Una vida normal

El pequeño acabó de comer. Se despidió de ellos con la palmada que él le había enseñado en el pasado. Menos mal que en eso se parecía más a ella. Lo último que deseaba era tener a dos sayajins odiándolo, aunque uno fuera medio humano. Le gustaba el crío. Había algo noble en él. Si no fuera por el parecido y el evidente poder interior que emanaba, le costaría creer que era hijo de aquel asesino mercenario.

Los padres de ella también se fueron, dejándolos solos en el postre- Creo que deberíamos hablar de lo que pasó la última vez -se decidió a sacar el tema. Empezaba a estar preocupado seriamente por ella.

- ¿De lo qué pasó la última vez? No entiendo...

- Bulma, por favor... -Le hizo una mueca esperando que dejara de fingir de una vez-, nos conocemos demasiado y aunque sé que a veces lo parezco, no soy idiota.

- Mira, si me vas a empezar con estúpidos celos, mejor dejamos de vernos, vale -le contestó a la defensiva ella.

- A ver... -Trató de calmarse. Empezaba a estar desbordado-, vamos a ver. Mira, lo entiendo. Me has dicho muchas veces que lo nuestro es solo como amigos con derecho a roce... o como quieras llamarlo -Ella ni siquiera lo miraba-. Pero, en serio. Aunque sea como amigos. Reconoce que no es normal.

- ¿Me estás juzgando? ¿Tú? ¿Precisamente tú? -Lo enfrentó.

- No, no, no... -levantó ambas manos a la defensiva-, pero reconócelo. Ya pasó las otras dos veces, antes...

- ¡Fue un lapsus! -Se levantó alejándose de él sin dejar de mirarlo- ¿Y qué me dices de Mindy? ¿O Mandy? ¿O como se llame? A ti también te pasó y entonces, sí, que estábamos juntos -Puso sus brazos en jarra. Él cogió aire sin saber cómo hacerle ver.

- Bulma, al menos sé franca contigo misma -le dijo más calmado. Se sentía agotado. Había estado pensando en ello desde la última y desastrosa vez que estuvieron juntos-. Estás enamorada de él. Lo entiendo. Bueno, en realidad no, pero, yo que sé. Algo debe tener ese maldito bastardo. Lo que no entiendo es ¿Por qué sales conmigo? Por la forma en que ha reaccionado hace un rato ¿Me vas a decir que no ha vuelto a pasar nada entre vosotros? ¿Ni una sola vez? -Ella apartó su mirada mordiéndose las uñas-. Bulma, por favor ¿Te crees que no te vi llorar la última vez? Habla conmigo -Ella negó con la cabeza y empezó a ver como se le nublaban los ojos-. Por favor. Cuando te digo que te quiero no es solo por el sexo. Me preocupas ¿Sabes? Puedo aceptar que no me quieras como pareja, pero déjame ser tu amigo y tratar de ayudarte. Habla conmigo -Se levantó para acercarse tranquilamente, hasta estar frente a ella, colocándole la mano en el hombro. Ella siguió desviando su cara, tratando de ocultar las lágrimas que habían empezado a escapar-. Bulma -Susurró girando su cara para mirarla de frente.

Tenía los ojos enrojecidos y las lágrimas se habían transformado en pequeños riachuelos que brotaban libremente, pero ella parecía no poder hablar, más que no querer. Finalmente levantó la mirada para encontrar la suya y acabó derribándose en sus brazos, mientras empezaba a sollozar sin control- Lo siento. Lo siento mucho. Perdóname Yamcha. Yo, yo no sé qué me pasa. No sé que hacer -Siguió llorando por varios minutos mientras la mecía tratando de ayudarla a calmarse. Le dolía que esas lágrimas fueran por aquel mal nacido, pero más le dolía verla sufrir, y ya había cometido el error de juzgarla una vez cuando él era que más motivos tenía para callar. Pasara lo que pasara, ella era su amiga. Habían pasado demasiadas cosas juntos.

- Pues cuéntame. Es evidente que sea lo que sea te está haciendo daño.

- No, él, nunca me ha hecho daño -Lo defendió, como siempre. Ya no le extrañaba- No es eso. Es todo lo contrario -Ahora el que no entendía nada era él ¿Todo lo contrario? ¿Vegeta le estaba haciendo bien?-. Tú tienes razón. Me he enamorado de él como una estúpida.

- No eres ninguna estúpida. No digas eso -Le acarició la cabeza mientras a él se le desgarraba el alma.

- Sí, sí que lo soy -protestó ella sin dejar de llorar-. Tú tenías razón. Con la de hombres que hay en el mundo. Me he tenido que enamorar de un bastardo insensible que seguramente no me considera más que como un buen revolcón -Reconoció al fin. La imagen de él mismo cortándose las venas, con un cartel al cuello y la palabra imbécil, se le apareció en la mente-. Pero, no sé qué hacer para quitármelo de la cabeza. Lo he intentado y no puedo -sollozó en su pecho-. Hay... hay partes de él, que solo muestra de vez en cuando, que me hacen pensar...

- ¿Qué? -Yo debo ser masoquista, pensó para sí mismo.

- Tenías que verlo con Trunks. Nunca imaginé que pudiera ser así.

- ¿Cómo? -No sabía si aquello era bueno o malo.

- A su manera es muy buen padre ¿Sabes? Trunks, no parece ni el mismo. Lo admira y disfruta pasando tiempo con él. Él puede darle cosas que yo no. Que ninguno de nosotros podría -Empezaba a calmarse y secó sus propias lágrimas con la muñeca-. ¿Sabías que entre ellos hablan su propio idioma? -le explicó riendo. Tomó aire, más tranquila y le sonrió amargamente-. Y él, no es solo un mercenario que solo piense en matarse a golpes como todos creen -Él hizo una mueca burlona de incredulidad... A ver, una cosa era que ella lo encontrara atractivo, más atractivo que él, seguramente por esa estúpida cicatriz que le cruzaba la cara. Pero que le intentara convencer de que Vegeta no era un obseso de los combates... eso ya era demasiado-. No te burles ¿Sabes que ha estado trabajando con nosotros en el laboratorio? Con él puedo hablar de temas fascinantes y gracias a él también he aprendido muchas cosas -Claro, no como conmigo que soy medio tonto, pensó-. Y tiene sentido del humor -Sonrió ensoñada ella sin querer. Sí, claro, ahora Vegeta iba a resultar el alma de todas la fiestas-. Y... -Desvió la mirada, como si prefiriera no acabar la frase.

- ¿Y? -Ya que hemos llegado hasta aquí, si hace falta remátame, volvió a pensar para sí.

- Y ¿Cómo puedo luchar contra lo que me hace sentir? No quiero que me haga daño en ese aspecto, pero no sé qué hacer. Y sí, te debo una disculpa... o más de una. Quizás no he sido demasiado honesta contigo, ni justa... Supongo que te he estado utilizando para intentar quitármelo de la cabeza... pero ya ves -Se encogió finalmente de hombros, volviendo a mirarle con tristeza.

- Sí, ya veo -Ella se había separado de él y se mantenía apoyada en la nevera-. Has hablado con él y te ha dicho lo mismo que me dices tú a mí ¿No? -le medio recriminó cruzándose de brazos.

- Bueno, en realidad, de eso no hemos hablado. Supongo que me aterra y presiento su rechazo. Lo siento Yamcha. No sé qué decirte. No me parecía justo hablar de esto contigo.

- Quizás lo que no es justo es que nos sigamos viendo y teniendo sexo ¿No crees? -Le dijo sin rencor aunque destrozado por dentro.

- Sí, supongo que no lo es. Quizás lo mejor es que nos dejemos de ver. Aunque te echaré mucho de menos.

- Sí, yo... yo también a ti -Se miraron sabiendo que esta vez, definitivamente no había vuelta atrás. Volvieron a abrazarse como despedida. No volverían a verse hasta un año más tarde.

Continuará...