Bien chicos, llegamos al final de este libro, hay más, pero he decidido hacer una pausa de esta saga directa y seguir directamente con una saga spin off de esta historia pero con otros personajes, los protagonistas serán Sesshomaru y Rin. También dedicare más tiempo a mis otras historias pendientes, quizá incluso actualice a Mi Bella Genio. Nos vemos luego en mi próxima historia The Night Prince.
Bye bye
Fin de la revolución
Colgué media hora más tarde, con un suspiro. Timmie había tomado la información sobre de Nadia lo suficientemente bien, aunque necesitó que le disuadiera de verla en persona para saber que estaba bien. Negocié una llamada telefónica. Timmie no tenía idea cómo de fuerte era el territorialismo yokai. Si se presentaba apestando a lujuria y amor no correspondido por Nadia en torno a la reconocida ―vieja escuela‖ Debra, tendría suerte si se iba caminado sin una cojera permanente, si es que pudiera siquiera irse.
- ...los vi hace varios años, aunque Midoriko sólo los utilizó para amenazarme en lugar de hacer que me atacaran - estaba diciendo Inuyasha.
Eso animó a mis oídos. Había ido a mi habitación y cerré la puerta para que mi conversación no distrajera a todo el mundo abajo. Disuadiendo a Timmie de hacer algo peligrosamente estúpido me había cerrado a lo que decían, también. ¿La conversación giraba en torno a los Remnants? Inuyasha nunca me dijo que los había visto antes, y mucho menos que Midoriko lo había amenazado con ellos.
- ¿Quién dice que no los utiliza con frecuencia, y que la mayoría de las personas no vive lo suficiente como para contar la historia? - Corrí escaleras abajo justo cuando terminaba con,
- Me imagino que toma bastante de ella levantarlos y controlarlos, lo que le impide a Midoriko hacer de los Remnants su arma más común. Estabas muy cansada después, por lo que recuerdo. - Inuno declaró antes de levantarme una inquisidora ceja.
- Por lo menos Midoriko tenía razón y su efecto no fue tan abrumador como la primera vez. - Me senté junto a Inuyasha con un gruñido afirmativo.
Aún me sentí cansada y fría en todas partes por un par de horas después de levantarlos con Sesshomaru, pero fui capaz de mantener el control de mí misma todo el tiempo. Nada como la primera vez que bebí la sangre de Midoriko y luego me volví loca durante dos días.
- ¿La "primera vez"? ¿Los levantaste de nuevo? - Inuyasha se volvió para mirarme. Oh, mierda. Con todo lo que había pasado, no había tenido la oportunidad de contarle a Inuyasha lo que había hecho en el cementerio esa noche con Sesshomaru. Ahora él pensaría que lo había estado escondiendo de él.
- Hice un ensayo de levantar a los Remnants hace poco más de una semana. Y antes de que te molestes, no lo hice deliberadamente a tus espaldas. Sólo sucedió. Y no, no tuve un "caso de puta" de nuevo. - dije, levantando la mano por el latigazo de incredulidad que sentí en mi subconsciente.
- ¿Y no me lo mencionaste por qué…? - preguntó, un toque de rabia rozando mis sentidos.
- Debido a que la próxima vez que te vi fue cuando murió Don. - respondí con seguridad.
- Y no era el tipo de cosa que hubiese querido hablar casualmente contigo por teléfono antes de eso. - Inuyasha dejó escapar un aliento en un silbido lento, la ira menguando a algo más leve, como desaprobación.
- ¿Tú sabías de esto? - le preguntó a Inuno.
- Lo supe después. - Con un encogimiento de hombros oblicuo dijo.
Oculté un bufido con la mayor dificultad. Claro, "lo había confirmado" después, pero Inuno sabía muy bien de antemano lo que Sesshomaru y yo haríamos, como lo admitió una vez que regresamos. Sin embargo, Inuyasha no sería capaz de recoger el más mínimo indicio de subterfugios en la suave mirada carbón de Inuno. Nota mental: puede mentir sin arrugarse.
- Muy bien ¿Bien, como fue en esta ocasión, Gatita? - dijo Inuyasha, por fin, sonando resignado, pero ya no enojado o con desaprobación.
- Todavía muy extraño. Admití con un estremecimiento. Tomó un poco de ensayo y error, pero nos dimos cuenta de que son convocados y controlados por la sangre. Después de que los envié de vuelta, me sentía cansada, congelada, y hambrienta… por comida - agregué con la mirada apuntando a Inuno, que se limitó a parpadear de manera inocente.
- Sin embargo, nada tan malo como la primera vez. - A pesar de que no quería que el recuerdo volviera, lo hizo de todos modos. Frío a través de mí. El hambre tan increíble. El romper de voces en mi mente, entrelazándose en un estruendo de ruido blanco...
A excepción de una voz, por extraño que parezca. Tiro de mi memoria estar embadurnada de miel y salsa criolla, bailando en medio del caos de la noche cuando fui expuesta por primera vez a la verdadera profundidad del control de Midoriko sobre los muertos. Así es, Midoriko me había hecho una pregunta que no había registrado en ese momento porque me sentía ahogándome bajo el poder que había absorbido de ella. Ahora, sin embargo, la pregunta fue tan clara como si estuviera susurrándola en mi oído este mismo momento.
¿No te has preguntado alguna vez cómo Onigumo escapó de la prisión de Inuno?
Una cosa tan extraña para preguntar. Inuno me arrebató de Onigumo, borrando todo el tiempo de mi mente y encerrando a Onigumo como castigo. Sin embargo, de alguna manera, Onigumo había escapado una docena de años más tarde y fue tras de mí, diciendo que yo era su esposa y no de Inuyasha. A la vez, descubrir cómo Onigumo había salido no había sido lo primero en la lista de prioridades de nadie. No con los problemas causados por Onigumo suelto.
Para ser honesta, no había pensado mucho en Onigumo desde que le volé la cabeza con el poder de piroquinesia que había absorbido temporalmente de Sesshomaru. ¿Por qué, de todas las cosas, Midoriko me preguntaría si sabía cómo Onigumo había escapado? Sabía que yo no sabía cómo había escapado de la prisión de Inuno. Nadie sabía, ni siquiera Inuno. Además, esa era la última cosa que me preocupaba, estando loca por la conexión con la muerte que había absorbido de ella...
- ¡Mierda! - Dije, poniéndome de pie tan rápido que el sofá se volcó por mi impulso.
Inuyasha se puso de pie, lanzando una mirada alrededor con un cuchillo ya en su mano. Le hice un gesto para que lo guardara con un movimiento casi febril de mi mano, pisando lo suficientemente fuerte por lo que debo haber dejado abolladuras en el suelo.
- ¡Onigumo! - Agarré a Inuyasha por los hombros, apenas dándome cuenta de que sus cejas se dispararon por el nombre.
- Escapó de la cárcel de Inuno, algo que nadie debería haber sido capaz de hacer con lo inteligente y poderoso que es el abuelito faraón, ¿verdad? Pero Onigumo escapó, dejando ningún signo de cómo lo hizo. ¿No lo ves? Pensamos que debía haber urdido un plan de escape inteligente por sí mismo, ¡Pero el muy hijo de puta no hizo nada! - Por el rabillo de mi ojo, vi a Inuno e Izayoi intercambiar una mirada de preocupación con Inuyasha.
- Gatita… - dijo, en el mismo tono que había oído usar a Inuyasha con víctimas de trauma cuando pensaba que estaban sólo a una dura sílaba lejos de una crisis nerviosa.
- Estás molesta por todo lo que ha ocurrido recientemente. Es natural fijarse en algo del pasado cuando el presente se siente abrumador… - Eso me hizo reír con una especie de diversión maníaca, causando que su frente se surcara aún más.
- Cariño, tal vez… - lo intentó de nuevo.
- Nadie puede esconderse de la muerte - lo corté, con una profunda satisfacción que me llenó cuando la última pieza del puzzle cayó en su lugar.
Midoriko dijo eso, pero no había reflexionado en ello como había prometido. Por el último par de días, había estado demasiado entumecida por el dolor para pensar en otra cosa que no fuera perder a Don. Antes de eso, había estado ocupada persiguiendo mi cola tratando de encontrar pistas sobre Goryomaru, además también estaba tratando de silenciar mi nueva conexión con los fantasmas – y aún estaba demasiado enojada con Midoriko por lo que había hecho. "Nadie, ni siquiera nuestra especie", había subrayado. La muerte viaja por el mundo y pasa a través de incluso los más gruesos muros con los que nos protegemos... Cuando realmente entiendas lo que eso significa, sabrás cómo derrotar a Goryomaru... Dios, me había dado todas las piezas. No las había puesto juntas.
- Midoriko dijo eso antes de que azuzara a los Remnants contra ti y me chantajeó a beber su sangre - continué, mi voz en aumento.
- Pensé que me estaba amenazando de manera críptica, sabes cómo le gusta ser toda extraña y misteriosa, pero estaba tratando de ayudarnos. - Onigumo no había salido por sí mismo de la cárcel de Inuno.
Midoriko lo había encontrado usando algo de lo que nadie se podía ocultar: fantasmas. Probablemente había usado a los Remnants para sacarlo, ni siquiera los guardias de Inuno habrían podido protegerse contra ellos. Midoriko podría haber odiado a Onigumo, pero su lealtad no le permitió abandonar a su sire.
Encajaba con su sentido práctico y despiadado. Midoriko había querido ser libre de Onigumo. Eso no pasaría mientras estuviera preso, y Midoriko había admitido que sabía por qué Inuno lo había encerrado. Así que al dejar salir a Onigumo – y con él viniendo directamente tras de mí –Midoriko sabía que Inuyasha trataría de matarlo. No lo había hecho, pero yo si lo hice, llevando a cabo su objetivo por ella, todo ello sin una directa violación al juramento a su Sire.
El diablo está en los detalles, le dije a ese oni en el camino de la entrada. Sí, lo estaba, y la inteligente reina del vudú parecía ser una maestra en los detalles. La misma lealtad que no dejaría a Midoriko matar a Onigumo ella misma, tampoco le permitiría aliarse en contra de sus compañeros Oni en una inminente guerra, pero una vez más, Midoriko había encontrado la forma de evitar eso. Me obligó a beber su sangre, dándome el mismo poder que ella tenía. Ayudándonos contra Goryomaru de una manera que no se podría rastrear de vuelta hasta ella, teniendo en cuenta la forma en que nos habíamos asegurado de guardar silencio sobre lo ocurrido entre Midoriko y yo en el cementerio.
- ¡Dios, esa mujer es un infierno mucho más artera de lo que le doy crédito! - exclamé. Inuyasha miró detrás de mí, con sólo la más elemental inclinación de cabeza. Me alejé de él.
- No te preocupes. No es necesario hacer que Inuno me ponga la camisa de fuerza invisible de nuevo. No me he vuelto loca. Sólo no lo había entendido hasta ahora. - Aún parecía que estaba debatiendo hacer que Inuno me lanzara un golpe de energía, así que me senté junto a Izayoi de una manera muy deliberada, doblando las manos en mi regazo. Allí. ¿No me veía tranquila y cuerda?
- Goryomaru está atrapado. Simplemente no lo sabe todavía. - le dije, reuniéndome con su mirada marrón con un propósito que sentía como si irradiara a través de mí.
- ¿Ya te llevaste todos los ajos y la hierba? - Le pregunté a Inuyasha cuando entró por la puerta delantera. Además del ajo, se me ocurría que sonaba como una adolescente tratando de limpiar después de una gran fiesta antes que sus padres regresaran a casa.
- Muy lejos - respondió Inuyasha.
- Lo llevé volando y lo bote en un lago. Se hundirá, o algún tipo tendrá un grandioso día pescando. - Ya me había restregado suficiente para sacarme una capa de piel, por no hablar de toda la fetidez restante de las hierbas, y había tirado mi ropa que las había tocado. Estaba tan lista como era posible.
- Muy bien. Tiempo de levantar a los muertos - dije, mirando a Inuyasha, Inuno, y Izayoi.
Fui a nuestra terraza delantera, mirando hacia arriba el cielo y tratando de despejar mi cabeza. Las estrellas eran mucho más brillantes en el campo comparado con la ciudad. Aun así, no estaba aquí para admirar las bellas y titilantes luces. Estaba aquí para poner un gran cartel supernatural de BIENVENIDOS sobre mi cabeza, convocando a los mismísimos seres que había tratado ahuyentar las últimas semanas. Aunque estaba en un área muy poco poblada, sabía que los muertos estaban cerca. La falta de voces humanas bombardeando mi mente hizo más fácil concentrarme en el zumbido que sentía en el aire que no tenía nada que ver con los tres yokais acompañándome en la terraza. Esto era algo más, viniendo desde el suelo.
Cerré mis ojos, tratando de imaginar los rastros de luz espectral que había visto cuando el otro lado de la tumba se había abierto por primera vez para mí en Nueva Orleans. Algo que se sentía como carne de gallina bailó a través de mi piel, pero no hacía frio afuera, y no tenía miedo. Estaba tranquila, porque sabía que estaban cerca. Vengan, pensé, buscándolos con el poder que residía en mis venas. Vengan.
- Cuatro de ellos acaban de aparecer, amor. - Detrás de mí, Izayoi soltó un siseo mientras Inuyasha decía tranquilamente.
Mantuve mis ojos cerrados, sonriendo para que los que llegaran supieran que eran bienvenidos, y continué tirando del poder dentro de mí. Antes, tenía que estar enojada, asustada, o con dolor para activar el poder que había obtenido prestado de Sesshomaru e Inuno, pero esto era algo diferente. La calma era lo que llamaba a los residentes de la tumba, no las emociones fuertes.
- Cinco más - dijo Inuyasha, una pregunta en su voz que no quería contestar en voz alta. No, no había terminado. Había más cerca. Podía sentirlos.
Un viento helado sopló a través del caluroso aire veraniego. No frio. Agradable, como el beso de la escarcha en una frente afiebrada. Lo invité a acercarse, y aceptó, el frescor asentándose sobre mí con un lento y dulce aletargamiento. Creció dentro de mí, instándome a liberarme a él. No luché, sino que me rendí, dejando que se asiente completamente sobre mí.
- Ocho más - dijo Inuyasha, casi un gruñido.
Lo escuché, pero aun así no respondí, cayendo en el vacío blanco que se unía a mi centro. Mientras más dejaba que mi miedo, pena, y estrés se deslizaran lejos de mí, más crecía esa esfera interior, reemplazando esas emociones con serena, maravillosa nada. Era tal alivio dejar que todas mis cargas cayeran al suelo, tragadas por el relajante vacío blanco. ¿Cómo había soportado tanto bajo el peso del dolor? Ahora cuando se había ido finalmente, sentía como si pudiera volar.
Inuyasha dijo algo más, pero no escuché qué esta vez. Ola tras ola de paz pasaron sobre mí, aislándome de todo excepto el tranquilo, relajante silencio dentro de mí. Esto era dicha absoluta. Esto era libertad. Me deleité en ella, queriendo que nunca termine. Un hilo alcanzó mi consciencia, tirándome de vuelta. La voz de Inuyasha, sonando dura con preocupación. Ahuyentó algo de ese hermoso vacío, reemplazándolo con preocupación. Era tan calmado y pacifico donde estaba yo…pero no me gustaba oírlo así.
Su voz llegó nuevamente, más insistente esta vez. Sacos de arena de angustia parecían formarse sobre mí, alejándome de ese flotante, liberador vacío. Formaban un camino que seguí, cada paso exagerando cada emoción dolorosa que había dejado ir antes, pero no me di vuelta. Inuyasha estaba al final del camino. Eso era más importante que toda la maravillosa esterilidad detrás de mí. Repentinamente, era más que sólo su voz. Su rostro estaba a sólo centímetros de distancia, sus oscuras cejas fruncidas mientras decía mi nombre, más fuerte, manos fuertes agitando mis hombros.
- Estoy justo aquí, no hay necesidad de gritar - murmuré.
- Te pusiste blanca como la tiza y después te caíste al piso. He estado llamando tu nombre tratando despertarte por los últimos diez minutos. - Inuyasha cerró brevemente sus ojos antes de hablar nuevamente.
- Oh. - Froté mi rostro contra el suyo.
- Lo siento. - Al sentir la humedad, toqué mi mejilla y después miré las brillantes gotas rosadas brillando sobre mis dedos. Lágrimas.
- ¿Estaba llorando? - Extraño. No recordaba sentirme triste.
- Si - dijo Inuyasha con voz áspera.
- Lo hacías, y sin embargo todo el tiempo estuviste sonriendo. - Eesh. Eso sonaba un poco espeluznante.
- ¿Funcionó? - Lo recordaba recitando unos números antes, pero no sabía si esos fantasmas estaban todavía aquí. Estaba sobre el piso de la terraza, y el cuerpo de Inuyasha bloqueaba la mayor parte de lo que me rodeaba.
- Oh, sí que lo hizo - respondió. Después se sentó, levantándome con él. Pude ver el resto de la terraza y el patio alrededor.
No pude controlar un grito ahogado ante las docenas y docenas de formas transparentes que se alineaban alrededor de nuestra casa. Apenas pude distinguir todos sus rostros, había tantos de ellos flotando cerca el uno del otro. ¡Buen Dios! Era como estar de vuelta en Nueva Orleans. ¿Cómo era posible? Sólo había invocado a cinco fantasmas la última vez que había tratado esto con Sesshomaru y había sido en un cementerio, ¡por el amor de Dios!
- ¿Son estos los Remnants de los que estaban hablando? - preguntó Izayoi, sonando confundida.
- No. - El asombro aún estaba en mi voz.
- Son fantasmas normales. - Una de las nebulosas formas pasó zumbando como un bólido por el patio hasta la terraza…
- ¡Kagome! - Me tomó un segundo, pero entonces esos rasgos distintivos se solidificaron en alguien que reconocía.
- Hola, Fabián - dije, tratando de aliviar su preocupación con una broma.
- Veo que recibiste mi mensaje. - Extendió su mano, sus dedos pasando a través de mi mejilla.
- Tus lágrimas eran como una cuerda que tiraba de mí hacia ti - dijo.
¿No era irónico? Era sangre lo que levantaba y controlaba a los Remanentes, pero tal vez las lágrimas hacían lo mismo con los fantasmas. Esa tenía que ser la explicación. Había sangrado en el cementerio con Sesshomaru, además había estado enojada, frustrada, y triste, pero no había llorado. Aun así diez minutos de explorar esa tranquilidad interior combinada con lágrimas y ahora tenía un auténtico ejército de espectros en mi jardín.
- Estoy bien - le dije a Inuyasha y Fabián ya que ambos me estaban observando con expresiones preocupadas.
- De verdad. Ahora que tenemos una buena multitud, hagamos esto. - Me paré, yendo al final del patio que tenía vista al área donde había más fantasmas, aunque llegaban más desde atrás cerca de la línea de árboles.
- Gracias por venir. Mi nombre es Kagome. Hay algo muy importante que necesito pedirles que hagan. - dije, tratando de sonar confiada.
- Hola jovencita. No pensé verla de nuevo. - retumbó una voz familiar.
Ladee la cabeza al fantasma que revoloteaba entre los otros al frente del grupo. Tenía cabello café grisáceo, un vientre de barril, y obviamente no se había afeitado por algún tiempo antes de morir. Sin embargo algo acerca de él me fastidiaba. ¿Dónde lo había visto antes…?
- ¡Winston Gallagher! - dije, reconociendo al primer fantasma que había conocido.
- ¿Ningún wiski casero? Ah, eres cruel, invocarme aquí sin una gota de alimento. - Le dio una mirada decepcionada a mis manos vacías.
Que nunca se diga que algo tan simple como la muerte puede curar el alcoholismo, pensé irreverentemente, recordando todo el wiski que el fantasma me había coaccionado a beber la noche que nos conocimos. Entonces mis ojos se estrecharon y cubrí con mi mano el frente de mi entrepierna cuando vi que la mirada de Winston se clavaba ahí a continuación.
- Ni siquiera pienses en meterte en mis bragas de nuevo. Eso va para todos los demás, también. - le advertí, añadiendo en una voz más fuerte.
- ¿Este es el tipo? Vuelve aquí, tu pequeño vil… - Inuyasha se comenzó a dirigir a las escaleras de la terraza incluso mientras Winston comenzaba a alejarse poco a poco.
- ¡Inuyasha no! - lo interrumpí, no queriendo que empiece a usar insultos que pudieran ofender a otros muertos reunidos aquí. Se detuvo, dándole una última mirada a Winston mientras articulaba, Tú. Yo. Exorcista, antes de regresa a mi lado. Sacudí mi cabeza. Territorialismo yokai. No tenía sentido de una apropiada coordinación.
- Como decía, hay algo muy importante que necesito que hagan. Estoy buscando a un oni que está tratando de comenzar una guerra entre los no muertos, y tendrá a un montón de otros enojados oni odia yokais con él. - Sería una enorme tarea, pero si Midoriko encontró a Onigumo a través de fantasmas sin ninguna idea de donde estaba en el mundo, entonces yo sería capaz de encontrar a Goryomaru mucho más fácilmente con lo que sabía.
- Viajen por las líneas ley. Dígales a sus amigos y hagan que vayan a la búsqueda también. Busquen en todas las funerarias más grandes que lindan con los cementerios. Encuentren al oni enano de cabello negro hacia un lado que se llama Goryomaru, y entonces vuelvan inmediatamente y díganme donde está. - dije, sintiéndome como una versión retorcida del General Patton reuniendo mis tropas.
- No a ti, amor. Fabián. Has que se reporten con Fabián, quien después te lo trasmitirá a ti. - dijo Inuyasha en seguida.
Buen punto. Confiaba en el poder de Midoriko lo suficiente para creer que cada fantasma con el que hubiera hablado personalmente no me traicionaría, pero estaba reclutando otros que nunca había conocido. No necesitaba que me saliera el tiro por la culata llevando a Goryomaru directamente hacia mí en vez de viceversa. Hice un gesto hacia el fantasma a mi lado.
- Esperen. Repórtense con Fabián, mi mano derecha. Él se quedará aquí así que serán capaces de encontrarlo. - El pecho de Fabián se hinchó ante mi declaración, una sonrisa radiante extendiéndose a través de su rostro. Posé mi mano donde debería estar su hombro, mirando a los ojos a cada fantasma.
- Vayan ahora. Apúrense. - les pedí.
Una borrosa imagen plateada revoloteó sobre los otros autos en el estacionamiento antes de meterse en nuestra furgoneta negra. Estábamos a sólo un par de kilómetros de distancia del cementerio y la funeraria Paz Eterna en Garland, Texas. A Midoriko Laveau le había tomado doce años enviar fantasmas para encontrar a Onigumo, pero Fabián recibió información del paradero de Goryomaru en seis días.
Sinceramente, el mundo era un lugar malditamente grande, e Inuno había tenido a Onigumo en un túnel reforzado de una vieja mina en Madagascar… muy distante del hogar de Midoriko en Nueva Orleans. Yo, sin embargo, había limitado la ubicación de Goryomaru a sólo un país y un tipo de negocio. Aun así, habían hecho un trabajo increíble. Nadie despreciaría a los fantasmas mientras yo estuviera por acá, eso era seguro.
- Pienso que deberías traer más personas. - Las facciones de Fabián se solidificaron desde remolinos neblinosos, pero su boca estaba torcida hacia abajo.
- ¿Cuantos hay? - le preguntó Inuyasha.
- Al menos ochenta. Van a tener una reunión en cerca de una hora - respondió Fabián.
- ¿Está Goryomaru todavía ahí? - exigí. Fabián asintió.
- Podrías capturarlo después, una vez que los otros se vayan. - Inuyasha intercambió una mirada conmigo. O Goryomaru podría irse con los otros Oni. Entonces necesitaríamos que los fantasmas lo encuentren de nuevo para nosotros.
- La mayor parte de los Oni… ¿se ven como invitados a la reunión, o guardias? - preguntó Inuyasha, dándole golpecitos a su barbilla.
- ¿Cómo podría saberlo? - Fabián se veía confundido.
- Podrías saberlo según cuántos de ellos están armados - dijo Sesshomaru, con claro énfasis en la última palabra.
- Ah. - El ceño de Fabián se alisó.
- Unos cuantos de ellos tenían armas grandes con balas que se entrecruzaban alrededor de sus torsos. - Hice una nota mental de familiarizar a Fabián con la artillería moderna para que pudiera dar mejores descripciones.
- ¿Ametralladoras? - pregunté, haciendo la mímica de sostener una y haciendo una serie de rápidos ruidos entrecortados. La boca de Inuyasha se torció, pero inclinó su cabeza para que no pudiera ver su clara diversión por mi imitación de GI Jane juega Pictionary.
- Si, esos. Algunas de las otras personas podrían tener cuchillos, pero esas eran las únicas armas que pude ver. - dijo Fabián.
- No llegué tan lejos para correr ahora. - Sesshomaru soltó un gruñido. Me sentía de la misma manera. Aun así, tenía que asumir que las ametralladoras estaban armadas con balas de plata o al menos algunos de los Oni tendrían cuchillos de plata.
- Inuno, usa tu poder para evitar que lastimen a los humanos. Un lado del cementerio colinda con un distrito comercial, y no puedo hacer que Tate envíe tropas para bloquearlos porque eso alertaría a Goryomaru de nuestra presencia. Así que mantener a las personas fuera del camino es tu prioridad principal. - La mayoría de ellos podrían no estar armados, pero ocho contra uno todavía eran ocho contra uno.
- ¿En lugar de contener a Goryomaru? - preguntó, cortés desacuerdo en su tono. Encontré su mirada dorada.
- Si le sacas la cabeza, sería muy impresionante, pero no sería muy bueno para mí. Ustedes continúan diciéndome que si no les doy una paliza lo suficientemente fuerte cuando vienen por mí, después vendrán más. Bueno, soy la única que Goryomaru usó como chivo expiatorio todo este tiempo, así que soy la única que tiene que vencerlo. - Esta declaración fue seguida por silencio. Me preparé para una discusión, especialmente de Inuyasha, así que me sorprendió cuando asintió serenamente.
- Tampoco uses tu poder para contener a los otros Oni. Los venceremos en un combate mano a mano. - declaró Inuyasha.
Miré a mí alrededor a los ocupantes de la furgoneta. Además de Inuno, Izayoi, Sesshomaru, Miroku, Sango, Ed, y Scratch, habíamos recogido unas cuantas adiciones en los últimos días. El Sire de Inuyasha, Koga, sonrió ante la posibilidad. Gorgon, el viejo amigo de Inuno, sólo se encogió de hombros, y la pelirroja Guardiana de la Ley, Ayame, quien era tan vieja como Inuno aunque se veía como una la hermana menor de Barbie, sólo parecía aburrida por el tema. Nadie hizo ninguna objeción. Once yokais y una cambia-formas contra lo que sea que Goryomaru tuviera en ese complejo. Eso podría no sonar como buenas posibilidades, pero sabía lo letal que era este grupo. Además, si reuníamos a demasiados yokais, corríamos el riesgo de que se enterara Goryomaru.
- Muy bien. - Les di a todos una mirada firme, sin parpadear.
- ¿Goryomaru quiere una guerra? Va a tener una, pero no entre nuestras dos especies, será entre sus mejores y nuestros mejores. - Inuyasha me miró a los ojos, sus ojos café oscuro destellando rojo.
- Entramos en una hora. - declaró, la promesa de violencia acariciando cada palabra.
- Les da tiempo al resto para llegar. - Con todos ellos ahí significaba menos probabilidades de que algún oni tropiece con la batalla y pida refuerzo para Goryomaru. Le sonreí a Inuyasha, sintiendo la mezcla de anticipación y determinación que siempre me llenaba antes de una pelea.
- No puedo esperar para colarme a la fiesta. - Su sonrisa en respuesta tenía la misma expectación letal.
- Tampoco yo, Gatita. - El cortante viento me hizo entrecerrar los ojos mientras miraba el cementerio sobre el cual Inuyasha nos hacía volar.
La mayoría estaba iluminada sólo por la iluminación residual alrededor de las verjas que rodeaban el perímetro, con dos excepciones. Una era la funeraria. Luces exteriores brillaban en el letrero de PAZ ETERNA del frente, enfatizando el sombrío aunque elegante diseño de la construcción de dos pisos. La otra área que tenía luces estaba al borde de la plataforma de entierros del sur, lindando con los lugares sin arar reservados para futuras tumbas. Miré hacia abajo a la pequeña plataforma iluminada, un oni parado en medio de dos reflectores portátiles, y no pude contener mi burla.
Goryomaru no tenía instaladas esas luces a ambos lados de él para que sus seguidores pudieran verlo haciendo gestos enfáticamente durante su discurso sobre como Caín era realmente un oni y que los yokais derivaban originalmente de los comedores-de-carne en vez de ser al revés. Los Oni podían ver en la oscuridad. ¿Cuán arrogante tenía que ser Goryomaru, para insistir en ser iluminado como una estrella de rock durante lo que se suponía que era una reunión secreta de los no muertos? ¿Y estaba usando un traje Armani? Claramente estaba vestida de forma inapropiada para esta fiesta en mis aburridas y funcionales mallas completamente negras con múltiples fundas para armas.
Inuyasha abruptamente nos inclinó hacia abajo y todos los pensamientos sobre vestuario abandonaron mi mente. Fabián tenía razón; una muchedumbre de cerca de sesenta se reunía en una poca precisa formación de diamante, escuchando a Goryomaru embelesados, mientras cerca de dos docenas de guardias armados con metralletas deambulaban alrededor de la concurrencia.
También habíamos visto cerca de cuatro o cinco guardias cerca de la entrada principal del cementerio, pero no estaba preocupada. Inuno se encargaría de ellos, y Sango e Izayoi se asegurarían que no aparecieran invitados atrasados. Tomé mis dos espadas katana mientras Inuyasha nos llevaba como una bala hacia el mayor grupo de guardias armados. El objetivo número uno era quitarles las armas antes de que las armas nos liquidaran. Tuve una fracción de segundo para disfrutar la mirada de conmoción en los rostros de los guardias cuando, o el nivel del poder de Inuyasha nos precedía, o veían una forma grande y oscura precipitándose a toda velocidad hacia ellos. Y entonces nos abrimos pasos entre ellos con un enorme estruendo.
El impacto fue como estrellarse contra un grupo de árboles, excepto que estos árboles gritaban y se defendían. Ataqué con mis dos espadas incluso antes de llegar a detenerme, sabiendo que Inuyasha ya había rodado hacia un lado para permanecer bien alejado de mis hojas. Miembros y cabeza se separaban bajo mis feroces cortes mientras usaba las cortas espadas como extensiones de mis brazos, atacando a cualquier en frente de mi sin importar si estaban armados o no. Si estaban aquí, entonces estaban de lado de Goryomaru, lo que significaba que me matarían si pudieran.
Más disparos y gritos me hicieron saber que el resto de nuestro grupo de bienvenida había llegado. Tanto como quería mirar a mi alrededor y ver como estaba Inuyasha, no lo hice, manteniendo mi atención en abrirme paso cortando a los Oni quienes ahora estaban disparando a la multitud en un esfuerzo por liquidar a los intrusos. Destellos de dolor candente cortaron mi costado, haciéndome enrollarme en defensa incluso mientras continuaba blandiendo mis espadas a cualquiera lo suficientemente desafortunado para estar cerca de mí.
Maldición. Me habían dado.
La caída hizo que mi pelo se soltara del moño. Hebras oscuras interrumpían mi visión mientras rodaba para evitar otra descarga de balas, viendo explotar el césped donde recién había estado. Actuando por instinto, arrojé mi espada, escuchando un grito antes de que yo saltara, mi costado aun ardiendo, para ver a un ONI caer hacia atrás arañando su rostro, el mango de mi espada donde su nariz solía estar.
Ignoré el dolor y salté hacia delante, derribándolo antes de que pudiera levantar nuevamente su metralleta. Un golpe duro a través de su cuello y ya no se movería más. Otro golpe sacó el gatillo de la pistola. No hay necesidad de dejarla funcional para que un transeúnte la tomara y comenzara a disparar. El dolor explotó en mi cuello en el siguiente instante, sangre llenando mi boca. Tomé al oni muerto, usando su cuerpo como escudo, tosiendo incluso aunque no podía respirar. Ese dolor abrazador igualaba el dolor en mi costado, pero desapareció más rápido, y el rojo en mi ropa me hizo saber lo que había sucedido. Me habían disparado en la garganta.
De alguna manera, eso me enojó más que las balas que todavía quemaban avanzando en mi costado. Seguí sosteniéndolo, balanceando su cuerpo frente a mí mientras embestía contra el ONI que continuaba disparándome. En su lugar esas balas le llegaban a su camarada caído, y tuve tiempo para soltar un gruñido salvaje antes de lanzarle el cuerpo, derribándolo. Seguí inmediatamente con mi espada, cortando el brazo que había levantado para defenderse y después su cuello, poniendo todo el dolor y rabia detrás del golpe. Su cabeza rodó a treinta centímetros de su cuerpo.
No me detuve para celebrar sino que me di vuelta. Justo a tiempo. Un dúo de Oni venían hacia mí, uno disparando, otro sosteniendo un cuchillo. Tuve tiempo para lanzarme hacia arriba, haciendo que las balas destinada hacia mí golpearan al aire en lugar de mí, antes de aterrizar detrás de ellos. Mi espada desgarró sus cuellos con el impulso del salto, salpicándome con sangre mientras caían, sin cabeza, al suelo.
- ¡Gatita! - Levanté mi cabeza justo a tiempo para ver un destello plateado sobre mí.
Me lancé hacia abajo, la espada que había estado a punto de abrirse camino a través de mi cuello, en su lugar me golpeó a un lado de la cabeza. De golpe, mi visión se volvió roja y un dolor muy fuerte explotó en mi cráneo. Todos mis impulsos internos me gritaron que me encorvara defensivamente y agarrara mi herida, pero la parte de mí que recordaba todo el entrenamiento brutal por el que me había hecho pasar Inuyasha sabía que tenía que arremeter en su lugar. Blandí mi espada hacia donde había visto por última vez las piernas del oni, poniendo toda mi fuerza en el golpe. Fui recompensada por un grito y un ruido sordo, algo pesado cayendo sobre mí. La sangre en mi visión hizo difícil distinguir los detalles, pero seguí atacando, sabiendo por cada grito nuevo que estaba dándole a mi blanco incluso si no pudiera ver cuál era. Un dolor abrazador estalló a lo largo de mi espalda e hizo que me arqueara en reflejo y redoblara mis esfuerzos.
El oni no había terminado de pelear aun.
Después de varios pestañeos rápidos, mi mirada se aclaró lo suficiente para verlo. No tenía su brazo. Tampoco sus piernas hasta las pantorrillas, pero tenía un cuchillo de plata que seguía apuñalando en mi espalda, buscando mi corazón. En vez de rodar lejos de él, me lancé hacia adelante, dándole un cabezazo con toda mí rabia. Se sacudió hacia atrás aturdido, pero las repentinas estrellas en mi visión y ganas de vomitar me hicieron saber que la lesión en mi cabeza no había terminado de sanar aun. Con dolor atravesando mi cráneo y mi costado latiendo como si tuviera misiles buscadores de calor bailando tango en mis entrañas, llevé mi espada hacia abajo, hacia su cuello. Me pateó con sus muñones al mismo tiempo, haciéndome fallar. En vez de desgarrar su cuello, mi espada se enterró profundamente en su hombro. Tiré de ella pero no salía. El oni soltó algo como un gruñido y una risa.
- Fallaste - se rio ferozmente, levantando su pistola.
Mi otro brazo golpeó hacia adelante y la risa del oni murió en su garganta. Disparó, pero las balas fallaron, probablemente porque ahora tenía dos cuchillos de plata en sus cuencas oculares. Nunca debió haberse tomado el tiempo de mofarse de mi antes de disparar. Tenía muchas más armas además de mi espada. Extendió su mano en busca de los cuchillos… otro error. Le arranqué la pistola de sus manos y la use para dispararle a través del cuello, soltando un grito de mortífero triunfo. Después saqué mi espada, dándome vuelta para defenderme del siguiente ataque.
No llegó ninguno. Aunque todavía oía rachas de disparos, eran menos frecuentes que antes. El cementerio estaba cubierto de cuerpos, y los que estaban todavía en pie parecían estar tratando de huir más que tratar de luchar. Por una fracción de segundo, estuve sorprendida. Si, sabía que nuestro grupo era fuerte, pero…
Un destello de amarillo y negro me llamó la atención, moviéndose con la velocidad de algún tipo de demonio de Tasmania de caricatura. Se estrelló con dos Oni que habían estado disparando a Koga. En un abrir y cerrar de ojos, no había nada más de una pila carmesí de partes de cuerpo sobre el suelo, una ágil pelirroja parada sobre ellos. ¿Ayame? No tuve oportunidad de mirarla con ojos desorbitados antes de que se hubiera ido en otra imagen borrosa locamente rápido, dirigiéndose a una descarga de disparos en la colina. En pocos momentos, los disparos se habían detenido.
- ¿Soy el único que esta duro por esa pequeña loba? - preguntó Koga alegremente incluso mientras enterraba su espada justo al centro de un oni.
Eso me sacó de mi estupor momentáneo y me dirigí a la siguiente serie de disparos que escuché. Mi costado aún se sentía como si le hubieran prendido fuego, pero lo ignoré. No tenía tiempo de sacarme las balas, y nada más haría que se detuviera el ardor. Continué corriendo hacia los sonidos de disparos, despejando la cima de una pequeña colina. Al fondo había una gran fuente conmemorativa, pero eso no fue lo que hizo que mi cuerpo fuera presa de un nuevo brote de adrenalina. Fue la visión del oni enano costosamente vestido apoyado contra la fuente, tres guardias lo rodeaban en formación protectora mientras le disparaban a los yokais que le bloqueaban su ruta de escape.
- ¡Goryomaru! - grité, corriendo por la colina en línea recta hacia él.
- Me recuerdas, ¿no es así? - Incluso a la distancia, vi que sus ojos se abrieron ampliamente.
- Parca Negra ¡Es ella, ella es la Parca Negra! - articuló. Después más fuerte, le gritó a los Oni protegiéndolo.
Los disparos cambiaron de dirección, pero había esperado eso. Me fui en picada hacia la derecha, esquivando todas las balas salvo una. Me golpeó en el costado con el impacto de un torpedo, pero seguí rodando, sabiendo que lo disparos no pararían. A diferencia de las películas, en la vida real, los tipos malos no paraban de disparar para revisar y ver si estabas muerto. Las balas me persiguieron, pero me levanté y continué moviéndome, lápidas explotando a mi alrededor cuando eran golpeadas en vez de mí.
Un gritó precedió a una de las metralletas silenciándose. Después otra. Incluso mientras seguía corriendo, sonreí. Sabía que Sesshomaru, Miroku, y Gorgon sólo había necesitado unos cuantos momentos de distracción para abalanzarse. Goryomaru y sus guardias deberían haber sabido eso, también, y nunca concentrar las tres armas en mí. Me di vuelta, regresando al fondo de la colina. Sesshomaru tenía a uno de los hombres armados agarrado despiadadamente, llamas estallando por todo el oni.
Miroku forcejeaba con otro oni, pero no estaba preocupada por él, porque en algún punto, lograría quitarle al arma. Eso dejaba a Ed y Gorgon luchando con dos Oni que se habían unido a la batalla, pero mi atención no estaba enfocada en ellos. Sino en el oni enano y fornido corriendo al límite de sus fuerzas hacia la verja que rodeaba el cementerio. Al otro lado de la verja había un pequeño distrito comercial, en su mayoría desierto a esta hora de la noche, pero con un montón de edificios y apartamentos en los que Goryomaru podía esconderse.
- Oh no lo harás - gruñí, corriendo más rápido.
El enfermizo dolor aumentó, la quemazón en mi costado sintiéndose como ácido corriendo a través de mí, pero no podía concentrarme en ese ahora. Tenía que concentrarme en el aire a mí alrededor, imaginándomelo como algo con forma que pudiera moldear y doblar a mi voluntad. Las palabras de Inuyasha hicieron eco en mi mente. Tienes la habilidad. Sólo tienes que agudizarla.
Mis pies se levantaron del suelo, pero no me caí. Volé, inclinándome en el aire, dejando que me llevará más rápido de lo que podía correr antes. El viento pasaba a través de mi cabello, corriendo a lo largo de mi cuerpo, levantándome como si entendiera mi necesidad y quisiera ayudar. La distancia entre mí y Goryomaru se acortó, sus pasos parecían tan lentos y torpes en comparación a la forma en la que me movía sobre el suelo. Hice mi cuerpo más aerodinámico, poniendo mis manos en frente de mí, dirigiéndome a la espalda de su chaqueta Armani como si fuera un blanco y yo fuera una flecha. Nueve metros. Sesenta. Treinta….
Cuando aterricé sobre él, mi velocidad haciéndolo caer sobre el suelo lo suficientemente fuerte para hacer un surco en la tierra, estaba sonriendo incluso aunque una nueva avalancha de dolor explotó a través de mi costado. Y cuando me paré, girándome para que Goryomaru quedara frente a mí, el alivio me hizo casi inmune a los golpes que consiguió darme antes de que tuviera su cuello encerrado en un agarre casi estrangulándolo.
- Te mueves y te saco la cabeza - le dije, con intención en cada letal palabra. Goryomaru era más inteligente de lo que le daba crédito, o realmente si me tenía miedo, porque paró de luchar de golpe.
- ¿Qué vas a hacer conmigo? - siseó, las palabras confusas por el agarré que tenía en su garganta.
- Estoy tan contenta que preguntes. - Solté una adolorida risa.
Para cuando llegamos a la fuente, Miroku había matado al oni con el que luchaba, nada excepto restos calcinados quedaban del que había visto con Sesshomaru, y dos cuerpos sin cabeza estaban en el suelo cerca de donde Gorgon y Ed permanecían de pie. No veía a Inuyasha, pero sabía que estaba bien. Podía sentir nuestra conexión, fuerte como siempre, sus emociones atravesándome con intensidad y propósito. Ahora que tenía una cantidad suficiente de yokais cerca, dejé ir a Goryomaru, dándole un fuerte empujón que le hizo bracear contra el borde de la fuente para evitar caer.
- Hablemos sobre lo que voy a hacer contigo. Creo que voy a adoptar tu idea de celebrar una victoria con una ejecución, sólo con una pequeña inversión de quien pierde su cabeza. - dije, cogiendo una espada que alguien había dejado tirada en el suelo. Un movimiento en lo alto de la colina llamó mi atención durante un momento, hice una pausa, pero continué. Goryomaru me enseñó sus dientes.
- Incluso si me matas, mi gente peleará con la tuya hasta la muerte - gruñó.
- Tu victoria no será más que cenizas y… - Paró con mi risa, su cara casi moteada por la furia. No dije nada, en cambio, apunté tras él hacia la colina.
Se giró, su boca un poco flácida por lo que vio. Alguien, no estaba segura de quien, había rodeado a los Oni restantes y los había llevado en grupo a esta sección del cementerio. En una estimación aproximada, había poco más de veinte de ellos, y sus manos cruzadas encima de sus cabezas en un gesto universal de rendición.
- Parece que tu gente reconoce una batalla perdida cuando la ve - dije, saboreando la aturdida mirada en la cara del líder oni. Rápidamente cambió cuando les miró fijamente, la rabia palpable en su expresión y el aroma áspero emanando de él.
- ¡Cómo osan traicionarme de este modo! - tronó contra ellos. Yo le golpeé en el hombro con la punta de mi espada prestada.
- Odio interrumpir, pero tú y yo tenemos todavía ciertos asuntos que concluir. – señalé.
Goryomaru miró la espada y entonces a mí antes de lanzar su mirada de nuevo a los rendidos. No aparté mis ojos de él o relajé mi sujeción sobre el arma. No le daría la vuelta hasta que estuviera listo, pero tampoco le haría un regalo bajando la guardia. Ya sabía que Goryomaru no luchaba de forma justa o no estaríamos aquí ahora. Por lo tanto, me sorprendió un poco cuando extendió las manos, con las palmas abiertas.
- Vamos, Parca Negra, ¡hazme caer en llamas! O congélame con tu mente. Muestra a mi gente el poder que tan temerariamente se niegan a frenar. - Incluso sus últimos momentos serían llenados con retórica de odio, pensé con disgusto.
- Dale una espada - dije a Inuyasha, que salía de detrás del grupo de Oni, con Ayame a su lado. Estaba ensangrentado y su ropa desgarrada pero aún se movía con letal precisión que decía que podría haber luchado toda la noche. No debería haberme sorprendido nada que hubiera traído a los Oni hasta aquí para ser testigos de la caída de su líder.
- No necesito ningún poder inusual para hacerte caer. Tengo balas de plata en mi lado izquierdo y duelen como demonios, maldición, pero coge esa espada y aun así patearé tu culo, te lo prometo. - dije a Goryomaru una vez que Inuyasha tiró una espada al suelo cerca de los pies del oni.
- No. - Goryomaru miró la hoja y entonces de nuevo a mí.
- ¿No? Te estoy ofreciendo una lucha justa, ¡idiota! ¿Preferirías que sólo te cortara la cabeza y me fuera tan tranquila? - repetí incrédula.
- ¡Me rindo al Consejo Guardián de los Yokais! - Goryomaru se giró hacia Ayame, cayendo sobre una rodilla.
- Tú, llorón de mierda, coge la espada antes de que te arranque la cabeza con mis propias manos - le gruñó Inuyasha.
- No puedes matarme si me rindo al Guardián. ¡Ninguno de ustedes puede! - La expresión de Goryomaru había cambiado a alguna clase de loco triunfo.
Lo miré con diversión. ¿Esta era la persona que había sido responsable de llevar a yokais y Oni al borde de la guerra durante el siglo catorce? ¿Y que había hecho un maldito esfuerzo para hacerlo otra vez en el siglo veintiuno? Había visto un montón de instigadores villanos en sus últimos momentos, pero aunque ninguno de ellos había disfrutado su propia muerte, pocos se habían humillado nunca tanto como Goryomaru lo estaba haciendo ahora. Incluso se acercó a Ayame en una especie de saltitos, hasta agarrar los pantalones manchados de rojo de la pelirroja Guardián. No podía creer que una persona que había dedicado gran parte de su vida a buscar el genocidio en masa pudiera ser tan cobarde ante su propia derrota. Me recordó a lo que la historia cuenta de las últimas horas de Hitler. Parecía que ambos eran en el fondo unos cobardes.
- ¿Este es al que están siguiendo? - preguntó Sesshomaru a los otros Oni, vocalizando mi propio desprecio.
- Me moriría de vergüenza si fuera ustedes. - Ayame miró a Goryomaru, sus rasgos ridículamente jóvenes endurecidos en una expresión de puro desprecio.
- ¿Piensas obtener piedad de mí? - Cogió el único pedazo largo de pelo de Goryomaru, arrancándolo de su calva y usándolo como palanca para tirar la cabeza hacia atrás. Casi me pierdo allí mismo, porque maldita sea, eso fue frío.
- Trataste repetidamente de destruir a mi pueblo, ¿y crees que se te concederé asilo? - gruñó ella.
- D-d-d-d-debes hacerlo - dijo Goryomaru, su voz rompiéndose en la última palabra. Ayame se enderezó en todo su metro y setenta centímetros, pero con su poder chisporroteante y su presencia imperial, podría también haber medido tres metros.
- Malcolm Untare, tú quien te has denominado a ti mismo Goryomaru, por incitar a otros de tu especie al asesinato y la insurrección, eres condenado a muerte. - Dejó escapar un grito que Ayame ignoró. Se inclinó hasta que su boca le rozó la oreja, y sólo mi proximidad me dejó oír lo que susurró.
- Tú, miserable gusano. Juana de Arco era mi amiga. - Entonces lo pateó, evitando que sus manos la agarraran alejándose un paso.
- Muere de rodillas o acepta la lucha que se te ha ofrecido. No me importa cual - lanzado por encima del hombro.
Mi boca se abrió ante este chisme sobre mi famosa predecesora mestiza, pero la cerré. Nota mental: No te alinees en el lado contrario de Ayame. Mantiene el rencor durante siglos. Entonces miré al oni, sintiendo mi antiguo reflujo de odio. Por todas las vidas en las que había sido responsable de poner fin y su ceguera, largos siglos de búsqueda de poder, al final, Goryomaru demostró ser demasiado patético para odiarle. No valía ni siquiera la pena matarlo, pero si lo dejaba vivo, mis enemigos actuales y futuros no lo verían como piedad. Lo verían como una debilidad que podrían explotar. Con una claridad que me faltaba antes, comprendí por qué Inuyasha hizo lo que hizo a mi padre, y por qué Sesshomaru dejaba que su crueldad se viera más fácilmente que sus mejores cualidades. No era por sádica diversión o para buscar pelea. Era para prevenirlas.
- Coge la espada. O te mataré de rodillas. - le dije a Goryomaru, pronunciando cada palabra. Yo lograría ninguna diversión en ello, pero lo haría porque lo tenía que hacer. Ayame ya le había condenado a muerte en nombre del cuerpo de gobierno de los yokais. Si me alejaba, no salvaría su vida. Ella o alguien más simplemente lo matarían.
- No - dijo Goryomaru, casi un gemido. Entonces se echó hacia delante y trató de correr. Le atrapé antes de que hubiera dado ni una docena de pasos, permitiéndole golpearme con todo el poder de su cuerpo rechoncho. Sólo tenía sus manos, y yo todavía tenía una espada muy larga.
- Goryomaru los retuvo a todos ustedes con su odio a causa de una mentira de que me convertiría en mitad yokai, mitad oni. Porque si alguien es distinto, entonces debes tenerle miedo, ¿verdad? - clamé a los oni que nos miraban con sombrío embeleso.
Goryomaru intentó echarme por tierra, pero por todos estos años que estuvo tras de mí, el obviamente no los paso aprendiendo a luchar – y yo tuve un infierno por maestro. A pesar del dolor que todavía bajaba por mi costado, me giré en el último momento, saltando sobre su espalda cuando su impulso todavía lo tenía cargando hacia adelante. Entonces llevé mi espada contra su cuello.
- ¿Quieren todos saber por qué tengo habilidades que otros yokais nuevos no tienen? Porque no me alimento de humanos; bebo sangre de yokai. - dije, apretando la hoja.
Y luego lo acerqué hacia mi cuerpo, cortando mi mano para agarrar el borde desnudo para el máximo equilibrio, sintiendo mayor satisfacción por la admisión pública que por ver la cabeza de Goryomaru separarse de su cuello. Toda mi vida, he tenido que ocultar lo que soy. Primero de niña cuando no sabía por qué los otros niños no eran como yo, luego cuando cazaba yokais al final de mi adolescencia y mediados de los veinte, y por último, mis rarezas este año como un yokai completo. Bien, había terminado de esconderme, odiar, o pedir disculpas por las partes de mí que no había elegido y no podía cambiar. Si alguien tenía un problema con mis diferencias, eso era jodidamente malo para ellos.
- Es cierto, como yokais - dije de nuevo, más alto esta vez. Empujé su cuerpo lejos y permanecí de pie, sacudiendo la sangre de mi espada mientras enfrentaba al restante grupo de Oni.
- La chupasangre más freaky del mundo, justo aquí ¿Y saben qué? Si eso pone a alguno incómodo, mala suerte. Si pone a alguno tan incómodo para que quiera iniciar algo conmigo al respecto, que dé un paso adelante ¡y demonios si no me como al próximo! - continué. Yo había querido decir la última parte como una amenaza, pero en algún lugar de mi declaración apasionada de independencia de ocultar lo que era, olvidé pensar en mi fraseo.
- Con esa clase de invitación, Parca Negra, podrías querer sugerir formar tu línea por derecho. - Vi a Inuyasha levantar una ceja, una risita ahogada estalló de Koga, y a continuación, Sesshomaru se rió alto y fuerte.
- Eso no es... me refería a comérmelos de mala manera - escupí.
- Creo que lo has dejado claro, cariño - respondió Inuyasha, su rostro cuidadosamente en blanco, incluso creo que vi una leve contracción de su boca. Entonces su expresión se endureció al mirar a Ayame, quien se volvió para verme decapitar a Goryomaru.
- Y lo secundo - dijo él, todo rastro de humor desaparecido de su voz.
La Guardiana de Ley me miró fijamente. No me arrepentí ni un momento de mi declaración pública – excepto quizás por la forma de decirlo – pero sabía que su respuesta tenía más peso que mi audiencia vampírica o el resultado sobre los Oni rendidos. También hablaba por el máximo órgano de decisión de los yokais. Al final, Ayame se encogió de hombros.
- Eso te hace el chupasangre más frikie del mundo, pero no hay leyes contra los yokais que se alimentan de otros yokais. - Y entonces se giró y se fue.
Dejé salir una risa que murió en mi garganta cuando un movimiento detrás del puente me llamó la atención. Midoriko Laveau caminaba lentamente dentro del cementerio. No pestañé mientras miraba a Midoriko. Para quien no la conociera mejor, la vista de un solitario oni aproximándose no debería haber sido atemorizante en absoluto.
Pero yo sabía que Midoriko podría convocar a una pared de Remnants a luchar por ella antes de que pudiera susurrar, "Oh, mierda." ¿Podría levantar mi propio ejército de ellos lo suficientemente rápido como para contrarrestar un ataque de ella? ¿O debería enfocar mi energía en tratar de controlar a los que ella levantara, si llegábamos a eso? Había asumido que Midoriko me había dado su poder para que, de una manera indirecta, pudiera ayudarme a derrotar a Goryomaru, pero ¿Había estado de su lado todo el tiempo? ¿Estuve equivocada en todo lo que pensé sobre ella?
- ¿Por qué has venido aquí? - Ayame siseó. Levanté mi mano, haciendo caso omiso de la - mirada incrédula que la Guardiana de Ley me lanzó cuando la hice callar.
- Majestic, es tan amable de tu parte haber venido. - le dije, sonando mucho más tranquila de lo que me sentía.
- Espero que hayas encontrado el lugar porque tus amigos fantasmas te dijeron que se estaba viniendo abajo. No porque llegas tarde a la manifestación de odio. - Sus profundos ojos marrones se encontraron con los míos, su cara totalmente inexpresiva. Caminó hacia adelante, su mirada revoloteando alrededor del cementerio para ver los cuerpos caídos de los Oni a su alrededor. Los que aún vivían se había agazapado hacia atrás en cuestión de minutos por miedo antes de comenzar a dirigirse hacia ella.
- ¿Goryomaru está muerto? - Midoriko preguntó, ningún indicio de lo que estaba pensando en su suave voz de mantequilla.
- Bastante. La mayoría de sus principales lugartenientes están muertos, también. - respondí antes de que Ayame pudiera hablar.
- ¿Y cuáles son tus planes para los otros?
- Midoriko estaba delante de todos los otros Oni, sólo unos cuantos metros de lápidas separándola de la línea de yokais Maestros.
Eché un vistazo detrás de ella otra vez, anticipando que un hervidero de Remnants aparecería en cualquier momento. No habíamos tenido la oportunidad de discutir formalmente entre nosotros lo que haríamos con los Oni que se rindieron, pero no esperé para consultar a nadie antes de contestar.
- Dejaremos que se vayan. -
- No tienes la autoridad para tomar esa decisión - espetó Ayame.
- Qué lástima. Si Kagome estuviera en lo correcto, entonces yo no tendría ningún motivo para atacarlos para proteger a mi gente. Quiero la paz. No me obligues a declarar la guerra. - La voz de Midoriko cortó el aire, ese dulce acento del Sur se fue y se llenó con el eco tenor de los muertos en su lugar.
Ayame miró a Midoriko, sus bonitos, aparentemente juveniles rasgos endurecidos. Sólo esperaba que hubiese tenido encuentros con Midoriko en el pasado para saber que la nueva y espeluznante voz de la reina del vudú era una advertencia de que estaba a punto de desatar todo tipo de dolor. Si no, no tenía tiempo para convencer a Ayame sobre lo feroces que eran los Remnants. Sólo tendría tiempo para tratar de levantar a los míos, o esto se convertiría en un baño de sangre con las víctimas en gran medida de nuestro lado esta vez. Midoriko tenía las manos cruzadas delante de ella en un gesto aparentemente casual, pero yo sabía que eso sólo significaba que la punta afilada de su anillo se presionaba en su carne.
Sólo el poder de Inuno podría ser lo suficientemente rápido como para impedirle derramar su sangre para convocar a los Remnants. Aunque lo vi acercarse por el rabillo de mi ojo, aliviada al ver a Sango e Izayoi también con él, no me atreví a mirarle directamente por temor a que cualquier gesto fastidiara a Midoriko para entrar en acción. Además, si Inuno la congelaba, sería mejor que la matara también. Ella nunca dejaría pasar tal oportunidad, especialmente con testigos. Y si acabábamos con Goryomaru, sus lugartenientes, y Midoriko Laveau todos en la misma noche, iniciaríamos la guerra nosotros mismos.
- Kagome no tiene la autoridad para tomar ese tipo de decisiones - repitió Ayame. A mi lado, Inuyasha se tensó mientras, yo, mentalmente me preparaba para iniciar la lucha contra las defensas de una horda de diáfanos asesinos.
- Pero está en lo correcto, sin embargo - terminó Ayame. Tomo todo de mí no dejar escapar un fuerte grito de alivio. Algo de la tensión de Inuyasha en mis emociones disminuyó también, aunque su postura no se soltó ni una fracción.
- ¡Nos convertirán en esclavos! - uno de los Oni gritó con amargura, a un coro de sonidos sombríos de acuerdo.
- No, no lo harán - dijo Midoriko, logrando sonar tanto estridente y reconfortante al mismo tiempo.
- La paz no quiere decir que los yokais siempre reinarán sobre nosotros. No son lo suficientemente fuertes para hacerlo. Mientras yo viva, la nación oni será siempre un igual a los yokais en fuerza. - No vi a Midoriko mover los dedos, pero sentí la presión de poder en el aire justo antes de que los Remnants aparecieran detrás de ella, viéndose como una versión transparente del ejército del infierno.
Sus números eran impresionantes, su energía moviéndose por encima de mí como olas de hielo a lo largo de mi piel. Mis heridas de bala hacían tiempo que habían cerrado, por lo que una parte de mí gritaba que tenía que derramar mi propia sangre, ahora, si tenía alguna esperanza de mantenerlos lejos. Pero Midoriko no envió a los Remnants contra nadie. Los tenía detrás de ella en su lugar, construyendo una pared que se elevaba más alto que los árboles y se amplió para llegar al otro lado del cementerio, fácilmente cinco veces el número que había levantado con Sesshomaru. Si se trataba de un concurso de medir pollas, me encontré pensando aturdida, entonces yo era Pee Wee y ella era John Holmes.
- ¡Salve nuestra reina! - uno de los Oni gritó, haciéndose eco casi de inmediato por otro grito de "¡Salve!". Más Oni repitieron el saludo, hasta que todos ellos prácticamente temblaban con sus gritos de lealtad.
Midoriko inclinó la cabeza en agradecimiento, y luego la pared de Remnants se desplomó y desapareció en la tierra. Esta vez, vi el movimiento de su dedo que precedió al derrame de su sangre, necesaria para enviar las apariciones letales de vuelta a sus tumbas.
Dejé de mirar a Midoriko para echar un vistazo a Inuyasha. Él negó con la cabeza de una manera cínica que reflejaba mis propios pensamientos. Al deshacernos de Goryomaru y sus secuaces, habíamos despejado el camino para Midoriko para abrirse paso como reina no sólo de New Orleans, sino de la nación ONI entera, a juzgar por esta reacción. Si hubiera acabado con Goryomaru ella misma, de hecho podría haber debilitado su especie a través de la guerra civil mientras los seguidores de él lucharan contra los de ella. Pero con él fuera, ahora era su fiel salvadora y protectora.
Salve, mi culo
Encontré su mirada de avellana, notando la satisfacción en sus ojos, antes de tocar el lado de mi boca en una alerta silenciosa. Midoriko podría ser la reina de los devoradores de carne ahora, pero ella y yo compartíamos un secreto que podría acabarla. Su gente no estaría ovacionándola con tanta adoración si supieran que había compartido su poder con un yokai, dándome las herramientas necesarias para reducir a Goryomaru. Y si trataba de utilizar su nueva posición como un trampolín para una guerra contra el mundo de los yokais, pronto se encontraría luchando fantasma por fantasma contra cada espectro que yo pudiera convocar utilizando sus habilidades prestadas y la ayuda de mi amigo Fabián.
Pero cuando Midoriko inclinó la cabeza hacia mí de una manera cortés, no antagónica, sentí una punzada de esperanza. Midoriko era muchas cosas, pero apresurada y estúpida no estaban entre ellas, por lo que debería saber todo esto. Con los increíbles poderes que muchos yokais Maestros tenían, además de lo que había absorbido de Midoriko y lo que sabía ahora acerca de los fantasmas y el papel fundamental que podían desempeñar en la batalla, las dos especies estaban bastante parejas de nuevo, incluso con las capacidades de Midoriko.
La balanza se había inclinado cuando la muerte de Onigumo dejo la fidelidad de Midoriko sólo con los Oni, pero tal vez el equilibrio era lo que pretendía todo el tiempo cuando me obligó a beber su sangre, en la única forma de una amenaza que nunca podría rechazar: la vida de Inuyasha. Sólo podía esperar que esa noche equilibrara la balanza esperando que la paz hubiese sido su plan... y estar preparados en caso de que no lo fuera. Incliné mi cabeza hacia ella en la misma forma respetuosa, pero aun manteniendo el dedo cerca de mi boca. Una leve sonrisa arrugó su cara antes de que se diera la vuelta. Nuestros mensajes habían sido enviados y recibidos.
- Vengan - dijo Midoriko a los Oni sobrevivientes.
- Vamos a salir juntos. No tienen nada que temer de ellos. Estamos en paz ahora. - Como uno, los Oni comenzaron a seguir Midoriko, cuando se volvió para salir del cementerio por el mismo camino por el que había entrado.
Me pregunté si recogieron la nota de advertencia en su voz suave cuando dijo que estábamos en paz. Yo si lo había hecho, y una vez más sentí una punzada de esperanza. Si alguno de ellos iba tras de nosotros sin el conocimiento de Midoriko para iniciar algo con los yokais de nuevo, encontraría que la ira de la reina del vudú era tan espantosa como lo que yo o cualquier otro yokai les haría.
- Ella no utilizó ningún hechizo - murmuró Ayame en sorpresa. Le di una breve mirada, hastiada.
- Eso es porque ella no practica la magia negra, ella es la magia negra - dije, repitiendo las palabras de Midoriko de ese día.
- ¿Podemos confiar en ella? - Ayame preguntó a Inuno, tan bajo que apenas podía oírla. Inuno lanzó una mirada pensativa hacia donde Midoriko había salido del cementerio antes de otorgar una sola mirada en mi dirección.
- Podemos confiar en que no será insensata - respondió Inuno al fin.
- Más allá de eso, tendremos que ver. - Miré a la dirección en la que la reina del vudú había desaparecido con mi propio encogimiento de hombros. El tiempo revelaría los verdaderos motivos de Midoriko. Hasta entonces, tendríamos que recoger los pedazos y seguir adelante.
Hablando de pedazos. . .
Eché un vistazo alrededor de los restos de la batalla. Miembros marchitos, cuerpos y sangre ensombreciendo el suelo en varias manchas oscuras. Qué desastre. Tendríamos que quemar la mayor parte del área donde la batalla se llevó a cabo, tanto como para ocultar las pruebas de sangre no-muerta y sólo en caso de que algo de la sangre de Sango se hubiese derramado. Llamaría a Tate y le haría mantener los policías locales lejos una vez que comenzara el fuego. Todavía se sentía extraño saber que sería Tate con quien estaría hablando para contener la escena, en lugar de escuchar la voz de Don al otro lado de la línea cuando llamara por los detalles.
Incluso con sólo pensar en mi tío parecía evocar su imagen por el rabillo de mi ojo, usando un traje y una corbata, el cabello gris peinado impecablemente, tirando de su ceja, como lo hacía cuando estaba molesto o reflexivo. Varias veces durante los últimos diez días, un espejismo de mi tío aparecía en mi visión periférica para desaparecer tan pronto como me daba la vuelta. El duelo hacía cosas raras a la gente, supongo, pero no me volví todavía. Tenía balas que extraer de mi cuerpo y un montón de otras cosas desagradables que hacer, pero sólo por unos momentos, quería fingir que Don estaba conmigo.
- Por las malditas bolas de Lucifer, no lo creo - susurró Inuyasha. Me volví entonces. Como era de esperar, la imagen de mi tío desapareció, pero me sorprendí al ver a Inuyasha mirando al mismo lugar detrás de mí, su boca abierta como… Como si hubiera visto un fantasma.
- No - soplé. Inuyasha se encontró con mi mirada, y un vistazo a sus ojos me dijo todo.
- Hijo de puta - susurré, mis emociones girando más rápido que una licuadora fijada en alta velocidad, la incredulidad dando paso a la comprensión. Entonces me dirigí hacia la zona donde Inuyasha había estado mirando.
- ¡Donald Bartholomew Williams! ¡Trae tu culo de vuelta aquí ahora mismo! - llamé en voz alta.
Fin
