Una vida normal
La niña, aquel cacho de hombre y el pequeño no tardaron mucho en llegar. Avisó a su marido con un gesto de "¿Ves, cómo te lo dije?". Quien no los conociera pensarían que eran una familia cualquiera. Trunks, cogido de la mano de su madre, iba observando todo a su alrededor con gran curiosidad. De vez en cuando miraba hacia su padre y trataba de imitar sus gestos, sobre todo aquella media sonrisa de suficiencia, que iba creciendo mientras los iban parando, de todas partes, al pasar. Se lo veía relajado y Bunny pensó que era muy buena señal.
- Cuando estemos en la mesa será mejor que nosotros nos ocupemos de Trunks.
- Sí -respondió su marido-, se les ve muy bien para no estar juntos ¿No?
- Me da la sensación que este muchacho empieza a relajarse por primera vez en su vida.
- Sí, ya le dije yo que nuestra Bulma podría hacerle mucho bien, aunque se molestó un poco.
- Amor mío, no creo que sea de esos a los que les guste que les digan lo que han de hacer. Creo que mientras estén así es mejor dejarlos hacer a ellos.
- Sí, sí... yo ya salí con los pies para qué os quiero, por si acaso.
- ¡Pssst!¡Calla! Que ya se acercan...
La velada fue divina. Ahora hacía tiempo que ella no se lo pasaba tan bien y se volvió a sentir como cuando era más joven y las conversaciones de sobremesa eran algo más que ataques de chalados, amenazas planetarias o aburridos partidos de baloncesto. Además, aquel par de tortolitos no dejaban de mirarse el uno al otro. Quizás sí que al final tendrían más de un nieto ¡Qué ilusión que le hacía! Ya tenía un nieto que viajaría por el tiempo, a saber qué podrían hacer los otros que tuvieran.
Su marido le iba guiñando el ojo o dando algún toquecito con el codo para que no se perdiera detalle, cuando se encargaba del pequeño, sentado entre ella y su hija. Las aportaciones que iba realizando el alien eran muy interesantes y hubo un par de ocasiones que respondió a dudas que ella llevaba años planteándose sobre física. Aun así, ella no habló mucho, prefería observar. Su hija no paraba de sonrojarse cada vez que él hablaba y la miraba.
Se notaba que el alien había tenido alguna vez algún tipo de educación diplomática, aunque él no la utilizara para nada en su día a día. Recordaba que las pocas ocasiones que su niña había asistido con aquel embobado de Yamcha. Ese chico no sabía ni como sentarse bien, comía con la boca abierta y siempre se le iban los ojos detrás de cualquier chica. Además de ser evidente que no entendía la mayoría de las conversaciones y, de vez en cuando, soltaba referencias que no venían al caso. Este muchacho, por contra, era él el que atraía todas las miradas y la atención, tanto de hombres como mujeres, no únicamente por su buen porte sino por lo que decía.
La presentación y el discurso de la niña fueron, como siempre, impecables. Y él no se perdía detalle. Si no salía nada mal aquella noche, no creía que tardara demasiado a pasar algo entre ellos. Parecía que Trunks empezaba a tener sueño justo cuando su padre se decidió a bailar con Bulma ¡Hacían tan buena pareja! La niña parecía sorprendida pero él la guiaba de un lado a otro, siguiendo el ritmo de la balada, como si en vez de un guerrero fuera un bailarín que lo hubiera hecho siempre. Si aquello no era química, ella ya no sabía qué lo sería. Bailaron un par de piezas más pero, al ver al pequeño durmiendo en brazos de su abuela, la niña decidió que ya era una buena hora para volver los tres a casa.
Su marido les dijo que ellos dos se quedaban un poco más porque todavía había muchos viejos conocidos, con los que querían hablar. Cuando desaparecieron, se miraron el uno al otro con complicidad- ¿Qué te parece si esta noche reservamos una habitación en el hotel? -sugirió ella.
- Me parece que siempre se te ocurren las mejores ideas, querida -le dio una cachetada en el trasero discretamente.
Continuará...
