Una vida normal

Era irónico y rio asustándola, pues dio un salto y le calló la botella de leche por el suelo. Había estado tan distraído pensando en ella que no la había ni visto entrar hasta que la luz de la nevera se encendió. Como a él, tampoco le gustaba encender las luces si se veía lo suficiente. Recogió lo que quedaba, para servirse un vaso, y con el mando avisó al robot de limpieza.

- Es tan raro escucharte reír que me has asustado -Se apoyó en el mueble de su lado-. Aunque hoy lo has hecho bastante... -Lo miró por encima del vaso.

- ¡Hump! -Ya había hablado bastante durante la noche. La hembra desprendía muy buen aroma. Aroma de jabones mezclados con sus olores propios. Cada parte del cuerpo olía diferente y desde donde se encontraba podía olerlas todas. La de su boca con el dentífrico de menta, la de su cuello era una mezcla de sangre y piel humana, la de sus cabellos con champú de flores, las axilas también... debía estar nerviosa porque generalmente tardaba más en aparecer y, la de su sexo, bastante más intensa, personal e irresistible.

- Esto, escucha... ya sé que has venido porque querías y todo eso... -Al mirarla notó como dos de los aromas se intensificaban y lo emborrachaban-. Pero... hacía tiempo que... -Ella lo miró también aclarándose la garganta-. Me alegra que... ya sabes, que me hayas acompañado y quería darte las gracias porque me lo he pasado muy bien -dijo de carrerilla, girándose hacia él, para dejar el vaso en el fregadero detrás de él.

Quería tocarla pero no sabía por donde empezar. Con las otras hembras había sido siempre más fácil, principalmente porque a la mayoría no las volvería a tratar nunca más. Pero con esta era diferente porque convivía de cierta forma. Si hacía algo mal las consecuencias continuarían allí al día siguiente. Ya la cagó una vez y ahora tenían un hijo. Eso lo acabó de decidir y se inclinó un poco, de forma que, cuando ella volvió a girar hacía adelante, sus narices casi se tocaban. Habían tenido un hijo y no había pasado nada. Él había podido continuar entrenando, luchando, yendo y viniendo sin dar explicaciones. Él tampoco se las pedía a ella, así que suponía que también le parecía bien por su parte. Cuando ella lo miró a los labios y el olor de su sexo se sobrepuso a lo demás, la besó suavemente, tanteando hasta que ella le correspondió.

En un momento dado, notó sus pequeñas y delicadas manos, subiéndole desde la cintura, pasando perezosamente por el torso hasta rodearle el cuello. Él la sujetó por la cintura y, sin ningún esfuerzo, la subió encima del mueble de al lado, colocándose entre sus piernas, mientras buscaba el nudo del albornoz y abandonaba su boca para bajar por el cuello. La mujer dejó escapar un gemido que lo acabó de endurecer. No recordaba que en las otras ocasiones hubiera sido tan agradable ni que le afectaran los sonidos que hiciera la hembra.

Recordaba, eso sí, que habían sido actos más mecánicos, rápidos e impulsivos, donde cada uno solo se preocupaba de obtener su propio placer, sin preocuparse del placer del otro. Pero, ahora, no entendía el porqué, no tenía prisa. Quizás fuera porque no tenían hora de despegue, ni ninguna amenaza inminente, ni nadie que controlara con quien se relacionaba por si lo podía utilizar en su contra. Tenía ganas de experimentar, de investigar las sensaciones que podría provocarle, de observar mientras se fundieran, de saber qué sabor tenía cada parte...

Liberado el cinturón, separó la ropa para descubrir los pechos que, en otras ocasiones, había podido imaginar pero no contemplar. Maravillado, los acarició suavemente y le parecieron perfectos. La inclinó un poco hacia atrás para poder llegar a ellos con su boca, paseando su lengua de un endurecido pezón al otro mientras, ella, aún se estiraba más hacia atrás, suspirando y diciendo su nombre. Al escucharlo, retornó a su boca y acercó la mujer, por la cintura, para que pudiera notarlo a través de la toalla, que aún aguantaba. Su olor se intensificó todavía más y esta vez el que gimió fue él mientras intentaba quitar la tela de en medio.

- ¡Espera! -Se separó ella sin dejarlo ir-. ¡Aquí no! Mejor vamos a tu habitación...

Continuará...