Una vida normal
Cuando Vegeta entró en la habitación la encontró dormida, en albornoz. El agotamiento emocional del disgusto la había dejado sin fuerzas. Las había intentado recuperar mirando las fotografías de la evolución de su anterior embarazo, las posteriores al nacimiento y de los primeros meses de Trunks. Tenía el pelo casi seco y en su mano una imagen de ella con el bebé recién nacido entre sus brazos. En la imagen se la veía aún más demacrada que en aquel momento pero con una mirada llena de ternura y adoración, casi infinita, hacia el pequeño que mamaba aún en su primer día.
Los últimos meses había tenido que recurrir a sedantes casi a diario, a pesar de las contradicciones de los médicos, contra el insoportable dolor. Sorprendentemente no le detectaron ningún tipo de daño físico interior pero sí hallaron un tipo casi desconocido de hormonas en su cuerpo. Pruebas posteriores que realizó un viejo colega, especializado en genética y en bioquímica molecular, arrojaron resultados sorprendentes sobre estas. Estas hormonas aceleraban la recuperación de hematomas e incluso fisuras, a una velocidad proporcional a la gravedad del daño.
Su amigo le comentó que solo había visto una cosa así hacía unos años en otra mujer, a la que no habían vuelto a ver y que también había dado a luz en la misma clínica. Bulma dedujo acertadamente que aquella mujer debía tratarse de la mismísima Milk.
Pero aunque en estos momentos no cambiaría a Trunks por nada del mundo, aún recordaba el pánico que más de una ocasión había sentido, en los últimos meses, por el dolor desgarrador en cada patadita y, volver a pasar por aquello, por más que ahora supiera que su cuerpo se protegía en el proceso con esas hormonas, era algo que aún la aterraba repetir. Ni siquiera le importaba el hecho de estar o no acompañada con uno o cincuenta padres, de este o cualquier planeta, si el bebé iba a ser medio saijajin.
Bulma había buscado las fotos para intentar tomar perspectiva, pero solo le habían servido para recordar lo peor, excepto en esa primera fotografía de Trunks mamando en su pecho, su preferida. Y tomó una decisión. Si en una semana descubría que estaba embarazada del alien, abortaría si decir nada, ni a él ni a nadie más. Era su cuerpo y su vida y no estaba dispuesta a que alguien decidiera por ella o intentara convencerla, cuando nadie más que Milk podría tener ni la más mínima idea de lo que podría suponer para ella.
No pretendía ser perfecta ni tenía porque serlo. Sí, había sido una irresponsable por no haber pensado en una noche de calentura, pero estaba acostumbrara a que fuera Yamcha quien se encargara de los preservativos y como una medida adicional a los anticonceptivos que ya tomaba... exactamente como también los había estado tomando cuando se quedó, la primera vez, de Vegeta. Y además, Yamcha jamás había logrado hacerle perder la cabeza como lo había hecho el otro. Solo un pequeño detalle se le escapaba y era la capacidad de Vegeta de poder reconocer, ahora, si estaba embarazada o no.
Continuará...
