Hola a todas!
Les traigo un minific de Anthony De: Universo Alterno/fantasia.
Consta de 4 capítulos y esta completo.
Espero les guste.
Saludos!
Moon.
HANAHAKI
Sé que lo más probable es que no conozcan esta leyenda. Pero se cuenta que dicha afección también conocida como "La enfermedad de las flores", es producto de un amor no correspondido o unilateral donde el paciente tose y vomita pétalos por desamor.
Los síntomas se resumen a un fuerte dolor en el torax al momento de expulsarlos —debido a las heridas que se producen en la tráquea—, acompañado de pequeñas manchas de sangre en un inicio, pero que evolucionarán en unas más intensas y escandalosas con forme el desasosiego progrese.
Al mismo tiempo, la aparición gradual de flores y raíces de las mismas en el corazón y los pulmones será inevitable. Impidiendo cada vez con más potencia la capacidad de respirar correctamente.
Existen varias maneras de "curarse".
El mal puede ser eliminado a través de la cirugía, pero los sentimientos desaparecerán junto con los pétalos. Cuando se procede de manera tan invasiva se dice que la víctima no siente absolutamente nada —románticamente hablando—, lo que significa que ya no podrá amar a la persona que fue la raíz de toda su desdicha. En ocasiones aniquila la capacidad de amar, pero, aunque es el común, no significa que sea una regla, ya que hay un rumor popular sobre el registro de "milagros" o sucesos excepcionales en donde el corazón revive dentro del paciente que dejó de sentir.
También existen casos "utópicos" en que se cura sin efectos secundarios —y prácticamente al instante— solo si el amor es correspondido.
Por último, la opción más drástica para liberarse de la tragedia: dejarse morir.
Esto sucede cuando la sola idea de coexistir en esta vida con el ser amado sin la posibilidad de una oportunidad es inconcebible, por lo que el enfermo prefiere "morir de amor".
Esta es mi enfermedad… ¿y mi decisión?: "Amarla hasta el último segundo de mi vida".
Soy Anthony Brower y tengo: "Hanahaki".
Al terminar de pronunciar aquellas palabras, fui muy consciente —por lo erizado de mi piel— de la propia sentencia impuesta, más no cambié de parecer ni por un segundo.
Era la primera vez que acudía a una de aquellas sesiones del "Grupo de Apoyo" que el doctor Stevens me recomendó mucho tiempo atrás, cuando sorprendido, reaccioné ante lo que mi cuerpo me gritaba entre pétalos de rosas blancas y pequeñas gotas de sangre.
Siendo francos lo esperaba. Pero no tan pronto…
¿Ansiaba un milagro quizá…?. Que absurdo… pero así era.
Todos me miraban con pesar, o pudiera ser con una "lastimosa empatía". No podía importarme menos. Al final pude percatarme que era su proceder generalizado, pues realizaban la misma acción con cada uno de los que subieron al estrado para presentarse.
Miré a mi alrededor. El ambiente me sofocaba. Sentía sobre mi cabeza el calor de la luz blanca de una vieja lámpara colgante y ruidosa provocando unas gotas de sudor en mi cara. Ya no quería estar ahí. Mas sería una grosería hacerlo cuando fui tan bien recibido por el moderador un par de horas atrás.
Me armé de la poca paciencia que aún conservaba, entrelacé mis manos dejándolas caer en medio de mis piernas, y continué escuchando lo mismo una y otra vez mientras me perdía por minutos en mis pensamientos.
Al parecer —y con una forma poco ortodoxa— pretendían que al realizar una dinámica en donde hablásemos en voz alta sobre lo que significa padecer Hanahaki, nos haría ser más responsables respecto a las futuras decisiones a tomar, pues más de uno pensaba hacer lo mismo que yo.
No puedo culparlos. Lo éticamente correcto es promover la vida y no al revés.
Pero he elegido mi camino. Siempre he sido un hombre de decisiones tomadas a conciencia y cuando enfoco mi proceder nadie puede hacer algo para alterarlo. No he programado ninguna cirugía en el hospital, y si he llegado hasta aquí ha sido solamente por curiosidad, o porque pudiera ser como dije, que en el fondo quisiera ocurriera un "milagro de amor".
Que frase más infantil, ¿no?.
O te aman o no lo hacen. Es así de fácil y así de cruel. Y sé, desde hace un tiempo que mi suerte con "ella" ha fallado.
Cuando finalmente todo termina regreso a "nuestra casa". Me ha traído el chofer.
Miro el lugar y pienso que los sueños de formar una familia a su lado, fueron justo eso, "sueños" que no he de materializar jamás. Si me sometiera a la intervención sé que podría encontrar una compañera con la que seguramente formaría una familia si fuera mi deseo. Pero casarse por amistad o por una mera transacción no es lo mío. Prefiero morir amando a esa maldita hechicera que se metió hasta la última fibra de mi corazón. Me rehúso a dejar de sentir el dolor que merezco por amar tan profundamente a quien no merecía mis sentimientos.
Entro un momento a mi despacho y me sirvo un trago. Pero el dolor que pareciera querer partir en dos mi pecho no mejora.
Dejo caer un momento mi cabeza sobre la barra del bar y casi en silencio pronuncio solo para mi:
—A quien quiero engañar… hago esto porque prefiero morir amándola como dije en el grupo. Ella no sentirá más que deseo por mi, pero mi corazón la anhela, la adora con vehemencia; y una vida sabiendo que en algún punto se enamorará de otro no podría soportarlo.
Camino lentamente en dirección a mi habitación. Con ese andar pausado pero muy pesado que solo la carga de un remordimiento puede provocar.
Mi cerebro no le da un minuto de tregua a mi alma o corazón. Pero… así debe de ser, ¿no?. Una lucha constante hasta el final entre "La razón y la emoción", entre lo que "Debo y lo que necesito". Como un "autosabotaje" con el que urge aprender a coexistir.
Aunque el eco de mis pasos resuena fuerte tras cada peldaño que subo por la alta escalera —dando la impresión de que no hay nadie más que yo—, no es así.
"Ella se encuentra aquí".
Me ha mandado un mensaje. Su viaje de fin de semana con los Clarson se canceló por el mal tiempo.
Giro con suavidad la perilla de nuestra pieza y a lo lejos puedo escuchar el sutil sonido de la regadera abierta. Me acerco hasta la puerta y doy un par de llamados solo para avisar mi llegada.
Su voz es relajada… si tan solo supiera… Pero jamás aceptaré la lástima de nadie y menos la de ella.
—Entra amor… —me llama a la distancia.
Mis dedos tiemblan al posarse sobre el picaporte. Me está incitando a realizar algo que solo me hará más daño. No obstante me bastó con imaginar su desnudez para cerrar los ojos y mandar todo al carajo. Entro al cuarto de baño con la certeza de tomar lo que me ofrezca, sin importarme el desamor y su oscura aura que de a poco me envenena. Si nada más existe deseo tendrá que ser suficiente para sobrevivir un tanto más. Su corazón podrá no vibrar por mi, pero mi amor por ella es legítimo. Mi entrega siempre será auténtica.
El vapor me envuelve de golpe y no tardo en deshacerme de toda mi ropa. La humedad del suelo y calor del ambiente me hacen pensar que lleva algo de tiempo aquí.
Abro sin prisa una de las anchas hojas de vidrio que me separan de ella.
Nunca me cansaré de admirarla…
El agua resbala por su cuerpo mostrándome una escena demasiado erótica: Repasa sus labios enrojecidos con la lengua mientras se toca muy despacio sus redondeados senos y su pequeña cintura.
La intensidad de su mirada me traspasa de golpe el corazón como una filosa daga, y en una forma de protegerme, sonrío como sé que le gusta. Porque me tiene a sus pies. Porque ella es la diosa y yo su siervo fiel.
Me devuelve el gesto al tiempo en que se acerca y entrelaza sus manos alrededor de mi cuello. Su tacto caliente por la temperatura del agua enardece mi deseo por reconocerla. Mis manos en un inicio sobre su cadera resbalan con facilidad hasta sus glúteos…
Mi perdición materializada me toma en un beso apremiante y lleno de adictivos sonidos pasionales pues estrecho su carne con ímpetu. Necesito fundirme en ella y mantener este oasis que es mi último deseo.
La tomo de las caderas y ella entiende que no puedo esperar más por su entrega.
En un par de segundos la tengo a horcajadas y recargada sobre el pulcro azulejo. Mis dedos se aferran intensos sobre la blancura y suavidad de su piel… mañana habrá algunas marcas por mi desenfreno. Sus largos cabellos ahora relajados por el agua solo enaltecen su belleza. Su cara ruborizada y esas pequeñas manchitas sobre el puente de su nariz son un poema.
Me tiene en sus manos… lo sabe.
La calidez que me envuelve en su interior me quema, pero soy adicto a sentirla, adicto a sus besos, a sus palabras vacías que simulan amarme.
Sé que no es lo correcto. Que estoy siendo masoquista e incongruente.
Cierro los ojos un momento: "Dios… no puedo creer que esto éste sucediendo….".
Pero al escucharla suspirar por mis caricias, el deseo de "permanecer a su lado" se torna más grande que la poca fuerza y raciocinio que poseo.
Nuestra frenética entrega es real…
Con delicadeza la beso y con adoración tomo una toalla para secar cada parte de su cuerpo al terminar.
Me sonríe tan pícara como siempre… pero no dice nada. Esta igual de cansada que yo. Se ha hecho tarde y en silencio, caminamos hasta la cama para meternos entre las frescas sábanas y dormir.
Mañana será otro día…
