¿Te comió la lengua el gato?

El avión aterrizó justo cuando los cielos se abrieron y las fuertes lluvias cayeron sobre el aparato. Incluso aunque estaba ansiosa por empezar, una parte de mí lamentaba el hecho de que muy pronto, tendría que volver a aplicarme mi apestoso repelente de fantasmas. La seguridad del aeropuerto habría tomado medidas si hubiera intentado abordar un vuelo cubierta de hierbas, y no creía que mi sincera explicación de: "¡Pero tengo que mantener a los fantasmas lejos!" hubiera funcionado con ellos.

Cogí la maleta del compartimento -echando de menos mi arsenal habitual- e hice el ritual esperar-parar-esperar de salida del avión con los otros pasajeros. Una vez en el pasillo, pude caminar libremente, y no me tomó mucho tiempo llegar a la zona de espera de pasajeros. Una mirada alrededor no mostró la cara que estaba buscando, y no hubo un aumento revelador de energía sobrenatural en el aire. Frunciendo el ceño, miré mi reloj. No, no era temprano. De hecho, el avión había llegado con unos quince minutos de retraso. Entonces, ¿dónde estaba Inuno?

- Kagome, bienvenida. - Me volví, parpadeando por un segundo ante el extraño alto de pelo leonado, y luego reí.

- Dios, esto es increíble. - El ligero toque de una sonrisa en la cara de Inuno me resultaba familiar, pero no mucho más.

Su pelo negro medianoche y las cejas eran ahora rubio dorado y su mirada color carbón azul celeste, además en vez de los pantalones normales de apariencia cara y camisas de manga larga que prefería, Inuno llevaba una camiseta Ed Hardy y pantalones cortos. Lo más sorprendente para mí, sin embargo, fue su aura. O la falta de ella. Aparte de la falta de latidos de corazón, casi juraría que era humano, porque casi nada de energía sobrenatural agitaba el aire que nos rodeaba. Teniendo en cuenta que estar cerca de Inuno normalmente se sentía como un paraguas de metal volando en un rayo tormenta, me sorprendió lo bien que se las había arreglado para ocultar su nivel de poder.

- yo pensaba que era buena en estas cosas de capa y espada - continué, acompañándolo con un gesto vago hacia mi nuevo pelo rojo, lentillas marrones y mi piel artificialmente oscurecida por cortesía de una de esas cremas bronceadoras. Incluso había adelgazado y oscurecido mis cejas y teñido la pelusa de mis brazos de castaño a dorado-rojizo. Antes un yokai me había identificado debido a un toque de negro en las axilas, a pesar de que me había afeitado esa mañana. Engáñame una vez y todo eso.

- He tenido algo más de práctica que tú - replicó Inuno con sarcasmo, cogiendo mi bolsa. Aunque podría haberla llevado fácilmente, no discutí. Él no estaba siendo chauvinista; simplemente venía de una época diferente. Una época muy diferente, considerando la diferencia de cuatro milenios y medio en nuestras edades.

Salimos del aeropuerto sin decir nada más, sin querer llamar la atención sobre nosotros por si acaso el lugar estuviese siendo vigilado por Oni de Goryomaru o de otra secta. No se puede ser demasiado cuidadoso, a pesar de que Inuyasha ya había salido las últimas tres noches con Sango en Ohio. Con su habilidad para cambiar de forma a una réplica exacta de mí, dudaba que alguien, excepto él, Miroku, Inuno o Izayoi tuviera ni idea de que la verdadera Red Parca Negra estaba en Memphis en vez de sacudir los bares y clubs con Inuyasha.

Aun así, para alejar más la sospecha, Izayoi no se uniría a Inuno mientras peinábamos el área de Memphis. Iba a seguir con sus asuntos como de costumbre, haciendo más fácil mantener la farsa de que Inuno todavía estaba en casa con ella. Me sentí mal por ser la razón por la que se encontraban en Estados separados tan temprano en su relación, pero también sabía que ambos entendían la necesidad de hacerlo. Izayoi había sido investigadora privada, por lo que sabía todo sobre vigilancias e Inuno había estado jugando a coger a los chicos malos desde los tiempos de las pirámides.

Una vez que estuvimos en el coche, Inuno me entregó una bolsa del asiento de atrás, ni siquiera necesitaba abrirla para saber lo que contenía. El olor precedió a su contenido, pero las dos hierbas habían sido tan efectivas como Fabián prometió. Sólo había tenido un par de fantasmas rastreándome en los pasados cuatro días, y los envié de viaje con una nota de cortesía. Mantuve la bolsa en mi regazo, diciéndome que no necesitaba ponerlo bajo mi ropa todavía. Solo retrasaba lo inevitable, lo sabía, pero el "eau de ajo" no era mi perfume favorito. Me subí las gafas oscuras sobre la cabeza, sin necesidad de esconderme ya, y me instalé cómodamente en el asiento. Esperaría una hora o así antes de llamar a Inuyasha. Eran las once de la noche, probablemente estaría llegando al que fuera el último club de Ohio con Sango y Miroku. Estábamos a unas cuantas millas del aeropuerto cuando una ráfaga de energía golpeó el coche como una bomba invisible. Instintivamente alcancé mis cuchillos, olvidando que no tenía cuchillos entre mis pocas armas, cuando me di cuenta que sólo era Inuno desechando sus escudos.

- La próxima vez, ¿qué te parece un aviso antes de hacer eso? Creía que estábamos siendo atacados. - dije, exasperada.

- Mis disculpas. No quería alarmarte. - replicó a la vez que plegaba su aura de vuelta hasta que ya no se sentía como un explosivo.

Me has alarmado desde la primera vez que nos conocimos, oh antiguo espeluznante fue mi sardónico pensamiento, pero no lo dije en voz alta y él ya no podía leerlo de mi mente. Sólo una de las muchas razones por las que me alegraba de haber hecho el cambio de medio humana a mayormente muerta. Entonces, igual de abruptamente que su poder me había golpeado hacía un momento, la culpa me abofeteó. El poder extraordinario de Inuno, la edad y las visiones del futuro me habían dado escalofríos, pero él no podía dejar de ser como era. Al igual que yo no había podido dejar de ser mestiza antes, o de alimentarme de yokais y absorber sus poderes ahora. En la escala de rarezas, probablemente superaba a Inuno, incluso aunque aún mostraba mi disconformidad en la forma atípica en la que pensaba de él.

Si Inuyasha viviera unos cuantos miles de años más – y Dios sabía que esperaba que lo hiciera- podría acabar con muchas de las inusuales habilidades de Inuno también. Inuno compartió su legado de poder con Inuyasha, permitiéndole leer la mente y una fuerza superior durante la noche, y no sabíamos cuántas cosas más podrían surgir con el tiempo. ¿Cómo me sentaría que las personas trataran a Inuyasha suspicazmente porque sus poderes le hicieran diferente de la mayoría de los otros yokais? Sólo la idea me hacía arder de rabia. Sí, sabía cómo me sentaría; me gustaría patear culos por todo el lugar.

- Soy yo la que te debe una disculpa. Incluso antes de estar enfadada contigo por no decirme que habías hecho desaparecer un mes de mi vida cuando tenía dieciséis años, siempre me hiciste sentir incómoda, y fue sobre todo porque estaba siendo una hipócrita. - dije, mirando fijamente el perfil drásticamente alterado de Inuno.

- Me temo que no entiendo, Kagome. - Él me miró con la expresión más extraña en su rostro.

- Los secuaces de Goryomaru no son los únicos culpables de asustarse de alguien sólo porque es diferente. Uno pensaría que por la forma en que crecí, debería haberlo entendido mejor, pero acabé haciendo lo mismo contigo. Lo siento, Inuno. Merecías algo mejor que eso - le contesté en voz baja. El coche desacelero mientras él lo ponía a un costado de la carretera, esperando hasta estar detenidos para mirarme fijamente.

- No me debes ninguna disculpa. Ni de palabra ni de obra me has explotado alguna vez para tu propio beneficio, y no puedo decir lo mismo de mis acciones contigo.- Cada palabra dicha como si fuera su propia sentencia. Hace ocho meses, habría soltado, "¡Eso es cierto, colega!" pero muchas cosas habían cambiado desde entonces.

- No sé cómo es mantener a una enorme línea sobrenatural unida durante cuatro milenios. Lo máximo que hice en mi antiguo trabajo fue liderar un grupo de sesenta soldados durante cinco años. Aunque no hay comparación entre los dos, aun así tuve que tomar algunas decisiones… por el bien mayor (que fueron realmente duras) así que mientras estaba enfadada contigo por lo que hiciste, una parte de mí lo entendía. Además… ya que con tu manipulación nos uniste a Inuyasha y a mí, me resulta duro justificar el guardarte rencor. - sonreí con ironía.

- Me honras con tu perdón. - Inuno cogió mi mano y la frotó contra su frente en un viejo gesto formal.

- Y tú puedes honrarme aceptando mi disculpa, porque no importa lo que hicieras, aun así estaba equivocada, también - contesté.

- Eres una mujer testaruda. Disculpa aceptada. - Soltó mi mano, una expresión divertida revoloteando en sus facciones antes de volverse impenetrables de nuevo.

- Gracias. - Entonces esbocé una pequeña sonrisa, consciente de mí misma.

- De acuerdo, suficiente de confesiones íntimas, ¿verdad? Vayamos a encontrar algún oni intolerante y golpearlo hasta que nos lleve ante su jefe. - La falsa mirada azul de Inuno brilló con un toque del pateador de culos jodidamente letal que había bajo su voz suave y su conducta correcta.

- Sí. Vamos. Ed y Scratch ya han llegado a la ciudad. Sesshomaru se reunirá con nosotros esta noche en la unifamiliar que he alquilado. Una vez que estemos todos aquí, comenzará la caza. - dijo, sacando la palabra.

De nuestro grupo, Dave fue el primero en chocar con la suciedad en Memphis. Una semana después de llegar, reportó a Fabián que había contactado con algunos oni que tenían una inclinación contra los yokais. No estábamos seguros si estaban directamente afiliados a Goryomaru, o eran sólo unos fanáticos imitadores, pero según Dave, había pasado una noche llena de diversión escuchándoles despotricar sobre como oni y yokais deberían llevar vidas separadas y sin mezclar. Esas citas/matrimonios interraciales eran una contaminación de las especies, y sólo a través del separatismo se podría mantener la fuerza y pureza real.

Sonaba como la clase de mierda que los esbirros de Goryomaru predicaban, considerando que él era como la versión no-muerta del Gran Dragón del KKK. Dave tenía una reunión tentativa con el mismo grupo mañana noche, y yo no iba a interferir. No había necesidad de mostrar nuestra mano siendo impaciente y acaparando los peones si la espera podía significar tener al rey en nuestras manos. Esperaba que después de un par de reuniones más, confiaran en Dave lo suficiente para llegar más lejos en el grupo de los retorcidos oni.

En cuanto a Sesshomaru, Inuno y yo estábamos en nada. Las fuentes de Timmie apuntaban a algún tipo de actividad extraña en los bares, le había pasado la información a Tate y verificó que la tasa de crimen en Memphis había aumentado recientemente, añadiendo también credibilidad a que esta era el área donde Goryomaru estaba más centrado. Pero incluso aunque entramos a los bares locales buscando sospechosos los pasados siete días, volvimos sin nada excepto una apreciación por los muchos sabores de barbacoa de la ciudad. O quizás esa fui sólo yo. Alimentarme de las bolsas selladas con sangre de Inuyasha me mantenía alimentada, pero aún me gustaba dar un poco de variedad a mi paladar. Mi móvil vibró en el bolsillo lateral de mis vaqueros. Lo saqué, reconociendo el número antes de contestar.

- Parca Negra. - La voz de Ed, lo suficientemente baja como para que me costara oírle.

- ¿Tienes algo? - pregunté mientras me enderezaba. Scratch y él estaban al otro lado de la ciudad inmersos en otro popular hoyo; ojalá más fructífera que la inmersión en la que Inuno, Sesshomaru y yo estábamos.

- Quizás. - dijo Ed, todavía tan bajo que tenía que hacer un esfuerzo. Le había dicho que texteara si le preocupaba ser escuchado, pero como había descubierto antes, esa era una habilidad moderna que Ed no había controlado todavía.

- Han venido algunos traga-huesos antes. Había una vibración desagradable viniendo de ellos. Escuché a uno de ellos mencionar el auto-cine Falcón, y hace unos diez minutos, se fueron todos. - continuó. ¿Un auto-cine?

- Te refieres a un cine, ¿verdad? - pregunté, sólo para estar segura que no era argot para otra cosa.

- Naturalmente. Lo busqué antes de llamarte. Está en la Avenida Summer cerca de la I-40. - Ed soltó un bufido.

- Bien. Vayan hacia allí, pero no en al menos otros diez minutos por si están siendo vigilados. Yo salgo ahora. - Ed podría no ser capaz de textear, pero por suerte, la búsqueda en un mapa no le sobrepasaba.

- Nos vemos allí - gruñó, y colgó.

- Estamos en el sitio equivocado. Paguemos y salgamos de aquí. - anuncié a Inuno y Sesshomaru haciendo una seña al camarero. Sesshomaru alzó una ceja.

- Explícate - dijo arrastrando la palabra.

Bajé la voz. Textear podía ser más silencioso, pero también era un sinsentido con los dos justo ahí. Ed ha oído sobre una actividad extraña en el auto-cine Falcón, como si el uso de las palabras actividad y auto-cine en la misma frase no fuera suficientemente extraño. Inuno me dirigió una mirada inquisitiva.

- ¿Por qué? - Estaba a punto de decirlo. Porque estaban obsoletos, pero entonces me recordé a mí misma que para alguien tan viejo como Inuno, los auto-cines podrían verse todavía como una nueva forma de entretenimiento.

- Porque el progreso es una perra sin piedad. Las malas noticias son; que si el sitio está todavía abierto, no abandonado, tendremos espectadores humanos de los que preocuparnos si Ed está en lo cierto y algo está pasando. - fue lo que dije.

- Auto-cines - dijo Sesshomaru, sus labios curvándose de un modo que decía que no había sido su fan ni siquiera cuando eran populares.

- Supongo que es mejor que una sala de cine normal. Menos gente en los auto-cines, y si son tal y como los recuerdo, la mayoría de los humanos no estarán concentrados en nada más que fornicar de todos modos. - Su tono despectivo casi me hizo reír. ¿Quién diría que el reputado flagelador del inframundo miraría por encima del hombro el sexo en los autocines?

- No todo el mundo tiene su propio castillo donde volver cuando son jóvenes y están cachondos - dije, mis labios temblando.

- Mi juventud la pasé en constante guerra, no persiguiendo tiernas seducciones. - La mirada que me dirigió no podía ser más cínica.

Para mí misma pensé que "tierno" era la última palabra que asociaría a Sesshomaru, pero teníamos sitios en los que estar, oni que rastrear, y todo eso. Miré mi reloj. Las diez cuarenta y cinco. Eso ayudaba, pero era viernes por la noche, así que sería cuando más lleno estaría el auto-cine.

- Bien, chicos… Vamos al cine. - dije, poniendo algunos billetes sobre la mesa.

El autocine no estaba abandonado, como daban fe los autos que se alineaban frente a las cuatros pantallas gigantes al aire libre. Suspiré incluso mientras me movía con sigilo alrededor de la parte trasera del primer proyector. Por supuesto que no tendríamos tanta suerte para que este lugar estuviese clausurado. Diablos, por el número de personas aquí, o había subestimado el atractivo del autocine, o estaban regalando palomitas de maíz y condones en cada espectáculo.

Me agaché mientras me movía furtivamente a lo largo de los arbustos, abriéndome paso hacia la menos atestada proyección de una película de terror, por lo que parecía. Con todos los faros, resaltaría tanto como un perro en misa si me parara y simplemente caminara por ahí, pero no íbamos a pasar por la entrada principal. Incluso con nuestros poderes ocultos, si este era algún tipo de lugar de reuniones secretas de los Oni, que aparecieran tres yokais sería suficiente para comenzar problemas, sin importar que pensaran que estábamos aquí solo para ver películas.

Por eso estaba caminando a hurtadillas mientras intentábamos descubrir si éramos las únicas personas sin pulso aquí. Nos habíamos separado para cubrir más terrero. No podía ver o sentir a Sesshomaru o Inuno, así que estaban haciendo un buen trabajo en ser sigilosos. Esperaba estar siendo igualmente furtiva. Entonces me detuve. Eso era extraño. Una furgoneta estaba demasiado alejada del área de visión de la pantalla más cercana para siquiera ver la película. No se movía de una manera reveladora tampoco, dejando dudosa la posibilidad de estar fuera del rango de visión de la película por una razón romántica. Aun así podría no ser nada malicioso, es verdad, pero solo había una manera de averiguarlo.

Me acerqué sigilosamente, manteniéndome baja y haciendo un maldito esfuerzo por no hacer crujir las hojas caídas que pisaba. Cuando mi celular vibró con un ruido que parecía un chillido para mis tensos nervios, apreté ignorar aunque vi con una punzada de dolor que era Inuyasha el que llamaba. No tenía tiempo para conversar con él, y además del ruido que alguien con audición de no-muerto podría captar, necesitaba mantener mi celular libre en caso de que Sesshomaru o Inuno me mandaran un mensaje con algo importante. Como "necesito ayuda" o "¡corre, nos sobrepasaron!"

A cincuenta metros de la furgoneta, escuché voces que no eran de la película o del interior de mi cabeza, gracias por regresar a la sangre de Inuyasha. Me detuve, tratando de sentir el aire con mis sentidos para detectar cualquier vibra supernatural, además de tomar una inspiración profunda para ver si captaba el aroma a tierra de los Oni. Nada. Tendría que acercarme para asegurarme con seguridad.

La furgoneta estaba estacionada cerca donde un grupo de arbustos se convertían en una colina bordeada por árboles. En la oscuridad, con la pendiente y las luces de las películas brillando en la dirección opuesta, el área detrás de esa parte era prácticamente invisible para cualquiera que mirara. Diablos, yo podía ver en la oscuridad, pero con la pendiente, la luz deslumbrante, y los arbustos, aun así era difícil para mí ver si había alguien en el área, o si eran sólo árboles todo lo que estaba viendo. Estaba casi arrastrándome ahora para evitar ser vista y aguzando mis oídos ante cualquier sonido que no viniera de las películas, la gente observándolas, sus pensamientos, o la autopista cercana. Ahí. Una voz masculina, definitivamente, seguida de otra, ambos en el área boscosa donde ningún cinéfilo tendría razón para estar. Podría ser un par de vagabundos simplemente conversando, pero de cualquier manera saqué dos de mis cuchillos más grandes. Maldita fuera si me dejaba capturar si no era una inofensiva reunión de humanos. Podría ser la única mujer en el grupo, pero eso no me hacía una damisela en apuros.

Después de unos cuantos minutos más de arrastrarme en silencio, pude sentir las punzadas de poder en el aire, demasiado bajas para hacerme devolverme, demasiado altas para ser de Sesshomaru o Inuno, como ellos estaban ocultando sus auras. Apreté mis cuchillos más fuertemente y continué hacia adelante, feliz de no tener más un latido, o estaría disparándose. Salgan, salgan, donde quiera que estén.

- …matar a más. Mostrarles a nuestros hermanos que vamos en serio - murmuró alguien. Un crescendo de música particularmente alta cortó la primera parte de lo que sea que la otra persona contestara, pero alcancé a escuchar…

- …hasta que cada sanguijuela este muerta - y realmente no necesité escuchar nada más.

Estaba cerca ahora, a apenas nueve metros de distancia. Suficiente para ver que había cuatro Oni parados en un círculo abierto, uno de ellos casualmente removiendo la tierra con la punta de su bota. Dos de ellos se veían bastante normales, usaban pantalones de mezclilla y camisetas manga corta en la calurosa noche de verano. Los otros estaban vestidos como una mala imitación de Ángeles del Infierno con sus chaquetas de cuero, guantes sin dedos, jeans negros, y accesorios de cadenas. Sobre compensando algo, ¿cierto? Fue mi pensamiento desdeñoso.

- ¿Sintieron eso? - preguntó uno, mirando a su alrededor.

Los otros ni siquiera tuvieron oportunidad de responder antes de que el poder golpeara a través del aire, sintiendo como un látigo sobre mi piel antes de que me saltara para aterrizar sobre ellos. Me paré, aun sosteniendo mis cuchillos aunque ninguno de los Oni era capaz de luchar ahora. Por sus expresiones horrorizadas, ni siquiera se podían mover lo suficiente para gritar.

- Ciertamente sabes cómo hacer una entrada, Inuno - comenté. El yokai Egipcio apareció desde el lado opuesto de los Oni, mientras ruidos de crujidos acompasados desde atrás me dijeron dónde estaba Sesshomaru.

- Hay una furgoneta blanca cerca, ¿alguno de ustedes la revisó? - Pregunté.

- Apesta a estos Oni, pero está vacía - respondió Sesshomaru mientras se acercaba.

Miré a los Oni, pensando que si abrían más los ojos, podrían salirse de sus cuencas. Apuesto a que nunca esperaron que aparecieran colados como Inuno a su fiesta. Sesshomaru y yo los podríamos matar fácilmente, pero solo Inuno los podía congelar completamente inmóviles sin siquiera poner un dedo sobre ellos.

- Este grupo es demasiado pequeño para justificar juntarse aquí de esta manera. Deben venir más - dije, bajando la voz. Por el destelló de emociones de cruzó por las caras de dos de los Oni, había adivinado correctamente.

- Aun los tengo. Escondámonos. - dijo Inuno, retrocediendo.

Había visto su poder en acción antes, así que no dudé en darles la espalda a los Oni y meterme más profundamente en los bosques. Las probabilidades eran, que sus amigos llegarían desde la otra dirección, y si olían a yokais, con un poco de suerte pensaría que era de una matanza reciente que había hecho el grupo.

Inuno y Sesshomaru desaparecieron también en el bosque. Una vez que había alcanzado un punto de vista privilegiado, agachada detrás de una formación rocosa a cerca de cuarenta metros de distancia, miré nuevamente a donde habíamos dejado a los Oni. Había un montón de árboles en mi camino, así que no pude verlos exactamente, pero se veía como si los cuatro Oni todavía siguieran en donde los habíamos dejado, sin siquiera poder hablar, y segurísimo menos correr. Sacudí mi cabeza. Malditamente práctico el poder que tenía Inuno… si fueras suficientemente fuerte para controlarlo, lo cual yo no había sido.

No tuvimos que esperar mucho. Menos de veinte minutos después, escuchamos a otro vehículo detenerse muy cerca de donde estaba la furgoneta, por lo que escuchaba. Después el informal y genial parloteo de sus ocupantes cuando se felicitaban el uno al otro por matar a dos yokais jóvenes esa mañana. ¡Hijo de perra! ¡No había que preguntarse si este era el resto del grupo! Me acerqué más, porque hacían suficiente ruido para cubrir los sonidos que hacía. Claramente no sentían ningún peligro. Una oscura satisfacción me llenó cuando escuché a uno de ellos preguntando en broma que estaban mirando los otros.

- ¿Qué pasa, Brent? - se rió una voz.

- ¿Un gato te cortó la lengua? - Esa era una apertura demasiado divertida como para dejarla pasar.

- Todavía no, pero puedo hacer una excepción - dije, estirándome a mi completa estatura mientras daba zancadas hacia ellos.

El poder de Inuno me sacudió, pasando a mi lado y pegándolos en sus lugares antes de que pudieran siguiera gritar por que aparecían yokais desde los bosques. Aunque apreciaba el sentido práctico, parte de mi estaba decepcionada. Luchar con ellos sería una manera genial de liberar algo del estrés que había estado acumulando, pero no sería una pelea real a menos que pudieran defenderse. Cuando me acerqué a una distancia en la que podía tocar al grupo que había crecido a siete, algo blanco llamó mi atención, distrayéndome de mi lamentación porque el poder de Inuno me había quitado la diversión de capturarlos.

- ¿Estás usando colmillos alrededor de tu cuello? - Solté, sacando el collar que colgaba de uno de los aspirantes a Ángeles del Infierno. Efectivamente, ocho colmillos ensartados en una cadena de plata, y verlos me molestó dejándome temporalmente sin palabras. Sesshomaru no parecía tan perturbado. Apareció a la izquierda del grupo, meneándoles los dedos casi juguetonamente.

- Y yo que siempre había encontrado aburridos los autocines, pero van a hacer este divertido para mí, ¿no es así? Inuno, dales la habilidad de hablar, aunque si alguno de ustedes grita, será el último sonido que harán. - Nadie necesitaba decirme que esto se iba a volver sucio, y había demasiado de ellos para que los llevemos a nuestra casa rentada en la ciudad.

- Tenemos que sacar a todas estas personas de aquí, dije, añadiendo, "algo que no llegue al noticiero de las once" como una importante idea de último momento. Claro, Inuno podría despejar este complejo de teatro al aire libre en cosa de segundos. Pero la gente se podría detener a preguntarse porque su auto estaba volando repentinamente a través del aire, o porque cada pantalla gigante del cine se desmoronaba en una pelota, y no necesitábamos ese tipo de publicidad. Inuno me dio una mirada mordaz.

- Sé cómo ser discreto - dijo, antes de desaparecer en un borrón de velocidad.

Contuve un resoplido con mucha dificultad. No había sido hace demasiado tiempo que Inuno había demolido una sección de Disneylandia en frente de testigos aturdidos, o transformó a Izayoi en yokai en un video que después fue subido a internet. Si, esas cosas eran la esencia de la discreción.

- Así que, chicos… - Me di vuelta para ver a Sesshomaru dando zancadas a lo largo del irregular círculo de Oni, todavía en su lugar por el poder de Inuno aunque el yokai estuviera fuera de vista. Los tocó a todos ellos, y yo sabía la razón. Sesshomaru podía quemar cualquier cosa que tocara.

- El que me cuente todo acerca de su pequeña pandilla vivirá - continuó.

- El que no hable…bueno, pueden deducir lo que sucederá, estoy seguro. - Salieron llamas alrededor de sus manos para dar énfasis. Unos de los Oni hicieron muecas de dolor, dándose cuenta quien era Sesshomaru. Sólo un yokai macho era infame por manejar el fuego, y la reputación de Sesshomaru habría sido de todo menos tranquilizador para ellos.

- Hay demasiada gente cerca - le recordé. Quemar en una hoguera a algunos de los Oni iba a atraer demasiada atención, incluso a través de los arbustos y árboles.

- Entonces que Inuno se apure. - respondió Sesshomaru, su tono endureciéndose.

- Estos sujetos todavía no hablan, y que ignoren mis órdenes es algo que me choca, como podrías llamarlo. - Uno de ellos hizo gruñidos, abriendo y cerrando sus labios de la manera más extraña, pero los otros se quedaron en silencio.

- Nadie cree que vas en serio hasta que comienzan a caer cuerpos. - Sesshomaru suspiró.

Entonces se movió tan rápido que no estaba segura de que estaba haciendo… hasta que vi los nuevos cuatro collares carmesí que algunos de los del grupo estaban llevando. Sus expresiones quedaron abruptamente inexpresivas, sus ojos quedaron en blanco, pero sus cuerpos permanecieron verticales y sus cabezas sobre sus cuerpos, aunque nada salvo el poder de Inuno las mantenía pegadas. Parpadee ante la eficiente brutalidad de Sesshomaru, pero no con conmoción. Inuyasha habría hecho lo mismo. Me podía desagradar matar a combatientes enemigos si no podían defenderse, pero estos Oni estaban involucrados en tratar de provocar un conflicto entre dos especies que dejaría al menos miles de muertos si eran exitosos. Eso significaba que tenía que dejar a un lado mis preferencias personales.

- Esos tipos tuvieron suerte. El resto de ustedes no la tendrá - dije tranquilamente.

- En caso de que no se hayan dado cuenta, es Sesshomaru Tepesh al que están mirando, y ¿yo? Soy la Parca Negra, y apuesto que han oído de mí. - Dos de ellos escupieron insultos, los más desagradables del Oni que usaba colmillos de trofeos.

No le di a Sesshomaru oportunidad de actuar, sino que atravesé la garganta del Oni antes de que pudiera decir cualquier cosa más. Ahora tenía dos collares; uno hecho de colmillos, el otro hecho de la última sangre que iba a derramar. El otro Oni que me había maldecido estalló en llamas que quemaban tan ferozmente, que sus gritos fueron interrumpidos en segundos. Miré hacia el cine, esperando que ninguno de los cinéfilos decidiera revisar el repentino resplandor de fuego, si es que lo vieron. Pero antes de que pudiera bajar mis escudos mentales para captar cualquier pensamiento de "¿qué es esa luz ahí?", las llamas del Oni desaparecieron, dejando solo humo elevándose desde sus restos.

Así es, no hay que preocuparse de un incendio forestal con Sesshomaru a tu lado. Mi propio control sobre el fuego había sido mucho menor durante el breve periodo de tiempo que había tenido prestaba la habilidad de él. Mi cadera vibró. Salté, tensa por las circunstancias, antes de darme cuenta que era solo mi teléfono móvil. Lo saqué, viendo el número de Inuyasha, e hice una mueca de dolor mientras presionaba ignorar nuevamente. Por mucho que quisiera hablar con él, parlotear o enviar mensajes durante una interrogación fogosa no era apropiado.

- Mientras sus números disminuyen, también lo hace mi paciencia ¿Todavía no me van a decir lo que quiero saber? De tin, marín, de dos pingüe… - dijo Sesshomaru en un escalofriante y frio tono.

En "fue" el Oni al cual Sesshomaru señalaba explotó como un petardo, arrojando pedazos de cosas en llamas que ni siquiera quería identificar sobre los dos Oni a cada lado de él. Tomó toda mi fuerza de voluntad no desviar la mirada. Asqueroso no comenzaba a cubrir como se veía eso. En vez de hacer algo completamente femenino, como decir, "Qué asco" me concentré en lo que había escuchado hablar a los Oni, y en cuántas vidas serian destruidas si los planes de Goryomaru eran autorizados a seguir adelante.

- Nos mataran de cualquier manera, sin importar si les decimos lo que quieran saber - dijo finalmente un Oni con cicatrices en su cuello. El otro Oni, el que parecía estar en la adolescencia, todavía movía su boca de una manera extraña, como si estuviera imitando un pez fuera del agua. ¿Qué pasa con eso? Me pregunté. Sesshomaru se encogió de hombros.- - Si tu información prueba ser valiosa, después de un periodo de tiempo, te dejaré ir. Antes de eso, serás mi prisionero, pero estarás vivo, lo que es más de lo que tus amigos pueden decir - finalizó con una inclinación de su cabeza hacia los otros cuerpos.

- ¿Por qué debería creer que realmente me dejarás vivir? - El Oni gruñó. Sesshomaru se quedó muy quieto, pero sus ojos brillaban con una luz peligrosa.

- Llámame mentiroso una vez más - dijo, cada palabra llena de desafío.

Incluso aunque no era yo la que estaba siendo amenazada, me atravesó un temblor. Esta era una de las veces en las que estaba contenta de ser amiga de Sesshomaru. El oni más joven movió sus labios nuevamente, abriendo y cerrando su boca incluso más frenéticamente. Le di una mirada irritada. A nadie le gustaba una reina del drama en medio de una interrogación. Pero entonces estreché los ojos, y lo tenía agarrado de la camisa antes de que Sesshomaru pudiese hablar.

- Abre tu boca nuevamente - dije, porque la había cerrado por la sorpresa una vez que lo había agarrado.

- ¡No lo hagas! - ordenó el Oni con cicatrices.

Le di una patada de lado, rompiéndole la rodilla sin sacar mis ojos ni una vez del Oni que sostenía. Lentamente, con una mirada que ahora reconocía como suplicante, el Oni abrió su boca. Ampliamente.

- Jesús, María y José - dejé escapar.

Continuara…