Una vida normal

Intentó moverse despertando del sueño pero algo pesado se lo impedía. Abrió sus pesados párpados para encontrarse con su hermoso rostro. Tenía la boca cerrada pero los labios ligeramente abiertos, completamente relajado y rejuvenecido. Ni siquiera la noche del baile le pareció tan bello. La tenía atenazada con ambos brazos. Iba a ser imposible levantarse sin despertarlo. Pero tendría que hacerlo. Deseó quedarse así para siempre. Las anteriores semanas habían sido un sin vivir. Sabía que se estaba enamorando de un imposible. Cada día más. Con cada cosa que aprendía de él, más le fascinaba y más se sentía arrojada a aquel abismo sin salida. Si se dejaba llevar por sus emociones lo pagaría caro porque era imposible que alguien como él la correspondiera. ¿Disfrutar del sexo de vez en cuando? Seguramente. Pero ella sabía que eso, con el tiempo, no sería suficiente. No para alguien como ella. Ella necesitaría más. Necesitaría de su compromiso con ella. De su correspondencia.

Había hecho todo lo posible para distraerse de esa necesidad creciente. Pensó que volver a estar con Yamcha la ayudaría a tomar perspectiva. A racionalizarlo. A poder llegar a ver aquella noche, tan solo, como una diversión para ambos. A controlar sus emociones y a no perder su corazón en alguien que siempre había reclamado no tenerlo. Pero en su interior sabía que, para ella al menos, no había sido, no era, solo sexo, solo pura atracción carnal que con el tiempo y la pérdida de la novedad, se desvanecería, como pasaba siempre. No, si ella se dejaba llevar estaba perdida, porque sabía que le entregaría todo de ella a cambio de nada. Y ella era demasiado inteligente para eso... o así lo había creído.

- ¿Vegeta? -Tocó su pecho para despertarlo. Ardía. Su piel siempre ardía y su corazón latía con firmeza bajo su mano. Si tan solo sus emociones fueran igual de fuertes y consistentes, pensó-. Despierta -Él abrió los ojos mirándola manteniéndose relajado, sin su eterno ceño fruncido, con renovado deseo y diversión.

- Hola -Le dijo sugerente, inclinándose hacia ella para besarla ¡No! pensó ella. No podían volver a perderse, otra vez. Ni siquiera sabía qué hora era.

- ¿Hola?¿Sabes qué hora es? -Le preguntó entre besos y tímidas caricias por parte de ella, intencionales y firmes por parte de él.

- Hora del desayuno y eso es lo que voy a hacer -Empezó a trazar un camino de besos hasta sus pechos, atrapando entre sus dientes, con suavidad, un erecto pezón, para pasar su lengua por él y acabar lamiendo y mamando el resto. Bulma se sintió enloquecer de nuevo-. Un desayuno perfecto -Pasó a atacar el otro pecho, girándola sobre su espalda para situarse encima de ella.

- ¿Qué? ¿El desayuno? ¡Kami! ¡Trunks! ¡Vegeta! -exclamó recordando que habían subido a su habitación la tarde anterior. Ni siquiera habían dado de cenar al pequeño.

- Mujer, será mejor que te aclares a quién llamas -Se rio sin soltar su presa.

- Trunks, no le hemos dado de cenar a Trunks -Lo apartó un poco para ver si reaccionaba. Él la miró despeinado y travieso.

- El crío está bien. Está con tus padres en la cocina. Si se hubiera irritado lo habría notado. Debieron de darle de comer ellos -Volvió a atacar, acariciando también su entrepierna. Claro, sus padres jamás permitirían que dejaran a Trunks sin comer. Les habrían buscado y los habrían encontrado en su cama ¡Y no les habían dicho nada! ¡Oh! ¡Qué desastre! Ahora no habría modo de convencerles de que no se hicieran ideas equivocadas. Y ¿Qué demonios pretendía él?

- Vegeta, no podemos volver a tener sexo. No quedan más condones -Intentó hacerle entender.

- No nos hacen falta. Ya te he dicho que solo quiero el desayuno -Trazó un serpenteante camino de besos y lametones hasta llegar a su entrepierna, entreteniéndose en los límites del violáceo bosque. Ella solo alcanzó a ver su malévola sonrisa, un segundo antes de que sumergiera en su frondosidad, separando sus pliegues para beber del manantial mientras exploraba, con varios dedos, las profundidades de su cálido y palpitante abrigo. Una exquisita tormenta recorrió todo su cuerpo mientras perdía la capacidad de raciocinio y de respirar con normalidad. El acuciante y creciente dolor del deseo era calmado con sus intrépidos dedos que, con maestría, lo transformaban el puro y desbordantes olas de placer.

- ¡Oh!¡Santo cielo Vegeta! -No pudo evitar gritar, encorvando todo su cuerpo para sobrellevar tantas sensaciones. Él gruñó succionando más intensamente hasta llevarla al límite, acompasando su lengua y sus dedos, y apresurándose a no dejar escapar ni una sola gota de su elixir, sin parar de sorber, hasta que ella dejó de convulsionarse y gritar, asida por su único brazo libre, temblando y sin energía, agarrándose, con ambas manos, a las sábanas bajeras, en un intento de confirmar que aún estaba en la tierra. Entreabriendo los ojos mientras recuperaba el aliento, lo vio tumbarse de nuevo a su lado, relamiéndose los labios.

- Exquisito -sentenció repasando sus propios dedos sin dejar de mirarla- ¿Mujer, dónde podemos encontrar más de esas fundas?

Continuará...