Disclaimer: Esta es una traducción/adaptación del fic original de Dragoon811, Mine. Los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling, el fic, a Dragoon811.

Mío.

Hermione se quitó la camiseta, y el cabello se le erizó por la estática. Arrojó la prenda a un lado y trató infructuosamente de alisarse los rizos. Cuando estos rehusaron aplacarse, la chica buscó una banda elástica en su bolso y se ató el cabello en una desordenada coleta. Acaba de terminar de acomodarlo cuando la puerta del compartimiento se movió.

Ella detuvo la apertura con una mano, mientras que la otra cubría la cicatriz del brazo. "¡Ocupado! Ehhh… ¡me estoy cambiando!"

"¡No hay problema!" Replicó una amigable voz del otro lado. "¡Encontraré otro lugar!"

Hermione solo pudo relajarse cuando escuchó que los pasos se alejaban. No podía creer que hubiera olvidado poner el seguro en la puerta. Bueno, lo hizo ahora, y se escuchó un sólido sonido que indicaba que la puerta estaba trabada. Se miró el brazo y se sintió avergonzada de su reacción.

Honestamente, con todo el verano para… acostumbrarse, había pensado que todo estaría bien. Después de todos, se había acostumbrado a esa gruesa cicatriz maldita que tenía entre los senos, después de lo del Ministerio.

Frustrada, Hermione tomó su varita y la aplicó sobre su brazo. Observó cómo las letras desaparecían, junto con la rosada línea que había debajo, bajo la acción del glamour. Sintiéndose moderadamente segura, se vistió.

Camisa, medias, falda, suéter y la capa. Con cada capa de ropa que se ponía, se sentía más y más a salvo. Como si estuviera enterrando las cicatrices junto con la guerra.

El reflejo en el espejo mostraba una perfectamente normal estudiante que regresaba para el octavo año.

La ceremonia de selección estuvo mucho más tranquila de lo que recordaba, ya que la cantidad de alumnos era bastante reducida. La mayoría eran apellidos provenientes de familias mágicas.

Se preguntó, una vez más, si hubiera sido mejor que rindiera los E.X.T.A.S.I.S. con Ron y Harry.

La comida apareció en las bandejas en cuanto McGonagall finalizó su discurso y Hermione parpadeó. Sus pensamientos habían divagado sin querer. ¡Ni siquiera había podido escuchar los nombres de los profesores nuevos! Conversar un poco con los compañeros le daría algunas respuestas. Entonces, miró en dirección de la Mesa de los Profesores.

McGonagall seguiría dando las clases de los cursos superiores, y el joven a la izquierda de Flitwick, Clagget, sería quien enseñara los cursos hasta el cuarto año. Una jovencita muy bonita llamada Henderson era la nueva profesora de Estudios Muggles, y DCAO sería impartida por una mujer de mediana edad, llamada Markham. Al final de la línea de profesores, estaba el taciturno Profesor Snape, viéndose tan prohibitivo como siempre.

Hermione se preguntó por qué había vuelto y por qué había vuelto a enseñar pociones, y si sus clases serían menos tensas ahora.

Bueno, al menos descubriría eso en la mañana.

El festín estuvo delicioso, aunque la carne estaba demasiado cocida para su gusto. El Yorkshire estaba perfecto y los budines muy abundantes.

Muy pronto, los prefectos estaban juntando a los chicos, cansados del viaje en tren y demasiado llenos por la comida, para llevarlos a los dormitorios.

La torre de Gryffindor estaba más tranquila de lo que recordaba, pero bueno, el dormitorio de los alumnos de octavo año era más pequeño, con biombos para darles privacidad. Ese era un lindo toque y ayudaba a bloquear un poco los usuales sonidos que producían sus compañeras.

Hermione daba vueltas en la cama. Extrañaba a Crooks. Extrañaba a Ginny. Extrañaba a Harry. Diablos, incluso extrañaba a Ron, aun cuando las cosas se habían puesto tensas entre ellos desde que habían terminado. Era muy raro estar en Hogwarts sin los muchachos. Era extraño y solitario, pero deseaba dar su mejor esfuerzo en los E.X.T.A.S.I.S.

Cerró los ojos.

Los volvió a abrir.

Estaba muy inquieta. Se sentía perfectamente despierta, pero sabía que no debía andar rondando por los pasillos o arriesgarse a tratar de ir hasta la biblioteca.

Cerró los ojos.

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Las Mazmorras eran tan frías y tan familiares como las recordaba.

Hermione casi suspira de alivio. El salón de clases del Profesor Snape estaba de vuelta. No le habían gustado los cambios que había hecho Slughorn. Los frascos con ingredientes, con esas etiquetas escritas a mano, con la arácnida caligrafía de Severus Snape, estaban justo donde debían estar. No había que preparar brebajes extraños. No estaba esa pesada presencia en el lugar. El pizarrón junto a su escritorio estaba limpio, sin duda ocultando una receta, a la espera de comenzar la clase. A menos que él quisiera comenzar la primera clase con una oratoria.

De hecho, ahora que lo pensaba, el Maestro Pocionista estaba curiosamente ausente del lugar. Eso la hizo sonreír. Algunas cosas nunca iban a cambiar.

Tan pronto como guardaron silencio, expectantes, se abrió la puerta, aunque no con el habitual golpe. Pero algo era igual, porque entró en el lugar con ese paso marcial y que inspiraba el respeto de siempre.

Hermione se sentó muy derecha. Había algo… diferente en él. No podía señalar qué era, pero era algo elusivo, algo que hacía que su corazón latiera más rápido.

Se paró frente a la clase y su capa se arremolinó a su alrededor y se acomodó a sus pies. La puerta del salón se cerró, lentamente, con un resonante ruido metálico.

Se podría haber escuchado un knut cayendo al suelo.

"Han regresado a esta escuela." Dijo el Profesor, con esa voz que acariciaba cada palabra, "para completar su educación. No voy a tolerar nada menos que la perfección en esta clase."

Sus ojos recorrieron a cada alumno en el lugar. Cuando la miró a ella, todo su ser vibró y se puso tenso, pero abandonaron su rostro muy rápido, sin que le cambiara la expresión del rostro.

"Las pociones son peligrosas." Continuó luego de su inspección de la clase, poniéndose más serio mientras los labios se deformaban en una mueca burlona. "Solo acepto alumnos 'Excepcionales', por regla, aunque Slughorn pudo haber dejado que alguno que otro se colara."

"Si no pueden con esta clase, se irán, y lo van a hacer. Sin. Poder. Regresar. ¿He sido claro?"

Toda la clase asintió al unísono y él pareció relajarse marginalmente.

"Bien. Entonces comenzaremos con algo simple." Movió su mano sobre la pizarra. "Guarden sus libros, preparen sus ingredientes y comiencen. Espero que tengan una muestra de su trabajo para el final de la clase."

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Hermione entró en ritmo a medida que las semanas pasaban. Se había hecho amiga de algunos alumnos de séptimo, pero se encontró con que era más una fuente de fascinación para los alumnos más jóvenes, así que trataba de evitarlos. No hablaba mucho en clase y pasaba mucho tiempo en la biblioteca, en donde la Sra. Pince podía mantener a los demás a raya y no la molestaran con preguntas

Incluso se las había arreglado para enterrar esa nueva fascinación que tenía con Snape en cada clase. Apenas lo veía, excepto en clase o para comer. Podía contar con una sola mano las veces que lo había visto en el comedor.

Pero en la noche… sus sueños eran vagos y perturbadores en todas las formas posibles.

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"Estás loca."

Minerva lo miró.

"¿Disculpe usted, jovencito?" Los otros profesores casi vuelan para poder salir mas rápido del salón de profesores.

"Te has vuelto loca." Repitió él, pronunciando cada palabra con toda claridad. "Y sorda, aparentemente. ¿Una mascarada, Minerva?"

"Es bueno para los estudiantes, Severus. ¿No has notado lo callados que están este año?"

Él se quedó callado por un momento, pensando en cómo responder. Sabía que el ambiente estaba muy lejos de ser normal, pero era una drástica mejora a lo que había sido el año anterior.

"Bueno, he notado que en mi clase no hay explosiones."

"Exacto." Suspiró Minerva, viéndose muy cansada. "Este año están temerosos de fallar y no pasar de año. Pasan más tiempo practicando sus movimientos antes de intentar lanzar un hechizo. Sus trabajos son más cortos… incluso Hermione Granger está entregando tareas en la longitud solicitada, ¡por Merlín! Necesitan una noche de libertad anónima, incluso si es bajo el resguardo del jolgorio."

Severus se apretó el puente de la nariz, rindiéndose "Como digas. Eso puede ser de… ayuda. He notado que Granger está más callada que de costumbre."

Minerva asintió. "Era de esperarse. Pero me preocupa que no haya hecho amistad con los otros."

Él no tenía ganas de andar buceando en la mente de Granger. Pero tampoco quería que Minerva se diera cuenta que ella había llamado su atención y que no podía entender por qué. En lugar de eso, se pasó los dedos distraídamente sobre el cuello.

"Oh, no te entretengo más." Comentó Minerva, justo como él esperaba, pero los ojos de la anciana se dulcificaron. "¿Cómo está sanando el cuello?"

"Con mucha lentitud." Contestó Severus. "Una pregunta más… No tengo que llevar máscara puesta o una cita, ¿verdad?"

Minerva se rio. "Ni soñaría con tal cosa, Severus."

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Hermione estaba ya en el dormitorio cuando la noticia del baile se escuchó en la escuela. Una Mascarada de San Valentín. Alzó la mirada, despegando los ojos del pergamino que escribía, y se manchó los dedos con tinta. Miró a Padma y a Parvati.

"¿Un… baile?"

"¡Si!"

"¡Será tan maravilloso!"

La castaña hizo un gesto.

"No te preocupes Hermione," dijo Padma, tratando de confortarla. "No es necesario que lleves una cita."

"¿Qué se supone que significa eso?" Preguntó la chica con indignación.

"Bueno… como Ron no está aquí…"

"No estoy saliendo con Ron."

"¿Oh? Pero nosotras escuchamos que…"

"Terminamos." Les dijo Hermione. "No estaba funcionando."

Bueno, ella era la que no funcionaba, en realidad. No sentía esa clase de amor por el pelirrojo, y a la chica le había costado mucho el fingir que estaba enamorada del chico. Y eso tampoco había sido justo con Ron.

"Bueno, entonces, ¡puedes ir sola!"

"O conseguirte una cita." Dijo Parvati con una risita. "Hay muchos chicos que están interesados, Hermione."

La castaña también sonrió y volvió a prestar atención a su tarea. "Tal vez."

Lo que había querido decir era 'nunca'. Ninguno de esos mocosos le interesaba.

"¡Al menos tenemos las vacaciones para conseguir vestidos y máscaras!" Las gemelas se rieron y Hermione solo sacudió la cabeza.

Ella no iría a casa para las fiestas, no ese año. Tenía mucho que estudiar. Tendría que pedirle ayuda a Ginny.

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Severus observaba el comedor, tratando de no ahogarse en su café cada vez que su cabeza se caía de sueño. Todavía no podía dormir apropiadamente. A veces por las pesadillas. A veces por una persistente sensación, como si tuviera que estar buscando a alguien. O algo. Trataba de no pensar en eso y solo trataba de enfocarse en el día a día.

El comedor olía fuerte, muy fuerte, en su opinión, a pino. Las lámparas que había colgado Flitwick bailaban y él podía verlas por el rabillo del ojo. La mayoría de los Slytherin habían permanecido en la escuela, igual que una buena cantidad de alumnos de otras casas.

La más notable rezagada era Granger. La miró por encima de su taza y bebió otro sorbo. Allí estaba ella, inclinada sobre un libro y su cabello era el desastre de alguien que recién se levanta. Parecía más caída esta mañana. Cada mes, como reloj suizo.

Severus se puso serio.

¿Cada mes?

Tamborileó los dedos sobre la mesa, calculando.

Si. Cada mes, la chica se ponía así, cuando estaba cerca la luna llena.

Severus apretó los labios hasta que solo quedó una amarga mueca.

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"Necesito hablar con usted."

Hermione dio un salto, tirando los rollos de pergamino al suelo. Uno de los rollos rodó hasta la oscura esquina en donde él aguardaba. Detuvo el rodamiento del pergamino con una bota bien abrillantada.

"Mis disculpas, Srta. Granger. No era mi intensión asustarla." El Profesor Snape se inclinó para recoger los pergaminos que estaban cerca de él.

"Está bien profesor. Es solo que estaba muy distraída." Recogió los demás pergaminos y plumas, dos de las cuales fueron a parar a su cabello. "¿Estoy en problemas… señor?"

"Eso está por verse." Dijo él. "¿Está bien aquí o prefiere mi oficina?"

Ella alzó los hombros. Al estar tan cerca de él podía oler el café que había bebido y la loción que usaba después de afeitarse. Sintió que el estómago se llenaba de mariposas, pero prefirió atribuirlo a la preocupación. "Aquí está bien, señor. Luego tengo que ir a la biblioteca."

"Muy bien." Severus ingresó al salón y cerró la puerta. Se recargó contra el escritorio, con los brazos cruzados. "Voy a preguntarle algo terriblemente impertinente."

Hermione parpadeó y se recargó contra la mesa más cercana. "Eehh… ¿bueno?"

"He notado que parece ser que una vez al mes, está caída y sin energías." Ella iba a decir algo, pero él alzó una mano para detenerla. "Parece estar relacionado con la llegada de la luna llena. Durante el año viajando…"

Una forma amable de decirlo, pensó la chica.

"¿Fue usted mordida durante ese año?"

Ella sacudió la cabeza frenéticamente. "No señor. Solo me rasguñó, y ni siquiera era luna llena."

Él pareció relajarse. "Ya veo."

Hermione se puso roja. "Hablé con Bill al respecto."

"¿Bill?"

"Weasley. Él fue mordido por Greyback."

"Ah, sí. Recuerdo eso." Le hizo un gesto para que continuara.

La chica se retorció nerviosa. Sentía como si quisiera salirse de su piel, pero se lo achacó al tema del que hablaban. "Los carroñeros nos habían atrapado, y solo fue... solo fue una garra. Ni siquiera me había dado cuenta de por qué me sentía tan cansada…"

Los dedos de Severus se flexionaron por reflejo. "Entonces no te mordió ni te transformaste."

"No señor." La chica inhaló profundamente tratando de calmarse. "Bill dijo que podrían haber algunos efectos secundarios, como por ejemplo que la carne bien cocida ya no me iba a gustar, pero que no había nada de qué preocuparme. ¿Alguien… alguien más lo ha notado?"

"No Srta. Granger. De hecho, me ha tomado todo este tiempo poner las piezas en su lugar."

"Lamento si lo preocupé," ofreció ella. Él inclinó la cabeza y ella no pudo evitar notar como su cabello rozaba la mandíbula del hombre. "Ehh… ¿algo más, señor?"

"No." Severus estudió los movimientos de la chica, enérgica y eficiente al juntar sus cosas y cuando salió del salón. Le tomó una gran cantidad de auto control para no salir tras ella y no sabía por qué.

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Hermione revivía la corta interacción una y otra vez en su mente, por toda la duración de las fiestas, tratando de entender por qué la había puesto tan tensa. No había sido su actitud, que era mayormente normal estado Harry lejos de la escuela, y el asunto de la conversación había sido un poco incómodo, pero en retrospectiva, la castaña no era capaz de poner el dedo en la razón por la cual se había sentido así.

Pero entonces, las clases se reanudaron y ella volvió a sumergirse en los estudios con fervor.

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Severus se revolvía en la cama. Ese jodido baile con máscaras era esa noche y él no tenía ni un poco de ganas de ir. Otro evento para hacer de chaperón, para evitar que esos pequeños mocosos se la pasaran manoseándose o algo peor. En realidad, no veía nada de malo en la sana exploración, pero por alguna razón, los mocosos parecían perder todo el sentido común cuando había una fiesta o iban a Hogsmeade.

Se dio vuelta y se quedó mirando el techo, agradeciendo el no tener que llevar una máscara esa noche. Había tenido suficiente de esas cosas por una vida.

¿Y por qué estaba preguntándose a quién levaría Granger a la fiesta?

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Una vez que terminaron con el cabello y el maquillaje, Hermione apuró a las chicas para que bajaran, y ella se quedó mirando su vestido y la máscara que estaban sobre su cama, dudando. Ginny había estado más que feliz de ir a comprar todo por ella, y Hermione deseó haberle dicho que hubiera preferido algo que le tapara el brazo.

Pero no.

En lugar de eso, el vestido de terciopelo azul tenía unas manguitas cortas y un escote cuadrado que a Hermione le recordaba esos vestidos victorianos de antaño y que dejaba sus cicatrices muy a la vista.

Hermione se mordió el labio, luego suspiró y se quitó la ropa. Puso tres capas diferentes de glamours sobre su brazo y su pecho, minimizando los obvios signos del hechizo hasta que casi no se notaban.

Ahora debía vestirse, teniendo cuidado de no destruir el duro trabajo de Padma en su cabello.

Luego, la suave máscara. Hermione la estudió. Estaba fabricada con terciopelo negro con apenas un poco de brillo alrededor de los ojos. Usarla en realidad ayudaba, pensó la joven. Ahora ya no era Hermione. Ahora podía ser alguien más, alguien que bailaba hasta quedarse sin aliento, alguien que no regresaría al dormitorio hasta la mañana.

Con una risita tomó su varita y se dirigió hacia la fiesta.

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Severus estaba parado cerca del ponche, habiendo ya abortado tres diferentes intentos de ponerle alcohol por parte de los estudiantes. Además, estaba evitando acercarse a la pista de baile. Observaba los estudiantes que llegaban ociosamente. Fue en ese momento cuando sintió como si hubiera sido golpeado sólidamente en el abdomen.

Esa no podía ser Granger.

Había algo casi diferente, etéreo en ella esta noche. Se la veía confiada y la luz de la luna llena brillaba a través del cielo raso encantado y reflejaba en los brillos alrededor de los ojos de su máscara. Había llegado sola, notó Severus, aunque aceptó bailar de buena gana y ahora era arrastrada por las oleadas de música.

La chica desapareció en un remolino de vestidos y capas, mientras la música pulsaba y llegaba en oleadas en el Gran Comedor. ¿Pero qué mierda estaba mal con él?

"¿Está usted bien, profesor?"

La miró de mala manera. "Mejor que nunca, Profesora Markham."

"Es tan lindo que Minerva organizara esta fiesta." Presionó la mujer con gentileza.

"Así es."

La mujer pensó que podría actuar como su madre y eso lo puso de mal humor. Si necesitara de una madre, iría a tomar el té con Poppy y con Irma. Pero no, ahí estaba esa mujer, justo a su lado.

Hermione, por otro lado, estaba ya en su sexta danza, con el sexto chico diferente, y se sentía exultante. Fue cuando vio de reojo al Profesor Snape, cerca de los refrescos. El lenguaje corporal del hombre estaba a la defensiva, seguramente porque la Profesora Markham estaba hablando con él.

La mirada de la chica se agudizó y ella también se puso tensa. Se disculpó con su compañero de baile y se abrió paso en medio del gentío en la pista de baile. Esa extraña tensión en su cuerpo estaba de regreso.

¡Mío!

Markham había puesto una mano sobre el brazo de Snape y este se la había quitado. ¡Cómo se atrevía!

Severus escuchó el gruñido antes de ver a Hermione. Cuando la vio, los ojos le centelleaban peligrosamente.

"Hola Profesores."

Esa dulzura en su voz era una asquerosa mentira. Su postura era la de alguien lista para saltar, y no le quitaba los ojos de encima a Markham. La magia parecía bullir bajo la superficie y Severus no fue capaz de nombrar lo que sentía en su interior.

"¡Oh! ¡Hola Srta. Granger!" La Profesora Markham le sonrió maternalmente. "¿Está disfrutando del baile? Se la ve un poco acalorada y sin aliento, ¿quisiera un poco de jugo de calabaza, tal vez?"

"No, gracias."

Severus estaba seguro que la Profesora Markham no había caído en la cuenta del peligro en el que se encontraba. "Srta. Granger, se la ve de verdad acalorada. Permítame escoltarla afuera para que tome un poco de aire."

"Si insiste…" Dijo la chica, deslizando los ojos de la profesora hacia él. Severus la tomó del brazo.

"Claro que insisto. Minerva se sentiría muy mal si su leoncita favorita terminara en la enfermería por sobrecalentamiento."

Hermione miró donde la mano de Severus tocaba su brazo, sintiendo el calor que irradiaba, transfigurada por el simple contacto.

Se fue con él dócilmente, pero Severus no se dejó engañar. Había algo con la chica esa noche y tenía la intensión de descubrirlo. Nadie les presto atención luego que él pusiera un encantamiento de ocultamiento alrededor de los dos. La llevó hacia los corredores.

"Srta. Granger…" Le soltó el brazo y ella siguió la mano con la mirada.

"Mío…" Mas que palabra eso había sido un gruñido. Los ojos castaños estaban muy oscuros.

Él parpadeó. "¿Perdón?"

De todas las posibilidades, esa era una que no había considerado.

"Esa mujer. Se atrevió. A tocar. Lo que es. Mío." Y se lanzó hacia él, envolviendo el cuello con sus brazos, obligándolo a bajar la cabeza para poder besarlo.

No. Definitivamente, no había tenido esto en cuenta.

Los brazos de él envolvieron la cintura de ella involuntariamente, pero una vez que sus manos tocaron el suave material del vestido, no pudo pensar en alguna razón para dejarla ir. En especial, no cuando sus labios, tan cálidos e insistentes, se presionaron contra los de él. Estaba a su merced. Era su esclavo. No había nada que deseara más que dejarla hacer lo que… no… era su alumna…

La voz de la razón en su mente trataba valientemente de llamar su atención, pero algo más antiguo y mucho más instintivo estaba ganando, y él iba a dejar que así fuera.

Hermione estaba atónita consigo misma… ella no era del tipo posesiva, bueno, no usualmente. ¡Y ciertamente no iba por ahí besuqueando profesores! Pero este hombre… este hombre no era su profesor… Este hombre le pertenecía y, ¡a la mierda con las reglas! ¡Al carajo con lo apropiado!

Gimió con la boca todavía pegada a la de él. Esos delgados, tibios y movibles labios no se estaban resistiendo. Lo oyó suspirar. Los labios se abrieron y con eso se rindió y dio la bienvenida a lo que fuera. Y ella lo tomó todo.

Las rodillas de Severus se aflojaron en cuanto Hermione le metió la lengua en la boca, y se hubiera ido al piso si ella no lo hubiera estampado contra la pared. No había sido besado así en años, o jamás, si era sincero. La desenfrenada pasión y necesidad que había en ese beso parecía infundirse de ella hacia él, así que la besó él también y las varoniles manos se deslizaron desde la espalda de la joven hasta su rostro.

Con un suave gemido, Hermione se apartó un poco, mirándolo con asombro y… algo más. Pero entonces, lo apretó contra su cuerpo de nuevo, enterrando las manos en su cabello, sin prestar atención a su textura. La aspereza de la incipiente barba del día, raspando contra sus labios mientras se besaban, la encendió todavía más, y los dos quedaron sin aliento.

Las manos de la chica ahora se aferraban al cabello de él, manteniéndolo exacto donde quería. Podía sentir la nariz de Severus contra su mejilla, podía escuchar el desgarrador gemido que le había provocado, como si naciera desde muy profundo en el pecho de su hombre.

Me voy a ir al infierno. Pensó Severus, incapaz de detenerse. Sus manos se posaron sobre los desnudos hombros, y luego sobre la suavidad del vestido, para atraerla más cerca de él. Las manos de ella estaban deshaciendo el nudo del pañuelo del cuello.

Me voy a ir al infierno y no me importa.

"Mío." Murmuró la castaña con su siguiente respiración, quitando el pañuelo del medio. Este cayó en la penumbra del suelo y fue pronto olvidado.

De un tirón, abrió el cuello de la camisa y él emitió un gruñido grave en cuanto la boca de la chica encontró la cicatriz que había allí. Su miembro despertó con todas sus fuerzas en el pantalón y Severus inclinó hacia atrás la cabeza para darle todo el acceso a su persona como le era posible.

Ella saboreaba las jadeantes exhalaciones de Severus, apretándose contra su cuerpo, entre las piernas del hombre, hasta forzarlo a abrirlas. La dura longitud de su miembro fue bien recibida, como lo fue la forma en la que empujaba su cuerpo contra el de ella y la tomaba del trasero con sus firmes manos para apretarla más cerca.

En cierto nivel de su consciencia, Hermione sabía que no debería estar haciendo esto, y que debería estar haciéndose un montón de preguntas.

Pero a otro nivel, este hombre, este hechicero, este amante, era suyo y ella iba a asegurarse jodidamente bien que él lo supiera.

Se frotó contra él como una gata y él no paraba de apretarla contra su cada vez más grande erección. Era difícil mover los dedos contra su camisa para desabotonarla, especialmente cuando se negaba a dejar de lamerle el cuello.

Una serie de moretones aparecieron en el cuello de Severus, bajo el atento trabajo de los labios de Hermione, marcándolo.

Mío.

Él siseó una palabra en la calmada oscuridad del pasillo, y el sonido pareció enroscarse en algún lugar cerca del esternón de ella, apretadamente.

"Tuyooooooooo…" Había dicho él. "Oh, mierda…"

Ella mordisqueó el cuello y él gimió. Finalmente, Hermione pudo abrirle la camisa, o más bien, la arrancó de los pantalones sin miramientos. Los dedos de la chica tocaron el vello del pecho y luego sintió la inflamada piel de la línea de cicatrices del cuello.

"Mío." Gruñó ella. Él la miró, con las duras líneas de su rostro iluminadas por el imposible placer. Tenía una línea de mordiscos en su cuello, que contrastaban sobre la pálida piel.

Ella era una cosita chiquita, que lo empujaba contra la pared y tomaba lo que quería de él, y que Merlín se apiadara de él, pero es que no tenía voluntad para negarle nada. En algún nivel sabía que no era ni el momento ni el lugar, pero, por otro lado, esto ciertamente explicaba por qué se había sentido tan atraído hacia ella.

Ahora sabía lo que esa sensación tan insistente había sido.

Y si el universo le iba a entregar a esta tremenda sabelotodo como compañera, él no iba a negarse. Tenía una carta de renuncia desde el inicio del semestre, pero la verdad, tenían que ponerse a hablar sobre esto…

"Tuyo…" Afirmó Severus con la voz grave. No había tenido intensión de responder, pero tampoco había logrado resistir el impulso.

Ella cerró los ojos, y cuando los abrió, Severus sintió toda la fuerza de su mirada, como un golpe. Esos ojos color miel y chocolate que lo miraban como si él fuera el mundo entero.

A la mierda. Hablarían luego.

"Mío." La voz de la chica estaba tan llena de asombro al decirlo. Una pequeña mano llegó al rostro de él para acariciar la mejilla, mientras él respondía al tierno beso. Hermione temblaba, presionada contra su cuerpo, tocando la suavidad de la seda de la camisa de Severus, el negro vello, la suave piel, la lana del abrigo… No podía evitarlo.

"Mi hechicero. Mi amante."

Y él se rindió a cada una de las caricias de ella, inclinándose hacia ella como un hombre vencido por el hambre, manteniéndola dentro de la prisión de sus brazos.

"Tuyo."

Se oyó una risa estruendosa al final del pasillo y la cabeza de Snape se movió como impulsada por un resorte, rompiendo el hechizo, y antes que ella pudiera reaccionar, Severus la había metido en un salón vacío, sin perder contacto con su cuerpo ni por un segundo.

"¿Qué es lo que pasa?" Preguntó Hermione como pudo.

"Me temo que es uno de los efectos secundarios de ese arañazo de hombre lobo." Dijo él. Ella se apartó y él la dejó ir.

Ella lo miró, como estudiándolo. Se veía positivamente hedonístico. El abrigo abierto, la camisa rasgada y colgando de su cuerpo, esa erección que abultaba sus pantalones, los arañazos en el pecho ligeramente velludo… ¿acaso había sido ella quien hizo eso? Y los mordiscos en el cuello…

"Yo… tú…" Se mordió el labio y enderezó los hombros. "No quiero detenerme, pero no quiero hablar de eso ahora mismo."

Los labios de él se retorcieron en una sonrisa pícara. "Tampoco yo. ¿Tal vez podamos ir a otro lugar?"

La sonrisa de Hermione, repentinamente depredadora, brilló en la penumbra.

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Recorrieron los pasillos como sombras, con la mano de ella firmemente apretada por la de él. Llegaron hasta una pared desnuda y él la arrastró consigo a través de la misma. Las guardas se expandieron y la dejaron pasar hasta emerger en lo que, sin dudas, la sala de estar de Severus. Mas tarde se encargaría de revisar esos anaqueles llenos de libros que vio al pasar, mientras él la llevaba al dormitorio.

"¿Sin arrepentimientos?" Preguntó él, de pie frente a ella, cara a cara. La vocecita que le decía que no debería estar haciendo esto, estaba en silencio.

"Ninguno." Esa sensación de vacío que había estado sintiendo por meses, finalmente, se había terminado.

Con cada respiración, inhalaba la fragancia de sus habitaciones, la esencia de su piel.

La tensión que había sentido tan cabalmente en sus huesos, se había ido.

La cercanía con su cuerpo, la certeza de saber que eso era lo correcto, que ese hombre era suyo, la calmaba.

Severus alzó la mano libre, susurrando un hechizo para soltar la máscara que ella todavía llevaba puesta.

"Ninguno." Repitió él, inclinándose para besarla.

La chispa de pasión que se había enfriado en su apresurado escape a través de la escuela, volvió a encenderse, y el instinto generó un incendio.

Ella gruñó, un sonido grave que parecía llegar desde lo recóndito de su pecho, y le quitó el abrigo y la camisa de una vez, que terminaron amontonándose a los pies de Severus, mientras las manos de Hermione se ocupaban del cinturón. El sonido del metal, el siseo del cuero… Severus no pudo evitar estremecerse y comenzó a buscar el cierre del vestido en la espalda de la chica, el cual se abrió con suavidad y ella liberó sus brazos entre beso y beso, empujando el vestido hasta los pies para luego patearlo lejos. Luego siguieron los zapatos y él se apresuró a hacer lo mismo, quitándolos solo con los pies.

Cuando los pantalones de Severus se amontonaron a sus pies, Hermione lo empujó suavemente hasta que llegó la cama y se sentó pesadamente, interrumpiendo los besos.

Ella miró posesivamente su cuerpo. Era claro que le gustaba lo que veía. El pecho de la castaña se elevaba y descendía con agitación, los dientes mordiendo el labio. Severus estaba seguro que jamás lo habían mirado así, con pasión, con reverencia. Como si fuera hermoso y deseable.

Entonces ella le sonrió, con los ojos llenos de sombro y algo más.

Los labios se abrieron y más sangre se fue al sur. Severus la apretó contra su cuerpo, besándola profundamente mientras sus hábiles dedos desabrochaban el brassier y ella se lo quitaba, arrojándolo a sus espaldas.

Se sentó sobre la cadera de él y sus rodillas se hundieron en el colchón y poniendo su sexo cubierto por la braga en contacto con el duro miembro de él. La cadera se flexionó y deslizaba las manos sobre la espalda mientras ella gemía en su boca.

"Te sientes maravilloso." Murmuró ella entre besos. Las manos dela chica viajaban sobre los músculos de los brazos de él y luego, su pecho. "Quiero más."

"Si." Dijo él con apenas un hilo de voz.

"Severus." Murmuró ella y él abrió los ojos.

Observó lo oscuros que eran, y pugnaban por mantenerse abiertos cuando ella se frotó contra su miembro, evidencia más que segura de su excitación. Los labios de ella se curvaron con malicia. ¡Dios! ¡Se sentía tan poderosa! ¡La forma en la que ese hombre reaccionaba a ella!

Él le sostuvo la mirada. Las pupilas dilatadas y las mejillas enrojecidas eran absolutamente encantadoras. La dejó empujarlo sobre la cama y la dejó montarse sobre él. Sus pechos se sentían tan cálidos y suaves sobre su abdomen mientras ella besaba la piel desde su pecho hacia abajo. Sus uñas recorrían el sendero que habían dejado sus labios, incluso arañando suavemente los pezones que ya había lamido.

Las miradas se encontraron mientras ella seguía deslizándose hacia abajo, hasta que los pies de la chica tocaron la suave alfombra que cubría el suelo de piedra. Hermione sonrió e inclinó la cabeza, sin dejar de mirar a Severus, y succionó la punta de su miembro a través del bóxer. Él maldijo, luchando por mantener la delgada cadera quieta, y fallando estrepitosamente.

Ella se rio, deslizándose fuera de la cama y llevándose el bóxer con ella, para luego quitarse sus propias bragas, arrojando ambas prendas a un lado y regresando a escalar el cuerpo de su hombre antes de darle la oportunidad de tocarla como quería. ¡Diablos! ¡Ni siquiera había podido probar esos pechos! Prometió rectificar eso más tarde.

Mucho más tarde, si ella se salía con la suya. Severus cayó en la cuenta de tal cosa cuando ella apoyó sus manos sobre sus hombros y empujó hasta que estuvo por completo acostado. Luego se montó sobre él de nuevo, mordiéndose los labios y frotándose contra su duro miembro. Él contuvo la respiración, sintiendo la humedad de su sexo en su miembro. Hermione hacía los sonidos más deliciosos mientras se frotaba contra su cuerpo, y entonces, su sexo atrapó la punta de su miembro.

"Mío." Dijo otra vez, con la voz llena de victoria mientras el duro miembro de Severus la penetraba.

Fue como llegar a tu hogar. Su miembro entraba tan apretado y perfecto dentro de ella, y estaba tan mojada que a Severus se le escapó un gemido grave y gutural, y su cabeza cayó hacia atrás contra el colchón. El negro cabello se desparramó como un halo alrededor de su cabeza y ella apretó los músculos alrededor de él, todavía mordiéndose el labio inferior con fuerza al ver las emociones florecer en el rostro de él. ¡Diablos! Se sentía tan bien tenerlo dentro de ella.

Estaba tan endiabladamente empapada que Severus casi se avergonzaba.

Cielos… esa mujer se sentía tan bien. ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido tan a gusto? ¿Cuándo alguna mujer se había puesto tan mojada para él, y sin ayuda?

Hermione dejó escapar una lenta exhalación, moviendo la cabeza para liberar los rizos de su cabello que habían caído sobre su rostro, sonriéndole todo el tiempo.

"Eres maravilloso." Murmuró la castaña. Se alzó de su cadera y luego volvió a hundirse sobre él y el gimió, como un sonido arrancado desde dentro de su pecho. Hermione también gimió, en perfecta armonía con él, moviendo su cadera y apretándose contra él.

Severus dejó de apretar las sábanas y buscó las manos de Hermione. Entrelazaron los dedos y ella agradeció el apoyo mientras comenzaba a cabalgarlo.

Esto es la perfección, pensó ella, subiendo y bajando sobre su miembro y sintiendo como las varoniles manos apretaban las de ella. Ese hombre se veía perfectamente adorable. No se veía bello, no, pero sexy, y tan pero tan precioso. Y se quedaba debajo de ella, dejándola establecer el ritmo.

Tel vez estaba siendo un caballero.

Tal vez le gustaba que ella estuviera a cargo.

Hermione echó su cabeza hacia atrás y aceleró el ritmo. Ya nada le importaba. Todo lo que importaba era que él la estaba ayudando, moviendo su cadera en contrapunto con la suya, sosteniéndola para que pudiera moverse con fuerza y follarlo duro. El fuego se extendió en Hermione cuando vio cómo Severus apretaba los dientes y la transpiración que comenzaba a brillar en su frente. Podía escuchar cada aliento que salía de su cuerpo mientras trataba por todos los medios de hacer lo que fuera necesario para asegurarse que ella disfrutara al máximo.

La joven castaña gimió con suavidad. Él era tan, pero tan perfecto.

Era su hombre. Su amante.

Nunca, nunca, jamás iba a dejar que alguien lo tocara otra vez.

Severus luchaba por mantener el ritmo con cada movimiento, para atrasar su orgasmo, porque la letanía de gemidos de ella le estaba afectando mucho. Nunca en la vida se había sentido tan deseado, tan necesitado. Con cuidado, liberó una de sus manos, animándola a tocarse uno de esos hermosos pechos que se movían con cada acometida de sus caderas. Ella aceptó la oferta y comenzó a apretarse un pezón y él emitió otro gruñido.

Dibujó una perezosa línea sobre la cadera de la chica, observando cómo se le enrojecían las mejillas, luego el cuello, los pechos, hasta llegar a su vientre.

Ahora, ella parecía estar elevando una plegaria, acumulando humedad en esa deliciosa vagina que parecía apretar más y más a su miembro. Solo necesitaba un empujoncito más. Incluso en su mente gemía a gritos, y él no pudo evitar usar esa necesidad, así que desplazó su mano a su vientre, para luego descender y encontrar el clítoris con un pulgar, para masajearlo en pequeños círculos.

Los ojos de Hermione se abrieron de golpe, mirándolo con imposible devoción.

"¡Severus!" Gimió ella, "¡Oh, sí, Severus!"

Nunca su nombre había sido pronunciado de tal manera, y él supo que haría lo que fuera para volver a escucharla decir su nombre así, una y otra vez.

El mundo de la joven comenzó a fragmentarse mientras intentaba recobrar el aliento. Su cuerpo se contraía alrededor de ese grueso miembro que la llenaba. Emitió un gemido fuerte, jadeando, y las estrellas llenaron su campo de visión.

Cuando logró mirarlo, Severus se veía maravillado, con una expresión de determinación.

Y todavía estaba duro como piedra.

Apenas tuvo Hermione tiempo de procesar lo que ocurría, cuando Severus los hizo rodar en la cama, así que ahora era ella la que estaba en el borde de la cama y él era quien tenía el control, aun firmemente conectado con ella. Flexionó las manos.

"Soy todo tuyo." Le dijo, aferrándose a la tierna carne de la cadera de la joven. Ella se retorció contra él, todavía jadeando, con la esperanza de que esas manos en su cadera le dejaran alguna marca, que la marcara como suya.

Severus comenzó a embestir con fervor y ella emitió un grito, enredando sus piernas alrededor de la delgada, estrecha cintura de él.

Sus pechos se mecían con cada embestida y a él le encantaba.

"Me encantó verte cuando te montaba," balbuceó ella. "Te veías tan… oh dios… te veías tan sexy, Severus…"

"Di mi nombre otra vez." Gimió él.

"Severus." Canturreó ella. "Mi Severus. De nadie más. Nunca más."

"Siiiiiiiii…" Y solo pareció escucharse un siseo.

Estaba respirando pesadamente, resoplando como corredor. No iba a poder llevarla al orgasmo esta vez, pero quería que viera lo que ella le hacía a él.

Las uñas de Hermione arañaban su espalda, y el repentino dolor lo estaba volviendo loco. Estaba tan cerca del clímax, tan pero tan cerca, y ella lo observaba fascinada, al verlo dejar caer su cabeza con abandono, y los tendones de su cuello se pusieron duros, resaltando todavía más, todavía embistiendo, casi temblando, hasta su orgasmo.

Hermione pudo sentir su semilla dentro de su cuerpo, podía ver la tensión en su abdomen y en su firme pecho.

"Mía." Dijo él. "Yo soy tuyo, pero tú eres mía, Hermione."

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Al final, Hermione rindió sus E.X.T.A.S.I.S. en tiempo y forma y en todos obtuvo Excepcionales.

Severus renunció, y de buena gana, porque era mucho más fácil eso que andar escondiéndose por ahí en el castillo, para poder estar con ella.

Se mudaron a la casa de los padres de ella, que estaba vacía, y pasaron mucho tiempo en la cama antes de ponerse a buscar empleos o ponerse a discutir sobre de quién eran las calcetas que estaban tiradas en algún lugar.

Nadie se atrevió a criticar su relación, al menos no en sus caras, lo cual era mejor, ya que ambos eran un poco posesivos.

N/T: Y ahí está. Un one shot en lo que encuentro otra historia que traducir. Espero que les haya gustado. Mil gracias por leer. ¡Hasta la próxima historia!