Una vida normal

La abuela le había enseñado un nuevo juego pero él se moría de ganas de enseñarle lo que había aprendido aquella mañana. Lo hizo un par de veces en la cocina y era muy divertido ver como todo salía volando. Le habían enseñado que cuando estaba con los abuelos él no debía volar. Hacer volar las cosas tampoco estaba mal. Pero la abuela Bunny se acabó molestando un poco y lo riñó. No le gustaba que la abuela Bunny se molestara. Hacía una cara muy rara y a él le gustaba con su cara de siempre.

No acababa de entender por qué su padre parecía orgulloso cuando él volaba o hacía volar cosas y en cambio el resto no. Poco a poco, estaba descubriendo que se debía comportar diferente según con quien estuviera. Antes que su padre volviera, todo era más o menos igual. Ahora todo era diferente... más divertido.

Tenía ganas de que llegara la hora de cenar y poder hablar con él en su idioma secreto. Pero ni su padre ni su madre bajaron. Estaban en casa. Lo sabía. Desde la cocina podía notar la cosa que había aprendido a controlar hoy. El ki, le dijo su padre que se llamaba. Los suyos estaban juntos, subiendo y bajando de forma rítmica y, de vez en cuando, bajaban del todo. Al rato volvían a hacer juegos con aquellas cosas. Se empezó a mosquear un poco con sus padres ¿Estarían jugando sin él? ¿No lo había hecho lo suficiente bien aquella mañana en la habitación de juegos de su padre, la cámara? ¿Por eso prefería jugar con su madre en vez de con él?

Llegó la hora de cenar y tampoco vinieron. Era muy extraño. Su madre siempre tenía ganas de estar con él en aquella hora. Después siempre jugaban un rato y le explicaba un cuento hasta que le entraba sueño. La abuela y el abuelo le dieron de comer y jugaron con él, pero no era lo mismo. Añoraba a su madre. Más sabiendo que estaba tan cerca. Cuando vinieran intentaría ver que había hecho mal para que prefirieran jugar sin él. Además, su juego parecía más divertido, como cuando vio a su padre y sus amigos jugando dentro de la caja de los dibujos, la tele. Además de jugar con los ki también se escuchaban gritos desde la cocina. Seguro que se lo estaban pasando muy bien allí arriba y él aquí, con los abuelos, que hacían muchas cosas divertidas pero no sabían jugar con los ki y no querían que él lo hiciera tampoco.

La mañana siguiente los esperaba impaciente. Lo había venido a buscar la abuela a su habitación para darle el desayuno ¿Hoy tampoco le daba de comer su madre? Preguntó por ella y los abuelos le dijeron que estaba muy cansada y que hoy estaría con ellos. Él les dijo que no estaba cansada, que él notaba que estaba jugando con su padre. Se enfadó y tiró toda la papilla por el suelo. Los abuelos decidieron darle fruta entera, como lo hacía su padre. Bueno, al menos con esto salía ganando. La fruta entera estaba más buena que las papillas. Se volvieron a escuchar gritos. Pero solo de su madre y los abuelos subieron el volumen de la tele.

Cuando ya había pasado un buen rato, aparecieron. Al menos no se perdería el rato de juegos con su padre ¿No?

Continuará...