Una vida normal

Ya llevaba un buen rato trabajando en el proyecto que le había solicitado el viejo. Había sido una buena decisión. Se sentía a gusto trabajando con aquel hombre. Le relajaba. Nunca había pretendido darle órdenes ni aleccionarlo ni hacerlo sentir como un inútil. No era como que se lo hubiese permitido si lo hubiera intentado hacer, pero sí que había sido una constante en gran parte de su vida.

Aún y siendo un príncipe y el heredero de una de las especies más temidas en el universo, incluso los subordinados de Freezer más insignificantes, se habían atrevido a hacerlo, pues cada vez que había matado a quien intentaba humillarlo, el castigo era ejemplar y lo dejaba varios días fuera de combate. Hasta llegó al punto que se convenció de que no merecía la pena. Por eso, en Namec, aprovecho para saldar unas cuantas cuentas pendientes.

Pero el viejo no era así. Aquel hombre era realmente inteligente y no trataba a nadie peor por ese motivo. Él siempre había sabido que las burlas tan solo era una de las muchas tácticas de Freezer, para tratar de desmoralizarlo y de tener cualquier excusa para castigarlo, lo suficiente como para retrasar su progreso y evolución. Freezer siempre había temido a su especie y tenía razón de hacerlo. En su planeta, Vegetasei, habían llegado a tener tecnología muy avanzada. Sí que una parte se la habían robado a los Tsufur pero ellos también habían continuado desarrollando y era una formación que también recibía la élite. La fuerza sin cabeza no llevaba a ningún sitio, por eso él siempre trataba de ser lo más frío posible, intentando no actuar en caliente. En caliente siempre se acababan tomando malas decisiones.

Este hombre le hacía volver a sentir, en cierta forma, en paz con él mismo, con lo que quería hacer realmente. No quería ser tan solo un saco de músculos, quería poder utilizar todo su potencial y eso incluía su intelecto y el resto de sus capacidades, también. Cuando empezó a vivir en este planeta, aún llevaba la inercia de los años de sumisión a Freezer. De ir de matón como método de autodefensa. Pero esta familia, aun y estar medio chiflados, cada uno a su manera, poco a poco le estaban devolviendo las ganas de relajarse, de dejar de mirar tras su espalda esperando el golpe de traición y de querer mirar hacia adelante para explorar las posibilidades.

Así que cuando el Dr. Briefs le llamó "Hijo mío", como para quien es la cosa más natural del mundo y como si realmente formara parte de aquella familia, por un momento no supo como reaccionar. Observó y olió al hombre, esperando distinguir cualquier traza de subterfugio o motivo oculto, pero no supo detectar ninguno y decidió hacer como le pedía el hombre e ir a buscar a la hija. Parecía que al final, quizás sí, que tenía razón de preocuparse por la mujer, si incluso su padre se había extrañado. Ella todavía estaba en su habitación pero ya no percibía alteraciones en su ki.

Entró y se la encontró dormida y duchada. Él no había visto todas aquellas fotografías que mostraban todo el tiempo que había estado entrenando en el espacio. La hembra había llegado a tener una barriga considerable en casi la mayoría. Aquel payaso salía también en muchas de ellas. Iba a despertarla cuando se fijó en la que tenía en la mano. En ella, su hijo se veía enganchado a uno de los pechos de la hembra que le habían crecido bastante... y después le habían vuelto a su medida normal porque lo las recordaba tan grandes la noche de los premios. Ella miraba al pequeño con una expresión que no había visto casi nunca en su vida, pero por un momento el recuerdo de una mujer bajita, morena y de constitución fuerte, diciendo su propio nombre, le vino a la cabeza. I después la imagen de aquella misma mujer, llena de sangre y sin vida en una de las pantallas de los Cooler. En la fotografía, enroscada en el brazo de la hembra, se apreciaba una cola del mismo color que el cabello del mocoso.

- ¡Despierta! -No tenía el sueño demasiado fuerte y reaccionó a la primera-. Tu padre hace rato que te espera en el laboratorio. Está todo a punto para empezar los ensayos.

- ¿Qué? ¿Qué ensayos? ¿Qué haces aquí?

- Los del AZ4 -respondió como si fuera lo más natural su familiaridad con uno de sus proyectos-. Tu padre y yo hemos terminado la corrección de la desviación y ya podemos realizar las pruebas.

La hembra recogió rápidamente las fotografías, dejándolas en el cajón de una de las mesitas y tomó varias piezas de ropa para vestirse- ¿Qué quieres decir con eso de mi padre y tú? -preguntó mientras desaparecía en el baño para tener un poco de intimidad.

- El viejo me ha pedido de ayudarlo y pensé que estaría bien -contestó indiferente, cruzándose de brazos para esperarla y haciendo un repaso visual a la habitación de ella. Casi nunca entraba. Estaba llena de fotografías, colgadas en las paredes, de toda la pandilla que conocía y de otros que no. En varias se veía a ella, todavía adolescente, cargada de armas o diferentes aparatos y apoyada en aquel inútil de Kakaroto de pequeño o con el cabeza pelada, que no había crecido mucho. Se les veía felices y generalmente tenían alguna construcción destruida detrás, que aún humeaba, o un montón de bolas de dragón y el cuerpo lleno de heridas. Ella, solía ser la que menos malherida se veía. Aun así se notaba que había estado implicada en lo que fuera que hubieran estado haciendo. Tampoco era de extrañar. Bien que había tenido la osadía de querer ver a Freezer, a los androides y de incluso ir a Namec.

Encima de una cómoda, cerca del baño, le llamó la atención una cajita. La tomó para leerla ¿Para qué quería aquello la hembra? ¿Quería volver a quedarse preñada?¿Era por eso que también había tenido sexo con el bueno para nada? ¿Por qué no se había quedado embarazada del inútil antes, entonces? Había especies que no se reproducían nunca con el mismo macho. De esta forma aumentaban la diversidad genética. Le había parecido que en este planeta no era la norma. Pero vete tú a saber. De todas formas, si este era su objetivo ¿Por qué no había acabado de copular con el otro? Ella salió vestida y al encontrarlo con la cajita en la mano se quedó paralizada- ¿Qué haces revolviendo mis cosas?

- No las estaba revolviendo en absoluto. Esto estaba aquí encima y me aburría esperando -Se defendió- ¿Te quieres volver a embarazar? -Le salió tal cual.

- ¿Eh? ¡Nooo! ¿Qué dices? Además, no es asunto tuyo, pero en todo caso sería todo lo contrario -Guardó la cajita en su cajón- No me arrepiento de Trunks, pero no... no puedo volver a pasar por lo mismo ¡Tú no tienes ni idea de lo que fue! Vosotros, os vais a entrenar o a hacer vuestras mierdas y las que hemos de cargar con las consecuencias somos las mujeres -Le contestó enojada.

- ¿Ya estás? -No tenía nada que contestarle. La hembra tenía razón, pero él tampoco lo había escogido. Nunca se había preocupado por las consecuencias porque Freezer, en teoría, se había encargado de que no hubiera posibilidad de preocuparse por ellas durante toda su vida- ¡Venga!¡Vamos!¡Tu padre nos espera! -Salió delante de ella hacia el laboratorio.

Continuará...