Capítulo 3

Cuando desperté, estiré mi brazo sobre la cama en un vano intento de creer que estaría conmigo.

Que absurdo…

En su lado solo se encontraban las sábanas arrugadas y una pequeña nota que decía:

"Me urgía una sesión en el spa.

Kristen me ha invitado a comer, lo más seguro es que tenga una tarde de compras. No me esperes a cenar.

Te compensaré con una sorpresa que puedas quitarme en la noche."

Arrugué el papel entre mis manos y lo lancé lejos. Desde aquella vez en que había escuchado los verdaderos sentimientos de mi esposa algo en mi interior se rompió. Tanto, que tuve que ausentarme un par de días, con la excusa de un viaje de negocios. Pero la realidad es que fui a embriagarme al piso de Stear. Él es el único que sabe que padezco Hanahaki.

Me sentía el estúpido más grande por haber creído cada una de las palabras de amor que me dijo. Por haber caído en el hechizo de sus ojos, de su tacto y de su sexo…

Mi querido hermano —más que primo—, se asombró, pero no hizo otra cosa que escuchar con paciencia cada una de mis lamentaciones y el llanto que no pude contener cuando me emborraché.

En verdad quería una vida junto a ella. Tener una parejita de niños idénticos a su hermosa madre… verlos crecer y envejecer a su lado… Ella solo quería mi dinero.

Recuerdo que cuando terminé de bañarme y lucía un aspecto "normal" nos sentamos platicar en la sala. Le dije lo que ya sabía: "Tarde o temprano tendré la maldita enfermedad que me recordará que no me enamoré de la correcta".

Stear me hizo prometerle que hablaría con ella pues lo más sano era divorciarse. Pero le pedí guardar el secreto, pues aun no sabía qué hacer.

Hablamos de la operación, él también había tenido un amigo que lo padeció y, aunque la vida ahora la sentía diferente lo afrontó con decisión.

Yo lo escuché, pero todo era tan reciente que no podía asegurarle nada. Solo insistía en que no avisara ni a mi padre ni a Archie, pues no quería más problemas por el momento.

Estoicamente palmeó mi espalda y me dijo: "Siempre te apoyaré Tony… por muy estúpido que seas siempre te apoyaré…"

Al regresar a mi casa quise ser el mismo pero ya no podía. Me sentía tan traicionado que por momentos quería reclamarle toda su hipocresía, pero segundos después se me oprimía el pecho y me sentía tan vulnerable que no sacaba la fuerza para hacerlo.

Fue así que preferí enfrascarme en el trabajo diario y llegar después de la cena.

Ella no tardó en notar el cambio en mi rutina, pero después de comentarle que nos encontrábamos saturados de trabajo se tranquilizó. Los días de ella pasaban ahora entre sus nuevas amistades en el club, en el ecuestre practicando su equitación, de compras y salidas a cenas, desayunos y reuniones. O al menos eso me aseguraba entusiasmada en los pocos momentos que compartíamos.

Jamás la contradije o me impuse. No tenía caso… No se puede obligar a un corazón a amar o ¿si?.

Los días pronto me despertaron con su ausencia y alguna nota con la explicación de la misma.

Una mañana me miré en el espejo del baño. Tenía unas pronunciadas ojeras pues pasaba la mayor parte de la noche en vela. Ahora el insomnio era una de mis más leales amistades

No quedaba ni la sombra de mi felicidad. Esto de fingir no se me da ni me gusta. Mi cuerpo está reclamando.

Justo en ese momento tuve mi primer ataque.

Mi cuerpo se convulsionó en una arcada. No fue algo mayor a un par de segundos, pero el dolor que atravesó mis pulmones y mi pecho me paralizó. La tensión en la garganta fue inexplicable y por un instante aunque trataba de respirar era imposible.

Mientras mi cuerpo se doblaba un mareo me impactó, y tras el vómito caí de rodillas en el frío azulejo.

Mis pupilas se dilataron ante la escena.

Los pétalos caían en cámara lenta. Cuando golpearon el suelo noté las pequeñas gotas de sangre, de mi sangre que lo manchaban.

Rosas blancas… que ironía… aquellas que tanto le gustaban…

El proceso había comenzado…

Aquello fue la prueba inequívoca, la primera fatídica advertencia de que mi tiempo vital estaba contado y que pronto me reencontraría con mi madre.

Según lo que me platicó Stear todo debía tardar unos cuantos meses más, pero al parecer a mi corazón le urgía "morir de amor" y castigarme por entregarlo sin piedad a quien jamás lo mereció.

Me sentía débil, pero aun así me apuré en limpiar para que nadie notara nada.

Cuando llegué al corporativo hacía hasta lo imposible por aparentar fortaleza. Me daba vergüenza que me vieran así. Es sabido que el Hanahaki es un tema muy delicado, pero que a cualquiera nos puede dar. En resumen: "Si no sabes valorar tu corazón, morirás en el intento". Pero es inútil esconderte de los que bien te conocen.

Podía aparentar mejor con Archie puesto que no convivía la jornada tanto como con Stear, quien casi de inmediato y con semblante serio me preguntó: "¿Cuándo comenzó?".

Él ha sido mi confidente en todo esto. Supo todos mis temores y escuchó cada maldición que salió de mi boca, pues : ¿Quién desea morir por amor?.

Con regaños accedí a visitar al doctor Stevens, de quien solo acepté unas vitaminas y hierro. Pero aunque quedé en pensarme el tema de la "operación para sacar la flor y su raíz" que ahora crecía entre mi corazón y mis pulmones, no hice nada al respecto.

Stear no entró conmigo a su consultorio. No quería que presenciara algo tan impactante, pues aunque me encontraba en una etapa inicial, la radiografía tomada mostraba la invasión de mis órganos.

Pronto se volvió un suplicio tener que hacer tiempo para regresar a mi casa. Me quedaba dormido en el pequeño privado que tengo detrás de mi oficina.

Después de ese primer ataque realmente no me sentí mal por un par de semanas, y fue entonces que me replanteé la situación: ¿Si lo que decía sentir por mi era solo "deseo" por qué no habría de ejercer mis derechos conyugales?.

De esta manera —y sintiéndome un poco mejor por las vitaminas—, tras descansar solo un rato en el privado, regresaba a la casa y tomaba su cuerpo para hacerle el amor como si fuera la última vez.

Ahí pude comprobar que en realidad le gustaba. Era muy entregada y respondía a la pericia de mis manos al tocarla. Los suspiros llenaban nuestra habitación o el lugar en donde estuviéramos juntos sin reparo ni recato. No obstante, en cada encuentro, ridículamente con mis besos le imploraba al cielo que me amara, que me ofreciera su corazón como yo lo hice con ella.

Nunca sucedió.

Bien comenté en un principio que esperaba por un: "Milagro de Amor".

Pero es el día en que no ha ocurrido, pues el tiempo ha pasado y los ataques son cada vez más seguidos. Eso me derrumba puesto que solo puede significar una cosa: "No hay reciprocidad", que es la forma "mágica y utópica" de curarse de esta enfermedad.

Hoy que me ha dejado la nota diciéndome que no la veré hasta en la noche pues saldrá con Kristen, así que le he llamado a Stear. Hay cosas que necesito conversar con él, por lo que me he tomado algunas horas libre en la empresa.

Desayuno apenas un jugo pues tengo mi estómago revuelto.

A los pocos minutos escucho que han dejado pasar a alguien, y casi enseguida lo miro adentrarse en la cocina.

—¿Y bien? ¿Para qué soy bueno?. —Me preguntó sonriendo. Aunque sabe que me siento mal, Stear siempre será así: gentil y amable.

—Necesito que me a…

No terminé la frase. Otro ataque de vómito se interpuso entre nosotros. Esta vez caí de rodillas mientras sentía con una claridad mortal como mi garganta se desgarraba al tratar de expulsar los pétalos, que más bien se sentían como grandes y fieras espinas que cortaban todo a su paso. El mareo y sofoco estaban presentes. Todo me daba vueltas, como si mi cuerpo fuera a desvanecerse esta vez en cualquier segundo por el esfuerzo.

La voz de Stear la escuchaba lejana y como un eco llamándome.

No hacía más que agarrarme el pecho pues el dolor me atravesaba hasta la espalda. Cuando por fin el episodio terminó mi cara se hallaba repleta de sudor frío. La boca me sabía a sangre, pero no podía ser de otra manera. Como pude levanté la vista solo para encontrarme con los ojos preocupados de mi primo, quien solícito me ayudó a incorporarme.

—¡Por Dios Anthony esto ha avanzado demasiado pronto!. ¿Estás seguro de lo que quieres hacer?. Aún hay tiempo de llevarte al hospital. Sé que el doctor Steven actuará de inmediato. Ayer hablé con él y aunque hay riesgos por lo avanzado de la etapa si tú estás dispuesto, él te operará. En dos días estarías en quirófano.

Me dijo y preguntó al tiempo en que me acompañaba hasta dejarme en una de las sillas del desayunador, mientras él limpiaba todo aunque se llenara las manos de sangre.

—Por favor deja eso… en un momento lo haré yo. Sólo necesito un minuto para recuperarme—Supliqué apenado y con un hilo de voz.

Se acercó y me ofreció una servilleta.

—No me interesa lo que digas, no te moverás de ahí. En un minuto no habrá nada, lo dejaré limpio y me llevaré la bolsa con los restos para que no haya pruebas no te preocupes.

Y así lo hizo.

Sé que su idea era llevarme de regreso a mi cuarto pero un día como hoy no puede pasar desapercibido para mi. Así que le dije el por qué lo necesitaba conmigo. Llegué a pensar que se negaría, pero no fue así:

—No tengo como reclamarte eso… perdona que lo olvidara he tenido la cabeza en muchas cosas… pero claro que te llevo.

Bien podría haber ido yo solo, pero como los ataques se estaban volviendo mucho más frecuentes no podía arriesgarme a manejar solo. De pronto todo el cansancio cayó sobre mi y me dormí la mayor parte del camino.

Cuando llegamos, el silencio y la tranquilidad característicos del lugar nos envolvieron.

Ninguno de los dos pronunciaba palabra mientras caminábamos lentamente.

Una vez ahí, le hablé con el corazón en la mano a mi madre:

—Hoy hace diez años nos dejaste… y por lo visto mi papá ha pasado antes que yo a saludarte, pues aquí veo muy lindo y decorado con tus flores favoritas. ¿Sabes mamá?. Jamás imaginé que podrías irte justo en un día como hoy que es mi cumpleaños. Por varios años el 30 de Septiembre me pareció el día más triste de mi vida, pero poco a poco me di cuenta, de que las cosas pasan por algo y todo es como debe de ser. Cómo quisiera regresar a esos días en los que siendo un niño me consolabas entre tus brazos y hacías entre tiernas caricias que cualquier pena pasara rápido… pero lamentablemente no es así. Pronto nos reuniremos… sé que ya lo has de saber porque seguro eres el ángel que me cuida… sí… me he enamorado de la persona equivocada y tengo Hanahaki …y por más que he tratado de que sienta mi amor y me corresponda no lo logro madre… No la aprobarías nunca porque soy tu hijo, pero yo sé que en el fondo no es mala. Su problema es la codicia. Nadie puede fingir tanto tiempo… ¿dime qué hacer cuando en el corazón no se manda?. Por eso es que aunque esté mal y muchos no me entiendan he decidido no operarme. Prefiero irme con este amor que me está carcomiendo por dentro, en lugar de no volver a sentir nada por ella o por alguien más.

Necesitaba estar una última vez aquí para hablar de esta manera contigo.

Te amo mamá…

Cuando terminé estaba calmado, hacía mucho que había aceptado mi destino, pero observé como mi primo secaba sus anteojos. Él aún no se resigna…

—Stear, ya he arreglado todo "por si se llegara a necesitar", pero asegúrate de que mi descanso sea junto a mi madre, finalmente ella fue la única mujer que me ha amado con total sinceridad. Todo lo demás está arreglado. Mi testamento en orden y no hay pendientes sueltos, a su debido tiempo el abogado George Johnson se pondrá en contacto contigo. También habrá una carta que entregarle a mi padre. No lo dejes solo sé que estará devastado. ¿Cuento contigo?.

—Sí…

—Mi epitafio —suspiré— que escriban esto por favor:

"Las personas mueren y renacen en el corazón de aquellos que los recuerdan…"

Solo asintió.

—Bien… creo que ya no queda tanto tiempo como pensamos… Ayer estuve con ella y la amé por última vez…casi estoy seguro de que será así. Hoy ya me siento bastante cansado. Necesito dormir, ¿Me prestarías tu cuarto de huéspedes?.

—Solo si cambias de opinión —hizo una mueca que intentó ser una sonrisa.

Me asombré un poco y me reí por el humor negro que nos envolvía.

—No seas sentimental… sabes que tarde o temprano esto pasará. Unos nos vamos antes y otros después.

—Sí, pero tú por idiota Tony.

Volví a reír.

—Prometo que si en otra vida tú pretendes cometer una estupidez te detendré.

—No lo harías. —Respondió resignado.

—¿Cómo sabes eso?.

—Porque nuestra esencia seguirá siendo la misma en esta o en cualquier otra vida y todos nos hemos respetado pase lo que pase. Recuerda que: "Todos para uno y uno para todos".

—Entonces préstame tu habitación.

—Vamos…

….

La idea era descansar un par de horas y reincorporarme al trabajo en la oficina, pero al cerrar los ojos caí en un sueño profundo. Cuando los abrí fue por el ruido que hizo la puerta anunciando la llegada de mi primo, quien con asombro me dijo:

—Lo bueno es que era solo un pequeño descanso. Supongo que no has comido nada. Pediré algo a menos de que quieras arriesgarte a que cocine…

Su comentario sobre sus pésimos dotes gastronómicos me hizo pensarme la respuesta.

—No… no te molestes. Puedo comer lo que sea que pidas por teléfono. —Dije somnoliento.

Al poco rato el sushi llegaba, pero apenas probé bocado. Realmente quería irme, acostarme y pensar en algunas cosas.

No hubo necesidad de explicarle nada, al terminar de "cenar" se ofreció a llevarme a mi casa. Mis dos primos y yo somos como hermanos. Si he mantenido a Archie lejos de esto no es por falta de cariño, solo que él es más sensible y no lo entendería. En cambio Stear es más racional y a veces el más estoico y ético de los tres, por eso lo tomé como cómplice.

—No regresarás a tu casa si no quitas esa canción de una buena vez Anthony. Ya estuvo bien de flagelarte.

Se refería a "Ciego de amor". De una semana a la fecha no podía dejar de escucharla. Me había obsesionado pues me describía a la perfección. Él tenía toda la razón, ya que con ella me castigaba por mis decisiones.

"Porque ciego de amor,

No pude ver, no quise ver

Tu otra intención

Que al final me dejo.

Ciego de amor

Soñé vivir a tu lado

Un sueño fue

Ya todo ha pasado…"

—Bien… ya la quitaré —Tomé el celular.

Cuando estuvimos frente a mi casa y quitó los seguros de su camioneta, me miró y me dijo:

—Tony… no quiero que pases por esto sólo. No pienses que he llegado hasta aquí por nada. Déjame acompañarte. Sé que ésta es tu casa pero aquí no hay nada que lo convierta en un hogar. Voy a sonar cruel pero es la verdad: a ella no le importas. Piensa que si han pasado todos estos meses y ni siquiera ha notado o preguntado por tu salud es porque no le interesas. Yo te ofrezco mi departamento. No quieres decirle a Archie, pero él debe saberlo pues te adora igual o más que yo. Sabes perfectamente que aunque se moleste no te abandonará. Aunque suframos las consecuencias con mi tío después. Te propongo algo: Ella se va todos los días apenas despunta el alba, cuando se vaya has una maleta con lo indispensable. Yo pasaré por ti a las nueve. Pero has de quedarte conmigo hasta que esto se acabe. No tiene por qué terminar así.

En el fondo y aunque me doliera, sabía que tenía toda la razón. Mi casa solo era un cascaron. Y la verdad de todo esto es que mi final, aunque amándola, sería sin ella y lo más probable es que solo. Así que acepté su propuesta.

—Está bien Stear… gracias por preocuparte y por ayudarme con Archie. Creo que no seré capaz de recibir su primer impacto. Pero si ya lo has iniciado será menos difícil para mi.

—Te veo mañana Tony. Cualquier cosa me marcas.

Me despedí de él y entré. La llamé pero nadie respondió. Sólo el eco de mis palabras retumbaba entre las paredes que alguna vez se llenaron de nuestras risas.

Subí las escaleras muy despacio. Cuando entré a mi cuarto iba prácticamente sin aliento. Como pude tomé un pijama y me lo puse. Uno pasos me separaban de mi anhelada cama.

Comencé mi andar pausado, pero al instante el dolor más fuerte que jamás imaginé experimentar me atravesó el tórax. Sé que no puede ser así pero casi podría jurar que algo se rompía dentro de mi. Esta vez caí sobre el suelo apoyando rodillas y manos por el esfuerzo tan grande que me producían las continuas arcadas. Mis ojos estaban cerrados, los apretaba con fuerza pero podía sentir una gran cantidad de pétalos lastimando mi garganta. Lo último que vi antes de perder la consciencia, fue un enorme charco de sangre entintando por completo de rojo todo lo que en un inicio fuera blanco.

No supe por cuanto tiempo estuve fuera de mi, pero cuando desperté me encontraba en lo que parecía una habitación de hospital. Quise moverme pero un dolor en el pecho me lo impidió. Reconociendo el espacio a mi alrededor observé que una maquina monitoreaba mis latidos y el pulso, mientras que mi brazo se hallaba canalizado por lo que supongo era suero y otros medicamentos.

Al parecer alguien me había traído al hospital pero no lo graba recordar nada.

Sin fuerzas por el momento y presa del cansancio, mis ojos me llevaron al sueño de nueva cuenta.

El ruido de la puerta al abrirse me hizo despertar finalmente. Era un enfermera, la cual al observarme regresó sobre sus pasos y trajo al doctor Stevens con ella.

—Me alegra que por fin despierte señor Brower.

Traté de acomodarme pero el dolor y el doctor me lo impidieron.

—No se mueva. Lo acabo de operar hace un par de días. Si no tiene cuidado sus puntos pueden abrirse.

—¿Operarme?.

—Así es. Pero si se ha salvado es solo porque Dios piensa que aún no es su tiempo. Llegó en un estado muy delicado, crítico más bien, pero lo hemos podido controlar. Sé que de ahora en adelante las cosas cambiaran radicalmente para usted, pero siempre es mejor conservar la vida. ¿No lo cree?. —Yo continuaba atónito. Pero el prosiguió con su explicación—. Mire, estas son sus nuevas radiografías, como puede observar hemos extraído todas las raíces. Solo resta seguir un par de días aquí para monitorearlo y podrá regresar a casa con su respectivo cuadro de antibióticos. También debe descansar al menos un mes antes de tratar de incorporarse en actividades de mayor esfuerzo. Esto es un postoperatorio no lo olvide. ¿Estamos claros?.

Solo asentí. No hubo sonido que saliera de mi boca pues mi cerebro solo pensaba:

"Pero … ¿de qué está hablando este hombre?. Lo que quiero decir es, que sí siento la herida, pero… mi amor por ella creo que sigue ahí". —O al menos eso pensé.

Pero mis reflexiones me las guardé, ya que lo más seguro era que no me creyera nada y pensara que enloquecí. Pero estoy muy consciente de lo que siento y lo que no.

Cuando el doctor Stevens me dejó, me quedé meditando. Es cierto que aún no era el tiempo para reunirme con mi madre, pero por lo mismo hay cosas en mi vida que debo cambiar. Esta ha sido una terrible experiencia y necesito restablecer prioridades, aprender, incorporar y crecer.

Al cabo de un par de horas todos mis familiares se encontraban en el pasillo. Mi padre —como era de suponerse— era el más afectado, al igual que mi querido Archie, pero ninguno de los presentes —incluidos mis tíos y Stear— me reclamó absolutamente nada. Creo que muy dentro de sus corazones pensaban que ya me había castigado lo suficiente.

Los días en el hospital pasaron con mayor rapidez de la que pensé y en un abrir y cerrar de ojos me habían trasladado para mi recuperación a la residencia de mi padre. Ahí era visitado a diario por mis primos y algunos amigos que aún conservaba.

Justo a las dos semanas de mi operación el doctor Stevens me autorizó salir y realizar a paso lento una caminata no mayor a treinta minutos. Así que aprovechando que una allegada y querida amiga de la familia había venido a cuidarme, salimos al parque frente a la casa.

Esto se volvió una práctica diaria.

Realmente me la pasaba bien. Y ahora estaba mucho más tranquilo.

Hoy Stear me pidió salir solos a caminar.

—¿Estás seguro de que tu corazón no cambió Anthony? —Me preguntaba sorprendido y a la vez preocupado.

—En lo absoluto..

—Me preocupa. Tú sabes…

Yo sonreí para calmarlo.

—El tema de Eliza… es complicado Stear. En general todo lo es porque mi caso es diferente y doy gracias al cielo que así lo sea. Ese día en el hospital, desde el momento en que abrí los ojos a esta nueva vida, pude recordar todo de ella, pero de alguna forma ya no me dolía o si lo hacía era mínimo. Pasé por momentos de mucha confusión pues mi cabeza pensaba que mi corazón en efecto jamás latiría con fuerza por nadie más. El doctor Stevens en la primer consulta que me dio, me explicó que tras una cirugía el paciente jamás sentiría nada románticamente hablando. Salvo en casos extraordinarios. Pero en general: Nada de nada. ¿Me entiendes?. Además de que si bien podría imaginarme con una pareja mi corazón no palpitaría con emoción solo por plantearme la idea. Sería como algo que deseo por el convenio de unos hijos, pero nada más. Y no obstante, la chica que me ha acompañado es bonita y puedo notarlo no solo en mi corazón.—reí.

La mirada de Stear era atónita.

—Es un milagro… un verdadero milagro… Por cierto perdóname por no decirte que fue Eliza quien te llevó al hospital.

—No tengas pendiente ya lo imaginaba. Se lo agradezco. Si estoy vivo mucho es por ese buen gesto que tuvo. Por cierto, en ocasiones la he visto de lejos observándome en el parque. Ella piensa que no me doy cuenta. No sé qué pretenda, pero ya no es de mi incumbencia. Mientras no me traiga problemas, claro.

—Hoy le he llevado la demanda de divorcio. La recibió tranquila, pero cuando le dije que pensabas darle una compensación no quiso aceptarla. No por completo.

—¿En serio?. Sólo quise dejarla con algo para que se forjara un patrimonio. No pensé que lo fuera a rechazar.

—Bueno —se acomodó las gafas— me dijo que solo necesitaría la mitad y aun así ya era demasiado. No supe a qué se refería pero tampoco quise indagar en el tema.

—Hiciste bien. Finalmente es su decisión. Gracias por tratar con ella. No le guardo rencor, pero tampoco es una persona grata para mi pese a que la he perdonado.

Continuamos caminando otro tramo en silencio, pero pronto me preguntó algo conmocionado —por decirlo de alguna manera:

—Respecto a lo que me comentaste de la chica linda que te acompaña… ¿no estarás insinuando que te gusta Candy, verdad?.

No pude evitar suspirar.

—En efecto es linda. Pero Stear… créeme, pase por todas las facetas del amor hasta su punto de quiebre y casi muero por no saber valorarme, por no ser más juicioso con mi elección de pareja. Esta oportunidad que la vida me está regalando es única. Pero necesito mi espacio. Ese donde pueda encontrar una felicidad personal, una paz interior. Solo así terminaré mi proceso de sanación y habré aprendido algo. ¿No crees?. Además es diminuta más allá de lo tolerable para mi y sabes a la perfección que no me gustan las rubias.

Un suspiro de alivio salió de sus labios seguido de una pequeña carcajada.

—¡Excelente Tony porque a mi me encanta!.

Continuará.

Epilogo.

Poco más de un año después una fiesta se había realizado…

Mis primos y yo nos encontrábamos sentados sin mayor elegancia y con cerveza en mano sobre las escaleras que daban al jardín trasero de mi residencia. Quien nos observara, podía darse cuenta de ese cansancio envolvente incrementándose a cada minuto transcurrido.

Es increíble como todo tiene "fecha de caducidad" —más en los mejores momentos—, pues al mirar el espacio a mi alrededor , solo quedaban los vestigios de lo que horas antes fuera la más pura algarabía.

El servicio no tardó en comenzar a realizar su trabajo para despejar el espléndido verdor del césped recién cortado que era opacado por el mobiliario utilizado. Al poco tiempo no quedaba nada, y de nueva cuenta mi jardín estaba rodeado de bellos y frondosos árboles, al igual que rosedales multicolores. Los grillos no tardaron en acompañarnos junto con las imprescindibles luciérnagas, que de a poco anunciaban la antesala de la noche.

Fijé la vista en el cielo y decidí perderme por un instante ante el lienzo dramático que bien parecía una pintura clásica de: "Church".

Siempre me ha gustado disfrutar de la sublime y casi celestial vista que día con día nos ofrece la paleta de colores cálidos al atardecer, pero, inevitablemente — y antes de que pudiera apreciarla tanto como deseaba—, la oscuridad de la noche se abrió camino, trayendo con ella el baño lunar y las titilantes estrellas.

La temperatura comenzaba a descender pero a ninguno nos importaba menos.

Cerré un momento mis ojos para disfrutar del aire frio abrazando mi rostro.

Sonreí.

Me sentía feliz y tranquilo.

Ellos lo entendían…

Parecía como si mis primos o mejor dicho: "mis hermanos en los más inocentes juegos infantiles o en las peores sombras de mi vida", no quisieran romper esa silenciosa comunión que nos deleitaba, que nos cobijaba en su papel de "cómplice o testigo". Cada uno disfrutaba de su bebida con gozo, con su mente viajando entre pensamientos internos, pero de igual forma: lejanos…

Momentos después, Archie irrumpió la tranquilidad y emprendió camino a la cocina para regresar con otra ronda de cervezas. Al tomar la mía, una afirmación casi involuntaria brotó de sus labios:

—Esa pequeña rubia te trae loco Tony…

Tras escucharlo, lo miré, bebí un poco del frío y amargo líquido, pero no salió palabra alguna de mi boca. Solo pude sonreír. Tenía razón.

—Sí… vaya que esa mujercita nos dio con todo a los tres. No tardamos en sucumbir a sus encantos. Al menos por mi parte entendí que siempre serás insuperable. Y Dios sabe cuánto me he esforzado por conquistarla con mis inventos, que son exclusivos para ella. Bueno… casi todos. —Rio prácticamente de forma imperceptible, sin embargo sabíamos a qué se refería.

Un suspiro se escuchó del menor de los Cornwell.

—Es bellísima… en poco tiempo ha cambiado de una forma exquisita.

Fue mi turno de emular a Archie, pues mi corazón se sentía desbordante como nunca antes.

—Tienen razón. Jamás habría imaginado ni en los sueños más aventureros que mi vida cambiaría tan rápido. Mis planes eran otros.

Justo al terminar esas palabras, llevé una de las manos al bolsillo de mis pantalones y saqué una pequeña misiva, la cual, si bien no excedí en su lectura, al menos la repasé un par de veces.

Esto es algo que necesito compartir con ellos, mi corazón así lo entiende, pero —aunque ha pasado mucho tiempo—, siendo a veces tan reservado, opté hacerlo hasta que sintiera que era el momento adecuando.

Pronto, rompí ese mutismo que se instaló entre nosotros por un par de minutos.

—Esto lo recibí hace mucho —hablé mientras mostraba abiertamente el sobre desdoblado entre mis manos—. Ustedes me han apoyado siempre. Traté de encontrar el tiempo correcto para enterarlos, pero con toda esta revolución simplemente "no llegó", y, más rápido de lo que imaginé los días se convirtieron en semanas, luego en meses y bueno… aquí estamos.

Ambos me miraron, posaron sus ojos en ella y antes de si quiera intentar tomarla, Stear habló tan solemne como podía ser en situaciones como estas.

—En la vida no existe el tiempo "correcto" Anthony, solo hay que escuchar muy dentro de nosotros para saber qué hacer y cuando efectuarlo. No tienes que justificarte ante nosotros.

—Stear tiene razón Tony. Creo que si estamos viviendo esto hoy es porque así estaba escrito. Pasaste por cosas muy fuertes.

—De hecho… y aunque no me juzgues, me da un poco de remordimiento no haber sospechado nada cuando Eliza no aceptó el total de la compensación económica que trataste de darle. Debí ser mucho más suspicaz.

—El abogado soy yo. En todo caso es mi responsabilidad Stear, pero en ese tiempo la odiaba como a nadie. Todos teníamos la cabeza puesta en la recuperación de Tony. No te culpes —Lo reconfortó su hermano al tiempo en que jugaba con la cerveza en su mano.

—Gracias por entenderlo. Pueden leerla si gustan. —Extendí el sobre para que alguno de los dos lo tomara.

Stear lo miró por algunos segundos mientras daba otro trago a su cerveza oscura, pero en sus ojos no observé la menor determinación de ojearla. Ante esto, la poca paciencia de Archie se nos unió, y sin evitarlo, en su voz había un "tinte" de la exigencia siempre presente de mi querida tía abuela.

—Yo sí lo haré. Sé que cada uno piensa y siente diferente, pero hoy no es el día en que la perdone todavía.—Me miró para preguntar— ¿En voz alta… o en silencio?.

Levanté los hombros restándole importancia a la petición. Realmente no actuaba con maldad, pero tras la operación, pese a ser algo delicado —y aun con el milagro de ser un caso atípico en el que mi corazón decidió darme una segunda oportunidad—, los sentimientos de amor albergados en mi corazón por ella ya no existían.

—En voz alta será. Y no me mires así Stear, sé que también te carcome la curiosidad, pero tu ridículo estoicismo se altera con el alcohol. Bien veamos…

Así fue como comenzó la lectura de la carta de Eliza.

Anthony…

Dos sílabas que no merezco pronunciar pues por mi causa estuviste al borde de la muerte… Pero es necesario que me escuches, por favor.

Esa noche en la que llegué a nuestra casa y vi tu cuerpo desvanecido bañado en un charco de sangre, sentí por primera vez en mi existencia un miedo indescriptible. Algo en mi corazón se removió, pero no le di importancia ya que mi deber era llevarte con urgencia al hospital más cercano. Lo único que se me ocurrió fue buscar entre tus ropas desperdigadas sobre la alfombra de la habitación y hallar tu celular para localizar a tu familia. Gracias a Dios tu contacto de emergencia era Stear. Creí que de tus primos era el que menos me odiaría, Archie en el fondo siempre desconfió de mi.

Después de que entraras a quirófano me retiré de ahí. No tenía nada más que hacer y no soportaría enfrentarme a la ira de tu padre. Realmente estaba convencida de que no te amaba.

Tú lo sabías y nunca me dijiste nada… fuiste siempre noble y bueno.

Preferiste pasar solo por este calvario sin un reproche hacia mi proceder. Sentí tu entrega pasional y desbordante la noche previa al ataque fatal, pero no pude ser consciente de que tenía sabor a despedida. ¿Cómo hacerlo cuando no me importaba algo más allá de mi, del egoísmo, de la vanidad?.

Sí Anthony, fuiste solo un propósito y nada más. Me casé gustando de tu cuerpo y tus caricias, pero no de tu corazón. Madeline siempre trató de aconsejarme para corregir mi camino, insistía en que te dijera la verdad pues no merecías un trato así.

No había palabras más sinceras pero mis oídos fueron sordos.

El día de tu operación por primera vez te engañé y comencé a salir con alguien más. Un empresario mucho más rico que tú. Pensaba dejarte. Y aunque extrañara cada beso sobre mi cuerpo, bien podría acostumbrarme a los labios de alguien más.

Mi proceder es reprobable por donde lo mires. Más la vida todo lo acomoda.

Justo un par de semanas después me enteré que estaba embarazada. El bebé era un "Brower" eso era seguro, ya que no pude volver a ver a mi futura presa y no llegamos a la cama la noche en que cené con él.

Desdé ahí comencé a sentirme confundida. Por mi cabeza pasó la idea de deshacerme de él pues lo consideraba un estorbo y yo tenía un objetivo. Pensaba mezquinamente, que un cuerpo deformado por los estragos de un embarazo lo arruinaría todo.

En un impulso decidí buscarte. En ese entonces no entendía el porqué.

Sé que se escucha ridículo, estamos hablando de nuestro hijo y no apoyarías acto semejante. Menos cuando sé cuánto anhelabas tenerlo.

Un aborto…

Estaba tan desubicada que lo habría realizado sin detenerme a meditarlo un minuto. Sin importarme que fuera la atrocidad más juzgada por Dios pues atentaba contra la más pura e inocente de sus creaciones.

Fui a tu casa pero me dijeron que convalecías en la residencia del señor Vincent. No tuve consciencia plena de cómo caminé hacia allá.

Más cuando estaba por llegar, noté como salías al parque que se encontraba justo en frente cruzando la calle. Una pequeña rubia te llevaba del brazo y tú te mirabas tan en paz…

Sin siquiera detenerme en asimilar nada traté de acercarme lo más que pude. Sin ser notada. Tu cara no tenía ese gesto taciturno que mi egocentrismo hubiera deseado.

Algo dentro de mi se quebró…

Ahora no sé si fue producto de mi imaginación o de los celos que admito sentí, puesto que la miraste justo como lo hacías conmigo… Comprendí con amargura que esa dulzura ya no me pertenecía.

Quise volcar mi enojo contra ella, más no pude hacerlo. Tú reíste en ese momento como hacía mucho tiempo no te escuchaba. Con esa carcajada abierta que no muestra máscara alguna… que denota tu felicidad.

Odié tanto ser testigo de una escena en la que a mis ojos la protagonista no era ella.

No pude soportarlo. Mi cuerpo se llenó de un calor nunca experimentado y mis ojos desbordaban perlas saladas. Tuve que correr de ahí. Cuando me encontré lo suficientemente lejos, menguó mi paso más no mi llanto. Estaba celosa, legítimamente celosa y me sentí estúpida… abandonada...

Las siguientes semanas me sumí en una profunda tristeza, más eso no impidió que continuara viéndote a la distancia por las tardes, aunque fuera del brazo de ella.

Yo no podía aspirar a tu amor pues fui la causa de su inexistencia. Por ahí supe que tu caso fue uno en un millón, pero no sabes cómo lamento no poder enamorarte de nuevo…

Ahora sé que no me amas, pues como castigo divino me has lanzado una daga justiciera hoy por la mañana. Tengo Hanahaki Anthony… y sé lo que debo hacer.

Cuando fui a un hospital y el doctor Michael tomó mi caso, me explicó que debía intervenirme lo antes posible, porque de no hacerlo el desenlace sería inevitable para nuestro bebé también.

Confieso que tuve miedo, mucho miedo. Pero esta vez preferí hacer lo correcto. La forma de pensar tan aberrante que tuve cuando me enteré de su existencia, había cambiado por completo al concientizar que realmente siempre te amé, pero que antepuse toda trivialidad y banalidad por no admitirlo. Esos celos solo fueron el ridículo y agonizante detonante para valorarte, aun cuando ya no tenía sentido hacerlo. Así que decidí programar una cirugía, y quedarme al menos, con un pedacito de gloria de nuestro amor fracasado. Con el mejor regalo que pudieras darme Anthony.

Sólo Madeline se enteró de esto.

De hecho ni mis padres saben en donde me encuentro. Creo que suficiente han tenido conmigo. No dudo que por amor me perdonen pero es justo que pase por esto sola.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Anthony… la operación fue un éxito.

Ya no siento dolor al no saberme correspondida, pero ahora un vacío indecifrable e insuperable me corroe todo el tiempo. Solo el amor de nuestro bebé me mantiene a flote.

Nos encontramos bien. Con lo que he aceptado de tu generosidad ha sido más que suficiente para buscar un lugar, y preparar todo para la llegada de nuestro pequeño.

¿Sabes?. No he querido saber el sexo. Eso lo he reservado como una sorpresa, más no importa lo que sea, lo amo como jamás podría explicar.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Hoy me he enterado de una noticia muy preocupante Anthony. Mi embarazo es de alto riesgo. El doctor Michael no sabe si llegaré a término. Un terrible miedo me abraza por las noches pesando en mi bebé, y aunque trato de calmarme rogando al cielo que todo salga bien y me permita conocerlo, esta angustia no se me quita del pecho.

Le he pedido que si se diera el momento de tomar una decisión lo salve a él. No obstante con firmeza me comentó que no tiene la autoridad para aceptar tal responsabilidad, y que aunque estemos divorciados tú sigues siendo el padre.

Juré jamás involucrarte, pero he tenido que dejar tu número de teléfono.

Sé que no lo has cambiando porque para cerciorarme te llamé desde uno público y escuché tu voz.

Lo que menos quiero es incordiarte. Espero realmente que no llegue a ser necesario. Sólo Dios sabe cómo deseo verlo crecer. Notar que se parece a ti, para que me recuerde la importancia del amor, para que me permita educarlo como hubieses querido tú.

Que tenga la nobleza de su padre…

Ciertamente mi corazón ya no te ama, pero los recuerdos se han quedo ahí. Las memorias solo el tiempo puede borrarlas y he de luchar contra él para no olvidarte. Es lo único que me queda. Cierro los ojos y con lastimosa claridad veo tus sonrisas, tu optimismo, valentía, y esos bellos ojos azules que tuvieron que aprender a mentir por culpa mía. Aun así sería glorioso que los tuviera, así como tus lindos hoyuelos.

Es por eso que he decidido compartirte estas hojas de mi diario. No tengo la certeza de lo que pasará.

Si la vida no me permitiera tal gozo, necesito pedirte que me perdones por todo lo que hice. Por no valorarte, por no apreciarte, por no abrirme a tu amor cuando lo tenía solo para mi.

Eres un buen hombre y sin duda sé, que el día de mañana encontrarás una bella mujer que te ofrezca todo lo que es por dentro y por fuera, sin ataduras y reservas obscenas como las mías.

Si me voy… por favor cuida de él. Dile que su madre pese a sus errores lo amó y esperó feliz su llegada cada minuto de cada día. Que acaricié con ternura mi vientre crecido cantando canciones de cuna para arrullarlo.

Si se diera el caso… ámalo por los dos… Tengo fe en que podrás, pues en tu corazón sólo habita la bondad.

Eliza…

Cuando Archie terminó de leer aquellas hojas arrancadas del diario, repasó al instante su mano por la cara, mientras que Stear con su pañuelo limpiaba sus lentes en un intento de esconder sus emociones. Creo que a ellos les afectó mucho más que tal manifiesto. A fin de cuentas tras la operación, nada con respecto a ella fue lo mismo.

La noche había caído con su frialdad, pero no podíamos pensar en eso.

Archie se aclaró la garganta, y con su ceño fruncido dijo en un tono pausado:

—Bueno… al final se arrepintió.

—Ella tuvo su propio calvario también… —dijo Stear.

—Recuerdo el día en que te acompañamos al hospital. Fue un shock para todos.

—Lo sé Archie. Jamás imaginamos que sería padre y que Eliza partiría.

—¿Y… cómo te sientes al respecto Anthony…?.

—No la odié cuando la amé Stear, menos después. Insisto en que ella no era mala… siempre que me detengo a pensar llego a esa conclusión. Era ambiciosa. Aunque tampoco lo veo como un defecto, pero no lo supo manejar y la sobrepasó. Aun así no me arrepentiré nunca de las experiencias vividas. He aprendido mucho de todo esto.

De pronto el ambiente se volvió más ligero.

—¿Es por eso que coqueteas tanto con Karen?. No creas que no lo hemos notado —El codazo de Stear me provocó una sonrisa. A veces esos tres chiquillos de antaño salían entre comentarios.

No pude evitar devolvérselo y reírme un poco.

—Eso es por mucho, muy, muy, muy diferente al "amor".

—¿Estás seguro…? —La cara de preocupación de Archie me conmovió. Mi primo siempre se tomaba todo más en serio. Y agradezco que lo haga por el cariño que nos une.

—Por supuesto. —Lo tranquilicé—. Una cosa es que salga de repente con alguna "amiga" y otra que me enamore de ellas. Siempre dejo claro los términos. Además. No pienso entregar mi corazón a cualquier persona. No de nuevo.

—No quiero ni imaginarme los celos de tu pequeña rubia. —Bromeó Stear, y Archie lo secundó.

—Lo sé…

—Eso no es cierto Tony, no lo sabes. La pequeña Rosemary solo cumplió un año y hoy casi tiras la casa por la ventana con esta fiesta. Terminarás malcriándola.

—Junto con ustedes —Reí.

—Tocuhé —aseveró el mayor de los Cornwell.

—Pero algún día has de amar eso tenlo por seguro.

—Sí Archie. Sé que llegará el momento. Pero hoy por hoy, el único amor que quiero es el de mi pequeña rubia de ojos azules. Lo único hermoso y bello que obtuve de mi pasado. Necesito seguir fortaleciéndome, y bueno… la vida dirá. Nadie sabe lo que nos espera a la vuelta de la esquina. ¿O no es así Stear?. —Lo molesté.

Él no pudo más que sonreír de oreja a oreja.

—Totalmente de acuerdo estimado Tony. Mi rubia de ojos verdes fue un total hueso duro de roer, pero estoy loco por ella.

—Y ella por ti Stear. Está embarazada. No le diste ni un respiro que bruto eres. —Archie lo regañó.

—Ya te veré a tu cuando te pase lo mismo hermanito. Cuando encuentras al amor es un pecado mortal no acudir a su llamado.

FIN

Muchas gracias en verdad a las personas que se tomaron el tiempo de leer esta metáfora sobre el desamor. Sé que es pura fantasía, pero ¿quién no ha padecido Hanahaki alguna vez en su vida?. Creo que no hay un ser humano que se salve. Pero la vida sigue. Solo hay que fijarnos mejor a quién le entregamos que y cómo.

Sandy Sanchez,Rosario, geomtrz, guest Carla Gargini, Sandra Carreo, Matty78, Alejandra: De corazón gracias!.

Prometo en la siguiente ponerlo de pareja de la rubia!

Saludos a la distancia!

Moon!.