Una vida normal
Hacia las seis de la mañana se levantó, como siempre, y con cuidado de no despertar a la otra persona, salió de la habitación. Había sido una noche bastante intensa pero diferente a la idea que se había hecho. Tenía mucha hambre y vació uno de los contenedores de la nevera. Después preparó tres boles de papilla para Trunks y los subió en una bandeja. Su hijo no tardaría demasiado en despertar. Dejó la habitación del pequeño y pasó por la suya, para ponerse ropa de ir por casa. Más tarde ya se ducharía, lo necesitaba.
Trunks se despertó contento y con mucha hambre. Había empezado a querer comer él solo. Vegeta no lo consentía como el resto de la casa. En solo una semana estaba notando muchos cambios que nunca hubiera imaginado. Sabía que a los dos años, los sayaijin ya se habían de buscar la vida, tanto si era en su planeta o en las misiones de rechazo, como la que trajo a Goku. Tenía sentimientos encontrados. Por una parte se alegraba de que su hijo pudiera ser tan autosuficiente. Por la otra, era como si le estuvieran quitando, robando, esta parte del lazo de dependencia entre madre e hijo, en la infancia.
Pero no le quedaba más remedio que acostumbrarse. Trunks no sería nunca del todo como ella. Se consoló pensando que tampoco sería nunca del todo como su padre. El pequeño seguía buscando su aprobación, leía las emociones de los demás y daba señales de tenerlas en cuenta, incluso siendo tan pequeño. Siempre intentaba hacerla reír si la veía demasiado seria.
- ¿Trunks se portó bien ayer? ¿Mamá, estás contenta? -le preguntó de lado.
- Sí, sí que te portaste muy bien -Le sonrió con ternura-. Y mamá está contenta también.
- Mamá no parece contenta, parece preocupada -replicó.
- ¡Oh! cariño, mamá no está preocupada, mamá está... cansada, un poco cansada -Le acarició la mejilla-. No te preocupes por mamá ¿Quieres? Estoy bien -Trunks cerró un poco los ojos, serio, recordándole a los de su padre, si no fuera por el color ¿Qué pasaría ahora? ¿Debería pasar algo? Solo había sido la diversión de una noche ¿No? Para quitarse un poco de tensión... demasiado tiempo sin sexo no era bueno para nadie. Al menos no para ella. Podía vivir sin ello, claro. Pero era innegable que le venía bien tenerlo, para librarse del estrés del día a día.
Iba a quedarse un rato jugando con el pequeño, cuando escuchó ruidos en el pasillo. Era Vegeta que ya se había duchado y cambiado, para irse a entrenar un rato, antes de empezar el entrenamiento habitual con el pequeño. Bulma no estaba del todo cómoda y sacó la cabeza por la puerta.
- ¡Vegeta! ¿Te puedes quedar con Trunks? Mis padres todavía no han vuelto y necesito una ducha -Esperaba que le pusiera alguna excusa o la enviara a tomar viento, como tantas otras veces había hecho en el pasado.
- ¡Hump! -Entró pasando por su lado, sin mirarla, pero no se sentó en el suelo con su hijo-. ¡Venga! ¡Vamos! ¡Hoy haremos el entrenamiento antes! -Al salir se giró para hablarle-. Estaremos unas tres horas. Después ven a recogerlo o que vengan tus padres. Tanto da -Y se volvió a girar, para irse con el pequeño detrás.
- ¡Coge más agua si vais a estar tanto rato! -Era una hora y media más de la que normalmente pasaban juntos por la mañana- ¡Y pañales, por si acaso!
Él no la contestó. Simplemente levantó la mano mientras bajaba las escaleras, dándole a entender que ya la había escuchado y que haría lo que conviniera ¿Eso era buena señal, no? Pensó ella. Estaban bien. Lo que había pasado no cambiaba nada. Entonces ¿Por qué no se acababa de sentir tranquila?¿Por qué el sexo no la había afectado, relajándola, como cuando lo había hecho otras veces con Yamcha?
Continuará...
