Disclaimer. Nada de esto es mio, excepto la personalidad de mierda de Walder El Gris
Esta historia participa en la segunda ronda del certamen de los Originales, del foro Alas Negras, Palabras Negras. La idea era escribir sobre el amor, y aca lo intenté hacer de otra manera, hablar de la falta de amor. Pos, espero que este bien.
Walder El Gris sabía que sus familiares tramaban algo hacia varias semanas. Ryman andaba con esa cara estúpida de conspirador y cuchicheaba con Lothar por los rincones de Los Gemelos. Walder apostaba que tenia que ver con los Stark. Todos los Frey que compartían la mesa con el viejo le habían escuchado muchas veces decir que Robb iba a pagar por su traición, por la humillación que le había hecho pasar a la familia. Nadie se mete con mi familia, mascullaba el asqueroso viejo, mientras le llevaban en andas de una habitación a otra. A Walder le repugnaba hasta más no poder, sobre todo porque compartían nombre. Preferiría mil veces que le llamaran de cualquier forma estúpida, como Mantecas, antes de que se refieran a él por su nombre.
Cuando se anuncio el compromiso del Tully con Roslin, sus sospechas se vieron confirmadas. Era una emboscada destinada a recuperar el honor de los Frey, pensó, sonriendo con sorna. Se preguntaba como los Stark no se habían dado cuenta de algo que para él resultaba tan obvio. Le comentó al respecto al maestre, el que le reprendió mirando a todos lados con susto, murmurando por los Siete Walder, para ser alguien que habla tan poco, no sabes cuando callarte. Luego, le había dicho que los Stark era honorables y se había marchado. Muy honorables, pero muy idiotas serán, susurró para sí.
El día de la boda circuló entre la carpa de los bastardos Frey y los oficiales. Le gustaba más la primera, nadie se metía con él y le dejaban emborracharse en paz, a su ritmo. Pero sabia que en la segunda sucedería lo que fuera a suceder esa noche, lo que sea que sus asquerosos familiares tuvieran planeado, así intentó mantenerse sobrio y atento. Cuando comenzó el encamamiento, notó el cambio en la atmosfera y se retiró a un pasillo lateral, donde podía vigilar la escena sin ser fastidiado. Le impresionó la violenta reacción de Lady Stark para proteger a su chiquillo, su intento desesperado de cambiar su vida por la de Cascabel. De verdad que esa gente no conocía al viejo. Siguió la escena con interés y le sorprendió descubrir que se sentía enternecido por la gente del Norte. Se preguntó si algún de sus familiares haría eso por él o viceversa y tuvo que contener la risa para que no le descubrieran. Ni su propia madre, que le había pedido que le acompañara mientras se colgaba del árbol con los ojos perdidos de una lunática.
Se mantuvo lejos de Los Gemelos los días después de la boda, a la que ahora estúpidamente todo el mundo llamaba La Boda Roja. Esos idiotas se sentían tan orgullosos de lo que habían hecho, los odiaba tanto a todos. A todos los Walder y las Waldas. Merodeando por los alrededores, descubrió el cuerpo de la Stark en el río y sintió una pena inesperada. Cuando se aseguró que no había nadie cerca, la sacó del agua e intentó arreglarle un poco el poco cabello que le quedaba. ¿De verdad le dolía lo que le había pasado a los Stark? Perfectamente pudo haberles advertido, pero antes de la boda le importaban menos que nada. De pronto, sintió un crujir en los arboles y se metió entre los arbustos. Aparecieron una banda de desharrapados, que miraban el cadáver con sorpresa, señalándolo. ¿Acaso sabían quién era? De entre ellos salió un hombre corpulento, de mediana edad, con las mejillas rojas de un bebedor frecuente. Y con una túnica roja.
A Walter se le paró el corazón. Por los Siete. Luego el hombre de la túnica roja comenzó con los rituales y Walter sintió que se paraba el tiempo alrededor de ellos. Dioses, sabía lo que estaba pasando. ¿Sería posible que? Respiro hondo lo más despacio que pudo. Habían funcionado los rituales y lady Stark se levantaba titubeante, lista para comenzar su segunda vida. Walter la observó pasear su mirada penetrante por los alrededores, como preguntándose qué diablos está pasando. Decidió, sin reflexionar demasiado, que seguiría a la Stark. Quizás era el momento para averiguar que se sentía que alguien estuviese dispuesto a sacrificarse por ti. Y por sobre todas las cosas, conversar con ese sacerdote de Rhllor, ojalá sin que los bandidos le mataran. No quería morir, no aún. No sin antes poder revivir a alguien. Y ver sufrir a alguno de sus horrendos familiares.
