Se encontraba en su oficina. El calor se colaba por las rendijas de la ventana caldeando la habitación, le hacía sudar y más aún con las ropas que llevaba puesta. Su uniforme azulado, militar, era una bendición en invierno, pero en verano era como portar el infierno mismo, eso le provocaba aún más mal humor. Veía con hastío a sus compañeros de equipo, mientras sus dedos marcaban cierto ritmo en la madera. Suspiraba viendo la escena que se manifestaba delante, y la entendía hasta cierto punto. Hawkeye era guapa, eso no podía negarlo. Con aquellos cabellos rubios y suaves que brillaban al sol, esa mirada firme, pero amable, dura pero confiable que poseía. Aquella nívea piel que contrastaba de maravilla con el uniforme azul de los militares, en resumen era hermosa.

Y también entendía que los hombres pulularan alrededor de ella intentando ganar un poco de su atención. Muchas veces había encontrado reclutas de otras divisiones mirándola por el rabillo del ojo o intentando conseguir el número de la rubia ¿Pero que alguien la invitara a salir? Eso jamás lo iba a aceptar. Riza hablaba con un fulano que no daba la pena describir. Reían y mantenían una conversación amena (cosa que acentuaba su ceño fruncido). Roy lo había aceptado por lo que no había intercedido en ese encuentro, pero al momento de escuchar las palabras "¿Te gustaría tomar un café conmigo?" se había levantado con fuerza de su asiento, lleno de coraje por quellas palabras ¿Qué se creía?

-¿Señor?-Preguntó Riza confundida por la actitud de su jefe.

-Debo ir al baño-su cara roja denotaba que esa actitud había sido impulsiva "tranquilízate Roy o ella va a sospechar". Salió por la puerta, pasando al lado de la pareja y lamentó haberlo hecho. Justo, en aquel momento la rubia aceptaba aquella invitación. Maldijo por lo bajo antes de salir completamente de su oficina y dirigirse obligadamente al baño (aunque le serviría para enfriar la cabeza)

-Entonces, explícame ¿Qué hacemos aquí tan tarde?- Un chico rubio, de no más de quince años se encontraba junto a un hombre de más de treinta años, pelinegro. Estaban a las afueras de una pequeña cafetería al centro de Amestris, era tarde y el viento veraniego empezaba a correr por las calles, refrescando la ardiente ciudad, lo cual agradecían.

-Acero, cállate y sígueme-se escabulleron por las callejuelas, hasta dar con una ventana donde se apreciaba todo el lugar. Era una cafetería pintoresca, con mesas y sillas de color crema. Paredes decoradas con plantas y lámparas rojas que daban un aspecto íntimo al lugar. De pronto sonó la pequeña campana de la puerta, anunciando un nuevo cliente. Por ella entraron Riza, vestida de manera sencilla con una camisa y una falda hasta los tobillos y su acompañante. Charlaban y admiraban el lugar que el fulano había escogido. "El hijo de puta tiene buen gusto, eso te lo concedo" pensaba mientras observaba a la pareja tomar asiento y ver la carta del lugar.

-¡Oh! ya entiendo-dijo Edward con una sonrisa pícara en su rostro.

-No sabes nada niño-lo miraba con el ceño fruncido. Ahora más que nunca odiaba esa mueca de superioridad en el rostro del trigueño y se estaba arrepintiendo de haberlo traído consigo, pero se sentía patético y hacer esto solo no era una opción. Necesitaba (con el pesar de su alma) un amigo que lo acompañara a aquella travesía y no podía pedirle a sus compañeros de la milicia, sería el hazmerreír de todo el cuartel si algo así se supiera. Ya veía el cotilleo matutino en el cuartel central "¿Te enteraste que el coronel Roy Mustang siguió como un acosador a la teniente Riza? Me esperaba algo más de él" no podía permitirlo.

-Claro, claro coronel fanfarrón-era la oportunidad perfecta para molestarlo y claro que el alquimista disfrutaba de aquella situación.

-Solo me estoy asegurando de que mi mano derecha esté a salvo-intentó excusarse, pero su intento había sido ridículo. Los dos bien sabían que Riza no necesitaba protección. Ella era perfectamente capaz de defenderse sola.

-Sabes que solo estás celoso-le susurró. Pero la charla no pudo continuar ya que frente de la ventana, se sentaron la pareja de militares y la velada ya había comenzado, necesitaba toda su concentración puesta en ellos. Roy, a través del vidrio vio como la cara de la teniente se iluminaba por la conversación. Como sonreía, como las manos de los dos se encontraban y se dedicaban miradas furtivas. El coronel ardía en rabia y celos, literalmente. Tuvo que contener (Y con ayuda de Edward) las ganas de incendiar ese pequeño lugar.

-Vámonos-sin previo aviso salió de su escondite y se fue por las calles de la ciudad. El rubio se encogió de hombros y siguió al coronel.

La noche había hecho acto de presencia. Las estrellas brillaban con intensidad, al igual que la luna llena que iluminaba las calles con todo su esplendor. En un parque, en una esquina algo alejado de todo el barullo nocturno se encontraba un solitario hombre, que bebía de una misteriosa botella. Roy había decidido ahogar su rabia y frustración en alcohol, pero no quería ir a un bar y ver gente, necesitaba estar solo y aclarar su cabeza (de paso enfriarse un poco). Estaba confundido por lo que sentía ¿Por qué le daba tanta rabia ver a Riza con otro hombre? No, esa no era la pregunta correcta ¿Por qué se veía tan feLiz con ese idiota y no con él? Eso era lo que más le molestaba del asunto. Odiaba que ese tipo le sacar aquellas sinceras sonrisas, aquel brillo especial en sus ojos marrones, aquellos toques furtivos de su suave piel ¿Por qué él no podía ser aquel sujeto?

Claro, la milicia, el rango, los deberes y todo aquello se interponía entre él y Riza—Sabía que era usted, señor—Aquellas palabras le tomaron por sorpresa. Levantó la vista y encontró a aquella mujer que tanto había pensado en el último tiempo.

-Riza…-en la intimidad se permitía llamarla por su nombre.

-Roy-se sentó al lado de él. Tenía una sonrisa en su rostro. Roy intentó olvidar todo lo que había estado en su cabeza.

-¿Qué hace aquí tan tarde, teniente?- intentó poner una pared entre ellos, utilizando la formalidad.

-Vamos, tú sabes que es lo que estuve haciendo. Estuviste ahí-el rostro del pelinegro agarró un tono carmín de vergüenza por las palabra de la rubia.

-Yo…-

-No tienes que justificarme nada, yo sabía qué harías eso-

-¿Qué?-estaba desconcertado por las palabras de ella.

-Veía tu cara de perro en la oficina mientras conversaba con él…-

-Yo…no sé qué decir, me atrapaste-una sonrisa de resignación se instaló en su rostro.

-¿Y bien?-

-¿Qué?-

-¿No me dirás nada?-

-¿Qué quieres que te diga?-Riza entornó los ojos. Sabía que su coronel era una persona aguda y perspicaz en ciertos temas, pero definitivamente el amor no era una de ellas. Por lo que tomó el rostro del moreno y acercó sus labios contra los de él, terminando el acercamiento con un beso. Fue tan solo un toque ya que el pelinegro no reaccionó.

-Riza…yo…bueno…-estaba más que sonrojado y al verlo así le provocó ternura.

-¿Estoy equivocada?-esas palabras hicieron que Roy saliera de su estupor, por lo que con delicadeza se acercó a Riza y continuó con lo que estaban haciendo. El beso fue candente, lleno de pasión y amor reprimido. Atrás quedaron las vacilaciones, las dudas y los temores. Por esta noche solo serían dos civiles que se querían bajo el firmamento y la luna. Solo serían Roy y Riza, no el coronel y la teniente. Ya mañana verían que hacer.

La misma oficina, el mismo calor sofocante, las mismas personas pero esta vez había algo diferente. El coronel sonreía mientras hacía sus deberes. Cogía un papel, lo leía y lo firmaba sin chistar ni quejarse como siempre lo hacía. Todos en la oficina se miraban preguntando ¿Qué carajo le había sucedido al coronel?

-¿Se encuentra bien?-se atrevió a preguntar Havoc.

-¿Qué si me encuentro bien?-lo miró sorprendido-querido Havoc, estoy excelente ¿Ustedes no? Es un maravilloso día-todos quedaron con más dudas que respuestas después de aquel intercambio de palabras. Creían que al coronel se le había zafado un tornillo o los alíen lo habían abducido. Solo había otra persona en la oficina que sabía que era lo que le pasaba a Roy. Y con una sonrisa de complicidad procedía a hacer sus tareas diarias.

FIN