Una vida normal

- ¿Te he hecho daño? ¿He sido demasiado brusca? -le preguntó, satisfecha, recuperando de su propio éxtasis mientras jugaba con el suave y canoso bello de su pecho.

- No, daño no... Ha sido un poco incómodo al principio -contestó besando la punta de su nariz-. Ha estado bien, pero creo que prefiero cuando lo haces con los dedos... Creo que ya no estoy para estos trotes -rio abrazándola.

- ¡Qué tonto eres! Aún somos jóvenes... pero sí, para mí ha sido un poco raro. Excitante pero raro. Y me he pasado la mitad del tiempo sufriendo por no dañarte -rio ella-. Aunque al final creo que le he tomado el gusto. Pero si tampoco te ha gustado tanto, mejor seguimos con lo que nos funciona ¿No?

- Sí, pensaba que sería más placentero -bromeó golpeando el arnés que ella aún llevaba puesto-. Pero si a ti te ha gustado podemos repetir alguna vez... ¡Aunque no de costumbre! -levantó la mano libre, en un gesto de tomárselo con calma.

- Vaaale ¿A ver qué te parece? Podemos hacer un intercambio... Tú me dejas ponerme el arnés de vez en cuando y yo te dejo azotarme en esas ocasiones -Le guiño el ojo traviesa-. Luego, podemos lamernos las heridas el uno al otro...

- Que ¿Qué me parece? -La tumbo sobre su espalda, posicionándose entre sus piernas. Su miembro, que volvía a despertar, chocó con el de silicona-. Que no te merezco -rio atacando el cuello de su esposa a besos, mientras le hacía cosquillas en la cintura.

- ¡Para! ¡Para! Sabes que no puedo con las cosquillas -rio ella mientras se lo quitaba de encima para recuperar su anterior postura.

- Sí, tienes razón -Continuó riendo mientras recuperaba otra vez el aliento-. Además, ya no me recupero como antes, iba de farol. Mejor vamos a descansar. Ha sido un día muy largo -le dijo mientras volvía a abrazarla con cariño.

Ella lo apartó otra vez más para quitarse el arnés y volvió a acurrucarse con él- Sí, ha sido un día muy largo y extraño ¿Verdad?

- Sí, no acabo de entender a nuestra hija. Pensé que ya lo había dejado con Yamcha... ¿Está con los dos? -se preguntó rascándose el bigote.

- Yo diría que no está con ninguno.

- Pues para no estar con ninguno grita mucho... al menos cuando está con Vegeta.

- Yo creo que solo se lo pasab bien con ellos. Trabaja mucho y también pasa muchas horas con Trunks, es normal que quiera evadirse de vez en cuando. Todavía es muy joven. Seguramente, si fuera un muchacho ni nos lo plantearíamos.

- Ya, pero yo había empezado a creer que le gustaba más Vegeta ¿Tú no?

- Sí también. De hecho lo sigo creyendo. Pero él tampoco da muestras de querer algo más firme con ella... así que también puedo entender que...

- ¿Qué no da muestras de querer algo más con ella? ¿Y el cabreo que se ha cogido cuando ha invitado a Yamcha a comer, qué ha sido, reina? -rio él.

- Bueno sí, pero otras veces ya se han picado estos dos -Se encogió ella de hombros.

- Sí, sí, es verdad... a veces se me olvida que es de otro planeta. Aunque ¿Tanto como para dejarse la comida? ¿Con lo que llega a comer él?

- Puede, pero creo que hemos perdido de vista que hace falta algo más que el sexo para ser pareja. Nos hemos fijado tanto en la atracción, que evidentemente sienten ellos, que no hemos tenido en cuenta lo que cada uno de ellos realmente necesita. Quizás, para ellos ya esté bien.

- Reina, te aseguro que la reacción de él no es de un hombre al que ya le está bien una situación. Y eso es igual aquí, que en Raticulín, Ganímedes o Alfa Centauri.

- ¿Tú has hablado alguna vez con él de sus costumbres de apareamiento?

- Reina ¡Creí que te gustaba mi cara!

- Y me gusta.

- ¿Y por qué quieres que me la rompa, entonces?

- ¡Ay! ¡No sé! Pensé que quizás pudiera salir la conversación entre vosotros, conversación entre chicos -Se puso en índice bajo la nariz, emulando su bigote-, como quien no quiere la cosa... así podríamos saber qué es lo que falla.

- Sí claro. Mañana, mientras nos tomamos un café, se lo saco... Por cierto muchacho, y en tu planeta natal ¿Cómo se apareaban?

- ¡Qué tonto eres! -Le golpeó en el hombro-. Eso no, pero podrías preguntarle que es lo que valoraban en su especie de las parejas o algo así, más sutil...

- Sigo creyendo que quieres que me rompa la cara.

- Yo solo quiero que nuestra hija sea feliz. Se lo merece.

- Y yo -La miró lleno de amor-. ¡Te amo!

- Y yo a ti, mi rey.

Continuará...