Una vida normal

- ¿Crees que ha sido buena idea dejar que el niño fuera con ellos en vez de con nosotros?

- Hazme caso, será una distracción que los ayudará a que les sea más natural venir juntos.

- ¿Sabes que él me recalcó que no tienen ningún tipo de lío?

- ¡Oh!¡Serán tontos! Pues yo lo he visto más de una vez seguir a la niña con la mirada. Quizás no lo quiera reconocer porque es muy tímido -Rio.

- ¿Tú crees? -Él no lo tenía tan claro. Parecía muy convencido cuando se lo dijo en el vehículo. Pero también era cierto lo que decía su mujer. Y no solo eso. También había observado su interés en los proyectos que su hija explicaba en las comidas. Su semblante cambiaba ligeramente a pesar del aire de indiferencia.

- Confía en mí -Le guiñó el ojo y le dio un beso en la mejilla.

- Quizás me pasé con la dosis de afrodisíaco. Dice que no recuerda nada y quizás esto explicaría el escándalo que nos montó cuando la niña le dijo que Trunks era suyo.

- ¿Qué?¿Qué afrodisíaco?

- ¡Ups!

- Sr. Briefs ¿Qué hiciste? -Se lo miró entre incrédula y divertida, medio riendo-. No me dirás que... ¡Oh!¡Qué granuja estás hecho! ¿Por qué no me dijiste nada?

- No quería que pensaras que...

- Tienes suerte de que estemos en el Royal Hall y no en casa para demostrarte lo que pienso.

- Lo siento querida pero ya empezaba a estar harto de aquel papanatas de Yamcha -Se defendió malinterpretando la respuesta de su mujer-. Pero esperaba que esto fuera un empujoncito, no que se olvidaran los dos.

- Quizás no fue del todo culpa tuya -Lo intentó tranquilizar ella.

- ¿Qué quieres decir? -Se extrañó.

- Pues que yo también llevaba unos meses poniéndoles pequeñas dosis de afrodisíaco en su comida y seguramente el efecto se reforzó demasiado.

- ¡Oh! Pero con aquel pesado de novio que tenía puede que todavía lo alargarás más por parte de ellos si la niña se le echaba encima.

- Bueno, al otro, cuando venía a comer, le ponía un poco de laxante ¿No recuerdas lo frustrada que volvía siempre cuando salían juntos?

- ¡Oh! ¡Qué puta que eres! -Rio él.

- Cuando volvamos a casa sí que te enseñaré cuan puta puedo ser -le dijo en voz baja al oído. Sí, con una mujer así, todavía no necesitaba pastillas de ningún tipo a sus 55. Ahora el problema sería concentrarse en los otros invitados durante la velada.

- ¡No sabes cuánto te quiero reina!

- Y yo a ti rey -Le confirmó con un suave y discreto beso en los labios, cuando nadie los veía.

Continuará...