Una vida normal
Estaba sopesando la posibilidad de llamar a aquella chica tan guapa, la que le había escrito su teléfono en su entrada del último partido, cuando recibió la llamada de Bulma. El corazón se le aceleró al escuchar su voz. Casi había vuelto a perder la esperanza que ella fuera a llamarlo de nuevo. Quedarse erecto, con los pantalones a medio bajar, no lo había dejado con el mejor de los ánimos.
No alcanzaba a comprender qué pasaba con ella. Los últimos encuentros apenas habían sido poco más que revolcones y, ocasionalmente, para pedirle que la ayudara con Trunks. Esperaba que no lo llamara por eso último. Esta vez no podría ser tan complaciente. Empezaba a sentirse como un auténtico merluzo.
Ella quería volver a quedar. Para disculparse decía. Salir solos ellos dos. Trunks se quedaría con sus padres y Vegeta. Aquello, a pesar de intuir en su interior que no debía hacerlo, alentó de nuevo sus esperanzas. Que Vegeta se quedara con Trunks y no se opusiera a que salieran juntos, por fuerza, había de indicar que la pareja no estaba junta, tal como ella siempre le decía. Lo sucedido hacía casi dos semanas debía tener alguna explicación lógica.
Así que aceptó dispuesto a ofrecerle una velada que no pudiera olvidar en tiempo. Reservó en el mejor restaurante de la ciudad, solicitando una de las terrazas exclusivas de las que disponía para no ser molestados por otros comensales. Él también era bastante famoso y no era extraño que en más de una ocasión algún fan los interrumpiera... bueno, más bien "alguna fan". Sissy quedó relegada por completo al olvido, mientras él se ponía uno de los conjuntos que más había alabado Bulma, en pasadas ocasiones, y encargaba un espléndido ramo de flores, para demostrarle que no le guardaba rencor alguno.
Ella ya lo esperaba arreglada cuando pasó a recogerla, sin darle tiempo ni a saludar a sus padres. Aunque tenía la impresión que últimamente tampoco les apetecía demasiado hacerlo. Estaba guapísima. Llevaba uno de sus vestidos favoritos, no enseñaba nada en exceso pero remarcaba sus curvas, mucho más prominentes tras el parto. Sí, Bulma había mejorado como un buen vino.
La cena fue remarcablemente bien. Ella volvió a disculparse y le explicó que, aquel día, había olvidado completamente un proyecto urgente que debía ser entregado al día siguiente. Algo relacionado con la conservación de alguna especie de insecto para la Sociedad Entomológica de Capital City y que, por eso, lo acordó cuando él hiciera referencia a los preservativos. Le dio las gracias por recordárselo. Tenía lógica y él se quedó más tranquilo, sugiriéndole, entre risas, que podrían compensarlo esa noche. Ella estuvo de acuerdo con él y le dejó que le tomara la mano de forma cariñosa, algo que no pasaba desde que rompieran, hacía casi tres años.
- Pero esta noche podías quedarte a dormir -Probó su suerte.
- Yamcha, yo...
- Nena, sabes que pese a todo lo que ha pasado, nunca he dejado de amarte -Quería que lo comprendiera.
- ¡Ja ja ja! ¿Eso se lo dices también a las otras? -le contestó sin dejar de flirtear y él le dedicó una recriminatoria mirada-. Yamcha, medio Capital City sigue tus devaneos. Eres el tema principal de cualquier programa del corazón que se precie.
- Pero... bueno, bien, tú siempre dices que solo me quieres como amigo. Un hombre también tiene sus necesidades ¿Sabes? Pero ninguna de ellas ha significado lo que tú eres para mí. Tú siempre serás la única y lo sabes -le recriminó convencido.
- Yamcha, no creo que funcionara. Ya lo hemos hablado muchas veces ¿Qué tiene de malo lo que tenemos ahora? Los dos lo pasamos bien y no hacemos daño a nadie, especialmente el uno al otro ¿No lo entiendes?
- Sí, pero... -Suspiró mientras buscaba las palabras contemplando las vistas de la ciudad-. Nena, yo necesito más y sé que tú también... -Le acarició la mano que tenía sujeta-. Yo te amo y no puedo luchar contra eso, ni quiero.
- Volverías a traicionarme y no te lo podría perdonar, no ahora que estoy bien. Ahora que ya no espero eso de ti. Yo también te quiero, siempre lo haré, pero no de ese modo. Yo, yo necesito algo firme, algo en lo que pueda confiar a ciegas. Tú y yo lo hemos intentado demasiadas veces como para engañarnos. Ya no somos par de adolescentes que apenas saben como son las cosas y creen saberlo todo. Llévame a tu apartamento esta noche y puede que me quede un rato más, pero no me pidas imposibles ¿Quieres?
Después del sexo ella apenas se quedó media hora más, recogiendo sus cosas cuando él empezaba a dormitar. Sacó una cápsula de su bolso y la abrió en el balcón. No le dejó protestar. Le dio un último y dulce beso en los labios y se montó en su aeronave.
Continuará...
