Una vida normal

Llevaba tres días sin aparecer por el laboratorio. Al viejo le dijo que estaba perfeccionando el entrenamiento con Trunks y que debería dedicarle más horas. Era importante enseñar bien al mocoso. El hombre se entristeció un poco pero no le quedó más remedio que aceptarlo.

Lo cierto es que no podía evitar sentirse molesto. Tres semanas atrás, después de haber pasado la noche con él, al día siguiente la hembra se fue con aquel atontado y aunque no se quedó toda la noche fuera, olía a él. Desde su habitación podía percibirlo. Estuvo pendiente de los movimientos de su ki, hasta que se hizo evidente que se había ido a dormir al fin.

Sabía que no tenía que importarle y que no había razón para estar pendiente de su llegada. Pero no pudo evitarlo. Algo superior a él se lo impedía.

Los siguientes días siguieron con la rutina anterior; entrenamientos y trabajo en el laboratorio por turnos y ocupándose en diferentes horarios de Trunks. Otras de las tardes en las que el Sr. Brief volvió a faltar, volvieron a tener sexo. Esta vez no salieron del laboratorio. El Sr. Brief le había enseñado una especie de contenedor de pared lleno de fundas y había decidido llevar unas cuantas encima, por si acaso.

Efectivamente, fue una idea estupenda. La hembra no lo frenó esta vez y repitieron tres veces seguidas. No sabía por qué se había imaginado que podrían establecer una rutina en ese aspecto también. Y la verdad es que repitieron varias tardes seguidas. El bendito Sr. Brief tenía el don de faltar cuando era necesario. Empezaba a tomar bastante aprecio a aquel hombre.

Pero entonces, ese mismo fin de semana volvió a quedar con el cara cortada. Y de nuevo no pudo evitar estar pendiente de su llegada. Esta vez la espió entre las sombras ¿Qué demonios estaba pasando con él? Era absurda aquella fijación, con lo que hiciera o no hiciera la hembra, cuando no estaba con él ¿Por qué le molestaba tanto? ¿Le molestaba? Sí, le molestaba. Se dio cuenta de que lo ponía de mal humor, por muy absurdo que fuera. Así que había decidido ausentarse del laboratorio y pasar más tiempo con su hijo.

Si no estaba cerca de ella no tendría tantas ganas de estar con ella y no se pondría en aquel estado, cuando ella prefiriera estar con el otro. Aun así era desesperante. Aunque no quisiera, había empezado a controlar, a todas horas, donde estaba el ki de ella y en qué estado se mostraba. Incluso había ocasiones en las que perdía la concentración estando con su hijo y este lograba golpearle. Era patético. Golpeado por un mocoso por estar controlando a una hembra.

Dos ideas habían empezado a obsesionarlo. Volver a escapar al espacio o exigirle a la hembra que dejara de tener sexo con el inútil estando él ahí. A cuál más estúpida. Ir al espacio ¿Para qué? Ya sabía lo que había allí fuera y había acabado harto. Además su hijo estaba aquí y eso lo motivaba. Claro que podría llevárselo con él. Pero eso también sería ponerlo en riesgo innecesariamente y no iba a perder a ningún saiyajin más, híbrido o no. Y lo de exigir exclusividad a la hembra ¿Acaso le permitiría a ella lo mismo? ¿Qué ella le pidiera exclusividad? No, absolutamente no... aunque no hubiera otra hembra en ese momento que le interesara ¿Qué necesidad había?

Así que siguió de mala leche, medio desconcentrado y observando a su alrededor.

Los siguientes días empezó a venir la tostadora con patas y aún le quedaron menos ganas de ir al laboratorio. La hembra debía estar realizando el proceso que había estudiado tiempo atrás. No entendía a la tostadora. Él, esos días, hubiera deseado tener lo que tenía ella. Seguro que ella no estaba pendiente de lo que hacían o dejaban de hacer los demás. Esa cosa no es que no tuviera sentimientos, era mucho mejor, no tenía emociones. Pero era estúpida porque estaba dispuesta a renunciar a esa ventaja.

El viejo seguía insistiéndole en las comidas para que volviera a trabajar con ellos en el laboratorio. La mujer parecía agotada y comentó que su padre tenía razón, que les iría muy bien un par de manos más. Estuvo a punto de decirles que se lo pidieran al bueno para nada, pero justo en ese momento llamó a la puerta y la hembra lo invitó a comer con ellos. Aquello ya era insoportable y no se molestó en absoluto en ocultar su desprecio.

- ¿Y a ti, que te pasa? -le preguntó el cara cortada mientras se sentaba al lado de la hembra con una sonrisa-. Veo que sigues tan alegre como siempre -rio.

- No me gustan las cucarachas -le contestó.

- ¡Vegeta! -lo reprendió la hembra-. ¿A qué viene eso?

- Él ha preguntado, yo he respondido.

- ¡Bah! No le hagas caso Yamcha -ella le dedicó una mirada de enojo a él y una sonrisa a la babosa ¡Qué asco sentía en ese momento! No pudo controlarse más y se levantó para irse-. ¿A dónde vas? Ni siquiera te has acabado el primer plato -observó sorprendida.

- No tengo hambre -Se giró hacia su hijo, tocándole despistado la cabeza-. Cuando acabes te espero en la cámara. Tenemos que perfeccionar esos movimientos -Trunks alzó la mirada serio y asintió con la cabeza. Él se fue directamente hacia allí.

Continuará...