Una vida normal

El pelado y la tostadora con patas se habían presentado mientras entrenaba con su hijo. Estaba intentando imitar algunos de sus movimientos en una gravedad de 80G. Cuando notó el ki dio un vistazo por la ventana. El bajito no representaba ningún peligro pero la androide era otra historia. Cuando no llevaban mucho rato adentro, notó un ligero nerviosismo en el ki de la terrícola. Después vio salir solo al cabeza bola y en poco tiempo, notó otra subida del ki de la terrícola, como si tuviera miedo. Instintivamente elevó su propio ki como advertencia hacia la tostadora. La hembra no dejaba de ser la madre de su hijo y no iba a permitir que viniera aquella lata a hacerle nada. Pero enseguida el ki de la terrícola se normalizó y se volvió a relajar.

Entonces vi que su hijo lo estaba mirando y cerrando los puños, concentrándose, había conseguido elevar su propio ki. Parecía que no solo era capaz de detectar también los ki, aun siendo un bebé, sino que quería imitarle o lo había interpretado como un reto. La falta de práctica dejó para el arrastre al pequeño que acabó estirado en el suelo como una alfombra. Sintió un nuevo sentimiento de orgullo hacia aquel híbrido, al que inicialmente le había costado de aceptar como suyo. Empezaba a pensar que quizás había estado masa cargado de prejuicios, pero era la forma como lo habían educado. La forma como se habían educado a todos los de su especie, excepto a aquellos que habían sido enviados y abandonados en otros planetas.

Al acabar su entrenamiento, las visitas ya se habían ido. Dejó a Trunks con la madre de la hembra, se duchó y se fue hacia el laboratorio. La mujer estaba concentrada repasando unos listados relacionados con el A16 en la pantalla. El viejo tampoco estaba allí. No era la primera vez que faltaba. Se ve que tenía varios proyectos que tenía que revisar en la central. Así que ya llevaban un par de días trabajando a solas.

- Tiene que ver con lo qué querían aquel par? -Ella se lo miró sorprendida-. Habías dejado este proyecto aparcado y ahora, de repente, lo vuelves a revisar, después de la visita de la lata con patas -Se miró el listado y unos planos que ella había sacado del archivo. Con el dedo repasó una de las estructuras y se volvió a mirar a la hembra- Si lo haces con ella, puede quedar inutilizada. Ya calculamos el riesgo y tiene de un 75% de probabilidad de rechazo.

Medio molesta y preocupada, recogió todos los papeles y cerró el archivo de la pantalla- No hay nada decidido todavía. Solo estaba repasando posibilidades -Volvió a abrir el proyecto actual y le indicó que la ayudara para continuar con la tarea del día anterior-. Además, no puedo hablar. Es un tema entre A18 y yo.

- No hace falta que hables. Es evidente -Le respondió burlón, medio riendo. En realidad no le importaba nada lo que quisiera aquella máquina. Intentaba conseguir que la mujer le explicara por qué se había asustado, sin delatar que había estado en el caso. No funcionó. Lo dejó correr y se pusieron a trabajar. El día anterior había resultado bastante extraño sin el viejo. Notaba que se ponía nerviosa cuando estaban cerca, pero se relajaba cuando hablaban. Él, por el contrario, cuando más hablaban, iba descubriendo nuevas cosas que le atraían de ella y a las que antes no había prestado atención. La forma como se concentraba, como se mordía el labio, el cambio de tono de voz cuando conseguían avanzar, como lo miraba cuando él aportaba alguna idea nueva o alternativa.

Cuando llevaban un buen rato, ella lo tuvo que guiar, cogiendo su mano, para recolocar una pieza con la que ella no tenía bastante fuerza. Notó la respiración acelerada de ella y al acabar, su olor lo estaba intoxicando. Ella lo soltó pero él, en un acto reflejo, le cogió la mano que retiraba y con la otra la cogió por la cintura para acercarla a él. Y al girar su cabeza, la acabó de capturar con sus labios. Después de un momento de duda lo correspondió, pasando el otro brazo por la espalda de él, con la misma necesidad.

Él la dirigió hacia una de las mesas sin instrumental, apoyándola en ella sin separar, en ningún momento, sus bocas, mientras ella se cogía a su cuello con la mano que le había vuelto a liberar. Parecía una batalla para explorarse, luchando, no para herir al contrario sino para aportarle más placer en cada ataque. La noche del baile la había considerado como una muy buena noche de sexo, pero la necesidad acumulada de tantas semanas hacía que, contactos mucho más inocentes, lo llevaran cerca de la locura por el deseo. Además, la mujer daba la sensación de estar en un estado de desesperación comparable. Le empezó a subir la falda y, cuando estaba a punto de bajarle las bragas, ella lo frenó- Protección, necesitamos protección.

- No nos ataca nadie -contestó sin entender y sin dejar de besarla por el cuello-. Y pobre de quien lo intente -gruñó. Si lo volvía a dejar con las ganas seria de él de quien necesitarían protección, pensó.

- No me refiero a... Quiero decir que no me quiero volver a quedar embarazada -clarificó, bajando peligrosamente su mano hacia su miembro, para acariciarlo por encima de la tela. El olor de su sexo se intensificó y todavía le costó más de procesar.

- ¿Y qué esperas que haga? -gimió desesperado- Como me vuelvas a decir que no... -insistió en el intento de bajarle las bragas.

- ¿Decirte que no? ¿Cuándo te he dicho que no? -No tenía ni idea-. Te tienes que poner un preservativo, aquí -agitó la mano sobre el miembro por encima de la ropa, robándole otro gemido.

- ¿Un preservativo? -La volvió a besar y se refregó en su centro- No se me desgasta -Protestó burlón.

- ¡Serás idiota! -dijo riendo y separándolo para mirarlo a la cara-. Un preservativo, una goma, una funda... ¿Qué no teníais de eso en el espacio o qué? -Lo besó ella-. Para no dejarme en cinta -Esta vez fue ella quien se le refregó a él.

- No.

- ¿No?

- ¡No! -Se retiró medio frustrado-. ¿De dónde quieres que saque una cosa de esas ahora? - empezaba a estar harto. Todo esto lo estaba matando y le vendían ganas de romper algo.

Ella bajó de la mesa, arreglándose la ropa y lo cogió de la mano para salir del laboratorio- ¡Ven! Creo que tengo alguno en mi habitación -Tiró de él decidida.

Continuará...