Artería

Miré a través de la ventana, perdida en mis pensamientos, sin apenas notar los edificios borrosos por los que pasábamos. La mayoría de Memphis se había recuperado de las terribles inundaciones del año pasado, pero aquí y allá, todavía podías ver signos de los estragos del agua. Sin embargo, la gente se había recuperado, reabriendo los negocios y reconstruyendo las casas. Los fantasmas podrían haber probado ser un grupo sorprendentemente resistente, como apuntó Fabián, pero mi especie – o antigua especie, supongo – era bastante resistente también. Fruncí el ceño cuando Sesshomaru giró la esquina y bajó una larga calle que no parecía ningún sitio cerca del bar donde se suponía que teníamos que ir.

- No te has perdido, ¿verdad? - Me miró fijamente, un lado de su boca se agitó en una débil sonrisa.

- Trabajo de campo - dijo, cogiendo la siguiente a la derecha.

- ¿Un cementerio? Estuvimos de acuerdo en que Inuno haría la vigilancia sobre Goryomaru, ¡no nosotros! - Eché una mirada al arco de hierro forjado al final de la calle y sacudí la cabeza.

- No estamos aquí para buscar a Goryomaru u otro oni - replicó Sesshomaru sin alterar la voz. Aparcó en el punto más lejano de la entrada antes de girarse hacia mí.

- Estamos aquí porque vas a intentar ese nuevo truco que aprendiste de Midoriko. - Por algunos segundos, me quedé sin habla, dividida entre mentir y decir que no sabía de qué estaba hablando, o preguntarle quien se lo había dicho, no podía imaginar que Inuyasha hubiera dicho nada a Tepesh. Desde luego no eran cercanos.

- ¿Qué crees que sabes sobre eso? - dije al final, lanzándole una mirada dura. De ninguna manera empezaría a balbucear una confesión, incluso si me perforaba con la vieja mirada de conocimiento de Drácula.

- Sé que no empezaste a llevar ajo y hierba para crear una nueva moda, y tu repentina popularidad con los fantasmas no empezó hasta después que viste a Midoriko. No terminé de unir todas las piezas hasta esta mañana, cuando te oí mencionar que eras capaz de soportar el "freaky amuleto anti-fantasma" de Midoriko durante la cursi conversación que tuviste con Inuyasha. Entonces me di cuenta de lo que pasaba. Muy impresionante, ser capaz de absorber poderes de los Oni también. - dijo Sesshomaru, retorciendo su boca.

- ¿Estás loco? ¿Y si este cementerio está plagado de la gente de tú-sabes-quién y te oyen? - susurré, mirando alrededor.

- No lo está. Sentiría si hubiera demonios aquí. Soy mucho mayor que tú, así que mi rango es más fuerte. Las únicas cosas muertas en una milla a la redonda somos tú, yo, y los que están enterrados bajo tierra. - Él bufó. Eso me tranquilizó, pero todavía recordaba la advertencia que Inuyasha me había transmitido de Midoriko sobre lo que ocurriría si le decíamos a alguien que había bebido la sangre de ella.

- No son sólo los muertos o el no-muerto sobre los que nos tenemos que preocupar que nos oigan - dije, señalando con la cabeza hacia la ventana.

- Si ves un fantasma, sólo ordénale que no diga nada. Y no pienses que vas a desviar mi atención, Parca Negra. - replicó Sesshomaru inexorablemente.

Aw, mierda. Bien, ¿qué esperaba? A pesar de la armadura de ajo y hierba, algunos de ellos todavía encontraban la forma de llegar a mí y tenía que enviarlos lejos con la firme instrucción de no volver. Estando bajo el mismo techo que Sesshomaru durante la semana anterior, tenía que haber escuchado algo, incluso aunque hubiera intentado dar mis órdenes realmente bajo.

- Esto no puede ser de conocimiento público - dije finalmente.

- Para usar una frase de tu generación, "no jodas". - Sesshomaru dejó escapar una sonrisa.

- Creo que esa expresión es más vieja que mi generación - murmuré, pero lo dejé pasar.

- No entiendes lo que me estás pidiendo. No es tan fácil como sostener una postura. Es demasiado peligroso. - Sesshomaru lo sabía y eso era lo que había. Al menos no era del tipo cotilla, así que todavía tenía una oportunidad decente de que no se supiera por ahí. Pero lo que él quería que hiciera estaba fuera de duda.

- Sé muy bien lo que Midoriko puede convocar, y si tú ahora puedes llamar también a tales criaturas, eso daría a los yokais una ventaja importante si fuéramos incapaces de matar a Goryomaru y prevenir que estallara la guerra. - Esos ojos rojos dorados miraron aburridos los míos.

- Invocarlos no es lo que me asusta. Controlarles una vez que estén aquí, o enviarles de vuelta, ese es el problema. - dije, con un escalofrío recorriéndome al recordar.

- Esto es demasiado importante para que te niegues simplemente por miedo - replicó Sesshomaru.

- Simplemente no lo entiendes. - Señalé con una mano el cementerio para enfatizar.

- Esas cosas -Remnants, les llamó Midoriko- son como minas de tierra fantasmales, ¡y me estás pidiendo que las pise y vea si puedo dirigir el radio de explosión! No es miedo por mí por lo que digo no. No me hirieron la última vez y probablemente no lo harán de nuevo. Es miedo por ti si lo hago y fallo. - Sesshomaru alzó su mano. Las llamas la cubrieron, índigo y naranja saliendo a través de su piel sin chamuscar ni un sólo pelo.

- El poder que tengo sólo es valioso porque puedo y lo usaré si es necesario. Goryomaru tiene razón; la nueva alianza de Midoriko con los yokais puede cambiar el juego, y ahora tenemos la habilidad de contar con el arma más devastadora de la nación oni a través de ti, pero no si te niegas a ejercer ese poder. - Recordé la sensación helada y voraz de los Remnants, la vorágine mental de sus voces en mi cabeza, y me estremecí.

- Lo ejerceré, o lo intentaré, sólo como último recurso. No sabes lo fuertes que son los Remnants. Podría levantarlos, perder el control sobre ellos, y entonces terminar viendo cómo se comen a los aliados y enemigos por igual. Sólo un tonto arriesgaría un Avemaría en el primer cuarto del partido. - La ceja de Sesshomaru se arqueó insolentemente.

- No, sólo un tonto esperaría a ver si su mejor arma funciona durante una batalla en lugar de antes. – se burló de mí.

- Hay días en los que realmente me pones a prueba, Tepesh - le espeté.

- Y hay días en los que me pregunto cómo has sobrevivido tanto tiempo. No tendrás una oportunidad mejor de probar tus habilidades que justo ahora. Inuyasha no está aquí, así que tu mayor preocupación se ha ido, y puedes arriesgar mi vida porque acepto el peligro, y porque los amigos pueden ser escasos, pero no son irreemplazables. Ahora, entremos al cementerio y empecemos. Antes de que Inuno llame y nos dé una conferencia sobre una muerte temprana y lo peligrosa que es la idea. - contestó.

La cara de Sesshomaru había estado dura como el granito durante la primera mitad de la charla, pero entonces su boca se curvó casi con picardía con la última frase. Yo estaba llena de rabia por su despectivo comentario sobre mis habilidades de supervivencia, a pesar de lo casual con lo que asumía mi reacción a su muerte, y la diversión con la que podía soñar un maestro yokai de más de seiscientos años, como un niño travieso planeando burlar a su niñera.

- Debes ser una de las personas más inusuales que he conocido, y considerando lo extrañas que son algunas, eso es decir mucho - logré decir, sacudiendo la cabeza.

- Si te acabas de dar cuenta de lo original que soy, Kagome, llegas incluso más tarde al juego de lo que imaginé. - Su sonrisa era descarada.

- Tu arrogancia merece su propio código postal, Drac - dije, riendo a pesar de mí misma.

- Y tú te estás entreteniendo. Salgamos y empecemos. - Mi flash de buen humor se desvaneció bajo una capa de nerviosismo.

- Quizás deberíamos esperar a Inuno. Con su poder, podría ayudar si las cosas se nos van de las manos… -

- No cuando es por algo que sale del suelo. La magia de las tumbas es inmune a la telequinesis de Inuno. Es por lo que no pudo hacerles nada a los zombis en Nochevieja excepto empuñar una espada y mandarlos lejos como el resto de nosotros. - me cortó Sesshomaru.

Buen punto. Nunca me había preguntado por qué Inuno no había intentado parar el ataque con su poder. Probablemente porque estaba demasiado ocupada pensando, ¡Dios Santo, vamos a morir! Y algunos de mis amigos han muerto. Nada bueno viene de alzar mágicamente a criaturas desde su tumba, según mi experiencia. Eso trajo otra preocupación, una menos mortal pero mucho más embarazosa. Aclaré mi garganta, mirando lejos de Sesshomaru.

- Sabes, Midoriko dijo que no sería tan malo la siguiente vez, pero sólo por si acaso... si hago esto y pongo a los Remnants de vuelta, y entonces de repente empiezo a ir hacia ti, no es adrede. Sólo son los efectos posteriores de estar conectada al hambre de la muerte. No es que de repente me vuelva loca de deseo por saltar sobre ti. - Sesshomaru echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Lágrimas rosas brillaban en sus ojos antes de que se controlara y mostrara sólo una ligera sonrisa.

- Me aseguraré de frustrar cualquier intento de acoso que puedas tener sobre mí o alguien más - replicó al final, sus labios todavía temblando.

Respiré profundamente y eché el aire, intentando centrarme antes de dar el salto al otro lado, metafóricamente hablando. No tenía ni idea de cómo levantar a los Remnants, pero asumía que empezaría por intentar establecer la conexión que sentía con los fantasmas y trabajar a partir de ahí.

- ¿Estás seguro de que quieres estar cerca mientras hago esto? A lo mejor, sales herido. A lo peor, no seré capaz de impedir que te maten. - pregunté, lanzando una mirada preocupada a Sesshomaru. Su expresión era una mezcla de crueldad absoluta y desafío imprudente, haciéndome preguntarme si había mirado de esa manera en las cargas a caballo durante la batalla hace tantos siglos.

- He vivido al borde de la muerte la mayor parte de mi vida. Deja tus mimos para los niños, Kagome; lo malgastas en mí. - Maldito príncipe rumano arrogante. Esperé que esas no fueran sus últimas palabras.

- De acuerdo. Intentémoslo. - Comencé a arrojar todos los paquetes de ajo y hierba que había metido dentro de mis ropas.

Los grillos chirriaban en una cadencia continua a nuestro alrededor, la mayoría de ellos escondidos en el pasto. Aunque a los mosquitos los podía ver zumbando cerca, nos dejaron solos a Sesshomaru y a mí. Supongo que no les gustaba la sangre de los no muertos, lo que era algo bueno probablemente. El mundo tenía suficientes problemas sin hordas de mosquitos inmortales añadidos al caos.

Sesshomaru estaba repantigado sobre una lápida, observándome silenciosamente. Había elegido ir a la sección más antigua del cementerio, no sólo porque era la más lejana a la calle y de cualquier transeúnte. Era también porque, aunque irrelevante, pensaba que era más bonita. Las simples lápidas con forma de U invertida y cruces me recordaban a los cementerios alrededor de los cuales había crecido. Fueron los primeros lugares en los que traté cazar yokais cuando era adolescente, pero nunca encontré ninguno en ellos. No me tomó mucho darme cuenta que los yokais tendían a pasar el rato en lugares donde se reunían los vivos, en vez de rodearse de los muertos no comestibles.

No había otro yokai u oni aquí excepto nosotros, pero no éramos los únicos seres supernaturales acechando en la oscuridad. Sentí zumbidos en el aire, colgando como una niebla invisible, marcando la presencia de energía residual de fantasmas no sensitivos. Cada cierto tiempo, un pulso mayor atravesaría el aire, y yo miraría hacia su fuente justo a tiempo para alcanzar a vislumbrar una apenas visible silueta antes de desaparecer. Este cementerio tenía más que sólo fantasmas residuales, pero me preocuparía de ellos después. Después de descubrir si podía hacer lo que había venido a hacer aquí.

- Mientras aun sea joven... - dijo Sesshomaru.

- No has sido joven desde mil cuatrocientos, unos cuantos minutos más no van a hacer ninguna diferencia - murmuré, pero después traté de concentrarme en ese zumbido de energía en el aire.

Tal vez esa era la puerta que guiaba hacia el lugar donde los Remnants dormían, cuando no eran arrojados a esta realidad. Traté de bajar todos mis escudos emocionales, dejándome abierta a la magia que sabía que todavía residía en mi sangre de Midoriko. Destellos de plata aparecieron a toda velocidad, tan rápido que no habría tenido tiempo de sacar mi cuchillo incluso si hubiese servido de algo. En el instante siguiente, estaba mirando a cinco fantasmas, dos de ellos hombres, las otras tres mujeres, una de las cuales era una niña. Todos me miraban expectantemente.

- ¿Si? - preguntó el fantasma con el bigote tupido a la antigua, como si se estuviera impacientando porque yo no había dicho nada.

- Ah, disculpen por molestarlos -‖ comencé, sintiéndome extraña por la pequeña niña fantasmal. Tenía una gorra con cintas y un vestido nebuloso que caía hasta sus pies. Un camisón, me di cuenta, uno cuyo estilo no había sido común por cien años o más. Nunca había visto un niño fantasma antes, y me hizo sentir insegura de cómo responder. Me parecía incorrecto ordenarle a un niño pequeño que se vaya sin una explicación, especialmente cuando probablemente la había despertado. Detrás de las figuras espectrales, Sesshomaru agitó su muñeca en el gesto universal de apúrate.

- No quise llamarlos. Yo, eh, estoy aquí por otra cosa. Disculpen haberlos molestado. Por favor, vuelvan a lo que sea que estuviesen haciendo, y no mencionen que estuvimos aquí esta noche. - continué, antes de que él les dijera algo grosero.

Sin decir una palabra, los fantasmas se dispersaron, la niña pequeña desapareció tan rápidamente como los otros. Luché contra la necesidad de pedirles que volvieran y preguntar si alguien cuidaba de ella. Teníamos una agenda, y Sesshomaru podría prender fuego a mi ropa si comenzaba a preguntar si la niña había flotado hasta aquí sola, o con un apropiado tutor fantasmal.

- No está funcionando. Necesitamos tratar otra cosa. - Pero después de diez minutos parada ahí con mis ojos cerrados, abriéndome a la energía sobrenatural en el aire y tratando de ordenarles aparecer, los abrí con un suspiro.

- ¿"Nosotros"? No puedo ayudarte con esto, Kagome. - Sesshomaru arqueó una ceja.

- Sí que puedes. La ansiedad, rabia, o luchar parecen reagudizar mis poderes prestados. Estoy nerviosa por esto, pero claramente no suficientemente nerviosa. Así que pégame. Fuerte. Para ver si eso me enoja lo suficiente para hacer esto. - respondí, acercándome a él.

Inuyasha había puesto en marcha mi habilidad para volar arrojándome de un puente—pero no había puentes aquí. Si Sesshomaru y yo tuviéramos una sesión de entrenamiento justa, eso podría resultar contraproducente porque probablemente disfrutaría probándome contra un Maestro yokai. Pero no defenderme mientras me daban una paliza iría contra todos mis instintos como luchadora, y apuesto que el dolor instintivamente gatillaría mi enojo incluso si sabía la lógica detrás de él.

Había estado parada cuando hice la declaración, pero estaba sobre mi trasero al segundo siguiente, mi pecho ardiendo por un golpe que se sentía como si hubiera aplastado todas mis costillas. ¡Parecía que Sesshomaru no necesitaba que lo convenza de dejar de lado su caballerosidad el tiempo suficiente para obedecer!

- Ese fue bueno. Hazlo de nuevo. - conseguí decir, haciendo una mueca por el dolor de mis huesos volviendo a soldarse juntos.

- Como desees. - El cabello platinado de Sesshomaru cayó sobre sus hombros mientras se inclinaba hacia abajo para ayudarme a pararme.

Esta vez, estaba preparada, pero sólo significó que me quedé de pie en vez de aterrizar sobre mi trasero cuando Sesshomaru soltó otro mazo, este en el área más suave de mi estómago. Técnicamente, golpes al cuerpo eran más fáciles de recuperar que uno a la cabeza, así que él estaba siendo cortés en ese aspecto, pero las técnicas perdieron importancia ante el dolor atravesándome. Al menos no fue seguido por el dolor de mis costillas quebrándose esta vez.

- Mierda, eso dolió - murmuré, inclinándome como reflejo.

- Asumo que no estabas buscando algo que te haga cosquillas. - Un bufido despeinó mi cabello. Y diciendo esto, Sesshomaru disparó otro golpe, éste a mi costado.

- ¿No me puedes dar un segundo para recuperarme entre medio? ¡Es un milagro que todavía estés soltero Tepesh! - Me tambalee hacia atrás, la rabia explotando.

- Aunque ya te estás enojando, ¿no es así? Para de refunfuñar, Parca Negra. Te he visto en batalla. Puedes tomar mucho más que esto. - respondió, sin la más mínima señal de remordimiento.

Sí, bueno, en la batalla era matar o ser matado, así que empezaba a hacer efecto la adrenalina, actuando como morfina contra el dolor. Esto, por otro lado, sólo dolía más que la mierda. Pero tenía razón. El dolor y la frustración por no dejarme a mí misma defenderme me estaba enojando. En el pasado, eso era un buen signo cuando se refería a acceder a mis poderes prestados.

- Si esto es lo mejor que puedes hacer, supongo que tendrá que ser suficiente. Solo pensé que deberías saber… ¡Inuyasha golpea mucho más fuerte que tú! - dije, para incitarlo. Necesitaría un ataque más brutal que esto para dejarme lista.

Soltó una carcajada antes que otro golpe me enviara volando hasta otro árbol antes de caer al piso. Ahora dolía completamente mi frente y espalda. Definitivamente me estaba enojando, aunque todavía nada sucedía en cuanta a la actividad de los Remnants. O esto no estaba funcionando o tenía que enojarme mucho más, rápido. Me sacudí mientras saltaba para pararme, observando a Sesshomaru acercarse con mucha más lentitud que si estuviéramos luchando de verdad.

- Ese último fue mejor, pero dejar de golpear como una niña. Sácate la correa. Sólo no me golpees contra ninguna de las lapidas. Este es un cementerio agradable. Romperlas seria irrespetuoso. - dije.

- Que conste. Tú lo pediste. - Sesshomaru soltó algo que sonaba como un suspiro.

Luché contra el impulso instintivo de defenderme cuando lo vi levantar el brazo. Ni siquiera me deje prepararme, el pensamiento revoloteado en mi cabeza que era malditamente bueno que Inuyasha no nos pudiera ver ahora mismo o estaría furioso. Entonces todas las reflexiones mentales aclararon mi cabeza al mismo momento exacto que el puño de Sesshomaru aterrizaba ahí. Estrellas explotaron en mi mente, seguidas por un destello de un dolor abrazador y oscuridad. Cuando pude ver de nuevo, estuve vagamente sorprendida que la primera cosa que viera no fueran pequeños pajaritos azules haciendo un lento circulo sobre mi cabeza.

- De nuevo - dije, preguntándome si era realmente posible para mí vomitar. Por el latido en mi cabeza, podría serlo.

El siguiente golpe me llegó a lo largo de la mandíbula. Mis dientes se apretaron suficientemente fuertes para sorprenderme de no habérmelos tragado. Sangre caía por mi boca. Sesshomaru la vio, hizo un ligero y desdeñoso encogimiento de hombros que me hizo querer golpearlo, y levantó su puño para dar otro golpe. Nunca llegó. Sentí como si hielo recorriera mis venas incluso cuando un escudo de cuerpos transparentes se formaron sobre mí, desviando el golpe de Sesshomaru como si estuvieran hechos de diamantes en vez de sólo aire vaporoso. Él los miro con un sombrío triunfo mientras el escudo de Remnants crecía a una pared—y después cayeron sobre él.

- Bien, funcionó. Magnifica arma. Esto duele…absolutamente en todos lados. - dijo Sesshomaru apretando los dientes aunque todo su cuerpo estaba cubierto por ellos.

Las voces hicieron eco a mi alrededor, algunas tan bajas como gruñidos y otras en tonos tan altos que sonaban como uñas sobre una pizarra. Sesshomaru tenía razón; obviamente había funcionado. Ahora venía la parte realmente difícil. Los había levantado, pero tenía que sacárselos de encima. Era difícil concentrarse con ellos bombardeando mi mente con más voces de las que podía contar. Si tenía alguna esperanza de controlarlos, necesitaba usar las mismas técnicas que había desarrollado mientras aprendía evitar que los pensamientos de los humanos me inundaran. Concéntrate en una voz. Sintonízala. Haz que todo lo demás desaparezca en el fondo.

- Sesshomaru, habla - le pedí. Era mejor estar concentrada en su voz en vez de perderme en la gran cantidad de susurros de ultratumba. Me puse de pie, sólo en ese momento dándome cuenta que había quedado en el suelo con su último golpe.

- Estoy bastante ocupado… por el momento - escuché en medio del torbellino de sonidos.

- Necesito tu voz - insistí, temblando convulsivamente. Tenía tanto frio. Estaba tan cansada. Tan hambrienta.

Sesshomaru comenzó a cantar, las palabras roncas por su obvio dolor. Me tomó varios segundos sentirme en control de mi misma lo suficiente para concentrarme en él y para quedar asombrada que Sesshomaru supiera la letra de "Run This Town". Me saqué eso de la cabeza mientras lo miraba. Su cuerpo estaba completamente cubierto por Remnants, y trataba de ignorar el lazo que sentía con ellos. La gélida, voraz hambre que amenazaba con cegarme de todo lo demás.

- Aléjense de él - le dije a las sinuosas formas retorciéndose. Nada sucedió. Ni uno de ellos siquiera se detuvo en su ataque contra él ni para mirarme.

- Aléjense de él - repetí, poniendo todo el miedo de lo que sucedería si no lo hacían en mi voz.

Aun así los Remnants se deslizaban sobre Sesshomaru, enrollándose a su alrededor y atravesándolo. Su cuerpo se arqueó de una manera que era demasiado familiar, diciendo su agonía incluso aunque él no se permitiera gritar. Llamas brotaron en sus manos, pero los Remnants no se movieron para evitarlas, ni tampoco parecía hacerles ningún daño el fuego cuando se deslizaron sobre ellas. ¿Por qué lo haría? Suministró mi mente con miedo creciente. Los Remnants estaban hechos de energía y aire. Dos cosas que nunca han sido lastimadas por el fuego.

- Vuelven a sus tumbas ahora mismo - intenté nuevamente, esta vez la desesperación notándose en mi tono.

Aun así, ni siquiera ralentizaron sus movimientos, o parecieron oírme en absoluto. Los había sacado desde el otro lado, pero como temía, no tenía control sobre ellos. Mi peor de los casos estaba sucedieron justo en frente de mi mientras miraba a Sesshomaru retorciéndose en un trivial esfuerzo por deshacerse de los Remnants que simplemente seguían devorándolo, haciéndose más fuertes por su dolor y energía mientras él se debilitaba. Entonces una idea se apoderó de mí mientras miraba las llamas en sus manos. No hacían nada para lastimar a los Remnants, pero seguro como el infierno me iban a lastimar a mí.

- Sesshomaru, golpéame con una bola de fuego - dije en voz baja.

- Desmayarme fue lo que corto mi conexión con los Remnants la última vez, creo. - Valía la pena intentarlo. Si ya no estaba conectada a ellos, tal vez automáticamente volverían por donde vinieron. Tenía que intentar algo. Mis órdenes eran inútiles y Sesshomaru no duraría mucho de esta manera.

- No. Aprenderás…cómo controlarlos…aunque me mate. - Esa sola palabra estaba llena de dolor, pero no menos enfática.

- ¡Te matará, maldición! - solté con el pánico creciendo.

- Menos quejas…más aprender - rechinó Sesshomaru. Entonces cerró sus ojos, como si me estuviera despidiendo.

- Lo sé, soy delicioso. Ñam… Ñam - murmuró a los Remnants alimentándose de él. El fuego continuó saliendo de sus manos, pero no envió ninguna de sus llamas en mi dirección. Terror y rabia se elevaron en mí ante la visión de los Remnants moviéndose incluso más rápido a través de su cuerpo. Se estaban haciendo más fuertes, ganando la energía que necesitaban para matarlo, y él se los estaba permitiendo.

- ¡Vas a morir si no me haces arder hasta dejarme fuera de servicio! ¡Piensa en tu gente! - grité, desesperándome cuando nada de lo que hacía, incluso tirar de los Remnants con mis manos, parecía hacer que dejaran a Sesshomaru en paz. Ante eso, abrió sus ojos, rojo esmeralda y brillando con tanto agonía como resolución.

- Lo hago…así que aprende - dijo con un tono áspero.

Solté un grito de pura frustración. Nada de lo que decía convencería a Sesshomaru de lastimarme. No si él pensaba que estaba protegiendo a su gente sacrificándose a sí mismo. Bien. Si Sesshomaru no me daba el golpe que me dejara fuera de servicio, lo haría yo misma. Curvé mi puño y embestí lo más fuerte que pude contra un costado de mi cabeza. Vi pasto cuando me derribé a mí misma, pero una mirada a Sesshomaru reveló que los Remnants todavía no se habían movido de él. Hijo de perra. Necesitaba algo más duro que mis propias manos.

Una amplia lápida llamó mi atención, un ángel tallado en su superficie. Envié una disculpa mental a quienquiera que cubriera la tumba incluso mientras hacia una oración hacia arriba para que por favor funcionara esto. Entonces corrí hacia la lápida lo más rápido que podía, doble mi cuerpo, dirigiéndome con la cabeza como si fuera una bandera roja y yo fuera un toro. El dolor explotó en mi mente. Esa no era la única cosa destrozada, juzgando por los fragmentos de granito que vi cuando abrí los ojos. Me había abierto camino a través de la lápida para aterrizar en el pastó más lejos. Sacudí mi cabeza para aclararla, sintiendo sangre corriendo en algunas delgadas líneas desde mi coronilla, y giré para buscar a Sesshomaru nuevamente.

Un grito agudo de alivió salió de mi cuando vi que todos los Remnants habían sacado sus cabezas de él. Estaban mirándome, su ataque mortal sobre él suspendido. Sesshomaru comenzó a retroceder y ellos no se movieron para lanzarse sobre él nuevamente, sino que siguieron mirándome con una helada expectación. Por un momento aturdido, no estuve segura que era lo que lo había conseguido. No fue desmayarme; estaban todos aun aquí. ¿Fue destruir una lápida con mi cabeza de alguna manera la palabra mágica para ellos? Entonces, cuando sentí aquellos rastros húmedos descendiendo por mi rostro, me di cuenta.

Sangre. Ese era su control remoto. Los Remnants habían aparecido solo después que Sesshomaru me hiciera sangrar el labio, igual como sólo habían aparecido después que Midoriko se había cortado su muñeca con esa pequeña mini daga en su anillo. Debió haberse cortado con eso nuevamente para echarlos cuando no estaba mirando. Eso habría sido fácil; yo había estado mirando más con horror a Inuyasha que enfocándome en ella. La sangre fresca de mi cabeza era suficiente para hacerlos parar de masticar a Sesshomaru, pero pronto sanaría como lo había hecho mi labio. No podía permitirles volver a atacar a Sesshomaru. El no soportaría mucho más.

No me molesté en sacar uno de mis cuchillos, sino que golpee mi mano contra los dentados y afilados restos de la lápida, haciéndome otra laceración profunda.

- Muy bien, ustedes pequeños fantasmitas mortíferos. Mamá dice que vuelvan a la cama - murmuré.

Cerré la puerta del auto, apoyándome contra ella por un segundo, pensando que si la vida fuese justa, podría ir arriba y tomar la más larga y caliente ducha de la historia para ayudar a sacarme de encima el frio que todavía impregnaba cada célula de mi cuerpo. En cambio, estábamos de vuelta en la casa sólo para poder cambiarme de ropa rápidamente. No podía disfrazarme de fiestera feliz si iba cubierta con mi propia sangre

- Volvieron temprano - declaró una voz seca. Miré hacia arriba para ver a Inuno parado en la puerta de la casa. Sesshomaru salió, cerró su puerta un poco más fuerte de lo necesario, y le dio al yokai Egipcio una mirada hastiada.

- Problemas con el auto - dijo, en una voz que retaba a Inuno a preguntar algo más.

- Tú, sí que volviste temprano. ¿Encontraste algo interesante? - pregunté, tratando de distraer su atención del hecho obvio que estaba cubierta en sangre mientras el auto se veía y sonaba bien.

- Nada que Dave no haya confirmado ya - respondió Inuno, con un ligero encogimiento de hombros.

No suspiré, pero sentí ganas de hacerlo. Supongo que era esperar demasiado que la dirección de Goryomaru estuviera pintada al estilo grafiti en una de las paredes como un gesto de sosiego del Destino después de la noche que habíamos tenido—y todavía era temprano, para los estándares vampíricos.

- No te decepciones, Kagome. No esperada encontrar nada. No es por eso que fui - dijo Inuno, abriendo la puerta del frente para nosotros.

Levanté las cejas, pero entré, imaginando que era mejor mantener esta conversación en algún lugar diferente al pequeño patio. Sesshomaru miró a Inuno con igual curiosidad pero también me siguió dentro. Una vez que la puerta estuvo cerrada, le di una mirada de anhelo al sofá pero me quedé parada.

- ¿Vas a decirnos por que fuiste entonces? - pregunté.

- Porque incluso aunque no esperaba encontrar nada nuevo, sería tonto no asegurarse - dijo Inuno. Se recostó contra el marco de la puerta, la viva imagen de la indiferencia.

- Además, si no hubiera ido, entonces ustedes no habrían intentado ejercitar tus nuevos poderes, ¿no es así? - añadió.

- ¿Sabías? - dije bruscamente, sin estar segura que me aturdía más, el hecho que Inuno estuviera al corriente de que tenía la habilidad, o que me haya dejado usarla sin chivarse con Inuyasha.

- Tu, em, ¿lo sabes porque lo viste? - Sería genial si sus visiones hubieran vuelto en toda su fuerza…

- Nop. Pero yo también los escuché esta mañana, así que no necesitaba visiones para predecir lo que haría Sesshomaru si ustedes se quedaban solos suficiente tiempo. La naturaleza de las personas puede decir mucho más que las visiones algunas veces. - La mirada que me dio Inuno… y Sesshomaru también, me di cuenta… era mordaz.

- Tu, perro astuto, ¡me tendiste una trampa! Aquí estaba yo pensando que estaba engañándote, pero en realidad, estabas jugando conmigo como una pieza de ajedrez. - Sesshomaru dejó salir una risita. Inuno le esbozó una sonrisa que estaba llena de malicia. Me quedé mirándolo, nunca habiendo visto al normalmente reservado Mega Maestro yokai con tal maliciosa y burlona expresión.

- Te olvidas, Sesshomaru, que soy yo quien te entrenó en la artería. Tal vez en unos cuantos siglos más, serás capaz de burlarme, pero aún no. - Entonces concentró su atención en mí y su expresión regresó a su normal seriedad.

- Obviamente fuiste herida intentándolo, pero ¿funcionó? - Miré a Sesshomaru antes de hablar, notando la curvatura de sus labios que decía que prefería tratar de no pensar en lo bien que había resultado.

- Oh sí. La sangre es la llave. Lo debí haber sabido, ¿cierto? Siempre es la sangre con los no muertos. Los yokais necesitan alimentarse, y eso juega un papel decisivo con los Oni, porque puede que el trasplante de un corazón ONI sea el paso número dos en hacerlos, pero la sangre de yokai antes y después de la muerte es el paso uno y tres. - Y con sangre había sido que Midoriko había obtenido sus poderes en primer lugar, como una Mambo cuyos poderes se hicieron permanentes cuando fue convertida en ONI. Recordando, parecía obvio que la sangre debió haber sido la primera cosa que debí haber tratado.

Por otra parte, ya mostrada mi lógica, Sesshomaru no lo había pensado tampoco, y él tenía bastantes más experiencia con la sangre que yo. Tal vez debería parar de mortificarme y simplemente aceptar que sólo la retrospección era perfecta, no la previsión.

- Ahora sabemos que puedo hacer, pero me siento como el infierno. Tengo tanto frio que mis dientes se romperían si todavía pudiesen. Y estoy suficientemente hambrienta para que ustedes dos comiencen a verse realmente, realmente bien. - continué.

- ¿Es esta la parte donde se supone que te recuerdo que esto es sólo por el poder residual y que realmente no quieres engañar a Inuyasha? - Los labios de Sesshomaru se curvaron.

- ¡No ese tipo de hambrienta! - exclamé, mis ojos sobresaliendo porque Sesshomaru haya pensado que yo casualmente había sugerido que quería hacer un trio con él e Inuno.

- Quería decir hambrienta como para beber su sangre. No hambrienta de…ustedes saben. - Sin pensarlo, mi mirada voló a las áreas en cuestión antes de alejarse una vez que me di cuenta lo que estaba haciendo. Entonces mis mejillas realmente hormiguearon con mortificación cuando Sesshomaru soltó una larga y sonora risa. Inuno, más cortés, pretendió encontrar algo repentinamente fascinante en el marco de la puerta, pero vi sus labios retorciéndose.

- Mi querida Parca Negra... ¿Acabas de inspeccionar nuestros…? - dijo Sesshomaru, todavía riéndose.

- ¡No! - Lo interrumpí de golpe, casi, abalanzándome hacia las escaleras.

- Estoy cansada y todavía aturdida por los Remnants y…mierda, voy a tomar una ducha. Quiero decir, no una ducha fría, porque no necesito eso… porque ya tengo frio, y necesito estar caliente. Quiero decir tibia. ¡Oh, solo cállate! - Esto mientras Sesshomaru continuaba riéndose todo el tiempo mientras subía las escaleras.

Al menos parecía de mejor humor después de su experiencia cercana a la muerte, incluso si su nueva alegría era a costa mía. Arrogante rumano. Pero considerando que yo había sido responsable de su reciente roce con la muerte, tal vez le debía un poco de burlas masculinas. Considerando todo, sus bromas eran lo menos que podía soportar para compensarlo. En cuanto a Inuno, bueno, esperaba que con eso quedáramos a mano. Me había visto en menos que mi ropa interior antes, así que si las cosas eran justas, me debía esa mirada. Además, no tenía por qué ser nada más que una manifestación de las… futuras punzadas‖ del poder, acerca de lo cual Midoriko ya había advertido a Inuyasha. En mi sano juicio, nunca le daría un vistazo a los paquetes de Sesshomaru o… ¡que Dios me ayude! Inuno.

Y ninguno de ellos estaba usando pantalones apretados, así que no es como si pudiera discernir nada específico, de cualquier manera. Una vez en mi habitación, sin embargo, no salté derecho a la ducha. Saqué mi celular, pinchazos en mi conciencia molestándome todavía.

- Inuyasha Sé que acabó de verte esta mañana, pero wow, ¡cómo te extraño! - dije tan pronto como me contestó.

Continuara…