Una vida normal
No se lo podía creer. Parecía que todo el mundo estuviera confabulado en su contra. Todos pretendiendo que se liara con Vegeta. Podría haberlo entendido de cualquiera que no la conociera pero de sus propios padres... Desde pequeña había estado deseando encontrar a su príncipe azul. Pero no a un príncipe. Ella había querido encontrar a su pareja ideal. Una persona que la amara, que la comprendiera, que la acompañara, que fuera capaz de darle a la vez, ternura y pasión, espacio y complicidad. Le era imposible imaginarse a Vegeta en ese papel.
Sí, él era un ser extraordinario pero nunca podría ofrecerle todo aquello, ni siquiera la mitad. Para empezar, no era humano. Ella sabía muy bien que no podía aspirar a pedirle algún día que dejara de ser como era. Y seguramente, ella, tampoco podría adaptarse. Entre ellos existía un mundo de diferencias, nunca mejor dicho. Estaba convencida de que él ni siquiera era consciente de todo lo que provocaba en ella. Lo admiraba, la intrigaba, lo deseaba, la seducía. Pero en cualquier momento volvería a ignorarla. Ella ya había pasado por ese tira y afloja con Yamcha, demasiados años.
Por fin había conseguido superado su dependencia anterior, no quería caer en una nueva. Ahora, Yamcha era como un puerto franco. Ese al que puedes ir cuando lo necesites sin temer tener que pagar por ello después. Ya no le dolía si lo veía con otras chicas en cualquier revista. Se alegraba por él. En ocasiones hasta ella salía beneficiada de las nuevas experiencias que este adquiría. De hecho había mejorado bastante como amante en los últimos tiempos. No era como que él hubiera sido mal amante en el pasado. Había que reconocer que el muchacho era entregado cuando se lo proponía y lo pasaba muy bien con él. Pero sabía que ya no corría peligro de volver a perder la cabeza por él.
Así que esa misma mañana lo llamó. Se inventaría cualquier excusa sobre su huida en su último encuentro y volverían a estar donde lo habían dejado. Tampoco estaba dispuesta a que Vegeta la utilizara como su desahogo personal. Seguramente repetirían, pero no quería que él lo asumiera como ningún tipo de derecho. Ella también tenía su dignidad. Debería conformarse a tener una casa, un trabajo y un hijo, que no era poco para cualquiera. La forma en que se había despedido de ella la había asustado. Por un momento se había sentido como si fueran algo más. Era tan fácil caer en sus encantos cuando él se lo proponía...
Yamcha aceptó y la pasó a recoger. Sus padres se quedaron un tanto sorprendidos y les dejó bien claro que no quería que nadie la esperara despierta. La cena fue estupenda. Se notaba que Yamcha se había esmerado para que nadie les molestara y lo agradeció. Además estaba guapísimo y auguraba una muy buena noche, hasta que volvió a sacar la conversación que tantas veces habían tenido. Por un momento incluso se lo llegó a replantear. Volver con él, tener una familia normal. Él se preocupaba de verdad de ella. Jamás la hubiera dejado expuesta a un peligro si podía evitarlo. También tenía buena mano con Trunks...
Pero luego recordó como cada vez había resultado en desastre y, quizás, una siguiente les hiciera perder una amistad que apreciaba demasiado. Así que le prometió quedarse un poco más y, en cuanto él empezó a dormirse, regresó a su casa.
Todo estaba tranquilo, en silencio. Le habían hecho caso y se habían ido a dormir. Entró en la habitación de Trunks para darle un último beso de dulces sueños antes de ir a hacer lo propio. Al salir, por un momento, tuvo la sensación que alguien la observaba pero, mirando a su alrededor, comprobó que no había nadie. Se duchó y fue a dormir pensando en su nuevo proyecto con A18. Era aterrador y excitante por igual.
Continuará...
