Una vida normal

Había sido una buena semana. El penoso aquel la había llamado por la noche para ver como estaba la hembra. Se ve que algo no había ido bien en su escarceo sexual del mediodía. Ella le dijo que era mejor que no se volvieran a ver en una temporada. Que ya lo volvería a llamar ella más adelante. Esto ya le arregló media semana. No tener que ver aquel idiota por allá lo alegraba bastante.

Después, durante la semana, había conseguido hacer llegar a Trunks hasta los 75G de resistencia. También iba ampliando su vocabulario a la par que aumentaba con el de los terrícolas. Los viejos y la hembra por fin habían cejado en continuar poniéndole los atrapa-mierdas. Más bien, su hijo empezaba a demostrar un mínimo de orgullo y se los sacaba así que podía. Más de una vez se había reído por dentro al ver los cabreos del resto de ocupantes de la casa. Sí, aquel terremoto era un digno hijo suyo.

El trabajo en el laboratorio también iba bastante bien, tanto con el viejo como con la mujer. Paulatinamente, se daba cuenta de las similitudes entre padre e hija. Toda la desconfianza que siempre le había tenido, respecto a sus preguntas personales, empezaba a tomar otro sentido. Ella tampoco lo preguntaba para utilizarlo en contra de él. Era solo una persona muy inquieta y parecía fascinada por aprender cosas de su planeta. En una ocasión, mientras trabajaban juntos en una de las pruebas, le preguntó directamente por qué le interesaba su vida anterior.

- Siempre he tenido curiosidad. A menudo, damos las cosas como normales y después llegan otras personas que te hacen replanteártelo todo. Como cuando descubrí que Goku era extraterrestre y que existían tantas civilizaciones allá fuera -Miró soñadora hacia el techo-. ¡Es fascinante! -Se lo quedó mirando con aquellos océanos que tenía por ojos, como repasando cada rincón de su cara-. Bueno, supongo que para ti es una tontería pero para mí fue toda una revelación.

- El universo es inmenso. Sería absurdo pensar que solo hay vida en un solo planeta -contestó haciendo el mismo repaso en ella-. El principal problema radica en la tecnología que cada civilización es capaz de generar. La proximidad a otros, que también puedan crear similares tecnologías o superiores, y no ser un planeta con unas condiciones que interesen a otras especies, más depredadoras.

- Sí, supongo -concordó ella mirándole, por un momento, los labios para después girar la cabeza y romper con su mirada-. Por otro lado, creo que como madre de Trunks es interesante, para poder entenderlo mejor y si nunca te pasara nada... bien... poder decirle algo más que "tu padre era un alien" y cuatro cosas más -Se encogió de hombros riendo y se levantó para ir a comprobar los resultados de la prueba. Él se dio cuenta de que su risa era de las pocas que no le resultaban ofensivas sino refrescantes. No se reía de él sino de las circunstancias. Lo hacía sentir... diferente. Bien con él mismo.

El trato con el Dr. también era cada vez más ameno. Este le empezó a hablar de otros proyectos de la Capsule Corp. con la sugerencia de poder participar a cualquier de ellos. Le explicó que, por la seguridad de su nieto, podían regularizar su documentación. El hombre tenía unos cuántos contactos que la podían falsificar y entrar en el sistema. Parecía que con Kakaroto no había sido necesario porque se había encargado el hombre que lo recogió. Pero él había estado muy expuesto, con todas aquellas peleas televisadas de Célula que, gracias a la influencia y acciones de su empresa en medios de comunicación, habían podido hacer pasar como montajes. Estando regularizado podría constar como uno de los trabajadores más cualificados y ahorrarse muchas explicaciones, si nunca hacía falta.

La madre de la mujer también había dejado de comportarse de una forma tan estrambótica. Respecto a ella, todavía estaba un poco receloso. Aquella mujer sí que le escondía algo, pero no sacaba el intríngulis. Aun así, las comidas también eran uno de los ratos más agradables del día. Podía estar cerca de aquel aroma que lo estaba volviendo loco, sin peligro de hacer ninguna locura con sus padres de la hembra y su hijo delante, de forma similar a cuando trabajaban juntos en el laboratorio.

La tortura seguía aconteciendo por las noches. Su instinto no paraba de decirle que si desprendía aquella intensidad, ella también lo tenía que estar experimentando. Aquella mirada a sus labios... Tampoco quería que se pensara lo que no era. Que quería una relación o ninguna tontería de estas. Por otro lado, con la piltrafa también había tenido aquel encuentro sexual y, por lo que tenía entendido, no estaban en una relación. Esto también podía ser positivo. Quizás sí que estaría abierta en un acuerdo que los pudiera beneficiar a ambos. Al final de la semana se decidió. Llamó a su puerta cuando sabía que el resto ya se había ido a dormir.

- ¿Vegeta? -Llevaba una bata y una camisola de dormir y hacía cara de sueño- ¿Qué pasa? ¿Trunks está bien? -Sacó la cabeza mirando hacia la habitación del pequeño.

- Sí -La tranquilizó- No pasa nada. Quería hablar contigo.

- ¿Hablar conmigo? -No esperó a que le ofreciera entrar. Lo hizo y enseguida notó la molestia de ella por la libertad- Escucha ¿Sabes qué hora es? ¿Y quién te ha dicho que puedes pasar? -Aun así cerró la puerta y se lo miró con las manos en las caderas. Entonces se fijó que llevaba un tipo de palo en la mano.

- ¿Qué es eso en tu mano? ¿Una nueva arma? -Rio porque la encontraba bastante ridícula- Si alguien te quisiera atacar a esta hora, creo que poca cosa harías con ese palo.

Ella se lo quedó mirando extrañada y más incordiada todavía- No, no es ninguna arma ¿Quién me tendría que atacar en mi casa? ¿Te tendría que tener miedo ahora? -Lo desafió con la mirada-. Creo que, si pensabas matarme, has tardado un poco en tomar la decisión ¿No? ¿Qué quieres? -volvió a preguntar impaciente.

- ¡Claro que no quiero matarte! -Se defendió, no muy seguro de la necesidad de hacerlo. Que le importaba a él que ella todavía pudiera tener dudas-. ¿Entonces qué es esta cosa? -Olía a la orina de ella y aquello lo inquietaba... ¿Por qué querría pasearse ella con un palo meado por la habitación?- Huele a tu orina.

Ella se quedó blanca y se miró aquella cosa, como si hubiera olvidado algo. Sin contestarle cogió un papel doblado que tenía cerca y se lo leyó preocupada. Después de darle la vuelta y buscar por su extensión, se volvió a mirar el palo y se relajó al instante. Lo miró y tiró las dos cosas a una basura bajo el escritorio.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás muy extraña? ¿Qué era eso? -Volvió a interrogarla.

Se lo miró un momento, como si lo estudiara- Era una prueba de embarazo -Él levantó un ceja-. Porque aquella noche, cierta persona no tomó precauciones -Lo miró, como si lo acusara-. Por suerte, no lo estoy.

- Eso te lo podría haber dicho yo mismo.

- ¿Qué? ¿Puedes saber si estoy o no embarazada? -¿Por qué cada vez que abría la boca parecía más enfadada? Le confirmó con un gesto- Y ¿No te pareció de decírmelo la primera vez que me quedé? -Cada vez se ponía más irresistible. Si le decía que no a su propuesta ya se veía toda la noche tocando la zambomba.

- Porque entonces no sabía interpretar tus cambios de ki -confesó-. Cuando volví, até los cabos y todo tomó sentido. Pero antes no sabía si se trataba de alguna característica de las hembras tu especie.

- ¡Ah! -Se calmó un poco-. Y entonces ¿Qué querías? ¿Qué quieres? Si es algo del laboratorio, lo podemos hablar mañana, es muy tarde -Se ajustó la bata para taparse un poco y le dio la espalda, recogiendo una ropa que tenía tirada.

- No puedo dormir.

- ¿Qué no puedes dormir?

- Sí, eso he dicho. No puedo dormir.

- Y ¿Qué quieres? ¿Qué te cante una nana? -Se lo miró de arriba a abajo extrañada.

- Había pensado que quizás, podríamos repetir.

- ¿Repetir? -Era evidente que no entendía-. Repetir ¿El qué? Ya te he dicho que las pruebas las volveremos a hacer mañana. Estoy muy cansada y no corre prisa. Lee un libro, tómate una tila o, no sé, mira la tele... ¡Yo que sé! De verdad, Vegeta, estoy muy cansada y yo sí que puedo dormir. Estoy segura de que lo haré luego que me dejes meterme en mi cama.

La verdad era que la mujer no mentía. Su ki estaba flojo y encima no lo entendía nada de lo que le estaba diciendo él en absoluto. En aquel momento se sintió tan patético que se le pasaron las ganas de golpe- Tienes razón. Mejor mañana -Salió cerrando la puerta detrás de él. Había sido una buena semana, hasta entonces.

Continuará...