Una vida normal
Trunks continuó durmiendo durante todo el viaje, así que volvieron en silencio, pero no le resultó incómodo. Subió a la habitación del pequeño, situada justo al lado de la suya, y lo cambio. Estaba tan reventado de cansancio que se dejó hacer todo sin protestar. Cuando acabó, continuó durmiendo. Se lo miró y, maravillada por ese aspecto angelical que siempre hacía cuando dormía, le dio un beso de buenas noches en la frente.
No sabía si Vegeta se habría ido a dormir. No era del tipo que se espera para despedirse y él mismo lo había dicho, había ido porque le apetecía pero no como pareja ni nada por el estilo. Así que decidió ir a ducharse directamente. Después se tomaría un vaso de leche antes de irse a la cama. Lo necesitaría para poder dormir. Esta noche él la había desconcertado del todo. No sabía que hacer de todo aquello. Ya no era solo atracción física. Siempre había tenido curiosidad por saber más de él y de su planeta. Creía que de esta manera también podría entender mejor a su mejor amigo. Pero eran como la noche y el día. Y la mayoría de cosas que había aprendido de él eran gracias a su padre.
Aquella noche había descubierto un Vegeta realmente fascinante. Cuando estaban hablando con los demás, en la mesa, se los podía imaginar a ambos teniendo este tipo de conversaciones y discusiones en casa. Poder compartir aquellas inquietudes y problemas, que a la mayoría de sus amigos les sonaban a chino. Y aquellas miradas que le dedicaba... ¡Por el amor de Kami! ¿A qué estaba jugando? Si, como decía siempre, no tenía ningún interés en ella ¿Por qué le hacía eso? ¡Y delante de todo el mundo! ¡Delante de sus padres! Suerte de ellos... hubo momentos en que se olvidó del resto del mundo... e incluso de su propio hijo, hechizada como estaba con esta nueva faceta.
Durante su discurso miró a todo el mundo menos a él. Sabía que si le miraba y veía aquella intensidad, comenzaría hablar como una boba. Le dio las gracias, eso sí, pues sin él, llevando los aparatos al límite, no hubiera logrado avanzar tanto en su otro proyecto. Además, por la forma en que estuvo hablando con el resto de los invitados, estaba segura de que nadie dudaría que había tomado parte en la planificación. Sabía que para él no sería gran cosa, pero ella necesitaba hacerlo. Sí que en ocasiones era un cabezón y había llegado a arriesgar demasiado, muchas veces, poniendo a todos en peligro, sin ninguna necesidad, tan solo para ponerse a prueba a él mismo. Pero no era menos cierto que sin él, ninguno de ellos estaría vivo en realidad. Para comenzar Trunks no habría matado a Freezer y puede que nadie hubiera reparado en resucitar a Goku.
Y para acabar de colmar el vaso ¿Va y la saca a bailar? Puede que ¿Aquellos tres días que había desaparecido sin decir nada, hubiera tenido un accidente y se hubiera trastocado? Todavía podía notar el calor de su cuerpo bajo la chaqueta de seda negro obsidiana de su esmoquin. Y sus manos... la sorprendió la suavidad, de la que le tomaba la suya. Quizás era el hecho de llevar puestos casi siempre los guantes. Pero siempre se las había imaginado toscas. Las de Yamcha en comparación eran como papel de lija. Siempre las había encontrado muy masculinas por este motivo pero se dio cuenta de que prefería mucho más este nuevo tacto. Era inevitable imaginarlas recorriendo su cuerpo sin resultar en ningún momento rasposas. Y la otra, la forma en que dirigía sus movimientos durante el baile, la había hecho sentir como una pluma llevada por la brisa pero con decisión. Tampoco sabía si eran imaginaciones o no, pero también le pareció percibir que desprendía un olor particular. Puede que hubiera bebido demasiado y que imaginara cosas donde no las había. Mañana se levantaría y allí volvería a encontrar aquella odiosa indiferencia.
Se puso su albornoz, tras escurrir bien su cabello, y bajó a la cocina. Apoyado en el fregadero, en la oscuridad, lo vio iluminado por alguna luz de la calle. Él también se había ido a duchar pero solo llevaba una toalla en la cintura y parecía abstraído, con la mirada perdida. Estuvo tentada de dar media vuelta y de volver por donde había bajado ¡Qué tontería! ¿Ahora se iba a esconder cada vez que se lo encontrara? ¡Era su casa! ¡Su cocina y su nevera! ¡Y si quería tomarse un vaso de leche, pues se lo tomaría! ¡Claro que sí! Ella era Bulma Briefs y de peores situaciones mucho peores se había salvado.
Continuará...
