Funeral

Tres días después, estaba en el sofá, rascando a mi gato en su lugar favorito detrás de las orejas, cuando un débil cosquilleo en el aire me hizo mirar hacia arriba. Me había vuelto mejor en reconocer las señales que indicaban que iba a aparecer en las cercanías un fantasma suficientemente fuerte para atravesar mi maloliente campo de fuerza de hierba y ajo.

- Visitante - anuncié, mi nueva manera para darles a Sesshomaru e Inuno un aviso para que paren de hacer cualquier cosa posiblemente incriminatoria. Que yo sepa, mi orden de silencio había funcionado para otros fantasmas antes, pero no necesitaba tentar al destino parloteando a que bar nos dirigiríamos esta noche.

No es que importara mucho. No habíamos visto ni por asomo ningún ONI fanático desde la noche del autocine. Tal vez el hecho que hayan desaparecido algunos de su grupo asustó a los otros Oni lo suficiente para evitar los lugares de reunión populares. O tal vez la razón por la que no habíamos visto a ninguno de ellos últimamente era mucho más simple. A todos los subordinados de Goryomaru les estaban suministrando comida, así que no tenían que salir a cazar. Aun así, seguíamos saliendo noche tras noche. Dave dijo que Scythe y la manada de Oni que los habían llevado a su grupo aún estaban ahí. Tenían que aparecer en algún momento. Una vaga forma pasó a través de la puerta minutos después, aún demasiado difusa para distinguir algún rasgo en particular. Entonces el contorno de nebulosidad se convirtió en un hombre esbelto con cabello castaño y patillas de comienzo del siglo veinte.

- ¡Fabián! - dije, mi felicidad inicial reemplazada por miedo al ver su lúgubre expresión.

- ¿Está bien Dave? - le pregunté inmediatamente.

- Por el momento. Pero está pensando en hacer algo muy estúpido. - el fantasma casi suspiró.

- ¿Qué? - Me paré, mi gato siseó al ser empujado de mi regazo.

- Dejarse atrapar espiando - respondió Fabián. Inuno y Sesshomaru bajaron las escaleras. Les di una mirada sombría, ya comenzando a ponerme las botas.

- Necesitamos ir a buscar a Dave, ahora - les dije.

- ¿Piensa hacer esto en la próxima hora? - preguntó Inuno, poniendo una mano tranquilizadora sobre mi hombro.

- No lo creo. Dave no sabe que te lo estoy diciendo. Me hizo prometer que no lo haría, y no podría traicionar ese voto, aunque ahora lo estoy traicionando al decírtelo. - Fabián me dio una mirada de impotencia.

- No lo estás traicionando, lo estás salvando. Algunas veces, la gente piensa que no hay otra opción además de sacrificarse a sí mismo, pero eso no significa que estén en lo correcto. Ahora, ¿por qué Dave repentinamente piensa que necesita saltar sobre una granada por nosotros? ¿Qué sucedió? - respondí con todo el énfasis de incontables malas decisiones pasadas.

- Fue llevado a una reunión no programada anoche donde Scythe le dijo a todos que iba a dejar Memphis porque su trabajo aquí había terminado. Le pidió a sus seguidores que se quedaran ahí, permaneciendo fieles a sus creencias, porque pronto, su movimiento se extendería lo suficiente para poder actuar abiertamente contra los yokais. – contesto Fabián.

- Mierda - gemí, Sesshomaru estuvo de acuerdo a regañadientes.

Con cada nueva ciudad a la que fueran estos Oni, continuaban infectando a otros con su odio. Scythe podría estar en lo alto de la organización de Goryomaru, pero no estaba solo en su esfuerzo por difundir la paranoia de su líder. Peor, no sabíamos que área elegirían estos grupos para instalarse hasta que cuerpos de yokais señalaran el camino, y para entonces, sería demasiado tarde. El viejo dicho que la mejor ofensa era una buena defensa no hacía mucho para calmarme cuando se trataba de un juego con apuestas tan altas.

No sabía cuál era la definición de Scythe de pronto en cuanto a una revuelta abierta. Para los no muertos, pronto podrían ser semanas, algunos años o una década. Pero cualquiera fuera el periodo de tiempo, no le podía permitir a él y Goryomaru que alcanzaran ese objetivo. Dave sabía lo peligroso que sería eso, también, lo cual era porque estaba considerando algo tan riesgoso como dejarse atrapar a propósito

- Dave cuenta con ser llevado a un interrogador que podría saber dónde está Goryomaru. Así que cuando nos digas a Inuno, Sesshomaru y a mi dónde está, llegamos a tiempo para salvarlo y atrapar a los tipos malos, ¿cierto? pregunté.

- Sí. - El fantasma asintió miserablemente.

- De ninguna manera. - Las cejas de Sesshomaru se juntaron reflexionando mientras yo decía bruscamente.

- Es un riesgo aceptable - insistió tranquilamente.

- No, no lo es, porque probablemente sólo le cortarían la cabeza a Dave y huirían antes de preguntarle siquiera una cosa. La gente de Goryomaru no necesita respuestas de Dave. ¿Qué no saben ya? Saben que estamos tras ellos, creen saber dónde está Inuyasha y yo…no tienen razón para mantener vivo a Dave suficiente tiempo para que lo recatemos. Si Dave no estuviera siendo tan idiotamente noble, se daría cuenta de eso. - respondí.

- Entonces Fabián debería regresar y decirle a Dave que comience su confesión con el hecho de que no eres realmente tú la que está en Ohio. Eso debería despertar su interés lo suficiente para querer saber más. - Sesshomaru se encogió de hombros.

- Aun así es demasiado peligroso - dije con los dientes apretados.

- Arriesgar una vida para salvar a miles no es demasiado peligroso. Si eres demasiado débil para ver eso, entonces no deberías ser responsable de ninguna de las vidas debajo de ti en la línea de Inuyasha e Inuno. - La mirada de Sesshomaru se volvió dura.

- ¿En serio? - Moví mi mano, indicando la habitación en general.

- ¿Entonces por qué no estás con los Oni que querían volarme la cabeza como ataque preventivo para terminar la guerra antes que comenzara? Sólo soy una vida, después de todo. ¿No le quitaría mi muerte un montón de fuerza a la máquina de guerra de Goryomaru? - Sesshomaru dio una zancada hacia delante, luz rojo derramándose de sus ojos mientras me agarraba.

- Eres mi amiga - dijo a través de dientes apretados.

- No tengo muchos de ellos, aunque no presumas por un momento que no te sacrificaría si verdaderamente sintiera que es la mejor manera de evitar esta guerra. - Me soltó igual de abruptamente, mis hombros todavía punzando por su fuerte agarre.

- Pero creo que Goryomaru seguirá a toda costa - continuó, dándose vuelta para caminar lejos de mí.

- Sólo reclamó que no estabas realmente muerta, que era un truco. Y además ahora eres más útil para la nación vampírica con tu reciente…habilidad. - Me quedé mirando a Sesshomaru.

Su espalda estaba hacia mí, su largo y oscuro cabello todavía agitándose por su rápido movimiento. No fue su declarada frialdad acerca de mi vida, o la de Dave, lo que me puso triste cuando lo miré. Era porque, incluso cientos de años después de la pérdida de una vida que había que admitir que lo había devastado, Sesshomaru todavía no podía admitir que sacrificar una vida debería ser siempre el último recurso. No el primero, la opción más fácil.

- Si no hubiera otra manera, estaría de acuerdo que esta cosa con Dave vale la pena. Pero no hemos mirado todas las opciones todavía, así que digo que no. Y si todavía no puedes ver el valor de una vida, entonces tal vez deberías repensar ser responsable por todas las vidas debajo de ti en tu línea - repliqué calmada pero con un trasfondo de acero. Sesshomaru se dio vuelta, clavándome con una mirada que debería haberme hecho retroceder varios pasos. No lo hice. Le sostuve la mirada con una igualmente dura. Diablos no me acobardaría ni disculparía cuando sabía que tenía razón.

- Entenderás el sacrificio mucho mejor cuando seas mayor - fue lo que murmuró Sesshomaru después de varios momentos cargados de silencio.

- No es sacrificio si no significa nada, y si la vida de una amigo no es valiosa para ti, entonces no hay perdida en el ofrecimiento - contrarresté.

Su mirada osciló hacia mi derecha, donde Inuno nos observaba con una expresión ensombrecida. Si lo juzgaba por sus acciones pasadas, sabía que Inuno era suficientemente despiadado para estar de acuerdo con Sesshomaru de que el riesgo de Dave era aceptable sin molestarse en mirar otra opción primero. Diablos, si quería, podría forzarme a quedarme aquí mismo, esperando inútilmente mientras Dave daba ese paso irrevocable. Uno golpe de su poder telequinético, y sería incapaz de moverme, menos aún dejar la casa para ir en busca de mi amigo.

Por supuesto, un golpe de mi nuevo poder prestado y podría darle a Inuno un tema completamente nuevo sobre el cual reflexionar. Fijé mis ojos en los del Maestro yokai, viendo por el ligero ceño fruncido de su mirada que sabía lo que estaba pensando. El escaso espacio entre nosotros parecía crecer a un largo, siniestro camino mientras nos mirábamos a lo largo de la habitación.

Mis colmillos se deslizaron fuera, ocultos por mis labios, las afiladas puntas tocando el borde de mi lengua. Un golpe y podría convocar Remnants con mi sangre, dejando tanto a Sesshomaru como a Inuno incapaces de detenerme de ir a buscar a Dave. La pregunta era, ¿podría Inuno envolver su poder a mí alrededor lo suficientemente fuerte para prevenir ese diminuto movimiento? Y más importantemente, ¿quería usar a los Remnants como un arma contra mis amigos, incluso si era para ayudar a otro amigo? Después de varios momentos, Inuno me dio una pequeña sonrisa, inclinando su cabeza.

- La vida de un amigo es de hecho demasiado valiosa para arriesgarla a menos que sea como último recurso. Detendremos a Dave de hacer esto mientras exploramos otras opciones. - Permanecí tensa. ¿Era esto un truco? ¿Si retraía mis colmillos, envolvería Inuno su poder a mí alrededor mientras sonreía por lo crédula que era?

- Izayoi te ha vuelto suave. - Sesshomaru obviamente no pensaba que era un ardid. Soltó un gruñido frustrado.

- Abrió mis ojos. Y tú, mi amigo, protestas demasiado. Antes de saber de su habilidad, podrías haber secuestrado a Kagome para matarla con adecuados testigos yokais y Oni. Entonces Goryomaru no podría refutar su muerte. Inuyasha te mataría después, y yo estaría furioso contigo, pero tu gente estaría protegida y la guerra detenida. Así que si verdaderamente creyeras que la vida de un amigo no es suficientemente preciosa para protegerla, no estarías aquí poniéndome mala cara ahora. - refutó Inuno serenamente. Sesshomaru murmuró algo en un lenguaje que no reconocí. Lo que sea que fuera, no sonaba como.

- ¡Buena jugada! - y la mirada que le dio al otro yokai advertía que Sesshomaru podría hacer combustión en cualquier momento.

- Oh, ¿quién es realmente un pequeño blandengue en el interior? - le tomé el pelo, sintiendo algo del miedo yéndose de mí. Sería difícil, verdad, pero encontraríamos otra manera de derrotar a Goryomaru, Scythe, y todos los otros odiosos belicistas bajo su poder. ¿No me había dicho Inuyasha repetidamente en el pasado que siempre había otra manera?

- En realidad, Parca Negra, el pensamiento de tu muerte no me molesta por el momento - rechinó Sesshomaru.

Ignoré eso. Podía soplar y soplar todo lo que quisiera, pero Sesshomaru seguía probándome que sólo era brutal cuando las circunstancias lo requerían. A pesar de su aterradora reputación, la lealtad era el punto fuerte de Sesshomaru, no la crueldad. Me giré hacia Fabián, que se había quedado callado los últimos minutos.

- Primero, vamos a ir a buscar a Dave. Y después… tú y yo vamos a reunirnos con nuestros esposos, porque si Scythe y la pandilla se van de Memphis, no tenemos motivos para quedarnos más. - Me había puesto ambas botas y estaba ocupada rellenándolas—y otras partes de mi cuerpo—con armas cuando mi bolsillo de la cadera vibró de una manera familiar. Saqué mi celular, respondiendo,

- ¿Sip? - sin molestarme en mirar quien llamaba.

- Kagome. - Sólo dijo mi nombre, pero algo en la voz de Tate me hizo congelarme tan abruptamente como si Inuno hubiese liberado toda la fuerza de su poder sobre mí.

- ¿Es Don? - dije en voz baja, mi pecho apretándose de una manera dolorosa. No puede ser. ¡Tan sólo hablé con él hace un par de días! gritaba mi negación.

- Si - respondió Tate brevemente, pero su tono sonaba en carne viva como yo me sentía.

- Ve a la oficina de Seguridad Marítima en Memphis. Un helicóptero te está esperando. - Tuve que tragar dos veces antes de poder contestar.

- Voy en camino. - Presioné finalizar con dedos que se sentían flojos, levantando la mirada para encontrarme con la oscura y compasiva mirada de Inuno. Obviamente había escuchado la llamada.

- Ve. Sesshomaru y yo iremos a buscar a Dave y te encontraremos ahí. - dijo.

Sesshomaru me dio un corto asentimiento en confirmación. Paré de apilar armas y subí las escaleras. Sobre la cómoda estaba mi anillo de diamante rojo. Era tan distintivo que no había podido usarlo durante nuestras caserías de Oni, pero me lo puse ahora, consolándome con su peso familiar. Después agarré el transportador de mascotas. Sabía que no iba a volver, y aparte de mi anillo de matrimonio y mi gato, todo lo demás era reemplazable.

Llegarás a tiempo.

Me dije a mí misma todo el camino en auto y aéreo. Aunque el recinto no estaba muy lejos—sólo al otro lado del Tennessee, de hecho—aun así estaba tiesa de miedo que fuera, en efecto, demasiado tarde. El helicóptero aterrizó poco menos de dos horas después de la llamada de Tate. Apenas un tic en el reloj, considerando todo, pero parecía como si los segundos se arrastraran con despiadada indiferencia ante mi urgencia.

Un yokai me esperaba en el techo, su cabello oscuro azotándose por las aspas del rotor. No era Inuyasha, aunque ya lo había llamado y estaba en camino. Era mi madre que tomó mi mano sin decir nada cuando salté del helicóptero, manteniendo mi paso mientras caminaba a grandes zancadas al interior del edificio. Mis escudos mentales estaban arriba tan alto como podía, porque no creía que pudiera soportar si pasaba a escuchar un pensamiento vago diciéndome que Don ya había muerto. Ni siquiera podía soportar ver a mi madre mientras nos dirigíamos directamente a los ascensores, menos hacer la pregunta que quemaba un agujero en mi garganta. Estaba demasiado asustada de cuál podría ser la respuesta.

- Está vivo, Kagome - dijo tranquilamente.

Me tragué un sollozó de alivio que amenazaba abrirse camino hacia afuera, consiguiendo asentir mientras lágrimas volvían borrosa mi visión. Las puertas del elevador se abrieron y entré, parte de mí registrando que la última vez que había estado en un ascensor fue cuando los Oni me tendieron la emboscada en el Ritz.

- ¿Es el cáncer que está empeorando, o sucedió algo más? - Más les vale que haya sucedido algo más, añadí silenciosamente.

Había llamado a Don cada pocos días para saber de él, además recibía actualizaciones regulares de su salud por Tate. Nadie había insinuado que iba de mal en peor. Si Don había estado empeorando a un ritmo constante las últimas semanas y todos habían estado mintiendo sobre eso, dejaría de hablar con cada uno de ellos, incluida mi madre.

- Tuvo un ataque cardiaco hace unas horas. - Cerré mis ojos, absorbiendo el oleaje de dolor que me llegó. Los ataques cardiacos eran suficientemente letales por si solos. Añádele uno a la salud ya devastada de Don, y sabía lo que significaba. Dedos fríos apretaron los míos.

- Todavía está resistiendo. Sabe que vienes. - dijo.

- ¿Está despierto? - estaba sorprendida, pero como más podría saber que estaba en camino. Miró el piso, moviéndose incomoda.

- Lo estaba la última vez que lo vi. - Incluso entre el miedo, preocupación, y dolor capté un tono en su voz que reconocía bien. Estaba a la defensiva. Las puertas del ascensor se abrieron en el segundo subnivel donde estaba la Clínica, pero no me moví.

- ¿Qué es lo que no me estás diciendo Mamá? - Ella soltó mi mano para hacer un gesto hacia el transportador de mascotas.

- No es estéril que un animal esté en la misma habitación que Don. Todo ese pelo. Puedo llevar a tu gato a tu antigua oficina mientras tú… -

- ¿Qué no me estás diciendo? - repetí, golpeando con una mano la puerta del elevador cuando se comenzó a cerrar.

- Higurashi. - Nuestras cabezas se levantaron, pero la mirada índigo de Tate era sólo para mi madre mientras se acercaba al ascensor.

- Sal de este piso, Higurashi. Te dije que no te acerques a cien metros de Don. Kagome. Ven conmigo. - La voz de Tate se suavizó.

- No hasta que alguien me diga que está sucediendo, y como todos sabemos estoy apurada - gruñí. ¿Estaba prohibido para mi madre acercarse a cien metros de Don? ¿Qué diablos había pasado?

- Violó directamente las órdenes médicas de Don - dijo Tate, su mirada ahora destellando esmeralda.

- ¡Y estaría muerto ahora si no lo hubiera hecho! Esa es la única razón por lo que le di la sangre - Mi madre dejó de observar a Tate para darme una mirada de súplica.

- Lo cual no tenías derecho a hacer. Sabías que tenía una orden de NR - dijo Tate bruscamente. Nuevas lágrimas inundaron mis ojos mientras entendía lo que había sucedido por los fragmentos de sus argumentos.

- ¿Don tenía "no resucitar" en sus órdenes médicas, pero tú le diste algo de tu sangre cuando tuvo el ataque cardiaco para traerlo de vuelta? - dije con un tono áspero, mirando a mi madre a través de una bruma rosada.

- Sabía que lo querrías ver una última vez. - Ella bajó la mirada. Solté el transportador para envolverla en un feroz abrazo, escuchando su sorprendido "uff" incluso mientras Tate soltaba un sonido asqueado.

- Puedes abrazarla todo lo que quieras, pero está suspendida indefinidamente, así que sal de este piso, Higurashi. Antes de que te saque a patadas. - La solté para darme vuelta hacia Tate.

- ¿No puedes dejar de ser un imbécil ni siquiera bajo estas circunstancias? ¡Qué te pasa, Tate! - Mi voz era alta. El equipo médico detuvo sus actividades para mirarnos antes de volver rápidamente a lo que estuvieran haciendo.

- Llevaré el gato a tu oficina, como dije murmuró mi madre, volviendo al ascensor y golpeando el botón de cerrado. Tate tomó mi brazo, guiándome por el pasillo, y fue sólo porque no sabía si Don estaba despierto y podía oírnos que no lo envié volando por el pulido piso estéril.

- A pesar de las circunstancias, desafía órdenes. Si quiere estar en el equipo, necesita aprender a obedecer órdenes incluso si no está de acuerdo con ellas. - declaró Tate, manteniendo baja su voz.

- Algunas cosas son más importantes que las órdenes. Don podrá ser nada más que un jefe para ti, pero significa un poco más que eso para mí. ¡Al menos mi madre se dio cuenta de eso, incluso si tú te rehúsas! - sisee de vuelta, deteniéndome antes que nos acercáramos demasiado a la habitación de mi tío.

- No te atrevas - dijo Tate en voz baja. Acercándose hasta que estábamos nariz con nariz.

- No te atrevas a quedarte parada ahí y pretender que eres la única que pierde un miembro de su familia. Crecí pasando de casa de acogida en casa de acogida hasta que cumplí dieciocho y me uní al ejército. Pasé los próximos cinco años tratando de olvidar todo lo que me había sucedido antes de enlistarme. Entonces Don me tomó bajo su ala cuando tenía veintitrés. La primera maldita persona a la que le importé una mierda, que recordaba mi cumpleaños y me enviaba una tarjeta. En recordar que en las vacaciones estaría solo a menos que pasara pretendiendo hablar sobre trabajo. Todo esto fue antes que siquiera lo conocieras. Mataría o moriría por ese hombre, nunca pienses que no lo haría.- La voz de Tate se hizo más pesada con la emoción.

- ¿Entonces por qué simplemente lo dejas morir? - demandé, la última palabra quebrada por el dolor creciendo dentro de mí.

- Oh, Kagome. - Suspiró Tate, todo su cuerpo flaqueando como si algo dentro de él se hubiese desinflado mágicamente.

- Porque no es mi decisión. Es de Don, y ya la tomó. No me gusta, no estoy de acuerdo con ella, pero segurísimo que la voy a respetar. - Y tú también, flotó pesadamente en el aire, incluso si no lo dijera. Miré por el pasillo hacia la habitación de mi tío, escuchando pitidos del ECG que no tenían el ritmo estable que deberían.

- Voy a tenerla tomada con tu madre hasta que aprenda que no puede ignorar órdenes de nuevo, pero, Kagome… - Tate levantó su mano como si fuera a tocarme, después la bajó.

- A pesar de que no debería haberlo hecho, estoy contento de que llegaras a tiempo - finalizó, desviando la mirada con un brillo en sus ojos.

Mi rabia se desinfló con la misma brusquedad con la cual su postura se había desplomado. Sería más fácil aferrarme a ella, lo sabía. Más fácil enojarme por eso y cada cosa que Tate haya hecho alguna vez para molestarme, pero eso sería tratar de camuflar mi dolor por perder a alguien amado. Tate quería a Don, también. Lo sabía incluso aunque le había lanzado el comentario del "jefe" antes. Además de mí, Tate estaba sufriendo más que nadie, pero estaba manejando su dolor de la manera que siempre lo había hecho siendo un buen soldado.

Y yo estaba manejando mi dolor de la manera que yo lo hacía huyendo de él con negación y rabia. De nosotros dos, yo debería ser la que esté copiando mecanismos. Lentamente, extendí mi mano, tocando suavemente la mejilla de Tate y sintiendo una ligera barba que decía que no se había afeitado hoy; muy al contrario de sus impecables y reglamentados hábitos de aseo.

- Don te ama también - susurré. Después me alejé, dejando solo a Tate para entrar a la habitación de mi tío.

Sabía lo crítica que era la condición de Don. Lo entendía, si no hubiera sido por la intervención de mi madre, ya estaría muerto. Pero de alguna manera, no había aceptado verdaderamente que estaba muriendo hasta que entré a su habitación y los pedazos finales de mi negación fueron arrancados de mí.

No era la palidez azulada en las facciones de Don mientras yacía acostado sobre la cama, con los ojos cerrados. No era el traje de hospital que había rehusado usar antes, ni la máquina del ECG que mostraba su alarmantemente baja presión, o el pesado aroma de lo que ahora suponía era cáncer. No fueron siquiera sus erráticos latidos que me llevaron a la realidad que esta sería la última vez que vería a mi tío. No, era la bandeja rodante en una esquina sin su teléfono, laptop, o cualquier archivo—eso rompió mi corazón con todo el dolor de mil dagas de plata.

¡Hablaste con él hace sólo cinco días! Gritaba una voz en mi interior. ¿Cómo pudo llegar a esto tan rápido? Hice retroceder el sollozo que amenazaba liberarse y me acerqué a su cabecera, muy suavemente recorriendo con mi mano su brazo. Tenía miedo de molestarlo dejándole saber que estaba aquí, y miedo de no hacerlo. Estaba conectado a un ECG, pero además de los tubos en su nariz, respiraba por si solo en pequeños soplidos superficiales que no le daban suficiente oxígeno, juzgando por su palidez.

Me senté en silencio por media hora, observándolo, recordando la primera vez que había visto a Don, hasta la última vez que lo había visto antes de ahora. Teníamos tantas buenas y malas historias entre nosotros, pero los errores del pasado perdieron importancia bajo mi creencia de que Don siempre había tratado de hacer lo que pensaba que era lo correcto. Eso no lo había hecho siempre un buen tío, sino que lo hacía lo que éramos todos—personas con defectos que trataban hacer lo mejor bajo circunstancias difíciles. No tenía rencores por nuestro pasado. Sólo gratitud de que él hubiera estado en mi vida, y el deseo que no tuviera que dejarla ahora.

- Kagome. - La más débil sonrisa apareció en la boca de Don cuando despertó y me vio al lado de su cama.

- No pensé que conseguiría verte de nuevo. - Tomé una respiración profunda. Era eso o perdería el frágil control sobre mis emociones que evitaba que rompiera a llorar incontrolablemente.

- Sí, bueno, no lo habrías hecho, excepto que escuché que estás teniendo problemas de desobediencia con tu nueva recluta - dije, consiguiendo sonreír aunque me sentía como si mi cara fuera a astillarse. Don soltó una pequeña, dolorosa risa.

- Resulta que tu madre obedece órdenes igual de bien que lo hacías tú. - Su comentario irónico sirvió para subrayar nuestra historia, intensificando mi dolor ante el pensamiento de perderlo. La única emoción que mi padre y yo compartíamos era nuestro odio mutuo, pero Don había encontrado la manera de entrar en mi corazón incluso antes que supiera que estaba relacionada con él.

- Sabes lo que dicen sobre la manzana y el árbol - repliqué. Entonces mi compostura se agrietó y unas cuantas lágrimas salieron a pesar de mi mejor esfuerzo por contenerlas. Oh, Kagome, no llores. Don no lo dijo en voz alta, pero lo leí en sus pensamientos tan claramente como si lo hubiera gritado. Su mano se movió, acariciando la mía antes que sus ojos se cerraran.

- Todo estará bien - susurró. Y escuché otra cosa que no dijo, pero hizo eco en mi mente con más claridad de lo que pensé podría soportar.

Estoy contento porque el dolor terminará pronto…

- Don. Dijiste que no antes, pero no es demasiado tarde si cambiaste de parecer. Todavía puedo… - Me incliné hacia delante, acariciando su mano suplicantemente.

- No - interrumpió, abriendo sus ojos.

- He vivido más tiempo de lo que debería. Prométeme que me dejarás ir, y que no tratarás de traerme de vuelta. - Estoy cansado, tan cansado, suspiraron sus pensamientos. Un pedazo de mi corazón se rompió, pero mantuve su mirada y asentí mientras forzaba las palabras a salir, limpiándome otra lágrima que se deslizaba por mi mejilla.

- Lo prometo. - Buena chica. Estoy orgulloso de ti. Muy orgulloso. Me levanté y comencé a caminar de un lado para otro para que no pudiera ver que más lágrimas salían volando al escuchar eso. Había estado en incontables batallas antes, pero dejarlo ir tomaría un tipo de fuerza que no sabía si tenía.

- No sabes cuánto te voy a extrañar - susurré, dándole la espalda, tratando de limpiar las lágrimas que no paraban de salir sin importar cuánto tratara de contenerlas. Gruñó suavemente.

- Te extrañaré también. - Te quiero, sobrina. Desearía haberte conocido antes. No debí haber esperado tanto…

Un sonido estrangulado escapó de mí al escuchar eso. Enterré mis uñas en mis palmas, esperando que el ligero dolor físico me distrajera lo suficiente para controlar mi aguda angustia emocional. No lo hizo. Mi corazón se encogió, doliendo por una herida que ninguna cantidad de habilidades curativas supernaturales podrían aliviar.

Momentos después, escuché unas zancadas familiares de botas y sentí poder en el aire que reconocería en cualquier lado. Dios, Inuyasha había llegado rápido. Eso sólo machacaba más mi frágil control. Había venido rápidamente porque sabía lo devastada que estaría, y lo amé más por eso incluso aunque me recordara cuanto me dolería cuando Don se haya ido.

Entonces Inuyasha estaba a mi lado, su mirada oscura barriendo la habitación para asimilar todo en un instante, sus duros brazos estirándose para tirarme hacia él. Me permití unos preciosos segundos para hundirme en su abrazo, sin necesitar pretender que era fuerte con él, antes de darme vuelta para darle a Don una sonrisa forzada.

- Mira quien más logró llegar. -

- Veo eso. - Entonces una dolorosa tos se apoderó de mi tío. Inuyasha tomó mi mano mientras su corazón tenía entre latidos varias pausas siniestras.

- Resultaste un hombre mucho mejor de lo que esperaba - dijo con voz áspera una vez que recuperó el control.

- Tú también, viejo hombre. - Inuyasha observó a mi ti tío, su mirada fija y seria.

- Inuyasha y yo hablamos - dije, tratando de sonreír para no echarme a llorar ante el conocimiento que ésta era su manera de decirse adiós.

- ¿Recuerdas que ofreciste entregarme como novia? Bueno, nos gustaría aceptar. - La boca de Don se retorció en una melancólica sonrisa antes que sus facciones se tensaran, su pensamiento revelando que más dolor estallaba en su pecho. Miré el ECG aunque sabía lo que mostraría. La sangre de mi madre lo había traído de vuelta, pero no sería por mucho. Su corazón estaba fallando justo en frente de mis ojos.

- Me temo que no estaré para tu boda, Kagome - murmuró, sus ojos cerrándose.

- Si lo harás. Porque vamos a renovar nuestros votos aquí y ahora. - dije, tan fuerte que los ojos de Don se volvieron a abrir y se quedaron así.

- Kagome. - Su rostro estaba lleno de tristeza.

- Estabas planeando una gran boda una vez que las cosas se…calmaran. No tienes que arruinar esos planes… - Se detuvo para cerrar sus ojos, su respiración y ritmo cardiaco descendiendo por un momento. Me mordí el labio, apretando la mano de Inuyasha hasta que oí un crujido que me hizo soltar mi agarre.

- Estás son difícilmente las mejores circunstancias - finalizó mi tío unos momentos después, agitando una mano vagamente a las maquinas al lado de su cama.

Recordé cuando era una niña pequeña, y cómo había imaginado que sería el día de mi boda. Había imaginado usar un vestido blanco, por supuesto. Imaginado a mi abuelo preocupado por su corbata como siempre lo hacía cuando se veía forzado a usar una, y mi abuela respondiendo que sí, estaba derecha, rodando un poco los ojos. Mi madre estaría ahí, sonriendo porque estaba demasiado feliz por mí, y tendría amigas que estarían ayudándome a prepararme para caminar por la iglesia. Mi ramo de flores tendría rosas y flores silvestres, mi cabello estaría tomado, y miraría a mi futuro esposo a través de un vaporoso velo blanco que sólo sería levantado una vez que fuéramos pronunciados marido y mujer.

Por supuesto, había imaginado todo eso cuando no creía en yokais, menos me había dado cuenta que era mitad uno. Inuyasha había querido darme una versión cercana a ese sueño, de alguna manera sabiendo que todavía lo quería, pero la vida que llevábamos seguía interfiriendo con hacer esa fantasía de la boda blanca realidad.

Mi boda nunca sería como ese sueño de cuando era niña. No sería ahora, tampoco, en el ala médica de una instalación secreta del gobierno que vigilaba las actividades de los no muertos. Mi boda había sido en un campo de batalla manchado de sangre, presenciado no por amigos o familia, sino por cientos de yokais que nunca había visto antes. Mi novio no había levantado un velo blanco de mi rostro ante la declaración de un ministro de que estábamos casados. En vez de eso, él había cortado su mano y la había sostenido hacia mí, jurando por su sangre que sería para siempre su esposa, si decidía aceptarlo como mi esposo.

Ese era el día de mi boda. Más o menos el opuesto exacto de todo lo que había soñado, pero no trataría de sustituirlo por nada más, la imagen que había tenido de mí misma cuando niña era alguien quien nunca sería, y era sólo recientemente que me había dado cuenta que estaba bien ser quien era. La novia podría estar usando un vestido negro de puta en vez de uno hermoso blanco, o tener sangre en sus manos en vez de sostener un ramo de flores, pero ninguna mujer había sido alguna vez tan afortunada como lo fui yo el día que Inuyasha levantó su mano y me declaró su esposa.

- Esto no es sobre circunstancias - respondí, continuando luchando contra las lágrimas mientras trataba de resumir todo lo que había aprendido sólo recientemente.

- Es acerca de la familia. - Don no había estado ese día. Tampoco mi madre, y mis abuelos habían estado muertos hace años para ese entonces. Pero ambos podrían estar aquí para esto. No era una ceremonia por mi beneficio, sino una reconstitución de la anterior para ellos.

- ¿Lo harás? - proseguí.

- Sí. - Los ojos de Don se empañaron. A través de sus pensamientos, escuché cuanto significaba la petición aunque sólo dijo una palabra en respuesta.

- Tate. ¿Piensas que podrías hacer una excepción para dejar que una desobediente recluta nueva vuelva al piso por un poco de tiempo? - Me volví hacia la entrada, sabiendo que se había quedado todo este tiempo en el pasillo.

- Jesús, Kagome. - Un gruñido se escapó de él; medio risa, medio incredulidad mientras llenaba el marco de la puerta.

- En realidad esto no será una ceremonia religiosa, pero no dudes en ofrecer tus bendiciones de cualquier manera. - respondí con una débil sonrisa. La mirada de Tate se movió sobre Inuyasha y después a nuestras manos juntas.

- ¿Desde cuándo les ha importado mi bendición? - preguntó fríamente.

- Nunca te la pedí y no la necesito - respondí en el mismo tono.

- Pero eres mi amigo, Tate, así que me importa. - Observé su rostro, esperando a ver si tomaría la rama de olivo que le había extendido, o me la arrojaría de vuelta como lo había hecho tantas veces en el pasado. Esos oscuros ojos azules encontraron a los míos, las emociones atravesando sus expresivas facciones como olas en un estanque. Primero arrepentimiento, después determinación y al final, aceptación.

- Espero que sean muy felices - dijo Tate las palabras sencillas pero sonando sinceras. Después, para mi sorpresa, se acercó y extendió su mano, pero no hacia mí. Hacia Inuyasha.

- No te preocupes. No me molestaré en pedir besar a la novia. - Inuyasha aceptó la mano de Tate y la sacudió sin soltar la mía; muy fácilmente porque yo sostenía su mano izquierda con mi derecha. Cuando se soltaron, Tate me miró, sonrió ligeramente.

Después miró hacia Don, cuyos ojos se habían cerrado durante este intercambio aunque podía oír por sus pensamientos que no estaba dormido. Su pecho dolía demasiado para que pudiera dormir y tenía un nuevo dolor irradiándose por su brazo que había reconocido de algunas horas atrás. Aun así, sabía su respuesta incluso antes que Tate preguntara.

- ¿Estás dispuesto a hacer esto? - Mi tío no sabía que podía escuchar sus pensamientos.

No sabía que percibía cada palabra de su pensamiento, que ésta era una manera de morir mucho mejor que antes, cuando había estado solo, escuchando solamente la constante y línea monótona del ECG antes de que todo se haya vuelto negro, después despertó para escuchar a Tate gritándole a mi madre por lo que había hecho. Escuché todo eso, y pensé que mi garganta quemaba por retener las lágrimas que venían implacablemente, no dije nada. No hice nada salvo pensar que la mismísima sangre corriendo por mis venas podría posiblemente prevenir el siguiente ataque cardiaco que sabía estaba llegando. Esta era su elección. La odiaba— ¡oh, tanto!—porque me estaba quitando al único padre real que había conocido, pero Tate estaba en lo cierto. Tenía que respetarlo.

- Hagamos esto - respondió Don. Su voz sonaba áspera por el dolor, pero la sonrisa que me lanzó era genuina a pesar de eso. Tate levantó el teléfono a un lado de la cama de Don, diciéndole a quien fuera que estuviera en la otra línea que "vaya a buscar a Higurashi ahora y la trajera aquí."

Para distraerme de caer en pedazos mientras escuchaba los latidos de Don volviéndose más erráticos y escuchaba su mente tratando de protegerlo de la compresión que aumentaba en su pecho, comencé a explicar las complejidades de una ceremonia de casamiento vampírica.

- Así que, si un yokai se quiere casar… para lo cual mejor estén malditamente seguros, porque con los yokais, es hasta que la muerte los separe o nada—es como una de esas antiguas ceremonias de manos tomadas. Una de ellos, generalmente el hombre primero, toma un cuchillo, lo desliza por su palma, después dice… - Para el momento en que había llegado mi madre, había repetido todas las palabras y descrito mi anterior boda con Inuyasha, omitiendo los detalles más espeluznantes.

Ella nos miró a los cuatro con una ligera confusión, pero Tate no le dio la oportunidad de decir nada. La tomó por el brazo y la llevó por la entrada, diciéndole en una voz demasiado baja para la que escuché Don lo que iba a suceder. Estaba contenta de ver que los ojos de Don estaban cerrados nuevamente, porque eso significaba que no tenía que luchar con las lágrimas que salían de mí. A Tate le gustaba incluso menos que a mi madre la idea de presenciar mi re dedicación de votos a Inuyasha. Aun así aquí estaba, diciéndole a mi madre severamente que actúe agradable, maldición, y no arruine esto para Don porque no le quedaba mucho tiempo.

Eso era dolorosamente evidente. La respiración de mi tío era cada vez más dificultosa y él estaba pensando que se sentía como si tuviera un auto presionando sobre su pecho, pero era feroz en su determinación de durar lo suficiente para hacer este último acto. El ECG comenzó a hacer sonidos de advertencia, como si no pudiera darme cuenta por sus pensamientos y los saltos en sus latidos lo que estaba sucediendo. Más lágrimas corrieron por mis mejillas en un flujo estable que mojó mi corpiño y manchó el piso a un rosado oscurecido donde caían.

Tomé la mano de mi tío, odiando lo fría que se sentía con su circulación rápidamente disminuyendo, y apreté sus dedos suavemente. Inuyasha cubrió mi mano con la suya, sentía su fuerza como si desbordara de él para impregnar mi carne. Un marcado contraste con la mortalidad rápidamente desapareciendo de mi tío y el frio en los dedos de Don.

- Donald Bartolomé Williams - dijo Inuyasha formalmente. Me sobresalté en la parte de "Bartolomé". Nunca había oído el nombre completo de Don antes. Tenía sentido que Inuyasha lo supiera, pensaba una parte de mi mientras trataba de suprimir un sollozo por los cada vez mayores saltos en los latidos de mi tío. Inuyasha había investigado a mi tío extensamente después de descubrir que era el hombre que me había chantajeado para que trabajara para él todos esos años atrás.

- ¿Entregas a tu sobrina, Kagome, para que sea mi esposa? - continuó Inuyasha, rozando con sus dedos los de Don.

Mi tío abrió los ojos, mirándonos a mí, Inuyasha, y después a Tate, quien estaba quieto en la entrada. Aunque sabía en cuanto dolor estaba, y el esfuerzo que le tomaba era palpable, Don consiguió sonreír. Entonces su manó apretó la mía, escuché la agonía traspasándolo en el repentino grito en sus pensamientos. Todo su cuerpo quedó tieso y su boca se abrió en un corto y violento jadeo… el último que daría. Los ojos de Don, del mismo color gris que el mío, quedaron en blanco mientras los pitidos del ECG se convirtieron en un horrible, continúo sonido.

Tate cruzó la habitación en un parpadeó, apretando el riel de la cama tan fuerte que se aplastó en sus manos eso fue lo último que vi antes que todo se hiciera borroso a un rosado rojizo mientras los sollozos que había contenido se liberaron para inundarme. Incluso en la agonía del fatal ataque cardiaco, la fuerza de voluntad de mi tío probó ser más fuerte que la fragilidad de su cuerpo. Había jurado a si mismo vivir lo suficiente para entregarme, y no se lo negaría, incluso si Inuyasha y yo éramos los únicos que lo sabíamos. El último pensamiento al morir fue una simple, prolongada palabra.

Siiiiiiiiii.

Inuyasha mantuvo abierta la puerta y entré a lo que técnicamente era nuestro hogar, a pesar de que no habíamos pasado mucho tiempo aquí en el último año. Mi gato no estaba de acuerdo con mi falta de entusiasmo por nuestra llegada. En cuanto abrí la puerta de su jaula, Helsing se lanzó al respaldo del sofá, mirando a su alrededor con una expresión que sólo podía ser llamada ojos muy abiertos por alivio.

Para ser justos, él había vivido aquí más que nosotros, porque habíamos tenido que dejarlo con una niñera durante meses el año pasado. O tal vez sólo estaba muy contento de estar fuera de esa jaula. No podía culparlo. Sango había estado atrapado en una jaula para mascotas durante horas después de que había cambiado de forma en un felino, y no recordaba la experiencia con cariño.

Miré a mí alrededor en la sala de estar, pensando que debería comenzar a quitar las cubiertas de los muebles, sofás y sillas reclinables. O conseguir un poco de spray contra polvo y varios paños, porque, vaya, podría escribir mi nombre en la repisa de la chimenea o en cualquiera de las mesas. Pero no hice ninguna de esas cosas. Simplemente me quedé allí, mirando alrededor, calculando mentalmente, cuál sería el mejor lugar para poner a Don.

No en las mesas o la repisa de la chimenea, mi gato de vez en cuando saltaba sobre todo lo anterior y no quería estar barriendo los restos de mi tío, si Helsing golpeaba accidentalmente a Don. No en la mesa de la cocina, eso no sería apropiado. No en el armario, eso sería de mala educación. No arriba, en mi habitación, no pensaba que Don necesitara una visión panorámica de lo que Inuyasha y yo hacíamos allí. No iba a poner a Don en cualquiera de los cuartos de baño, tampoco. ¿Qué pasaba si el vapor de las duchas lo dejaba todo mojado?

- Nada de esto funcionará - le dije a Inuyasha. Sus manos se cerraron suavemente sobre mis hombros mientras él me daba la vuelta para mirarlo.

- Dámela, Gatita. - Mis manos se apretaron en la urna de latón que había sostenido desde el final del funeral de Don en Tennessee hasta que llegamos a nuestra casa en las montañas Blue Ridge.

Dejamos a mi tío que insistía en ser cremado. Supongo que no confiaba en que uno de nosotros no lo sacara de la tumba si sólo se dejaba plantado en una sola pieza. No había posibilidades de eso ahora, con las cenizas siendo todo lo que quedaba de él.

- No hasta que encuentre el lugar adecuado para él. ¡No es una planta que sólo puede ponerse en una repisa cerca de la luz del sol, Inuyasha! - insistí. Me levantó la barbilla hasta que o tenía que mirarlo, o presionar mi mandíbula contra su mano en señal de obstinado rechazo. Elegí la primera, aunque esta última era lo que más me apetecía hacer.

- Tú sabes que lo que estás sosteniendo no es Don - dijo Inuyasha, su oscura mirada compasiva.

- Querías traer sus restos aquí, para que no les sucediera nada mientras estábamos de viaje, pero eso no es más tu tío de lo que este abrigo soy yo, Gatita. - Miré a la chaqueta larga de cuero que llevaba Inuyasha, sus bordes ligeramente desgastados por el prolongado uso. Lo había conseguido para Inuyasha en Navidad, cuando comenzamos a salir, pero no se la había dado personalmente. Me había ido para entonces.

- No, esa chaqueta no eres tú - le contesté, un sentimiento demasiado familiar picándome en los ojos.

- Pero lo sacaste de debajo de un armario de todos modos porque en ese momento, era todo lo que te quedaba de mí. Bueno, esto es todo lo que queda de Don - Su pulgar acarició mi barbilla, mientras que deslizaba la otra mano hacia abajo hasta que descansó en la urna.

- Lo entiendo. Y si quieres, construiremos una habitación nueva sólo para tener un espacio exactamente como quieras para esto. Pero mientras tanto, cariño, necesitas dejarlo ir. - dijo en voz baja.

Muy suavemente, tiró de la urna, facilitándomelo, para que no la sacara de mis manos, si no quería. Miré hacia abajo al recipiente de latón y las manos pálidas, mías y de Inuyasha, que la rodeaban. La rodeaban. No a Don. Sabía eso lógicamente, pero la parte de mí que estaba teniendo el momento más difícil diciendo adiós a mi tío no quería reconocer que lo que sostenía no era más que cenizas rodeadas por metal. Habían pasado cuatro días desde su muerte, pero todavía me sentía como si estuviera moviéndome en un sueño.

Incluso asistir a su funeral y darle elogios se sentía más surrealista que arraigado en la realidad, porque Don no podía haberse ido realmente. Diablos, yo juraría que lo había vislumbrado un par de veces en mi visión periférica, viéndose ligeramente exasperado conmigo como siempre. Inuyasha tiró de nuevo y dejé que la urna se deslizara de mis manos a las de él, parpadeando las lágrimas por la renuncia que fue más simbólica que la transferencia de un elemento. Se inclinó, rozando sus labios en mi frente, y desapareció por la escalera. Tal vez era una buena idea que Inuyasha ubicara a los restos de Don en vez de mí.

Con mi estado emocional actual, probablemente creería que el único lugar seguro para sus cenizas era meterlo dentro de mi ropa junto a los ajos y la marihuana. Me froté las manos, notando con tristeza cómo se sentían de vacías sin el sustituto de mi tío que estuve agarrando las últimas horas. Entonces enrollé las mangas de la apropiada blusa negra para funeral. Puede que no tenga control sobre muchas cosas en mi vida, pero podía conseguir quitar el maldito polvo de los muebles, para empezar.

Mi feroz limpieza de la casa, en un esfuerzo para distraerme del duelo por Don resultó ser beneficioso en más de un sentido. Inuno llamó, diciendo que estaba en camino otra vez porque tenía información importante para transmitir. Por la forma en que Inuyasha, dijo que sonaba, no era maravillosa información importante, como Goryomaru siendo encontrado muerto con una nota que digiera "¡Feliz cumpleaños adelantado, Kagome!" clavada a su cadáver. Francamente no creía estar lista para más malas noticias, pero desde que la vida no tenía un botón de pausa que yo supiera, estaba a punto de tratar con las noticias de Inuno, lista o no.

Por lo menos la casa estaba reluciente y el olor a humedad había desaparecido del aire. Por supuesto, también podría ser las nuevas plantas que Inuyasha salió a adquirir al mismo tiempo que yo estaba haciendo mi imitación de Martha Stewart. Ahora era la dudosa dueña de varios bulbos de ajo aromáticos y algunas suaves plantas de marihuana. Ni siquiera quería preguntar de dónde Inuyasha había conseguido las últimas. ¿Le llegó el aroma y la sacó de la tierra de un campo ilegal local? ¿O la compró a un amistoso distribuidor de drogas del vecindario?

Dios, no podía esperar hasta que el efecto de la sangre de Midoriko estuviera fuera de mi sistema. Si nunca olía ajo o marihuana de nuevo, sería demasiado pronto. La única ventaja de nuestra nueva decoración era que significaba que podía quitarme los paquetes, y no tener decenas de pequeñas bolsas porosas debajo de mi ropa era un alivio.

- Están aquí, Gatita - Inuyasha gritó desde abajo.

No oí nada, pero sabía que su conexión con Inuno era inusualmente aguda debido a su poder compartido, así que le tomé la palabra. No tendría tiempo para ponerme maquillaje, pero no creía que nadie se diera cuenta. O le importara. Estaba bañada, con ropa limpia, y mi casa estaba ordenada. Esas eran las tres cosas más importantes a la hora de recibir invitados. A menos que los invitados tuvieran hambre, por supuesto.

- No tenemos nada de sangre - le dije a Inuyasha mientras bajaba las escaleras.

Su mirada me barrió, deteniéndose en ciertos puntos con aprecio. Mi vestido era difícilmente sexy, siendo una pieza normal de algodón negro que llegaba hasta los pies y tenía mangas de tres cuartos, pero o bien se abrazaba a los lugares adecuados o Inuyasha estaba mostrando los efectos de una semana de celibato. Decir que no había estado de humor desde que Don murió era decir poco.

- Dudo que esperen que tengamos algo. Saben que acabamos de llegar. - respondió. Cierto. Además, esta no era una visita social.

- Es probable que venga a decirme que necesitamos poner en acción el Plan Dave. Se suponía que pensaríamos en otra manera de acabar a algunos de los más altos mandos de Goryomaru sin tener que revelar que Dave fue plantado allí, pero fue desechado en el camino. - murmuré.

Inuyasha enarcó una ceja de un modo como diciendo, tal vez. Él había oído hablar de eso. Dave le dijo a Inuyasha poco después de que murió Don, alimentado por el dolor, el querer aún más dar un golpe contra Goryomaru, pero Inuyasha le disuadió de ello. Sin embargo, sabía que él pensaba que la idea tenía mérito.

Me oponía a ella ahora más que antes, sin embargo. Acababa de perder a mi tío. No quería perder a un buen amigo ahora, y Dave se tambaleaba por la muerte de Don como el resto de nosotros, lo que le hacía descuidado. Esa era la dura realidad. Me pregunté si mi tío tenía la menor idea del profundo efecto que había tenido en la gente que lo rodeaba. Conociendo a Don, lo dudaba. No era muy grandilocuente. Un coche se acercó por el camino sinuoso en los siguientes minutos, el sonido casi fuerte en comparación con la tranquilidad relativa de los bosques que nos rodeaban. El aislamiento de tener una cabaña en una propiedad de quince acres en la cima de la montaña fue lo que nos atrajo a este lugar para empezar. Ahora que podía leer mentes, apreciaba la falta de vecinos cercanos aún más.

- Grand sire, Izayoi, bienvenidos - dijo Inuyasha una vez que estuvieron en la puerta.

Noté el elegante bolso de cuero que Inuno llevaba con un suspiro mental. Por supuesto que pasarían la noche. Habían venido todo el camino hasta aquí para entregar información, sería mucho más que descortés para nosotros escucharlos, y luego enviarlos de vuelta. Además, probablemente quería armar estrategias, y no podía culparlo por eso, tampoco. No importaba qué trastorno podría estar pasando en mi vida personal, aún había una guerra que teníamos que evitar.

- Hola, chicos - dije, dando a ambos un abrazo para compensar mi deseo inicial, egoísta de que no se quedaran.

- Siento mucho lo de tu tío. Si hay algo que podamos hacer… - Izayoi susurró, dándome palmaditas en la espalda cuando la solté.

- Gracias - dije, forzando una sonrisa.

- Las flores que enviaron eran hermosas. - Todos los arreglos lo habían sido, pero los había enviado a un hospital local después de la ceremonia. Ninguno de los fornidos miembros del equipo estaban interesados en la idea de llevarlos a casa, y yo no tenía espacio para las decenas de arreglos, ramos y coronas de flores.

- Era lo menos que podíamos hacer. Lamento tener que importunarte en este momento de dolor. Sin embargo… - respondió Inuno con su reservada cortesía habitual.

- Está bien - le interrumpí con otra sonrisa mecánica.

- Sé que los chicos malos no se toman un tiempo fuera sólo porque alguien muere. Aprecio que hayas manejado las cosas por el último par de días, pero es hora de que Inuyasha y yo volvamos a la mezcla. - Les hice un gesto para que se sentaran, haciendo de anfitriona amable al preguntar si podía conseguirles algo para beber. Como Inuyasha había previsto, ninguno de ellos pidió una versión auténtica de Bloody Mary, sino sólo pidieron agua en su lugar. De eso, al menos, tenía un montón. Inuno esperó hasta que me sentara para sumergirse en por qué había venido.

- He descubierto lo que pasó con Nadia Bissel - afirmó. Lo miré sin comprender.

- ¿Quién? - Inuyasha también ladeó la cabeza con perplejidad. Me alegraba de que no fuera la única que se sentía perdida.

- La hembra humana que estaban buscando. ¿La que trabajaba con el reportero del que son amigos y desapareció mientras investigaba rumores de yokais? - Inuno corrigió. Suspiró por mi mirada confusa.

- ¡Oh! - dije, la bombilla finalmente se apagó en mi memoria. Me había olvidado de haberle enviado la foto de Nadia y la información a Inuno para que pudiera distribuirlo entre sus aliados, en busca de una pista de lo que le había pasado.

- ¿Está muerta? - pregunté con resignación. Pobre Timmie. Había mantenido tanta esperanza de que ella estaba bien.

- No. Por el contrario, está bastante bien, de acuerdo con lo que descubrí. - dijo Inuno, sorprendiéndome.

- Entonces, ¿Por qué tienes ese tono uh-oh en tu voz? - le pregunté con recelo.

- Mi tono uh-oh se debe a que habías indicado que tu amigo tiene más que un interés platónico en Nadia, y ella es ahora la amante de una poderosa yokai que no tiene intención de compartirla. - Sus labios se curvaron.

- Oh… - repetí, más cuidadosamente esta vez.

- ¿Ella es amante de ella por voluntad propia? - Algunos yokais no entendían el concepto "no significa no".

- Es amante de ella por voluntad propia - corrigió Inuno.

Bueno. Las probabilidades de Timmie con Nadia pasaron de ser pocas a nunca va a suceder. Me alegré de que estuviera viva y de que no fuera retenida en contra de su voluntad. Teniendo en cuenta que esperaba que Inuno hubiera llegado a tener más noticias sombrías sobre Goryomaru, esto era casi motivo de hacer estallar una botella de champán, si hubiera tenido alguna. El corazón de Timmie podría ser golpeado, pero había cosas mucho peores que podrían haberle ocurrido a Nadia.

- ¿Tus fuentes son buenas? ¿No hay duda de que Nadia está con esta yokai por su propia voluntad y no sólo en trance para quedarse? - Ella había ido en busca de yokais y, aparentemente, había encontrado mucho más que una prueba de su existencia.

- Conozco a la yokai con la que está Nadia. Sería muy poco probable que Debra obligara a un humano para que se quedara con ella, incluso uno que haya descubierto nuestra raza. Debra fácilmente podría haber enviado a Nadia lejos sin memoria de su descubrimiento. - declaró Inuno.

- A no ser que Nadia sea como yo. - dijo Izayoi, con una leve sonrisa.

- Borrar mi memoria no funcionó muy bien contigo cuando nos conocimos. - Inuno dejó escapar un gruñido tan lleno de pasión que sentí la necesidad de apartar la mirada.

- Funcionó extraordinariamente bien al final - le murmuró a Izayoi.

S u risa suave también estaba llena con cosas que era mejor dejar tras puertas cerradas. Técnicamente, no hacían otra cosa que sentarse en el sofá, pero con el aire recién cargado a su alrededor, me sentía casi como un voyeur en mi propia casa. Miré lejos estudiando mis uñas, como herida por una necesidad urgente de conseguir una manicura.

Por el rabillo de mi ojo, vi la leve sonrisa de Inuyasha. Sabía cómo esto me afectaba, pero el calor repentino que salió de ellos dos no hizo nada para desconcertarle, por supuesto. Inuno e Izayoi podría comenzar a follar como conejos delante de Inuyasha, y él probablemente sólo les advertiría que el sofá en el que se encontraban tendía a voltearse durante dicha actividad. Si Inuno e Izayoi quería llevar esto arriba a un cuarto de invitados, sería bienvenidos, pero si se quedaban aquí, iba a arruinar su estado de ánimo.

- No es agradable de parte de Nadia desaparecer sin antes decirle a sus amigos que estaba bien, sin embargo - dije, aclarando mi garganta. Inuno rescindió la energía que había estado emitiendo hasta que la habitación volvió a un nivel PG-13, en lugar de R dirigiéndose a NC-1756.

- Debra es a lo que te referirías como de la vieja escuela - respondió él, dirigiendo su mirada de Izayoi a mí.

- Ella no querría que Nadia se pusiera en contacto con personas de su vida anterior, especialmente aquellos que tenían interés en exponer nuestra raza. - Su vida anterior. Casi solté un bufido. Esa era la maldita verdad, porque una vez que una persona se involucraba en el mundo de los yokais, nada sobre su vida volvería a ser lo mismo.

Entonces miré el perfil de Inuyasha, notando su pelo rizado, pómulos ricamente definidos, cejas oscuras, y labios que eran lo suficientemente firmes como para ser masculinos y lo suficientemente llenos como para ser pecaminosos. Nada en mi vida había vuelto a ser lo mismo una vez que me sumergí en el mundo de los yokais, también, pero al mirarlo, no querría que fuese de otra manera. Esperaba que Nadia encontrara por lo menos la mitad de la felicidad en su relación no-muerta que yo había encontrado en la mía.

- Voy a llamar a Timmie, para darle la noticia - dije, levantándome.

- Pobre tipo no puede tomar un descanso cuando se trata de mujeres - señaló Inuyasha. Encontré su mirada marrón oscuro con mi primera sonrisa real en los últimos días.

- Simplemente no ha conocido a la indicada, pero una vez que lo haga, olvidará a todas las demás. - Su sonrisa se llenó de promesas aun cuando su poder parecía abarcarme como una niebla lenta y sensual.

- Ciertamente - estuvo de acuerdo, su tono ahora profundo y sedoso.

- Por la mujer indicada bien vale la pena esperar. - Ahora fue Izayoi, quién se aclaró la garganta por el decidido cambio en la atmósfera. Subí a mi habitación, sin dejar de sonreír de una manera persistente, para llamar a Timmie y darle las noticias que eran a la vez buenas y malas.

Continuara…