Una vida normal

- Bueno Bulma, me tengo que marchar -se despidió Goku cuando la vio más calmada.

- ¿Cómo que te tienes que marchar? ¡Pero si acabas de llegar! -lo volvió a increpar- ¿No decías que me habías venido a recibir para ayudarme? -No daba crédito de las agallas del saiyajin. Venir a decirle todo aquello para largarse de inmediato, dejándola allí sola por meses.

- Bueno sí, pero es que no puedo estar más tiempo aquí. Las cosas aquí no funcionan igual y ya he perdido demasiado al venir -Se puso dos dedos en la frente, con un gesto de despedida de la otra mano y, con su eterna sonrisa, desapareció.

- ¡La madre que lo parió! ¡Vuelve aquí Gokuuuuuu! -gritó impotente. Frente a ella, campos infinitos de flores con senderos absurdos que no llegaban a ninguna parte, anunciaban un futuro de hastío interminable. Literalmente, no se veía ningún alma más. Bulma empezó a flotar sin rumbo, maldiciendo a Vegetasai, a Freezer y al universo en general. Toda una vida de aventuras para acabar así ¡Era tan injusto! Se consideraba buena persona pero, por eso mismo, estar allí, por muy bonito que todo pareciera, le resultaba una tortura digna del peor infierno que pudiera imaginar.

Flotara hacía donde flotara todo era igual. Parecía estar en un planeta pero la luz no avanzaba. Tenían una luna sobre la cabeza que tampoco se movía. Lo más novedoso eran los árboles. Todo lo demás era pura monotonía. Pensó que si la lograban resucitar, lo primero que haría sería matar a alguien, para asegurarse no volver aquel lugar. Vegeta podía ser un buen objetivo. Al fin y al cabo lo consideraba el principal culpable por haber potenciado el poder de su hijo sin inculcarle un control básico. El tema de las emociones le pareció una excusa barata para no tener que asumir sus responsabilidades. No iba a confiar en la palabra de alguien que prefería seguir muerto a regresar con su familia. Goku podía decir misa. Cuando regresara mataría a Vegeta y se aseguraría su entrada al infierno. Ya encontraría el modo de debilitarle para lograrlo. Nadie era invencible. De Freezer también lo creyeron y ahora estaba criando malvas.

Empezó a repasar mentalmente lo que había aprendido durante todo el tiempo de convivencia con los saiyajins. Si tuvieran su cola... Pero quizás podría encontrar el medio de hacer que se les regenerada y, entonces, aprovechar esa debilidad ¡Sí, empezaría por ahí! Justo en ese instante empezó a sentirse mareada y tuvo la sensación de desmayarse cayendo.

Cuando volvió a abrir los ojos se encontraba tirada en el suelo, sobre el césped, frente a su casa. Veía borroso y tenía la sensación que le había pasado un camión por encima. Le costaba mantener los párpados abiertos. Escuchó las voces de sus padres cada vez más cerca. Después de luchar por mantenerse consciente, vio a su madre y a su padre arrodillarse a su lado, incorporándola, abrazándola mientras lloraban, aunque aún no lograba entender que decían. Entre ellos, en la distancia, su hijo junto a Vegeta, contemplaban, hieráticos, toda la escena. Ella solo quería abrazar a Trunks y gritó su nombre antes de volverse a desmayar de cansancio.

El olor extremadamente atrayente de Vegeta la despertó de nuevo. Se encontraba en sus brazos, subiendo la escalera hacía su dormitorio. Resultaba tan surrealista que llegó a la conclusión que todo había sido un sueño y que, en realidad, aún soñaba.

- ¡Ummm! ¡Qué bien hueles!... -Dijo mientras aspiraba el cuello del saiyajin. Si estaba soñando, al menos intentaría disfrutarlo. El resto del sueño había sido un asco-. Siempre has olido tan bien... -Un intenso e incomprensible deseo la impulsó, sin sentido, a morderle la oreja. Él la retiró ligeramente, sorprendido, mirándola penetrante-. Si sonrieras más serías formidablemente atractivo ¿Lo sabes? -Intentó corregirle con el índice el gesto entre sus cejas, sonriéndole con intención de contagiarle, mientras él la entraba en su habitación. Decidió que ahora que era consciente de estar soñando sería ella quien dirigiría el curso del sueño- Vegeta hazme el amor -le rogó lamiendo el hercúleo cuello.

- Bulma, yo no...

- Sí, sí, vale, ya lo sé. Los saiyajins no hacéis el amor -Tenía que ser fastidioso hasta cuando era fruto de su imaginación-. Pues entonces, fóllame como un animal -sentenció secuestrando su boca. Agarrada a su cuello, él bajó sus piernas para ponerla de pie, mientras intentaba retirarse, girando sin éxito, ya que ella aprovechó instintivamente ese movimiento para hacerle perder el equilibrio sobre su cama, cayendo ambos sobre ella-. O mejor, déjame que te folle yo -Logró morderle la otra oreja y lamerle el otro lado de su cuello-. Déjame que te reclame como mío -Lo desafió, empujándolo más contra el colchón con ambas manos, colocándose a horcajadas sobre él, con la intención de cabalgarlo. La actitud de él le recordaba a los primeros tiempos cuando ella había flirteado bromeando y eso la divirtió. Buscando bajo su vientre alcanzó su despierta entrepierna, agarrándolo con firmeza y decisión-. ¡Ummm! A mami le gusta -Lo acarició, endureciéndolo aún más. Quizás no podría vengarse en la realidad, pero al menos en sus sueños le haría pagar todas las veces que él la había tenido a su merced.

- Bulma, para, no podemos...

- Shhhhhh! -lo silenció antes de volverlo a besar-. ¡Cállate tonto! -le desabrochó la bragueta sacando su miembro-. Ahora mando yo -Apoyó su frente contra la suya mientras agitaba la suave piel y empezaba a apartar a un lado las bragas bajo su vestido-. Y te ordeno que me hagas tuya -Sin más avisó se ensartó todo lo que pudo-. ¡Aaaaah! ¡Siiiiií! ¡Vegetaaaaa! -Empezó a agitarse sobre el aterrado e inmobil guerrero-. Muévete conmigo -Aumentó el ritmo de sus embestidas-. ¡Fóllame! ¡Fóllame como una bestia! -Tenía la sensación que habían pasado siglos desde la última vez que estuviera con él y encima esto ni siquiera era real. No iba a permitir que se le fastidiara el sueño-. ¡Muévete, joder! -Lo abofeteó en la cara con todas sus fuerzas, impulsándose con el cuerpo para dar más potencia al guantazo.

Entonces, al fin, su soñado príncipe, reaccionó. Tomó su cintura con sus recias manos, para sostenerla en el sitio y empezó a embestir también, acompasándose con ella, sin dejar de mirarla a los ojos.

- ¡Ohhh! ¡Siiií! ¡Así! ¡Así! -gritó con cada arremetida más satisfecha-. ¡Así! ¡Dámelo todo, Vegeta! ¡Más fuerte! -Se inclinó hacia atrás totalmente liberada- ¡No pares! ¡Sigue así! ¡Fuerte! ¡Córrete para mí! ¡Vegetaaaa!

Él se incorporó, sin separarse, para recuperar su boca, agarrándola por el cuello, mordiéndole una oreja y después al otra. Una mezcla sorprendente de dolor y placer recorrió todo su cuerpo, surgiendo una nueva sensación de pertenencia-. ¿Quieres que me corra dentro?

- Sí -Jadeó ella, agitándose enloquecida.

- ¿Quieres ser solamente mía y yo solamente tuyo?

- ¡Siiii! ¡Sí quiero! ¡Joder! -Volvió a gritar arañando su espalda, clavándole, profundamente, sus uñas.

- Entonces no pierdas mi mirada y córrete cuando te lo ordene -sentenció él buscando sus ojos-. No dejes de mirarme -Ver la intensidad de su seria mirada la puso aún más cachonda de lo que creía ser capaz. Con su miembro dentro se sentía completa, como si hubiera encontrado una parte de ella misma que hubiera estado buscando durante toda su vida. Asintió con la cabeza, agarrándolo de igual modo que él la tenía a ella, esperando el momento, la orden, Esta vez fue él quien la besó, asediándola y reclamándola con su lengua, capturando sus gemidos, sin dejar de empujar-. ¡Ahora! ¡Córrete para mí Bulma! ¡Córrete conmigo! -Se separó para recuperar su mirada.

El orgasmo fue inmediato para ambos y de una magnitud como nunca habían experimentado antes, entre ellos o con cualquier otra persona. Ella podía notar su miembro agitarse con cada eyección, mientras lo acariciaba con sus propios espasmos. El ambiente se impregnó del aroma de ambos y una desconocida sensación de paz con el universo la invadió. Satisfecha como nunca antes, descansó su cuerpo sobre el de él, abrazándolo, mientras él se recostaba en el lecho para sosegarse, correspondiendo al abrazo.

- Ahora eres mía y yo soy tuyo, por siempre, Bulma -susurró acariciando su delicada espalda.

Continuará...