Una vida normal
Cuando se dio cuenta de que él estaba en el laboratorio, fue como ver un regalo caído del cielo. No era consciente de cuanto había añorado a su amigo. Estas dos últimas semanas le habían resultado horribles. Lo estaba pasando fatal. Tanto que, aunque estaba trabajando en otros proyectos de la empresa de su padre, había decidido empezar a trabajar en uno nuevo, que hacía tiempo que le rondaba por la cabeza. Pensaba que de esta forma no tendría tiempo para darle vueltas y lo llevaría mejor.
La cosa funcionó a medias. No tenía tiempo para nada más, pero eso también había comportado aislarse del resto de sus amigos. Con él no era normal pasar tanto tiempo sin hablar.
Él había sido un gran apoyo todos estos años. Habían compartido muchas cosas juntos. A pesar de la ruptura, siempre tendría un lugar en su corazón... y de vez en cuando en su cama. Al fin y al cabo, ninguno de los dos estaba comprometido con nadie. De hecho, sin la relación de noviazgo, les iba mucho mejor. Ella se sentía más libre. Podía hablarle tranquilamente de cualquier tema, porque ya no tenía que afectar a su relación. Y el sexo, ya no traía complicaciones. No volvería nunca con él, lo tenía muy claro. Ya sabía cómo era como pareja y lo prefería de amigo. Como pareja no funcionarían nunca. Con diez años juntos, había más que suficiente, para saber que aquello era así y que, por mucho que maduraran ambos, cada uno era como era.
Ella siempre se hacía la fuerte y decía que no necesitaba a nadie. Lo cierto era que, muchas veces, había pensado cuán diferentes hubieran sido estos casi tres años, desde que Vegeta se fue, sin nadie de su edad que la acompañara durante todo el embarazo, y durante todos los meses posteriores, con un bebé que la dejaba exhausta.
Trunks era muy bueno, pero el hecho de no ser del todo humano fue palpable desde el primer día. Los pechos no le daban bastante, no dejaba nunca de tener hambre y en consecuencia, de manchar pañales. Casi no dormía. Al segundo día ya hubo que darle un biberón y medio gigante, cada dos horas y media, día y noche. Hacía turnos con sus padres ¡Suerte de ellos! Yamcha también venía a verla tres días a la semana, para distraerla y hacer turnos para que descansara.
Aproximadamente cuando Trunks hizo el año llevaba tiempo comiendo papillas también, empezó a distanciar su demanda, aunque concentraba las cantidades igualmente, de hecho, todavía comía más. Entonces pudo empezar a salir a ratos. Para desconectar de tanta maternidad. No entendía como Milk no se había vuelto loca con Son Gohan. De acuerdo que ella había tenido a Goku a su lado, pero... para comenzar, si no entendía como ella misma había tenido a Trunks, aún menos como Milk había conseguido que Goku le hiciera un hijo... A ver si eso de no recordar nada al... No, no era eso. Ella se acordaba perfectamente de aquella noche de hacía dos semanas ¡Como para olvidarla! Ese era su principal problema. Que no podía dejar de pensar en ella.
Así que sí, tener aquí a Yamcha era perfecto. Cuando Trunks ya había hecho los quince meses y Vegeta aún no había regresado, empezaron a volver a tener sexo casual. Pero ella le había dejado claro que no quería nada más. Su vida ya era bastante complicada.
Su padre le había recordado que el tiempo en el espacio pasaba de forma diferente que en el planeta, por un conjunto de factores, entre la gravedad de cada astro y la propulsión entre planos espaciales de espacio-tiempo, que les permitían recorrer grandes distancias con atajos, y superar el problema de la limitación de la velocidad de la luz. Resumiendo, que para Vegeta pasaría solo un año en la nave, pero para ellos podría pasar desde un año a varios. Ella había confiado que llegaría a tiempo para luchar contra los androides.
Yamcha la invitó a comer y sin dudarlo aceptó. Dejaron a Trunks con sus padres, que la miraron extrañados y salieron hacia el restaurante. A medio camino, ella le pidió coger alguna cosa de comer para llevar e ir, mejor, a su apartamento. No habían acabado de cruzar la puerta que ella se le tiró encima. Quería acabar con este sin vivir de una vez por todas. Nadie había de ser tan bueno en la cama como para tener que dejarla en aquel estado. Él comenzó a subirle el vestido, contra el mueble del recibidor, donde ella se sentó, y le pidió que la comiera. No tuvo que repetírselo dos veces. Tenía una lengua fantástica y enseguida la hizo llegar al orgasmo. Entonces lo vio revolviendo uno de los cajones, mientras ella lo tomaba para llevarlo a su interior.
- ¡No! ¡Espera! -La frenó él, sin dejar de revisar el cajón.
- ¿Qué pasa? ¿Qué haces? -lo interrogó sin dejar de besarlo. Todavía estaba muy cachonda, necesitándolo dentro.
- Estoy buscando un preservativo, pero no lo encuentro...
- ¿Cómo? -Fue como un cubo de agua fría. Preservativo. Preservativo ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Aquello la dejó helada de golpe. Tenía que salir de allí inmediatamente. Le sabía mal por Yamcha, pero ahora, no podía complicar las cosas, aún más, si es que se podía ¡El preservativo!
Saltó del mueble poniéndose bien el vestido, cogiendo su bolso. Le dio un último beso apresurado en los labios- Perdona. Me he de marchar. Había olvidado una cosa. Ya te llamaré y te explicaré -Y lo dejó allí pasmado, con la vaina izada y cara de bobo.
Entró en casa corriendo, casi sin saludar a sus padres, y subió a su habitación directamente. Revolvió los cajones buscando uno de los paquetes que le habían quedado. No estaba caducada. En una semana podría utilizarla ¡Cómo podía haber sido tan estúpida!, se repitió internamente. Se quitó la ropa y dejó que el agua de la ducha la intentara relajar. Fue inútil. Hizo cuentas. Las piernas le empezaron a temblar hasta que calló arrodillada bajo la lluvia, llorando como una idiota. Llevaba una semana de retraso y ella solía ser como un reloj. No podía estar pasando aquello. Otra vez no. No podía volver a quedar embarazada de Vegeta.
Continuará...
