerte, fue mi pensamiento, pero no me atreví a pronunciar una palabra de queja. O protesta mientras su boca se deslizaba por delante de mi cuello y continuaba hacia abajo. Después de todo, y aunque tuviera razón, había cosas mucho peores que la muerte… y no podía pensar en una mejor manera morir, de todos modos.

Continuara…