Una vida normal
Después de morir su hija pequeña, la casa parecía mucho más triste. Ella, aún con su fuerte carácter, siempre trataba de tomarse todo con humor. Se habían acostumbrado a volverla a tener por la casa estos últimos años. Les preocupaba que algo saliera mal y no pudieran recuperarla. Él se había inventado una excusa para explicar su ausencia en los actos a los que normalmente lo acompañaba o en las reuniones de empresa. Nadie se extrañó porque todo el mundo se había acostumbrado al hecho que desapareciera durante meses. Siempre había habido rumores de todo tipo. El más común, que era una drogadicta, como su otra hermana, y que ambas estaban en clínicas de rehabilitación, como tantos otros hijos de papá.
Sus extraños amigos eran considerados punks, quinquis o pro nazis, por las pintas que siempre llevaban; unos con los cabellos todos tiesos, los otros pelados o llenos de cicatrices y siempre involucrados en peleas y altercados. No eran pocos los que censuraban la educación de los Briefs hacia sus hijas. Así que durante aquellos meses de espera decidieron aislarse de los medios de comunicación y suspender la mayoría de los actos, ya tenían bastante con su ausencia como para soportar más sandeces.
El Dr. tampoco tenía ánimo para conflictos. El padre de su nieto era un hombre bastante tranquilo en casa, pero cuando volvió A18 por su sesión y se pusieron a desafiarse, lo cortó de inmediato. Otro de los rasgos que le gustaban del alien era que, en este sentido, siempre le había demostrado respeto. Era un consuelo tenerlo con ellos en aquellos momentos. El pequeño lo necesitaba a falta de su madre. Y él no eludió esta responsabilidad.
Se dio cuenta de que el chico volvió a entrenar de forma exagerada y muchas veces sufrió por si se excedía Por otro lado, esto le hacía pensar que, aunque aquel chico no lo reconociera, también la echaba de menos y era su manera de evadirse. Su mujer pensaba lo mismo y trató de ayudarlo tanto como pudo con el trato con el pequeño. Ella dejó de fingir ser una pánfila y volvió a comportarse de forma natural en casa. Esto también la ayudaba a ella misma a llevar la ausencia de su pequeña. Comportarse como una tonta solo era divertido cuando ella también estaba para poder reír juntas. Aquella casa parecía mucho más grande sin ella. Y volvió a trabajar en el laboratorio.
Sufría mucho por el pequeño. Lo qué había pasado cambió totalmente la visión que habían tenido hasta entonces. Su nieto era excepcional pero también peligroso. Las emociones humanas eran muy potentes y se dio cuenta de que su padre no había estado preparado para eso tampoco. No le resultaba natural preocuparse de este aspecto ni tampoco hubiera sabido. Ella también pasaba muchos ratos a solas con el pequeño pero no podía sustituir a su madre.
Bulma había sido casi todo su mundo hasta que el padre del pequeño decidió quedarse con ellos. Y esto se empezaba a notar. Trunks había comprendido que su madre había desaparecido y que él había tenido algo a ver. Con ellos se había vuelto más callado. Solo se atrevía a agobiar a su padre. Bunny supuso que era porque sabía que a él no le podría hacer daño por accidente. Tenía miedo que cuando volviera su hija, el pequeño, no se atreviera a interactuar con ella. Si era así, sería un golpe muy fuerte para su hija. Aquellos meses se enfocó al intentar hacerle comprender sus emociones al pequeño y también al padre. La educación de Trunks tendría que ser un trabajo de equipo, por el bien de todos.
Dos semanas después de activarse las bolas, con la última bola recuperada por Vegeta, pidieron el deseo. Salieron desesperados hacia su hija apenas que volvió a aparecer al mismo punto donde murió, ya sin escombros. Se la veía aturdida y no pudieron contener las lágrimas de felicidad mientras la abrazaron entre los dos. La niña solo consiguió gritar el nombre de su hijo antes de desmayarse. Vegeta, apareció a su lado, con el niño cogido de la mano, que se la miraba atemorizado.
- Cuando te resucitan puede resultar agotador -les dijo-. Necesitará descansar un tiempo, pero estará bien -Los Sres. Briefs agradecieron profundamente aquellas palabras, que les dejaron más tranquilos. Todo había ido bien. El chico se ofreció a llevarla a la habitación de ella y se la llevó cargada en brazos, tal como ya hizo en su muerte. El pequeño prefirió quedarse con ellos. Ellos estaban impacientes por volver a hablar con ella pero era evidente que tendrían que esperar.
Como no sabían cuánto tiempo necesitaría pero se imaginaban que querría ver su hijo, decidieron tomarse el día libre, pasándolo tranquilamente en la planta baja de la casa, hasta que ella se despertara. El Dr. empezó a preparar algunas películas y juegos para distraer a su nieto y su mujer se fue a hacer palomitas. Cuando estas empezaron a estallar, también lo hicieron los apasionados gritos de la pareja... Quizás no era tan buena idea quedarse en la casa para esperar.
Continuarà...
