Una vida normal
Su corazón no dejaba de latir enloquecido. Cerró la puerta y, apoyando su espalda en ella, se dejó resbalar hasta el piso. Él acababa de bromear con ella. Estaba atónita. Antes solo lo había visto reír y bromear de dos formas; sin humor alguno, desvelando letales intenciones hacia quien iba a ser su víctima, y con compleja seriedad, como la noche que fue su acompañante, cuando rebatía algunos de los conceptos preestablecidos por la ciencia en su planeta.
Ambas formas de reír y bromear eran muy diferente a esta. Y eso la asustaba más. Si no llevara tantos años viviendo con él y sabiendo de lo que era capaz, podría llegar a creer que estaba flirteando con ella. Tuvo que hacer un sobre esfuerzo para contener su propia risa cuando le había golpeado con el almohadón. La había hecho sentir como una niña, jugando a estúpidos e inocentes juegos... ¡Después de lo que llevaban horas haciendo!
Su risa había sido como un gorgoteo refrescante. Por un momento le había parecido poder vislumbrar el niño que alguna vez debió de ser. Relajado, despreocupado, inocente y... ¿Feliz?
No debía dejarse engañar por eso. Era tan tentador dejarse llevar y enamorarse más de él. Sí, por fin tuvo el valor de reconocerse a sí misma lo que se empeñaba en negar, día tras día. Estaba enamorada. No recordaba cuando había empezado. Quizás llevara más tiempo de lo que creía. Siempre había admirado su persistencia, su dedicación, su dignidad. Pero después de los primeros combates contra los androides, había empezado a descubrir nuevas facetas; Su complejo compañerismo con el Trunks del futuro. Su desvelado interés hacia los temas que a ella también le apasionaba. Su sorprendente capacidad para conectar y enseñar a su hijo, a su propio modo, un modo no humano pero que era evidente que les funcionaba a ellos. Trunks adoraba estar con su padre. Y ahora, este aspecto juguetón y travieso en los momentos de intimidad.
Y el sexo. El sexo era fantástico. Él tenía un autocontrol increíble de cada parte de su cuerpo. Era muy consciente que, tan solo con aplicar un poco más de fuerza de la debida, podría destrozarla. Aun así, podía ser lo suficientemente rudo para que eso no llegara a pasar, logrando hacerla sentir poderosa. Y tras ello, enternecedoramente delicado e imaginativo, casi como si la adorada.
Deseaba tanto dejarse llevar. Dejarse de preocupar porque él se cansara algún día de ella, que la abandonara o peor, que no lo hiciera y se entregara a otras mujeres. Volver a sentirse como cuando abatieron su nave junto a Trunks y él no movió un dedo por salvarles. De constatar que en realidad ella no era lo mismo para él que lo que él pudiera llegar a ser para ella. Y sabía que así era. Para él era un juego.
Las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, entre la risa amarga, al recordarlo recogiendo su ropa, bloqueando sus golpes y ese estúpido beso. Estaba perdida y no sabía qué hacer.
Continuará...
