Una vida normal
Antes de hacer lo que le dijo la científica decidió realizar otro tipo de análisis. Su estrategia era perfecta, sin embargo aquella mujer parecía no estar de acuerdo. Existía una alta probabilidad de que le estuviera ocultando otros motivos. Debía recabar más información sobre ella para poder calcular cuáles podían ser.
Buscó un local de videojuegos con conexión a la red. Si su hermano detectaba ese flujo de información y la localizaba, lo llevaría a un lugar aleatoriamente alejado de su nuevo hogar. Sabía como analizaba él y él sabía como analizaba ella. Por eso, la aleatoriedad era la mejor opción.
La mayoría de los presentes eran humanos machos, que no disimularon en absoluto la atracción que despertaba en ellos. Localizó un terminal, relativamente aislado. Estaba ocupado por un hombre de unos 35 años bastante obeso y alto. Ella se lo quedó mirando.
- ¡Lárgate! ¡Ahora! -le ordenó. Él, atónito y después enojado, continuó jugando.
- Mira, eres muy mona pero tendrás que esperar a que... -No le dio tiempo a acabar la frase. Lo agarró por detrás del cuello, elevándolo un palmo del suelo, aun siendo más alto que ella. Pero él no podía volar y mucho menos tenía su misma fuerza.
- He dicho que te largues y no me gusta repetirme -lo amenazó veladamente, acercando su rostro a su cara. Luego lo soltó sin más. Él calló, golpeándose el costado. A la que pudo incorporarse, salió del local como si llevara un cohete en el culo. Se sentó y disimuladamente conectó una de sus uñas a la conexión de red. Buscó todo lo concerniente a Bulma Briefs y cualquiera que hubiera tenido la más mínima relación con ella. Una vez descargados todos los datos salió del local. Esta vez, las miradas que aquel montón de humanos le dirigían tenían una expresión completamente diferente.
Al llegar al apartamento de Krilín empezó a analizar la información y clasificar posibilidades. Aquella mujer era más compleja de lo que había valorado inicialmente. Había ciertas pautas que se mantenían, pero otras eran totalmente imprevisibles. Y estaba llena de contradicciones. Si sus algoritmos pudieran traducirse a emociones humanas podría compararlo a que le agradaba. Así que decidió hacer lo que ella le había dicho.
Buscó el programa de análisis de decisiones sobre los adversarios y aisló la interfaz y la clase madre. Había mentido respecto al tiempo que necesitaría. En realidad había decidido pasar un poco más de tiempo junto a Krilín antes de someterse al proceso que le había propuesto la científica.
Continuará...
