CAPÍTULO 1

DISCLAIMER: La mayoría de los personajes de esta historia pertenecen a la poderosísima Stephenie Meyer y el resto a la señorona E. L. James, solo me adjudico la traducción.

Mi ceño se arruga con frustración ante el espejo. Maldito sea mi pelo, que simplemente no se comporta, y maldita sea Rose por estar enferma y someterme a esta prueba. He tratado de aplacar mi melena, pero no está funcionando. "Debo recordar no dormir con el pelo mojado". Recito esto cinco veces como mantra mientras intento, una vez más, con el cepillo. Me rindo. Lo único que me queda es sujetarlo con fuerza en una cola de caballo y esperar que luzca razonablemente presentable.

Rose es mi roomie y ha decidido, está bien, eso es un poco injusto, porque la elección ha tenido nada que ver con eso, pero tiene gripe y como tal no puede hacer la entrevista que ha arreglado con algún mega industrial para el periódico estudiantil. Así que me he ofrecido como voluntaria para ir en su lugar. Tengo exámenes finales para los cuales estudiar, un ensayo para terminar y se supone que debo estar trabajando esta tarde, pero no, hoy tengo que ir al centro de Seattle y encontrarme con el enigmático CEO de Cullen Enterprise Holdings, Inc. Al parecer, es un magnate excepcional. Un importante benefactor de nuestra Universidad y su tiempo es extraordinariamente valioso ―mucho más valioso que el mío― y le concedió una entrevista a Rose. Un verdadero hitazo, según ella. Malditas sean sus actividades extracurriculares.

―Bella, lo siento. Me tomó nueve meses conseguir esta entrevista y tomará otros seis meses reprogramarla, tú y yo nos habremos graduado para entonces. Como editora, no puedo echar esto a perder, por favor— Rose me suplica con su voz áspera y realmente dolorida por la gripe. Miro sus ojos llorosos enrojecidos, su nariz rosa brillante.

—Por supuesto que iré Rose. Deberías volver a la cama. ¿Quieres un poco de paracetamol?

—Sí por favor. Aquí están las preguntas y mi grabadora de minidiscos, simplemente tienes que presionar aquí para grabar. Haz algunas notas, lo transcribiré todo.

—No sé nada de él. —Mi voz es ansiosa.

―Las preguntas te ayudarán a hacerte una idea. Vete, no quiero que llegues tarde.

―Está bien, me voy. Tengo un largo viaje. Vuelve a la cama, pero asegúrate de comer. Te preparé un poco de sopa para calentar más tarde.

La miro con cariño, solo haría esto por ti, Rose.

―Lo haré. Buena suerte y gracias Bella, me has salvado la vida, como siempre.

Le sonreí con ironía y salgo por la puerta de nuestro apartamento. No puedo creer que haya dejado que Rose me convenciera de esto. Pero luego pienso que Rose puede convencer a cualquiera de hacer cualquier cosa. Será una periodista excepcional. Es articulada y argumentativa, es fuerte y persuasiva. Es hermosa y es mi mejor amiga.

Los caminos están despejados mientras salgo fuera de Portland; es temprano y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de esta tarde.

Afortunadamente, me prestó su coche. No estoy segura de que mi vieja camioneta esté lista para el viaje. Bueno, es lo menos que puede hacer. Frunzo el ceño hacia el espejo retrovisor, pero tengo que decirlo, el deportivo BMW Z4 es mucho más divertido de conducir que mi camioneta y los kilómetros se me escapan volando mientras piso el acelerador.

Está nublado, pero al menos no llueve mientras me dirijo a la ciudad. El tráfico de Seattle es pesado, aunque aún tengo una hora para llegar y me siento bastante segura de encontrar estacionamiento.

Gracias a Dios por el GPS del Z4, de lo contrario, estaría en problemas.

Mi destino es la sede principal de la multinacional del Sr. Cullen. Es un enorme edificio de oficinas de treinta pisos, todo vidrio curvado y acero, una fantasía para cualquier arquitecto, con las palabras Cullen House escrito discretamente en letras metalizadas sobre las puertas de vidrio. Son las dos menos cuarto y siento una inmensa sensación de alivio por no llegar tarde cuando entro en el inmenso —y francamente intimidante— vestíbulo de vidrio, acero y piedra blanca.

Detrás del sólido mostrador de piedra, una joven de pelo rubio muy atractiva sonríe amablemente a mí. Lleva la chaqueta de traje gris oscuro y la camisa blanca más elegantes que he visto. Se ve inmaculada.

—Estoy aquí para ver al Señor Cullen. Isabella Swan de parte de Rosalie Hale.

—Disculpe un momento, señorita Swan. —Ella arquea la ceja ligeramente mientras yo me paro conscientemente frente a ella. Empiezo a desear haber tomado prestada una de las chaquetas de Rose. En lugar de uso una falda, la única que tengo, unas botas marrones hasta la rodilla y un suéter azul. Para mí ya es estar elegante. Me meto uno de los mechones de cabello que se me escapan detrás de la oreja mientras finjo no sentirme intimidada.

―Se esperaba a la señorita Hale, por favor regístrese aquí, señorita Swan. Es por el ascensor en la derecha, presiona para el piso 30.

Ella me sonríe amablemente, sin duda divertida cuando me registro.

Me entrega un pase de seguridad que tiene VISITANTE estampado muy firmemente en el frente. Personalmente yo creo que es obvio que solo estoy de visita, no encajo aquí en absoluto. No pasa nada, suspiro para mis adentros. Le agradezco y camino hacia los ascensores, pasando a los dos hombres de seguridad que están ambos vestidos mucho más elegantemente que yo con sus trajes negros bien cortados.

El ascensor me lleva con una prisa indecorosa al piso treinta. Las puertas se abren silenciosamente y estoy en otro gran vestíbulo, nuevamente todo vidrio, acero y piedra blanca. En frente de mí hay otro escritorio de piedra y otra joven rubia vestida impecablemente con blanco y negro, que se levanta a saludarme.

―Señorita Swan, ¿podría esperar aquí, por favor? ― Ella señala un área con asientos de cuero blanco. Detrás de las sillas hay una gran sala de reuniones con paredes de vidrio con una enorme mesa de madera oscura, y al menos veinte sillas de madera oscura a su alrededor. Más allá de eso, un ventanal que abarca desde el piso al techo ofrece una vista panorámica de Seattle, hacia el Océano Pacífico. Es una vista impresionante. Me paro y lo admiro, momentáneamente distraída antes de sentarme.

Saco las preguntas de mi cartera y las reviso, maldiciendo interiormente a Rose por no haber proporcionándome una breve biografía. No sé nada de este hombre al que estoy a punto de conocer entrevista. Por lo que sé podría tener de noventa años a treinta años. Mis nervios me atacan, me siento incómoda con las entrevistas cara a cara. Soy mucho mejor en un escenario grupal, preferiblemente sin hacer preguntas, sentada en algún lugar en la parte de atrás. Bueno, a juzgar por el edificio, todo clínico y moderno probablemente tenga unos treinta años, en forma, bronceado, rubio, para coincidir con el resto del personal.

Otra rubia elegante, impecablemente vestida, sale por una gran puerta a la derecha. ¿Qué onda con todas las rubias inmaculadas? Parece que las fabricaran en serie. Respiro hondo y me levanto.

―Señorita Swan―, pregunta la última rubia.

― ¿Sí?

―El Sr. Cullen lo verá en un momento. ¿Puedo llevarme su chaqueta?

—Oh, por favor. ― Lucho por quitarme el abrigo.

― ¿Le han ofrecido algún refrigerio? ―

―Eeeh, pues no.

Dios mío, ¿voy a meter en problemas a la Rubia Número Uno?

Frunce el ceño y mira a la joven del escritorio.

― ¿Quiere té, café, agua? ―`

― Un vaso de agua estaría genial, gracias.

―Jessica, por favor trae un vaso de agua a la señorita Swan― ella le dice severamente a la joven en el escritorio. Jessica se levanta de inmediato y camina hacia una puerta al otro lado del vestíbulo.

―Mis disculpas, señorita Swan, Jessica es nuestra nueva interna. Por favor tome asiento. El señor Cullen la verá pronto, probablemente serán otros cinco minutos.

Jessica regresa con un gran vaso de agua helada.

―Aquí tiene señorita Swan.

―Gracias.

La Rubia Número Dos va y se sienta en el escritorio de piedra arenisca en su estación y ambos continuar su trabajo.

Quizás el Sr. Cullen insiste en que todos sus empleados sean rubios. ¿Es eso legal? Me pregunto ociosamente, cuando se abre la puerta de la oficina y un hombre negro alto, elegantemente vestido y bastante hermoso sale de la oficina. Definitivamente me he puesto la ropa equivocada. Se da vuelta y dice a través de la puerta,

― Golf, definitivamente, Cullen.

No escucho la respuesta. Se vuelve, me ve y sonríe amablemente. Jessica se ha levantado y llamado el ascensor.

― ¡Buenas tardes señoritas! ―dice mientras sale por la puerta corrediza.

—El señor Cullen la verá ahora, señorita Swan. Pase― indica la Rubia Número Dos.

Me paro bastante temblorosa, recojo mi bolso, dejo el agua y me dirijo a la puerta medio abierta.

―No necesita tocar, solo entre―Me sonríe.

Abro la puerta y tropiezo. Tropecé, tropecé con mis propios pies como de costumbre y caí de bruces en la oficina.

Bien, en la versión Crepúsculo hasta aquí llega el capitulo uno, agradezco su paciencia, y les recuerdo que sigo buscando ayuda para traducir y editar más rápido los capítulos.

Por cierto, una persona me hizo ver "amablemente" que si existe o existió una traducción y me hizo recordar que alguna vez me topé con ella, pero la verdad era malísima, básicamente textos copiados de algún traductor y ya, no la leí porque me dio flojera la mala redacción.

Entonces corrijo, no es que no hubo o haya una traducción, lo que no había era una buena…

¡Saludos!

Con cariño, Val…